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El invierno estaba cediendo... — capítulo 1

El invierno estaba cediendo. Era una verdad tan simple que no podía estar más clara y, como toda verdad, tampoco podía negarse. Los rayos de sol, cada vez más tibios, bañaban las callejuelas de Little Hangleton y se colaban como ladrones por los viejos cristales de las casas del poblado.

El frío no se había marchado completamente: seguía sintiéndose en el soplo del aire; pero el invierno estaba cediendo, cediendo para todo el mundo. El desorden climático del nuevo milenio resultaba notorio en los ropajes que utilizan los pueblerinos al salir de sus casas: unas botas de hule aquí, una minifalda allá, una bufanda del sobre la cabeza y unas gafas oscuras más adelante.

El invierno estaba cediendo antes de tiempo. Las avecillas ya comenzaban a trinar con fuerza y los niños se dedicaban a llenar de ruido las aulas; los narcisos incluso habían empezado a florecer y el aguanieve que goteaba de las ramas de los árboles ya era más bien puro rocío. El hecho de que la primavera se hubiera adelantado era palpable incluso en los sentimientos: Los corazones de las muchachas ya estaban derritiéndose ante las cálidas palabras de algún inexperto Romeo.

El invierno estaba cediendo para todos, sí, pero no cedía para ella.

Su corazón se tornaba más helado a cada minuto, mientras que sus manos de cebolla aferraban el fino marco de una fotografía antigua. Tan antigua.Muestra a una jovencita sonriendo cínicamente de la mano de su prometido.

Ella es muy bella, qué va, ¡Es hermosísima! La foto no le hace justicia. Su piel tiene sin duda el tacto de la seda y sus cabellos parecen hilados con oro. Los ojos vivaces, enmarcados en larguísimas pestañas, son de un azul líquido y penetrante; los labios lucen un suavísimo tinte melocotón. Su vestido es de primerísima calidad y sus guantes son del más caro encaje.

Sí, ella parece un ángel, pero él parece un David. Las facciones de su rostro son tan perfectas que parecen diseñadas por el mismo Miguel Ángel. Piel de marfil, ojos de noche, manos… manos de artista. Su cabello castaño brilla como con luz propia y en su peinado no hay ni un pelo fuera de lugar. Sus labios y lengua son objetos de un delirio sagrado y su loción -importada de Francia -es embriagante.

La fotografía no tiene color, tampoco posee una textura más compleja que la plana del papel… pero la anciana que la sostenía sabía todos estos detalles, porque ella estuvo ahí. ¡Cómo olvidar al amor! Era vieja, no estúpida.

Se levantó con la torpeza de los años pesando sobre su cuello, y fue entonces que de sus manos se escapó el portarretratos… ¡CRASH! Decenas de cristales se esparcieron sobre la costosa alfombra en menos de un segundo y ella permaneció de pie, helada, temblorosa… Dirigió una mirada furtiva al calendario: Febrero, 14, año 2000.

¡Ah! ¡Día de los Enamorados! ¡Las tonterías con que se entretenía la plebe!

Miró por la ventana, el cielo se había nublado y el cristal le devolvió la imagen de sí misma: cabellos blancos, una maraña de arrugas… y esos ojos…

La pobre anciana se perdió en las profundidades celestes de su propia mirada y, como si de magia se tratase, a su mente volvieron las claras imágenes del ayer.

"Señorita Williams" saludó una mucama haciendo una reverencia "es un honor que venga a visitarnos"

"El honor es para tus amos, tonta" respondió la anciana… que entonces no tenía un pelo de anciana "Tú no mereces ningún honor. Que esto te quede bien claro o tendré que mandarte azotar"

Avanzó por el suntuoso vestíbulo de la mansión con el eco de sus pisadas resonando en sus oídos, sabía para lo que estaba ahí, no era por pura diversión y se había desquitado con la sirvienta que, al fin y al cabo, estaba para complacerla.

