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Para Tom...De Tom — capítulo 1

One Shot. En Pequeño Hangleton

Un joven de quince años caminaba lentamente entre los espesos árboles del Bosque Prohibido. Su mente estaba inundada de una sola imagen: la de una casa señorial que había espiado meses atrás, durante las vacaciones de verano. Ahora que ya se acercaban las fiestas Navideñas, tendría la excelente oportunidad para visitarla abiertamente y lograr su cometido.

En su mano derecha tenía un libro grueso negro cuyas hojas estaban tan maltratadas por el continuo interés de Tom Riddle para leerlas minuciosamente y, ahora que tenía tiempo libre, la soledad del bosque lo ayudaría a aclarar las últimas dudas.

Una parte del alma. Asesinar a alguien. Alma intacta. Inmortal.

Dentro de lo que había leído, estas cuatro frases eran las que más le llamaban la atención. 

Dumbledore estaba a muchos metros de los alumnos, para la suerte de Tom. Así no se daría cuenta de la curiosa forma de actuar del joven.

Tom subió al tren escarlata y ubicó un compartimiento vacío. Si todo salía como estaba planeado, estaría de regreso en Hogwarts como más que un simple chico. Incluso como más que el heredero de Slytherin. Para ese entonces, aquel honor pasaría a segundo plano.

El viaje hasta el andén nueve y tres cuartos no fue nada fuera de lo normal; fue así que, cuando llegaron, Tom cogió su baúl y se concentró en no desviarse de su meta: Pequeño Hangleton.

La colina del pueblo señorial era apenas alta. Tom divisó a lo lejos la mansión de su abuelo materno, a quien odiaba tanto.

Entornó sus ojos marrones al reconocer el éxito cercano. No podía fallar.

Caminó con decisión hasta la mansión. Las tejas estaban rotas, y las ventanas no tenían cortinas. Al parecer, a Marvolo Gaunt le importaba que los demás vieran la riqueza de su casa.             

Con una previa sonrisa que le causaría miedo a cualquiera, Tom tocó la puerta.

Unos pasos secos se oyeron del otro lado. A continuación, un hombre adulto y sucio le dio la bienvenida con una mueca de terror.

-¡Tú!- exclamó Morfin, apuntándole el pecho a su sobrino- ¡Hijo de muggle!

Pero Tom no se inmutó. Al contrario, se burló sonoramente del estado del hombre.

-¿Así recibes al hijo de tu hermana, asqueroso idiota?

-¡ELLA ERA UNA SUCIA SQUIB! ¡LARGO DE AQUÍ! ¡NO TIENES NADA QUE VER CONMIGO Y CON EL APELLIDO GAUNT!

Lejos de irse, el muchacho sacó su varita y hechizó a su tío. Morfin cayó sobre su espalda, con los ojos abiertos presos de terror.

Si no se movía rápido, alguien podría descubrirlo. Rebuscó las reliquias de los Gaunt, por si hallaba algo interesante. Al final, posado sobre el horrible escudo de la familia, un anillo con un símbolo extraño le llamó la atención.

Le quedaba bien.

Con sumo cuidado, incorporó a su tío y deshizo el hechizo, modificándole la memoria. Para cuando Morfin había despertado totalmente, Tom ya no estaba en la casa.

La segunda mansión que había espiado estaba sólo a unas cuantas colinas de la de los Gaunt. En aquel momento, Tom Riddle padre estaba sentado sobre el sofá de la sala, con un periódico mágico en sus manos. Sus padres se alistaban para la cena.

Procurando no hacer ruido para que la mucama no se diera cuenta, Tom abrió la puerta trasera y subió hasta la habitación de sus abuelos. Ambos ya se disponían a bajar cuando vieron al joven.

-¿Quién…?

Pero la pregunta de la mujer fue interrumpida por una luz verde cegadora que salió de la varita del joven. Al instante, la señora Riddle se desplomó como un muñeco a quien le cortan las cuerdas.

Su marido quiso decir algo, pero la misma luz impactó en su pecho, haciéndolo caer de la misma manera que su esposa.

Unos pasos apresurados se oyeron en las escaleras. Tom Riddle padre subía para saber lo que pasaba. Sin duda, había percibido el frío de la muerte.

-¿Quién eres?- preguntó. Su tez estaba muy pálida al ver los cuerpos inmóviles de sus padres- ¿QUÉ HAS HECHO?

-¿No sabes quién soy? ¡SOY EL HIJO QUE JAMÁS QUISISTE RECONOCER!

El hombre se quedó paralizado, con sus ojos completamente abiertos.

-¿Merope? ¿Eres el hijo de Merope?

-Y tu hijo- añadió Tom- Pero la abandonaste…

-¡Ella me mintió! ¡Me dijo todo lo de la magia, y que me había dado una poción!

-¡Eres…!

-¡Sal de aquí, demonio! ¡Eres un demonio, como ella!

Sin querer oír más, el joven Riddle formuló la maldición asesina y terminó con la vida de su padre.

Con los tres Riddle muertos y el anillo de los Gaunt en su poder, sólo quedaba algo más.

Cerró sus ojos y susurró unas palabras. Sintió un cosquilleo desde el interior del anillo, al mismo tiempo que una sensación de soledad lo invadió.

Cuando abrió sus ojos de nuevo, supo que lo había logrado.

Una parte de su alma estaba protegida en el anillo.

En algún lugar cercano sonaron unas campanas.

-Feliz cumpleaños, Tom Riddle- susurró en voz baja- Te quedan infinitos años por vivir.

Con la vanidad llenando su corazón negro, caminó hacia la mansión de los Gaunt.

Morfin estaba dormido, ebrio, así que Tom aprovechó para esconder el anillo bajo tierra. Lo puso en una cajita y lo enterró.

Tal y como había dicho al partir de Hogwarts, ahora era más que un simple chico. Incluso más que el heredero de Slytherin.

Había llegado a dimensiones que ningún hombre había conocido antes.

Había asesinado a su padre y a sus abuelos.

Había creado un horrocrux.

Con sólo dieciséis años, Tom Riddle había maldecido su vida…para siempre.