I´ll be there for you. — capítulo 1
- Haydee, cariño. ¿Lo llevas todo? - preguntó mi madre.
Levanté la vista del libro que sostenía en mis rodillas y suspiré. Mi madre era bastante obsesiva.
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Sí, mamá. No te preocupes está todo preparado para que papá nos lleve al aeropuerto.
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¿Y lo de la niña? - asentí. La maleta de la pitufa estaba hecha y cerrada junto al bolso que llevaría en el avión. - Os voy a echar tanto de menos. - mi madre se sentó en el sofá junto a mi.- Mis peques se van.- sus ojos se llenaron de lágrimas. Dejé el libro a un lado y la abracé.
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¡Pero si siempre te estás quejando de nosotras! - exclamé mientras la estrechaba suavemente contra mí.
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Es mi deber de madre.- me dedicó una sonrisa aguada.- Anda vamos, deja a tu tonta madre y ve a por la niña.- se quitó las lágrimas.
Me levanté del sofá despacio y fui al cuarto que compartíamos. En el pasillo pasé por delante del espejo, observé mi rostro con detenimiento. El pelo, ondulado y castaño con reflejos caoba me llegaba hasta la mitad de la espalda. Mis ojos azul muy muy intenso estaban enmarcados para largas pestañas, no era morena, al contrario, bastante pálida. De estatura…era un poco bajita pero sin llegar a ser una enana. Llevaba un jersey rosa, pantalones marrones, bailarinas y un colgante de una tortuga ()
Estaba sentada en la alfombra gorjeando feliz con un peluche de un osito en su manita derecha. Sonreí y los recuerdos fluyeron a través de las grietas de la muralla que había levantado para contenerlos.
Inglaterra, 2 años antes.
Con la mirada vidriosa volví a mirar el pequeño objeto que sostenía en mis manos. No podía ser, me repetía. Era imposible. Pero no lo era y allí estaba la prueba de una cruda realidad. Joder. ¿Y yo ahora que hacía? Lo primero decírselo a él, eso estaba claro. ¿Mis padres? ¿Qué dirían? Eso me preocupaba bastante.
Dejé el pequeño objeto a un lado del lavabo y abrí el grifo casi al máximo. El torrente de agua fría salpicó todo, metí las manos en él. No me importó lo congelada que estaba. Hice un cuenco con las manos, me eché en la cara un poco que acumulé.
Tranquila, me dije, todo saldrá bien, todo.
Como no parecía percatarse de mi presencia me acerqué a ella y me puse de cuclillas.
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¿Qué haces?
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pregunté con dulzura, lo cual era una tontería porque solo conocía cinco palabras: mamá, sí, no, Osito y galleta.
-
Sito.- abrazó al oso de peluche contra su pequeño cuerpo sin mirarme.
Pitufa y Osito (el nombre más original del mundo para un oso de peluche) eran inseparables, ella no dormía si no lo tenía y lloraba hasta que lo conseguía. Sonreí de nuevo, entonces alzó la vista y me miró con sus grandes ojos castaño oscuro.
- Tenemos que hablar.- dijimos los dos a la vez. Me dejé caer en su cama.
- Empieza tú.- me concedió sentándose en la silla de su escritorio.
- No, empieza tú.- pensé que sería mejor que el dijese lo que tenía que decir antes de que yo soltara la bomba y se lo callase.
Suspiró y posó sus ojos castaño oscuro en sus manos, que ahora descansaban en su regazo.
- Vale. Esto es… complicado Aydie.- empezó.- Me he estado viendo con otra.- aquello fue como un jarro de agua fría, tres mil veces más fría que la que me había echado en la cara hacía un rato.
- ¿Qué? - fue lo único que pude articular.
- No me hagas repetirlo.- pidió.
¿Qué no le hiciera repetirlo? ¿Era gi*****s? ¿Subnormal tal vez? La rabia empezó a consumirme por dentro, me olvidé por un momento de lo que iba a decirle.
- ¿Qué no te haga repetirlo? Eres un cabrón.- prácticamente escupí la palabra como si me quemase en la boca.
- Aydie…
- Ni Aydie ni leches.- salí pitando de la casa, deseando no tener que ver nunca nada con él, pero mi mente me recordó el cacharro y el maldito símbolo que había dibujado en él.
