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Los típicos gemelos pelirrojos — capítulo 32
Capítulo treinta y cuatro
Anna caminó hacia el recibidor y se encontró con Diggory, que era atendido por Percy Weasley. Cuando la pelinegra se dio por ignorada al llegar, aclaró su garganta y Percy se retiró después de notar la presencia de Anna, que le sonrió y abrió paso.
―Qué sorpresa, Ced ―dijo ella recargándose en el marco de la puerta―. ¿Qué te trae a mi humilde morada?
Cedric sonrió con el comentario y sus ojos recorrieron el lugar. Anna miró sus manos esperando respuesta del chico que finalmente se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
―Feliz navidad, Annie ―dijo Cedric y ella sonrió levemente. A pesar de todo, seguía considerándolo su mejor amigo.
―Oh, Ced, cariño… aún faltan horas y no estoy arreglada y… espera, lo estoy.
―¿Cómo van las cosas? ―preguntó él y se separaron del abrazo. Anna hizo un gesto mientras movía la cabeza y él asintió levemente―. ¿Puedes llamarla?
―Claro que puedo ―respondió Anna y alisó una arruga de su vestido―, pero se arregla para la cena y no es justo que la veas sin maquillaje.
―Pero puedes ―dijo Cedric y ella asintió.
―Espera aquí y…
Pero fue interrumpida por Lily y Remus, que llegaban a ver si todo estaba bien con la visita sorpresa de su sobrina.
―Oh, joven Diggory ―dijo Remus―. ¿Cómo se encuentra usted y su familia?
―Supongo que te quedas a cenar, Cedric ―agregó Anna y Lily cruzó los brazos, analizando a su sobrina―. ¿Sí?
―Muy bien, profesor Lupin ―respondió a Remus y se dirigió a Lily enseguida―. Si no es molestia.
―No lo es ―dijo Lily sonriéndole al joven y se retiró junto con Remus, mientras le decía algo y él soltaba una risa.
―Entonces sígueme ―Anna tomó de la mano a Cedric y lo guio por la casa hasta el comedor.
―… Así que espero que se comporten ―terminaba Molly cuando ellos entraron y el rostro de Katherine se sonrojó por completo, lo que le indicó a la pelirroja que Cedric ya había llegado.
―Familia ―anunció Anna sonriendo y señalando a Cedric―, y Frederick, Cedric cenará con nosotros ―se dirigió a Cedric y lo llevó hasta un asiento cerca a Katherine y ella.
―Esto es como Hogwarts ―dijo Bill y llevó la mirada a su hermano Charlie, que pasaba un plato a Arthur que cortaba el pavo.
―Para nada ―respondió Katherine y las miradas de los pelirrojos se dirigieron a ella―. Aquí Anna no discute con nadie.
―Aún ―agregó Hermione mientras tomaba el puré de patatas.
Anna hizo un gesto de indignación fingido y Fred rio, ganándose la mirada molesta de Molly. Charlie sonrió mirando a la pelinegra y Cedric tomó el plato que Arthur le alcanzaba, sin quitar la mirada de Katherine que hablaba con Anna y se ganaba algunas miradas clandestinas de George, que era molestado por Harry y Ron.
―Pensé que tu familia iría a Roma de vacaciones, Diggory ―dijo James y Cedric asintió.
―Iremos para año nuevo, señor Potter ―respondió y Anna soltó un "uhh…", ganándose una mirada de Molly―. Esperamos regresar antes de iniciar las clases.
―¿Por qué no vamos al extranjero también? ―preguntó Ron y Molly lo reprendió.
―Oh, Francia… ―suspiró Katherine y Anna hizo un gesto―. ¿Qué?
―Rusia ―dijo Anna y Percy apoyó la idea―. O Bulgaria. Quiero ver a Krum.
―Te envía sus saludos, por cierto ―continuó Cedric y Anna sonrió―. Comparto cartas con él y Fleur.
La sola mención de la chica francesa llamó la atención de Bill, cosa que Charlie notó. Si Bill había logrado tener cierta ventaja con saber del beso entre él y Anna, la había perdido en ese momento.
―No iremos al exterior, chicos ―interrumpió Sirius―. Ya dejen el tema.
La cena transcurrió sin contratiempos según Molly, hasta felicitó a los gemelos por su buen comportamiento antes de que ellos se dirigieran hacia la biblioteca para jugar con las cartas de Fred. Anna, Ginny y Hermione se dirigieron a la sala de estar y Ron junto con Harry a la habitación que compartían.
Katherine quedó a solas con Cedric en la cocina y él se acercó hasta ella para luego besarla. Suspiró cuando se separaron y Cedric le regaló una sonrisa y llamó con su varita un paquete de color rojo y dorado. Cuando Katherine abrió el paquete, ahogó un suspiro y volvió a besarlo.