Los dueños de la casa, Thomas y Mary, la habían elegido como mujer para su hijo, y sus padres se habían mostrado encantados con el acuerdo. ¿Cómo no iba a ser? Era una oportunidad excelente para ambas familias. Aunque a ella no le causaba la menor gracia eso de casarse con un desconocido de apellido imponente ¿y si era obeso? ¿Y si era "maricón"? ¿Y si era un mujeriego?

Llegó a la puerta tras la que la esperaba su destino, tomó aire y golpeó tres veces sobre la madera. Una voz masculina le indico que pasara y el mayordomo le abrió las puertas de par en par.

"Cecilia, Querida" saludó el señor Thomas "Es un placer volver a verte; hace ya tantos años…"

"Buenos días, Míster Riddle" respondió la joven haciendo una reverencia, "Señora Riddle, es un gusto volver a verlos a ambos"

"El gusto es todo mío, preciosa" Mary Riddle era muy joven para su esposo, sin duda, pero era también muy bella "Llámame "mamá" por favor… después de todo, seremos familia muy pronto"

La joven asintió grácilmente con los ojos cerrados en una sonrisa, y al levantar la mirada le vio a él por primera vez.

Un impecable traje color marrón dibujaba su cuerpo, que podía adivinarse perfecto bajo aquel costoso saco. Un giño muy formal decoraba su rostro de arcángel y su cabello castaño se encontraba escrupulosamente peinado por detrás de las orejas. "Muy formal" pensó la muchacha "pero no insoportable… no se ve maricón… y se ve muy centrado"

"Bienvenida" sonrió el joven sacándola de sus pensamientos "Mi nombre es Tom Riddle… es un verdadero placer conocerte por fin"

"El placer es mío" contestó la muchacha con un rubor asomándose en su pálido rostro "Mi nombre es…"

"Conozco tu nombre… he soñado con él por varios meses… Cecilia"

Fue en el momento en que Tom posó sus carnosos labios sobre el blanco encaje de su guante que ella se dio cuenta de lo que sucedía: se había enamorado de perdidamente de su prometido.

"He pensado" prosiguió el joven Riddle "que te gustaría pasear a caballo por el pueblo, dado que vivirás aquí hasta el día de la boda"

"Estaré encantada"

¡Qué paseo tan memorable fue aquél! Recordaba que minutos antes de apearse al caballo había llegado el fotógrafo amigo de la madre de Tom y había inmortalizado la imagen que ahora yacía en trozo de papel a sus pies. Habían cabalgado hasta los confines de las propiedades y ella había visto con horror como un mugriento cuchitril se erigía entre los hierbajos. Tom le había dicho que su padre no podía hacer nada porque aquello le pertenecía a un vago y sus hijos, que tenían graves "problemas"… Ese fue también el día que la conoció a Ella.

Sucia y harapienta, había salido de la choza de piedra en que vivía, y había mirado con ojos llenos de lujuria a SU prometido ¿Qué se creía esa? ¿Qué SU hombre se fijaría en la hija del pelagatos?

Tres meses después de que se tomara la foto, exactamente el Día de San Valentín, llegó él con una expresión extraña en el rostro, daba miedo. Justo el día anterior, en la habitación que era suya, él la había hecho mujer ¿Era acaso que no le importaba? "Me he enamorado" dijo. Pero no era posible ¿Cómo iba a serlo? ni siquiera habían cruzado nunca más de dos palabras. Ella lo dejó marchar… pero le dejó en claro que si se largaba la perdería a ella ¿Podría vivir con ello?... por lo visto sí pudo, porque al día siguiente sólo se rumoraba que el hijo de los Riddle, Tom, se había fugado con la hija del vago.

Cecilia la "abandonada" fue la burla de los pueblerinos, no podía creerse su desdicha. Los Señores Riddle la protegieron de la humillación escondiéndola adentro de la mansión. "Protección" ¡Bah! lo único que les importaba era la maldita unión de los Williams con los Riddle: Un excelente negocio. ¿Y ella? Que se aguantara las ganas, que se mordiera los labios y que llorara sangre… era el "precio" que debían pagar.

En unos meses "él" regresó… Ella no supo si alegrarse o no. La "otra" no volvió con él y el parecía muy asustado… y molesto.