Aquellos ojos eran un recordatorio, de lo bonito que había sido aquel verano pero también de todo lo que había pasado. Los días que estaba de bajón podía resultarme duro mirarle a los ojos, grandes, color café, expresivos, dulces e inocentes pero ella no tenía la culpa de nada, Dánae no tenía la culpa de lo imbécil que había sido su padre y de lo irresponsable que había sido yo.
Después de aquello poco había sabido de él, la banda y poco más y vagamente. Había preferido no entrar en detalles y cada vez que sonaba una canción suya me alejaba de la radio como si tuviese la peste o le pegaba un golpe (habíamos tenido que comprar dos en el último mes)
- ¿Mamá? - me llamó.
Dánae tenía el pelo castaño con reflejos le formaba pequeños ricitos, seguramente cuando lo tuviese más largo sería ondulado, su piel era más morena que la mía. Era pequeña aunque no muy poca cosa como se diría.
- ¿Sí cariño?
- alargó sus cortos bracitos hacia mí. La cogí en brazos, ella aún sostenía a Osito en la mano derecha.
Desde el bolsillo de mi pantalón empezó a sonar I´ll be there for you. Cual loca incontenible comencé a bailar con Dánae a un en brazos, ella empezó a reír divertida. Todavía tardé unos segundos más en contestar.
-
Haydee.- dijo mi padre.- Ya estoy abajo. ¿Bajáis?
-
Enseguida. Hasta ahora.- volví a guardar el móvil en el bolsillo.- Danie, nos vamos.- ella solo me miró y pestañeó.- Hija, muestra un poco más de emoción. ¡Nos vamos a Londres! Con el tío Alex.
-
¿Sito? - a ella solo le preocupaba una cosa.
-
Claro que Osito también viene con nosotras.- besé su pequeña mejilla y la volví a dejar en el suelo. Salió corriendo por el pasillo con sus pasitos de pato mareado, pues hacía realmente poco que había aprendido a andar.
-
¿Está todo?
-
preguntó mi padre cuando me senté en el asiento del copiloto, asentí y me abroché el cinturón. - ¿Lista?
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Sí.- sonreí emocionada.- Deja de sonreír así, después tendrás agujetas.- aconsejé.
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Estoy feliz por ti. Vas a estudiar en una buena universidad de Londres y lo has conseguido aún con todos los problemas que han ido surgiendo en el camino.- por el retrovisor miró a Dánae que balbuceaba y llenaba de babas al pobre Osito. - Has trabajado duro. Mi niñita…
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Otra vez eso no.- supliqué medio riendo. Él solo sonrió.
-
Haydee.- Álex me abrazó con fuerza.- Como has crecido, ya no eres la pequeña Aydie.- ¿Qué les había dado a todos mis familiares con aquello? - Dánae.- mi hermano prácticamente arrancó a la niña de mis brazos.- Tú sí que has crecido princesa. ¿Sigues teniendo a Osito? Veo que sí. Vamos a casa ya allí hablamos más tranquilamente.- mi hermano no paraba de sonreír y pronto me contagió su alegría.- Me tendrás que ayudar con la librería algunas tardes.- me explicó una vez en el coche que recorría tranquilamente las abarrotadas calles de Londres.
Mi hermano se había mudado a Londres tres años atrás, el verano en el que pasó todo aquello lo pasé con él. Tenía una pequeña pero bonita librería en una calle del centro. Su piso, que si era bastante grande, se encontraba justo encima del local.
-
Y he encontrado otro trabajo en una casa por si te interesa, sería tres tardes a la semana, tres horas y el anuncio dice que pagan bastante bien.
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¿Estás seguro que no son unos pervertidos? Oye, yo solo lo digo. Que después me veo en cada marrón.
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Tranquila no son unos pervertidos. Te harán la entrevista esta tarde, a las seis. Ya sé que limpiar y eso no es el trabajo que esperas pero…
-
No pasa nada. Lo entiendo, además necesito el dinero. Dánie tiene hambre.- ambos prorrumpimos en risas, recordando la serie española "La que se avecina". - ¿Te quedarás con Danie?
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Esto…no puedo.- se escaqueó.
