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Hermanas Granger — capítulo 3

Siempre lo pasábamos bien juntas hasta que llegaba la noche, mamá lloraba, papá le consolaba y yo me encargaba de cambiar de ropa y de acostar a mi hermanita, aunque casi todas las noches ella acababa durmiendo en mi cama y siempre abrazada al osito azul celeste que le regalé.

Así fue cada noche hasta que un frío día de enero mi madre sin dejar de  derramar lágrimas y de darle besos a mi hermanita la vistió, y le preparó una mochila con su ropa, sus cosas y metió en el bolsillo más pequeño un pequeño fajo de billetes y una carta, e la puso en la espalda, la cogió en brazos y la meció suavemente y le susurró cosas hasta que Helena se durmió, después avisó a mi padre y me dejó con mi abuela, me dijo que iban al hospital, mí hermana estaba enferma y la iban a curar pronto, mí madre se agachó un poco para que le diera un beso a mi hermana en la frente como hacía siempre cuando ella se dormía, le puso una mantita en la espalda y mi padre, mi  madre y mi hermana salieron a la calle.

Tras unas interminables horas mi madre y mi padre llegaron a casa, mi madre estaba llorando mucho más que antes, mí padre también y mi hermana……mi hermana no estaba.

-¿donde esta Helena? ¿Donde esta mi hermana?

-Hermione, tenemos que hablar contigo-dijo con la voz cortada el señor Granger-Helena estaba muy enferma y esta ahora mismo esta…. Se ha ido Hermione, Helena se ha ido…

No creía lo que estaba oyendo ¿Cómo iba a estar mi hermana muerta?, es cierto que pasaba mal las noches  que últimamente a veces tenía que ayudar a mi mamá a cuidarla por que no comía mucho pero es imposible que estuviera muerta si ayer estuvimos las dos juntas bailando, cantando y jugando es imposible, no esta muerta y yo estaba convencida de ello.

Durante  las próximas semanas me escapaba de casa casi a diario y la buscaba por toda la ciudad, la buscaba en los columpios, en el escaparate de la tienda de música, en la tienda de chucherías que le gustaba, en cada sitio en el que había estado con ella y sabía que le había gustado, asta que finalmente un día se hizo tarde, llevaba todo el día caminando y tenía hambre, entonces lo único que hice fue sentarme apoyada en una esquina y dormirme, cuando desperté estaba en la comisaría de policía y en los brazos de mi madre, que como siempre estaba llorando, desde ese día no me dejaban sola ni un segundo, en el colegio me acompañaban hasta la clase y siempre que salía mi padre estaba en la puerta esperándome,  nunca supe nada mas sobre mi hermana.