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Hermanas Granger — capítulo 5
¡Genial, estaba en lo cierto, no solo había un jersey entre mis regalos de cumpleaños, también había un gorro de lana de color rojo!
Subí a mi cuarto a llorar, como siempre acabé decepcionada ¡todo el verano recogiendo fruta para nada¡ ¿Cómo pueden regalar siempre lo mismo? Bufandas, jerseys, gorros….bueno, mirando el lado bueno, otra vez intentan que no me resfríe este invierno, aunque es imposible, desde pequeña por lo menos dos veces cada invierno caigo enferma, según mi madre tengo suerte, pasé una neumonía cuando era pequeña y por eso cuando llega el frío soy mas débil que los demás y no tener dinero para pagar un medico no ayuda mucho... Uf eso lo odio.
A pesar de tener 7 hermanos vivo sola con mi madre y mi padre así que casi siempre estoy sola y solo salgo de la madriguera para ir a la estación de kingcross a por mis hermanos y a veces al callejón Diagón para comprar los libros de magia de mis hermanos, pero hoy saldría por una cosa diferente y tenía miedo, debía ir al ministerio de magia, normalmente deberían ponerme el detector a los 11 años pero mi padre ha decidido ponérmelo antes por que estaba harto de que cuando nadie me mirara usara la magia para hacer algunas de mis tareas como limpiar mi habitación, y como siempre aunque me castigaran volvía a hacer magia ya no había vuelta atrás, hoy iría al ministerio aunque mi padre me prometió que me llevaría a un lugar que me iba a gustar si me portaba bien. La verdad es que siempre he sido muy traviesa y casi siempre estaba castigada por algo, por que me escapaba de la madriguera, por que usaba la magia para levantar algunas cosas…no se por que pero siempre han sido mas sobre protectores conmigo que con mis hermanos y eso no lo soporto, me gusta estar sola pero si no queda mas remedio hay que aguantarse.
Me vestí con la misma ropa de siempre mis únicos vaqueros y un jersey rojo con una h amarilla en el centro, mi padre me dio un regalo, una capa rosa oscura con una pequeña flor bordada en el lado derecho de la capa, este año había batido un récord, tres regalos de cumpleaños y solo uno de segunda mano, aunque ya habían pasado tres días nunca era demasiado tarde para aceptar un regalo de papá.
Mi padre me puso la capa, colocándola de forma que la flor quedase sobre mi corazón, colocó las dos pequeñas coletas que mi madre me había hecho en el pelo fuera de la capa, se agachó hasta que sus ojos estuvieron a la altura de los míos y me dijo:
-Prométeme que vas a ser valiente, no llores y haz todo lo que te digamos sin rechistar.
-No por favor papa no quiero- dije con voz lastimera y carita de cachorrito.
-¡ja¡ esta vez no funciona que me pongas carita de cachorrito, vamos al ministerio y la próxima vez te lo piensas dos veces antes de poner la casa patas arriba usando magia, además no te van a hacer daño, es por tu bien ¿te vas a portar bien? Y además te prometo que si te portas bien te voy a llevar a un sitio que te va a gustar.
No me quedó mas remedio que aceptar, mi padre me besó en la frente, me abrazó y después mi madre hizo lo mismo, mi padre me cogió de la mano y me llevó hasta la chimenea. Antes había visto a mis hermanos usar la red flu pero a mi me daba miedo acabar convertida en una antorcha humana, para mi sorpresa cuando mi padre pronunció las palabras ministerio de magia solamente sentí un leve mareo que se acentuó en unos segundos y mi padre tuvo que llevarme en brazos hasta que todo dejó de dar vueltas.
Mi padre me llevó a un sitio que llamaban departamento de misterios y me dejó en una habitación llena de niños, todos juntos en el centro de la habitación excepto un niño con el pelo de color rubio y ojos marrones, me acerqué a él e intenté saludarle pero se me disparó el corazón y me quedé paralizada, hasta que dijeron un nombre y el niño salió de la habitación, no pude prestar atención ni siquiera al nombre que dijeron, me sentía estúpida y no sabía por que, solo quería largarme y llorar pero no pude, me quedé allí pensando en ese niño hasta que un nombre me sacó de mis pensamientos.