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Del porque no se debe fumar — capítulo 1

Pequeñas gotas de lluvia resbalaban por su rostro, empapándolo más de lo que ya estaba, respiró hondo, llenando sus pulmones con el aroma a césped mojado, ese que le recordad tantas cosas maravillosas; tantas cosas que parecían lejanas, como si todo fuera un bonito sueño.

 Cerró los ojos con fuerza, impidiendo que más lágrimas resbalaran por sus ojos celestes, esos ojos que siempre parecían brillar, esos ojos que en ese momento permanecían apagados. Apagados por la inminente tristeza que le recorría.

Cerró los puños con fuerza, apretando la fina hoja de papel entre sus manos. Podía sentir el papel rozándole la piel, casi al punto de provocarle un pequeño corte.

Se llevó las manos al espeso cabello castaño empapado y lo alboroto levemente, dejando que más lagrimas silenciosas surcaran sus mejillas.

Todavía se negaba a creerlo, a aceptarlo, pero la verdad era inminente, innegable. Esa verdad que negó por tantos años estaba allí, golpeando frente a sus ojos, gritando ser vista, y lo sabía.

Tantas veces se lo habían dicho, tantas como las que lo había ignorado, siempre una excusa, una mentira, un comentario sarcástico, una risotada.

Pero allí estaba, frente a sus ojos se hallaba la más pura verdad, frente a sus ojos estaban todas esas advertencias, juntas en una pequeña hoja de papel, una hoja que decía toda la verdad.

Ya era hora de aceptarlo, pero ya era tarde para hacerlo, ¿Irónico?, quizás.

Una vez alguien le dijo que el destino esta escrito, y si que tenía razón en su caso, siempre tuvo oportunidades de dejar ese estúpido vicio, ¿Cuantas veces dijo que lo intentaría?, tantas como las que volvió a recaer.

Siempre usó la palabra "Enfermedad" como justificativo, pero sabía que su enfermedad tenía cura. Una cura que nunca aceptó.

Y allí estaba, en la más completa soledad, en una noche fría, bajo la lluvia, sabiendo que sus días estabas contados.

<<Cáncer de pulmón>>

Las palabras parecieron resonar en el lugar como un pequeño sonido impulsado por el viento, como un susurro lejano. Un susurro que contenía esas palabras que siempre ignoro. Esas palabras que en ese momento le torturaban.

Recordó las cajas de cigarrillos esparcidos por su casa, el olor a nicotina que siempre llevaba, el encendedor siempre consigo. Todas esas cosas que en ese momento le repugnaban.

Quiso gritar, pedir auxilio, que le rescataran. Pero ya era tarde, y le gustase o no su oportunidad había pasado.

Ya no había vuelta atrás, ya solo quedaba esperar, esperar a que sus últimos días terminaran.

De pronto pudo sentir toda esa injusticia sobre sus hombros, pudo entender a todas las personas a las que criticó. Y dolía, si que dolía.

¿Pero que iba a hacer?, nada, ya no podía hacer nada. Y entonces comprendió la impotencia de los demás al verle cada día peor, lo comprendió todo y eso solo empeoró el dolor en su pecho, ese dolor que ni siquiera se asemejaba al de una daga en el corazón un dolor infinito, un dolor sin principio ni fin.

¡Hola a todos!

Bueno, ¿Que les pareció?

Es solo una pequeña historia para concientizar a todos sobre esta (Perdón la palabra) mierda.

No me voy a poner a hablar de todas las razones que tengo para decir lo que dije anteriormente de esto, porque no terminaría más  y no es mi intención aburrirlos.

Pero si quiero que me cuenten, ¿Que piensan de esto? ¿Y los fumadores pasivos?

Creo que en este tema todos estamos involucrados, porque no es justo que no podamos respirar un aire puro por el vicio de otros.

Si ofendía a alguien con esto, no era mi intención.

Besos, Paz :)