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La conexión de dos mundos (THG) — capítulo 8

-¡Por favor Gale no dejes que les pase nada!- me pidió Katniss, yo le dije que sí, no podría permitir que les pasase algo a Prim o a su madre. Aunque… también tenía que ocuparme de Harry y Hermione.

-¡Se os ha acabado el tiempo!- gritó una mujer, y me tuve que ir.

Volvía a casa. No tenía nada que hacer, ni ganas. Ese chico… creo que se llamaba Peeta. Lo veía de vez en cuando en el colegio, sólo lo conozco de vista. Espero que no sea él quien mate a Katniss, no se merece ser la persona más odiada de la Veta.

Nada más salir de la sala, vi a su padre salir de otra habitación, justo al lado. ¿Qué cómo sé que es su padre? Mi madre es muy amiga suya, se conocen desde pequeños. Creo que tuvieron una "aventura amorosa'' como nos cuenta mi madre muchas veces.

Pero su actual mujer, la insoportable, según mi madre y mis hermanos; se adelantó, y se casó con él antes de que los dos llevaran tres meses juntos. No me percaté de que ya había llegado

-Gale ¿Has visto a Harry?- me preguntó mi hermano pequeño -no lo he visto en toda la mañana

Yo me agaché para estar a su altura y le revolví el pelo -se habrá ido a dar un paseo

Me levanté, estaba preocupado, así que me di media vuelta y caminé hacia el bosque intentando parecer despreocupado. Mi hermano me estaba mirando.

Al llegar al lugar, vi un agujero enorme en la valla metalizada, estaban por allí, ningún ser vivo sería capaz de hacer un agujero enorme con la valla electrificada. Pasé por aquél hueco, y en un pino bastante alto, vi el signo del Capitolio.

-No se los pueden haber llevado…- susurré

Esa misma noche

En la pantalla apareció Caesar, como siempre, pelo verde, traje rojo, y bastante sonriente.

-Hola, gente de Panem, se estarán preguntando qué hago yo, en vuestras pantallas. Pues bien. ¡Este año habrá una sorpresa! ¡Una maravillosa sorpresa!

Me lo imagino, en vez de inundar el campamento del distrito 12, van a quemarlo.

-Bien… ha llegado la hora de presentar a tres tributos… pero yo no os he dicho nada eh

Un escalofrío me recorrió la espalda. No, no podían hacer eso, presentar a tres chicos de 16 años que no tienen ni idea de lucha.

-¡Harry!- gritó mi hermano, que vió al chico en la televisión. Estaba muy triste, y rígido. Le habían puesto el uniforme que llevaba cuando nos conocimos. Detrás de él estaban Hermione y Ron. Hermione con una mirada que daba miedo, a cualquier persona del Capitolio, quiero decir. Y Ron, que parecía que le habían envenenado, o algo malo le había pasado.

-¿Qué hacen ellos en el Capitolio?- gritó mi madre asustada, desde la cocina.

Yo estaba mudo, ¿van a hacerlo? ¿van a enviarlos a ellos también a Los Juegos? ¿a cuántas personas voy a perder en este día?

En el Capitolio, horas antes…

-¡No se os ocurra tocarme la cara!

-¡Ay querido! ¿Ya estamos otra vez? ¡Tenemos que quitarte esas pecas!

-¡Tienes que estar guapo para la televisión!- añadió un hombre que sujetaba la cara al pelirrojo. Cogió un pequeño frasco rosa, e hizo que Ron se lo bebiera, a la fuerza quiero decir.

-¡Mira Harry! ¿Has visto lo que le ha hecho ese hombre a Ron?- susurró Hermione

Poco después le tocó a ella, nada más entrar por la puerta de cristal, un robot la sentó bruscamente y empezó a tirarle del pelo, a peinarla, mejor dicho.

-¡Oh querida! ¡Al fin una señorita!- dijo una mujer que miraba a Hermione con alegría -¡Seguro que tú te comportas mejor que tus amigos! ¿nos dejas que te limpiemos la cara?

-Sí- gruñó Hermione -no quiero que me envenenéis- susurró, esta vez, sin que nadie se enterara. Allí sólo se oía el Rash de aquel robot que le arrancaba a matojos el cabello a la castaña.