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Reino de Hielo. — capítulo 1

Reino de Hielo

No puedo apartar los ojos de las velas. El suave tintineo de sus llamas trata de prenderme el alma, de mitigar mi desencanto, de arrullarme en su calor… pero yo tan solo siento frío, un helor insoportable que se extiende desde todas partes, que me envuelve, que me envenena. Pronto llegará a mi corazón.

                Acurrucada en la oscuridad, sin importarle a nadie, sin levantar la más mínima atención sobre los que me rodean. Daría cualquier cosa por vosotros, por cada una de las personas que me mantenéis viva… pero vosotros no daríais nada por mí, jamás. Me apuñaláis con cada olvido fortuito, con cada desprecio irreflexivo. Me muero de frío y es por vuestra culpa.

                Me acerco al sol con sonrisas forzadas, orgullo fingido y amables palabras que no son más que eso: palabras. Todo para vosotros, todo para que os sintáis llenos. Por más que me acerco a la luz continúo entumecida en el interior de un glacial formado con vuestra maldita indiferencia.

                ¿Sabéis lo que se siente? No, claro que no… Yo misma me he encargado de que jamás lo averigüéis cediendo poco a poco todo el protagonismo, toda la fama, absolutamente toda la gloria. Por amor. Qué absurdo, ¿verdad?

                Las velas comienzan a derretirse ante el irresistible calor que no puedo sentir. Cera de un delicado blanco cae sobre el pequeño pastel como lágrimas en mis mejillas. Me hacen sentir mejor, aunque creo que van a congelarse.

                A ti, hermana mía, a la que he apoyado en cada paso de tu vida sin oponerme jamás a tus desquiciados deseos. Siempre he admirado tus obras, aunque en ocasiones no llegase a comprenderlas. Sangre de mi sangre, sangre pura a la que pude amar sin medida. Tú te quedaste cuando Andrómeda se marchó… ¿o tal vez fui yo quien permaneció a tu lado? No puedes imaginar como es vivir a la fría sombra de una hermana.

Yo no soy yo, soy la hermana de Bellatrix Lestrange.

                Escucho el silencio de la mansión, calándome en los huesos con todo su peso. No hay nadie, estoy sola… Nadie quiere recordarme. "Están demasiado ocupados.- me digo.- Tienen tanto que hacer… Aunque escribirme una pequeña felicitación no les llevaría mucho tiempo."

¿A quién le importa la fecha de hoy? Es tan solo un día más, nada importante, ¿verdad? Apenas siento ya los dedos. Estoy helada.

                A ti, esposo mío, a quien he seguido incluso por un sendero del que no formo parte plenamente. El poder se convirtió en tu guía, la oscuridad en tu faro, y yo fui quien te sujetó el maletín mientras preparabas las armas. Eres un ser elegante entre el guerrillero y el diplomático. Ave de blancas plumas que todos los honores merece. Como un hábil estratega, te posicionaste a la mano derecha del ministerio.

Y ahí quedé yo, sin ser yo. Soy la esposa de Lucius Malfoy.

Busqué el calor teniéndote entre mis brazos. Tan solo eras una pequeña criatura tan suave que inspirabas el amor en los demás. Tus miradas de un gris apagado me hacían sentir viva, arder por dentro de pura felicidad. Conseguiste arrancarme de la ventisca para arrojarme a la escarcha.

                No sucedió inmediatamente, tú apenas te diste cuenta. Necesitabas volar, necesitabas vivir… Me percaté, tal vez demasiado tarde, de que mi corazón no podría seguir al tuyo eternamente, de que, pese a que mi amor por ti fuese más fuerte que nada en este mundo, las sonrisas desaparecerían, las caricias se desvanecerían, tu atención desmedida migraría y me quedaría de nuevo sola, más sola que antes, ya que te llevaste un pedazo de mí.

                A ti, hijo mío, te di mis noches y mis días, te entregué puro amor a cambio de sincero olvido. El trato fue cruel pero lo aceptaría de buen grado una y mil veces porque verte sonreír prende una pequeña llama en mí que me mantiene. Ahora que te veo en peligro, ahora que ser un hombre puede costarte el alma, haré lo indecible para salvarte.

Y, cuando lo haga, no seré yo. Seré la madre de Draco Malfoy.

                Todo esto he hecho y haré por vosotros en las sombras que envuelven siempre a los pequeños detalles, tan importantes y tan despreciados. Daré lo que tengo e incluso lo que haya de robar de las manos muertas de quien se interponga en mi camino. Mientras lo haga sentiré este frío intenso, terrible, que ganará terreno hasta el día en que no pueda continuar y me convierta en nada más que un bloque de frío y duro hielo.

                Hasta entonces no dejaré de preguntarme por qué no estáis aquí, conmigo, porque ni siquiera me habéis enviado una señal de recuerdo o un presente, no por lo material, sino por lo que implica haberlo adquirido. Os esperaré hasta que el sol caiga por completo, la oscuridad me envuelva y el frío me lleve. Mantendré encendidas estas velas titilantes en una tarta que ni siquiera me apetece probar. Continuaré esperanzada hasta las doce en punto cuando todo termine y no quede rastro de mi día, el único que os pido de atención al año, el único atisbo de que realmente os importo porque, como ya habéis visto, no existo más allá de vosotros. Esperaré, hasta que me duerma de agotamiento, escuchar esas palabras:

Feliz Cumpleaños.

Lamentaciones de un Alma Helada.

Narcissa Malfoy.