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Me enamoré de un Vulturi — capítulo 3

Desperté cuando llegábamos a Florencia. Una mujer habló por los altavoces para darnos las indicaciones en italiano cuando aterrizamos y decirnos donde recoger el equipaje. Por suerte, mi maleta era tan pequeña que la había podido traer conmigo en el vuelo, así que caminé hasta la zona de recepción.

Hasta ese momento me pregunté si el abuelo había ido a recogerme o si tendría que llegar a Vachinelli por mi cuenta. Lo cual sería problema, porque sólo tenía unos cuantos centavos, que no serían suficientes para llegar a la aldea, ni siquiera para llegar a la ciudad. Y eso solo me dejaba una opción. Caminar. No es que me muriera de ganas de caminar hasta la cuidad y de ahí al pueblo, pero tampoco tenía muchas opciones. Sentí que alguien tomaba mi maleta. Me di la vuelta y vi que era un anciano de barba blanca y ojos negros. Al parecer, el abuelo si había ido a recogerme.

Benvenutto, Colin. dijo _ Vamos, tenemos que instalarte en casa

Hola abuelo saludé _ ¿Estamos muy lejos de Vaquineli?_ me esforcé en hablar en italiano y pronunciar bien

Vachinelli? No, vamos me llevó a la zona de taxis y pidió uno.

El taxista nos llevó hasta las afueras de Florencia, donde tuvimos que tomar un bus hasta Padua, de donde salía una ruta turística hasta Volterra, desde la cual llegaríamos a Vachinelli caminando. Estábamos en Volterra y era medio día. El abuelo me llevó a comer frente a la plaza principal, la Plaza dei Priori, con el famoso castillo. Sólo de verlo, sentí un cosquilleo en la columna y me pareció ver una persona en la torre más alta. Le pregunté al abuelo si alguien vivía ahí y me miró extrañado. En ese castillo no vivía nadie desde la época de Lorenzo De Uffizzi. Y sin embargo yo había visto algo moverse.

_ Te traje algo_ murmuró mientras yo seguía buscando no sé qué en la fachada del castillo_ lo hice de tejo y verbena _ me dio una medallita de ramas delgadas entrelazadas hasta formar un símbolo que no entendí. Parecía un pájaro o una luna. Estaba ensartada en una cadena pequeña plateada_ Es un amuleto_ explicó mientras me lo devolvía_ que te proteja de la fascinación del mal.

No sabía que responder a eso, pero le sonreí mientras lo guardaba en mi bolsillo.

Vamos, tenemos que caminar hasta Vachinelli dijo levantándose

Yo gemí porque no quería caminar.

Y todo pasó muy rápido.

Sentí que el suelo se sacudía y pensé "estoy mareada". Al instante siguiente me di cuenta que estaba temblando. No había pasado ni un segundo y ya todos corrían mientras el suelo seguía moviéndose. El abuelo me protegió y nos pusimos debajo de la mesa. Aún no había acabado de temblar cuando los cristales de autos y ventanas se rompieron; la gente gritó más que antes y el abuelo me dijo que corriera hacia la salida detrás de él. Mientras trataba de seguirlo, un pedazo del techo cayó frente a mí, impidiéndome salir. Quise saltar, pero la tierra seguía moviéndose y entre el miedo y el tambaleo no coordinaba mucho. Unas piedras cayeron en mi cabeza y alcé la vista. El tejado estaba agrietándose por todos lados.

¡Colin! oí gritar.

Unas tenazas de hielo me agarraron los hombros y me estamparon en la pared, sentí mi nariz chocar contra el muro y alguien me cubrió con su cuerpo mientras el techo se caía en pedazos. Entonces hubo silencio. El suelo dejó de temblar y me di la vuelta. Estaba casi pegada a un hombre con capa gris oscuro y la capucha caída. Era muy joven, de piel blanca y cabello arena. Me pareció que sus ojos eran rojos, pero no pude comprobarlo, porque apenas dejó de temblar se marchó rápidamente.

Espera grité, pero no me hizo caso.

Avancé unos pasos cuando dos manos me apretaron a los costados haciéndome volver a la realidad. El abuelo me abrazó mientras los demás (curiosos y rescatistas) se movían entre los escombros para ver los daños. Quise zafarme de él para buscar al chico que me había salvado; pero no me dejó. Salimos de ahí con mi maleta bajo el brazo., mientras el hablaba con los demás. Frases como "fue un milagro" "que suerte que salió viva" me llegaban a los oídos, molestándome más. Aunque en realidad tenían razón, yo hubiera muerto, o al menos habría quedado con los huesos rotos, si no me hubiera empujado contra la pared antes de que se me viniera el techo encima. El chico de la capa gris me había salvado y marchado después, como si no fuera importante.

El abuelo me detuvo por la manga del suéter.

_Colin, ¿Cómo es que saliste ilesa?

Tardé en responder, mientras ordenaba mis ideas.

_Era un chico de pelo arena, delgado y con capa. El me empujó

Los demás clientes y mi abuelo se miraron extrañados. Entonces caí en la cuenta que yo tampoco lo había visto en el restaurante antes del temblor, es más, ni siquiera era lógico que él estuviera ahí, salvándome en vez de correr por su vida. Todo era tan…insólito. Una señora se encogió de hombros y dijo que había tenido buena suerte. Los demás le dieron la razón y nosotros pudimos marcharnos, pero antes que saliéramos de la plaza, los vi.

Eran cuatro, todos llevaban capas oscuras y hablaban entre ellos, a la sombra de un edificio. Estaban muy lejos, pero alcancé a notar que mi salvador discutía con otros dos, uno alto e imponente, lleno de músculos y una… niña, por lo que se veía. El cuarto tenía pelo castaño y parecía aburrido. Alzó la mirada y nuestros ojos chocaron. Me pareció ver que los suyos eran de color borgoña.

El abuelo me jaló del brazo antes que pudiera acercarme y, para cuando volteé a observarlos una última vez, ya no estaban.


Gracias por leermeeee :3