―¿Puedo? ―preguntó Katherine y Diggory asintió rodeándola con la túnica de quidditch de Hufflepuff que él usaba. Inmediatamente sintió el aroma de la loción de Cedric, que la hizo sonrojarse y abrazarlo. Cedric sonrió, besó su frente y miró con fastidio el reloj de la cocina.
―Debo irme ―dijo y Katherine hizo una queja infantil, lo que hizo reír al chico―. Te escribiré más seguido y te traeré un presente hermoso de Roma.
―Es un trato ―respondió ella separándose del abrazo y Cedric asintió―. Gracias por venir, me hacías falta, Ced.
George, que se había acercado a la cocina con una nota, interrumpió la escena mirando a la feliz pareja en medio de esta. Anna entró detrás de él y miró a Katherine, a Cedric y a George. Cierta punzada de culpabilidad se alojó en su pecho, pero intentó no pensar en eso y caminó hasta el refrigerador.
―Diggory ―dijo George mirándolo―. Tu madre, que vuelvas pronto que ya casi es media noche.
―Sí. Gracias, Weasley ―respondió Cedric y volvió a besar a Katherine. Anna casi escupe el agua, revolvió el cabello de George y acompañó a Cedric hasta la chimenea.
Al día siguiente, en navidad, Anna encontró tres paquetes bajo su cama, al igual que Katherine. Uno de ellos firmados por Sirius, otro por James y Lily y el último por Remus. Después de todo, Anna sí había recibido su escoba, al igual que una snitch, una quaffle, un poster firmado por Gwendolyn y un disco de las Spice Girls, como broma de James. Katherine recibió algunas obras de Shakespeare, una lechuza de peluche y un diario azul y dorado con una llave en forma de corazón "por si Anna te falla, Hale" según James.
La navidad finalizó, al igual que las vacaciones y los estudiantes regresaron a mitad de Enero al colegio. El frío aún se sentía y la nieve no dudaba en caer, pero ese frío hacía ver los terrenos como si fueran nuevos y los más románticos no podían esperar a que la primavera llegara pronto para empezar un nuevo ciclo de vida.
―Te juro que no soporto esta clase ―se quejaba Anna mientras se dirigían a DCAO―. Y era mi favorita.
―Bueno, pero con el embarazo de Lily, Snape se ha… suavizado un poco ―respondió Katherine y entraron al salón, que era uno de los más fríos del castillo.
―Da igual… sólo quiero vacaciones.
―Acabas de llegar de unas.
―Que no fueron suficientes… Buenos días, profesor Snape.
Snape hizo un sonido, ondeó su túnica y se dirigió al frente del salón para iniciar su clase. Los alumnos se congelaban, tomaban apuntes y se quejaron cuando el profesor finalizó y dejó dos pergaminos de redacción.
―Muy suave, ¿no? ―se quejó Anna y Katherine sonrió levemente, avanzando hacia su próxima clase.
―Sólo dos pergaminos, ya no te quejes, Black.
La mañana transcurrió de forma lenta y aburrida, empezando porque Anna ignoraba a Angelina y Katie Bell, los salones estaban fríos, y Alicia estaba en plan romántico con Lee Jordan y Katherine quería ver pronto a Cedric. Cuando llegó la hora del almuerzo, las dos chicas entraron al comedor y Anna hizo un gesto a Katherine para que fuera con Diggory.
Al verse sola, suspiró y se dio media vuelta para salir del comedor. No podía soportar la idea de hacer mal tercio con las parejas recién encontradas, y mucho menos quería sentarse al lado de los gemelos Weasley, que eran asediados por Angelina y Katie.
―Siguen tan típicos ―se dijo cuándo se sentó en una de las sillas del jardín, donde meses atrás había discutido con Fred y arruinado el hermoso disfraz que llevaba esa noche―. Y yo tan boba.
―Yo no diría eso ―dijo una voz muy conocida para ella, lo que la hizo sonrojarse inmediatamente―. De hecho, eres una de las personas más interesantes que conozco, señorita Black.
―Charlie ―susurró ella sin voltear a verlo. Sintió que el pelirrojo cortaba los pocos pasos que los separaban y se sentaba junto a ella, ofreciéndole una pequeña bandeja de la mesa de los profesores―. Oh, gracias. ¿Qué hace aquí, profesor Weasley?
―Pasaba por aquí.
―Con un plato lleno de comida.
―Claro.
Ella rio y empezó a comer. Charlie miraba a ningún punto en particular, esperando que ella terminara, cosa que hizo en pocos minutos y luego suspiró. Ambos giraron para verse y Charlie notó un leve sonrojo en las mejillas de Anna, llegando a convencerse que era por el frío de ese día.
―Deberíamos entrar ―dijo la pelinegra levantándose rápidamente―. Hace frío y los elfos extrañaran este plato.
