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Historia 108160 — capítulo 3

Finnick se encontraba asomado a la ventana viendo la plaza cuando alguien entro a despedirse. Sus padres.

Lo abrazaron con fuerza y su madre lo beso, le dijeron que sobreviviera, que lo necesitaban.

Después de que su madre le diera un paquete de galletas tuvieron que salir del cuarto. Corrió a la ventana y se dio cuenta que la plaza ahora si estaba completamente vacía, ya no se encontraba, la chica de cabello negro y ojos verdes que le había rogado que regresara. Por ella.

La puerta se abrió y por ella entro Annie la que estaba presente en los pensamientos de Finnick. Corrieron a abrazarse y Annie lloro en el hombro de Finnick. Si lo perdía a él la única razón por la que hablaba Annie no sabía que sería de su vida.

-Hubiera sido absurdo que me hubiera ofrecido como tributo, solo uno podría regresar.- Dijo Annie. -Por eso confió en que regresaras Finnick.- Dijo Annie.

-Somos 24 personas en la arena Annie.- Dijo Finnick. Annie bajo la vista y una lagrima cayo por su mejilla. -Y te juro que matare a las 22 personas que se me pongan enfrente para volverte a ver. - No mataría a Zinthia pero mataría a las personas de los demás distritos.

Annabel acaricio la mejilla de Finnick y lo beso, había tomado la iniciativa se sorprendió al darse cuenta que Finnick lo había aceptado.

Al separarse Finnick susurro al oído de Annie. -Tú eres mi símbolo de buena suerte.-

Annie sonrió algo que hace mucho no hacía. El agente de paz entro y se llevo a Annie lejos de Finnick. Annie logro zafarse del agarre del agente y le dio a Finnick un pulso de color plateado.

-Tu verdadero símbolo.- Dijo Annie.

Annie salió del cuarto y fue hacia su casa, ya no sentía ningún nudo aunque si un gran dolor en lo profundo de su ser. Una gran preocupación y remordimiento.

Y entonces vio a 4 agentes de la paz entrando a su casa sacando a rastras a sus padres y tirándolos al suelo, Annie apresuro el paso aunque sentía que sus piernas no le respondían y se le nublaba la vista.

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Subieron a Finnick y a Zinthia al tren muchos del distrito se despedían de ellos, pero Annie no estaba presente.

-¿Se gustan? ¿No es cierto?- Pregunto Zinthia cuando habían salido del distrito.

-No.- Respondió Finnick. -Nos amamos.- Completo. -Perdona Zinthia, no planeo matarte no creo que tendría el corazón pero tengo que regresar por Annie, no creo que ella soportara otra perdida que ella soportara la muerte de alguien cercano a ella.

-Se por lo que ha vivido Annie.- Respondió Zinthia. -Y no te disculpes conmigo pues se que yo no tengo ninguna oportunidad. Ninguna. Pero tú. Tú tienes fuerza de voluntad.

-No estoy seguro Zinthia pero lo importante es trabajar juntos y ganar patrocinadores así los 2 podremos sobrevivir más tiempo.

-Está bien.- Dijo Zinthia.

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Al llegar frente a los agentes el nudo en la garganta apareció de nuevo.

-¡Oigan!- Grito. -¡Basta! ¡Basta!- Se acerco a sus padres y los ayudo a ponerse de pie. -¿Qué fue lo que hicieron? ¿Qué sucede?

-No se presentaron a la Cosecha y no tienen ninguna enfermedad.

-Este…Teníamos un permiso del Capitolio por la muerte que tuvieron mis hermanos en los Juegos del Hambre.- Suspiro.

-No hay forma de arreglarlo los hijos del Juez también murieron y él se sigue presentando, lo lamento chica pero tus padres han quebrantado la ley. Las consecuencias son. Tus padres deben irse al capitolio a servir como Avox.

Les esposaron la mano y los subieron al aerodeslizador camino al Capitolio. Avox, avox, avox. Esas palabras retumbaban en la cabeza de Annie. "Tus padres deben de irse al Capitolio a servir como Avox"

Annie se tapo los oídos con la mano y lloro fuertemente se tumbo en la cama de su casa y siguió llorando mientras se abrazaba a sí misma.

En 1 día pasarían por ella para llevarla al Orfanatorio donde tendría que seguir yendo a la Cosecha y su nombre entraría el doble de veces en la urna más las teselas que tendría que pedir.

Si Finnick regresaba, Annie le pediría mudarse con él y así estar tranquila aun apareciendo en la cosecha.

¿Era posible que Finnick regresara?

¿Qué aceptara vivir con Annabel?

El nudo regresaba a la garganta de Annie y una extraña sensación ocurría en su estomago.

Los Sexagésimos Quintos Juegos del Hambre habían comenzado.