"No sé que me ha sucedido, Cecilia… esa mujer me engañó… me embaucó"

"Por supuesto" escupía furiosa "ahora me dirás que te ha hechizado ¿no?

"¡Me atrevería a pensarlo, querida! Pero eso pondría en tela de juicio mi cordura, ¡perdóname! He sido un imbécil. Casémonos, Cecilia, olvidemos este vergonzoso episodio y construyamos juntos nuestra historia de amor"

"¿Quieres casarte conmigo?" nunca le había propuesto matrimonio… llevaba el anillo desde que sus padres firmaron el contrato. Fin.

"Claro que sí mi princesa, quiero que seas mi mujer… la madre de mis hijos, la dueña de mi vida y de mi fortuna"

"¿Dónde la has dejado?" inquirió la muchacha

Él se quedó callado por largos minutos, que a Cecilia le parecieron horas.

"No quiero hablar de eso" musitó finalmente el joven magnate.

"Lo entiendo, mi cielo" respondió ella con dulzura y en la cara de él se dibujó una expresión de triunfo apenas perceptible "Porque yo no quiero casarme contigo"

Dicho esto se sacó el anillo del dedo y se lo dejó en el zapato. Simple, sencillo.

Los Riddle la botaron de la mansión y su padre la desheredó. A partir de ese momento ella supo lo que era la vida. Sus manos, antes finas, se llenaron de cayos y en lugar de medias de seda comenzó a utilizar pañoletas para trabajar; se consiguió una casita en el pueblo con el dinero de su madre para así poder verlo pasar todos los días.

Porque Cecilia Williams siempre estaría enamorada de Tom Riddle… y era por ese mismo amor que la embargaba que le había rechazado. No quería ser "la más importante"… quería ser "la única", y ya nunca podría serlo.

Pasaron los años, los rumores sobre "las mujeres del amo" habían pasado de moda y ahora se hablaba del vago de la cabaña. Decían que su padre y su hermana habían muerto, o que él mismo los había asesinado.

Una noche fría ella miraba con sus ojos ardientes hacia la mansión. "Él vendrá a buscarme" se repetía. Le pareció ver relámpagos y escuchar un gemido aterrador. Todo se lo imaginaba por el sueño, pensó.

Entonces lo vio. Atravesó la reja metálica como sí de aire se tratara y comenzó a avanzar. Vestía una túnica negra muy extraña y una capa del mismo color ceñía su cuello. La mirada daba miedo, más parecía un demonio que un fantasma. Cecilia tuvo miedo. Tom lucía mucho más joven de lo que ella podía recordarlo, pero quien sabe ¡Dieciséis años podían alterar los recuerdos! La mujer quiso llamarle, y entonces él se desvaneció.

"Tan sólo fue un sueño" se repitió… pero cuando, a la mañana siguiente, se supo la noticia del triple asesinato de los Riddle nadie lloró más que ella… a decir verdad, sólo ella lloró.

Y Ahora, casi sesenta años después de aquellos sucesos ella se encontraba recordando rodeada de cristales.

Sucedió en un instante. La anciana cayó de rodillas al suelo y sintió un dolor agudo antes de ver como su carísima alfombra se pintaba de rojo. Miró de reojo los trozos más grandes de vidrio. ¡Cómo lo extrañaba! Ya estaba vieja, ya estaba muerta ¿Qué más daría hacerlo real? Tenía que verlo… tenía tantas cosas que confesarle… tanto que preguntarle... Su vida se había acabado con la de él. Al morirse, la había asesinado.

Un destello de cristal, una sonrisa y un mar carmesí.

Y después, lentamente, la paz. El cuerpo dejó de dolerle, ahora sabía que de verdad al morir uno se volvía joven. Tres días después llegaron unos muchachos a llevarse su cuerpo. Parecían muy consternados cuando taparon su rostro con un pañuelo blanco y ella reía.

Sí, aquél sería el rumor en Little Hangleton por mucho, mucho tiempo… Cecilia sólo sabía que el invierno estaba cediendo… pero no para ella: ella se había adelantado a la primavera y ahora viviría en la muerte al lado de SU adorado: Tom.