―Si tú lo dices ―respondió Charlie levantando los hombros―. La veo en clases, señorita Black.
Anna asintió y caminó rápidamente hacia el interior del castillo. Segundos después de que ella dejara a Charlie solo, Bill Weasley llegó con su hermano y se sentó a su lado en total silencio.
Muchas disculpas pasaron por la mente de Charlie para excusarse por algo que no debía estar haciendo; pero ninguna de ellas le pareció suficiente y simplemente decidió quedar en silencio, esperando a las palabras de Bill.
―Soy tu hermano mayor, Charlie ―empezó Bill mirando hacia la fuente congelada del jardín―, y aunque los dos seamos adultos, nunca está de más decirte ciertas cosas.
―Yo sólo… ―inició pero se quedó en silencio nuevamente. Quería escuchar a Bill, sin disculparse. Necesitaba aquellas palabras.
―Sé que sólo quieres ser amable. Al igual que en navidad, y en ese juego. Pero sigue siendo menor de edad, y si quieres que aumente tu cargo, es tu alumna Charlie ―hizo un pequeño silencio para que su hermano pensara toda aquella información y continuó―: Sabes los problemas en los que te meterás si continúas con eso.
―No estoy haciendo nada, Bill ―dijo con seguridad y Bill lo miró―. Es en serio.
―Como tú digas Charlie ―continuó Bill sonriendo. Era obvio que Charlie pensaba que no estaba haciendo nada, pero lo hacía. Se estaba acercando a Anna y él no lo sabía. Tal vez tanto tiempo entre dragones había desgastado la habilidad de hacer vida social de Charlie―. Sólo eran palabras de un hermano mayor. Tengo clases con los chicos de Ravenclaw, nos vemos luego.
Charlie se quedó meditando sus pensamientos, cuando lo menos inesperado que podía pasar en enero, sucedió. Una lluvia torrencial comenzó a caer en el castillo. Todos fueron a refugiarse dentro. Snape estaba furioso y los gemelos estaban riendo y bromeando acerca de que no le gustaba lavarse.
Las clases se cancelaron y todos los que estaban afuera fueron a cambiarse y a secarse porque la cena de bienvenida estaba por comenzar.
Katherine y Cedric se pusieron a buscar a Anna, ya que se habían dado todos los abrazos de bienvenida, besos, y se habían dicho cuanto se extrañaban. La encontraron lanzándole un hechizo a Peeves por mojar a unos alumnos de primero.
―¡Annie! ―gritó Katherine.
―Oh, Kathie, Ced, ¿por fin se calmó el mar de hormonas?
―Sí, Anna ―respondió Cedric, mientras Katherine escondía la cabeza en el hombro de su novio, dos palmos más alto que ella―. ¿Se sentarán conmigo? ―le preguntó Cedric a Anna.
―No ―respondió Anna y jaló a Katherine―. Mía, me toca.
―Bueno, hablamos después de la cena ―Cedric revolvió el cabello de las dos y rio. Fue hacia la puerta y las dejó en el recibidor.
―¿No ríe hermoso? ―preguntó Katherine soñadora.
―Basta, Hale… o te echaré un globo de agua ―bromeó Anna.
Un chico de cabello castaño largo chocó contra ellas, de espaldas, haciendo que se volvieran.
―Oh, lo siento Annie…
―¿Y tú eres?
El chico se levantó el cabello de la cara para revelar su rostro, y el reconocimiento llega al rostro de Anna.
―Oh, Montague… te dejaste crecer el pelo ―comentó ella reconociéndolo, y los ojos de él, brillaron mientras su sonrisa se curvaba.
―No me reconociste ―dijo con un tono alto, mostrando sus dientes.
―Bueno, te ves muy diferente ―Anna no sabía porque pero estaba incomoda por el tono que tenía, o la manera en que la miraba.
―El banquete va a empezar, Anna ―Katherine hizo que se girara, ya que estaba incómoda también.
Se fueron a la mesa Gryffindor, y se sentaron junto al trío dorado y Ginny, los gemelos se sentaron enfrente, y todos esperaron a que Dumbledore se pusiera en el podio.
―Bienvenidos, bienvenidos ―Dumbledore abrió los brazos como si pudiera abrazar a todos los alumnos―. ¿Tuvieron unas buenas vacaciones? ¡Espero que sí! Ahora los de quinto y los de séptimo deberán prepararse para sus exámenes. Los directores de sus casas les darán más detalles.
―Oh, alguien estará ocupado ―se burló George.
―Aún nos quedan varios partidos de quidditch en la liga, y nos esperan cosas muy interesantes a todos en este semestre. Ahora, no los entretendré más porque deben de tener mucha hambre.
El banquete terminó sin pena ni gloria, y todos los alumnos, ya cansados comenzaron a levantarse de sus asientos para ir a dormir. Anna y Katherine se disponían a hacer lo mismo cuando la profesora McGonagall las interrumpió.