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¿Qué? Me dices que tengo una entrevista pero no te puedes quedar con la niña. ¿Qué quieres que haga con ella?
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Creo que la mejor opción sería que te la llevases. - tendrá morro.- Oye, no te pongas así.
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No puedo ir a una entrevista de trabajo con mi hija de 15 meses, Álex. - me estaba empezando a cabrear y eso no era bueno.
-
Haberlo pensado antes de nada.- me quedé de piedra.
-
Vale, iré pero cuando dije que venía dijiste que me ayudarías esto no es ayudar.
-
Vale, creo que es aquí.- levanté la vista del marranoso papel en el que había apuntado la dirección que Álex me había dicho.
Ante mí, un gran edificio de dúplexs y aspecto moderno. ¿Para quién trabajaría? El corazón me latía con fuerza a causa de los nervios. Respiré hondo y empujé el carrito de Danie, la cual dormía ajena a todo aquello. Que fuese lo que Dios quisiese.
El alma se me cayó a los pies cuando vi las escaleras que llegaban al piso donde se encontraban los bajos y el ascensor. Las escaleras eran mis enemigas, mías y de todo aquel que llevase un carrito de bebé. Lo aseguro. Dispuesta a ganar la batalla, apoyé el carrito sobre las ruedas traseras y subí el primer escalón. Aquello iba para largo.
-
¿Te ayudo?- la voz de un chico me sobresaltó y casi hizo que dejase caer el carrito ,con mi hija, que estaba en precario equilibrio sobre dos ruedas.
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Eh. No, creo que me las apaño sola.- sin hacerme caso cogió de la parte delantera del carrito y la alzó.
Nuestras miradas se cruzaron, sus ojos eran marones pero no café más bien chocolate. El pelo castaño claro un poco rizado. Una bonita sonrisa iluminaba su cara y en el cuello tenía una graciosa mancha que hizo que recordase la mancha de nacimiento con forma de corazón que yo tenía en la clavícula.
-
Gracias.- entre los dos tardamos la mitad de tiempo que yo sola.
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No es nada.- llamó al ascensor.- Es una niña preciosa. ¿Es tu hermana?- preguntó con toda la buena intención del mundo.
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Mi hija.- eso pareció desconcertarle y no precisamente un poco.
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Soy Liam.- entre el nombre y el físico…me sonaba pero no sabría decir de qué.
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Haydee.-me presenté, el ascensor llegó. Me abrió la puerta para que metiese el carrito.
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¿A qué piso vas?- inquirió tras pulsar el botón de su piso y que el cacharro empezase a subir.
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Esto…Tercero B.- dije tras leer de nuevo el papelito. Frunció levemente el ceño.
-
¿Has quedado con alguno de los chicos?
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¿Los conoces?
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Vivo ahí.
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Voy por lo del trabajo.- el ascensor se paró con una suave sacudida.
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¿Nos conocemos? - preguntó achinando los ojos y abriendo la puerta del cacharro.
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Creo que no.- reí.
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Me suenas de algo, de una foto o… no sé. - empezó a buscar las llaves
-
Yo tengo la misma sensación.- este chico me leía el pensamiento. - Pero no consigo… No pasa nada porque haya traído hoy a la niña ¿Verdad?
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No, no te preocupes.- abrió la puerta y me hizo un gesto caballerosamente para que pasase.- ¡¡CHICOS!! Puedes dejar a la niña aquí durmiendo, nosotros hablaremos en el salón.- asentí.
Liam se perdió por el pasillo antes de seguirle me aseguré de que Dánae estuviese bien y nos quité a ambas la bufanda, los guantes y el abrigo. Una vez esto le di un beso en la mejilla y fui por donde había desaparecido Liam.
Entré en el salón y lo que vi allí me dejó clavada cual estaca en el sitio.
-
¿Haydee?- sus ojos, los mismos que tenía Dánae se clavaron en mí.
-
¿Zayn? - la voz me tembló al pronunciar su nombre después de tanto tiempo.
Antes de nada agradecer a Ainara y a Celia que pusiesen la historia en favoritos sin haber leido absolutamente nada de ella.
Haydee está basada en Nessiie Sh.
Sé que la personalidad no está muy bien ¿plasmada? no me sale ahora la maldita palabra. Aún así espero que te guste.
A ella y a todos.
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