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Canciones Para Paula — capítulo 8

Sábado, seis de la mañana. Me levanto del incomodisimo sofá cama del hospital, me despido de Mario, que todavía sigue en coma y me marcho a casa para cambiarme y coger mis cosas. En dos horas a trabajar. Y no soy yo, y me duele todo... En las calles hay pocos coches por la calle, y es de noche todavía, aunque las farolas no están encendidas. Las apagaron hace un rato.

Llego a mi casa, intento no hacer ruido para no despertar a nadie. Me doy una ducha, me pongo unos vaqueros negros y una camiseta degradada morada, unos botines y unos colgantes. El pelo no me lo plancho ¿para qué? me pongo un moño alto con una cinta morada clarito. Cojo mi bolsa con lo necesario y mi libro que siempre llevo a trabajar. Por si me hace falta.

A las siete y cuarto salgo de casa, hay mas luz en la calle pero toavía no está muy activa. Solo hay muy madrugadores. A las ocho menos cuarto llego al hospital. Subo las escaleras de la derecha tras saludar a Marga, la de admision, y llego a mi taquilla, me cambio, guardo mi bolsa y bajo a la cafetería, mi tutor todavía no ha llegado asi que tendré que esperarle.

Las nueve y diez. Estoy apoyada contra la pared, muerta de miedo, de sueño, de tristeza y de dolor. Nada bueno para el cuerpo, vaya. Me levanto y me marcho al despacho del tutor, ya habrá llegado, espero. Y, en efecto. La puerta está abierta. Toc, Toc.

_¿se puede?- pregunto asomando la cabeza

_Adelante, Paula, sientate, en seguida acabo con unos informes. ¿Que tal? llegas tarde...

_En realidad no, he llegado a menos cuarto, he estado esperándote en la cafetería, pensaba que ibas a bajar a desayunar.

_Pues no. Tengo que acabar esto. Hoy tendremos muchas cosas que hacer, ¿lista?

Me encogí de hombros. ¿acaso tenía otra opción?

Mi estado de ánimo no era nada favorable, ni si quera aceptable ya que andaba distraída y pensativa, si, pero no como otras veces, ahora caminaba al lado del doctor, con las manos en los bolsillos, mirandome los zapatos y pensando. No decía nada, solo cuando me tocaba hacer algo a mi.

A las once y pico fuimos a tomar el café de media mañana, como casi siempre. Pero esta vez yo no pedí nada, no tenía bien el estómago, solo un poco de agua. El doctor se sentó en frente mia, no había casi nadie en la cafetería, poca gente.

_¿Paula?

_Mmmm...

_¿que sucede?

Terminé de beber agua y le miré _¿que?

_¿Que pasa?

_Nada. ¿Por qué?

_Oh, venga, no has hablado en toda la mañana y andas despistada y distrída, no es propio de ti, me preocupas, ¿que ocurre?

_Nada de verdad...-dije negando con la cabeza y mirándome las piernas. Pero los ojos nublosos me delataron y no pude contenerme.

_¿algo médico?- el doctor siguió intentándolo.

Asenti. _Si. Es Mario

_¿el chico del otro día?

_Si, mi novio. Al que ingresaron hace unos dias en el Hospital Central.

_Ah, ¿que tal está? ¿mejor?

Negué casi a punto de llorar. _Que va, está mucho peor. No mejora y el medico ni nos dice nada ni le hace nada, solo pasan enfermeras y cada vez tiene mas medicamentos y cateteres.

_Oh. Entiendo.

_Yo había pensado en trasladarlo aquí, a este hospital, pues estoy segura de que estaría mejor, le ayudarían mas y sería mas cómodo para mi.

_Este hospital es solo...

_Si ya se, pero Mario encaja un poco con el perfil. Se le cayó un andamio de una obra (700KG) mientras iba a trabajar.

El doctor no paraba de mirarme.

_¿Crees que habrá posibilidad de que puedan trasladarlo?

_No se, deberías hablar con Julia. ¿Te acompaño?

Aentí. No se si iba a ser capaz de soportar aquello mucho mas. Sería mejor si el doctor venía conmigo. Al menos no estaría sola.¿No? Además se había preocupado mucho por mi, eso lo agradecía.