―Anna, ¿podría acompañarme a mi despacho antes de retirarse a sus habitaciones? Tengo algo que discutir con usted.
―Claro, profesora ―dijo molesta Anna, ya que estaba muy cansada―. Te veo luego, Hale.
Cedric llegó por Katherine para acompañarla a la torre y Anna siguió a McGonagall hasta su despacho. Entraron en la gran sala, que tenía un acogedor crepitando, y la profesora la invitó a sentarse a un sillón verde.
―Señorita Black, la llamé porque una de nuestras prefectas de la casa está dando un comportamiento y unas calificaciones que dejan mucho que desear. Y usted es una de mis candidatas para…
―Espere, ¿se puede relevar a un prefecto?
―Sí, pero…
―¿Quién es?
―Aún no puedo decirlo, pero quería mencionárselo para que en caso de que ocurra, usted estuviera lista…
―Sirius estaría tan orgulloso… bueno, no… pero Lily sí.
―Piénselo y medítelo ―le dijo McGonagall con una sonrisa orgullosa―. Y ahora, vaya a la cama, que mañana empezaremos con todo. No entiendo porque el profesor se la pasa suspendiendo las clases y bueno, ¿a qué espera? ¡Vaya!
Anna salió de la oficina y se fue dando saltitos hacia la torre, pensando en voz alta, diciendo:
―Prefecta, la prefecta Anna Black, nah… ―pero fue interrumpida por Fred, que pasaba por ahí.
―Vaya, vaya… nuestra Annie va a unirse a la historia junto a Percy, una prefecta perfecta.
―Weasley…
―No te preocupes, yo seguiré el legado de los merodeadores
―¡Tonterías! Yo soy la verdadera heredera ―Anna se acercó a él y apuntó su dedo a el pecho de él
―Sí, claro.
―Ajá.
―Ah - ah.
―Entonces demuéstralo Frederick. Te miro y todo lo que escucho es bla-bla, bla-bla-bla ―Anna hizo formas de bocas con sus manos y comenzó a abrirlas y cerrarlas.
―Como digas ―dijo Fred antes de tomarla por la cintura, inclinar a la chica hacia abajo, quien sólo pudo soltar un "ah" de sorpresa antes de que él la besara.
Después, ella se separó haciéndose hacia abajo e intentó cachetearlo, pero no pudo hacerlo por la posición. Sólo le bastó a Fred hacerse para abajo una vez más para poder besarla de nuevo, subiendo y bajando su mano izquierda por la espalda de ella, que después de luchar un poco se dejó llevar para que el chico dejara de imprimir fuerza.
Cuando él notó que el forcejeo terminó la incorporó y, quitó la presión. Ella, cuando él hizo esto, lo empujó.
―¿Y eso qué?
―Nunca pidas permiso, es mejor pedir perdón ―citó el pelirrojo con una sonrisa pícara. Anna, indignada lo cacheteó―. Ellos recibieron muchas de estas ―dijo Fred levantando su mejilla, como si le exhibiera la mano roja que se empezaba a marcar.
Anna entonces sonrió y se pasó la lengua por sus labios. Se apartó el cabello de la cara, y tomó la corbata del uniforme de Fred, sacándola de la túnica. Después deslizó su mano al final de la corbata y la jaló hasta que ella quedó contra la pared, y él pegado a ella. Fred que tenía abierta la mandíbula sin poder cerrarla, no podía creerlo.
―Es cierto Fred ―Anna se pegó a la cara de él, con sus manos en los hombros del chico, usándolos para impulsarse hacia arriba. Acercó su boca a la de él, lentamente, esperando a que él cerrara los ojos; y cuando lo hizo, entre suspiros, Anna presionó suavemente los labios contra los de él para después susurrar―: Pero esto no lo recibían ―subió su rodilla hasta alcanzar la entrepierna del chico, presionó hasta arriba, se alejó de Fred mientras se achicaba e iba yendo al suelo.
―Anna… ―exhaló el chico mientras se llevaba las manos hacia abajo.
La chica sonrió, y le mandó un beso volado al chico.
―Me encantaría quedarme, amorcito, pero… ya es tarde y no quiero que los prefectos nos encuentren ―y dicho esto, dio media vuelta y caminó hacia la torre de Gryffindor.
¿Pueden creer que me costó un mes escribir el treinta y siete? ¡Un mes! Dioses, ya estaba desesperada, en serio. Pero me gustó como quedó. Estar en la cabeza de George es tan genial y no les diré más porque son spoilers y si digo spoilers el universo puede explotar y no hay Doctor que nos salve.
Saludos de Marianne, que está en facebook.
Gracias por leer y comentar.
Un comentario = Galletas y menos días antes de actualizar.
Baaaaiiii