La magia más poderosa — capítulo 54
Arena, mucha arena. Miles de recuerdos que se entremezclaban unos con otros, haciéndolo todo muy confuso.
Había sido así desde que se había separado de Ann. Soñaba mezclas del pasado, probablemente del presente y quizás del futuro. Rozaba memorias con la punta de los dedos, era muy extraño.
Se concentró. Tenía que encontrarla. Tenía que hacerlo. Pensó en ella y la llamó, una y otra vez. Ya la había visto, había tocado sus sueños, no hasta perturbarla; solo como mero espectador, pero estaba consiguiendo llegar a ella.
Recordó la voz del señor Potter.
"Si no haces esto…ella jamás podrá salvarte"
Lo intentó con todas sus fuerzas.
Iba descalza, con sus vaqueros largos remangados y una camiseta que volaba con el viento, pero no hacía nada de frío. El pelo enmarañado y pelirrojo le impedía ver con claridad toda la inmensidad de la playa, al pegársele a la cara y bailar con la brisa. Una eterna playa, donde el mar ni se movía, y no había ni sol, ni nubes, ni nada.
Por fin había conseguido traerla hasta él, después de un mes entero practicando para traerla. Había perdido ya parte del poder que Ann le había transmitido, tendría que volver junto a ella pronto. Pero estar lejos de su hermana había conseguido que Harley llegara a alcanzar habilidades que jamás habría soñado con tener. El señor Potter lo asociaba, como él, a que el chico no era igual a cómo era antes, su cuerpo ya no rechazaba la magia de Ann, por lo tanto, podía hacerlo incluso más fuerte de lo que había sido, tanto física como mentalmente.
La observó. Rose había cambiado en menos de un año. Su yo de diecisiete años recién cumplidos miraba confusa el extraño paraje, desorientada.
-¿Qué estoy haciendo?- dijo en voz alta- ¿Dónde estoy?
-Puedo contestarte a lo segundo- dijo Harley, hablando con ella por primera y seguramente por última vez en sueños.
Rose se asustó. Solo se dio la vuelta para mirarlo. No los interrumpía ningún otro ruido.
Antes de que sucediera, se imaginó cual sería la reacción de Rose al verlo con el aspecto de Andrew. Una parte de él quiso que lo reconociera, la echaba tanto de menos…jamás se habría imaginado necesitarla tanto. Si tan solo hubieran tenido el sexto año…pero él había sido demasiado idiota.
Ella lo miró durante lo que le pareció una eternidad.
-¿Eres John Anderson?- preguntó, por fin.
Harley no pudo evitar sonreír, cómo no hacerlo. Ojalá John hubiera tenido la oportunidad de haber sido su padre. Pero John estaba muerto.
-No, pero casi- se permitió decir- Ven. Demos un paseo- la invitó, dudoso. No sabía si Rose aceptaría. Quizás no confiaba en él.
Pero ella aceptó sin vacilar.
Y pasaron siglos. Harley no quería que se marchara, pero alguna vez tenía que hacerlo.
-¿Qué ves aquí, Rose?
-¿Cómo sabes cómo me llamo?- preguntó sin embargo ella.
Él suspiró. Aquella parte era complicada.
*-Soy un fantasma del futuro. Yo te conozco. Te conozco como me conozco a mí mismo-*los nervios le traicionaban, no era capaz de explicar a la chica cómo exactamente había llegado hasta allí.
Pudo ver cómo Rose vacilaba.
-¿Eres…eres Andrew?
Sonrió. Soy Harley, quiso decirle. Pero ella no podía saberlo aún. Ojalá se pudiera alterar el pasado; pero ya había averiguado que eso traería consecuencias fatales,
-¿Si vienes del futuro, puedes decirme si al final Ann te encuentra?- siguió interrogando.
La sonrisa de Andrew se hizo más ancha.
-¿Te encuentra, verdad?
Él se giró para mirarla.
-Tú dijiste que para que todo saliera bien ahora, no podría contarte nada. Nada de lo que ocurrirá.
Era verdad. Rose le había prevenido. Sus recuerdos se mezclaron en el sueño, y estiró su mano para tomar la de Rose. Apenas se sintió como un contacto real, pero para Harley fue suficiente. Centrándose, era agradable y electrizante a la vez, como la esencia de lo que Rose era. Como la esencia de lo que él mismo era.
-Rose- pronunció. No pudo evitarlo. Por un momento todo era ella. Por un momento quiso abandonarse a lo que realmente querría que pasarla: besarla hasta agotarse; quizás hacer el amor, se había imaginado tantas veces cómo sería…pero ya había aprendido a pelear con sus sueños, ya había entrenado para controlarlos y para conseguir influir en el de los de la chica. Todo dependía de él, al menos en aquella parte. Para él, Rose lo había sacado de allí en primer lugar, así que supo qué decir- estás aquí para saber cómo salir de aquí. Cómo salvarme, cuando llegue el momento.
Vio cómo Rose se asustaba.
-¿Cómo salvarte?
-Llegará el día en el que necesites saberlo. Y no será fácil. Yo me resistiré. Pero ya sabrás cómo soy, y te seguiré. No podrá ser de otra forma. Pero tengo que decírtelo, para que lo sepas.
Le dejó un tiempo para asimilarlo. Todo estaba en absoluto silencio.
-Vale, lo haré. Pero… ¿cómo lo haré?
Respiró hondo. Una parte de él había temido que por algún motivo aquella vez no estuviera dispuesta. Pero claro, aquella vez ya había sucedido.
-Vale, tienes que escucharme atentamente- la agarró por los hombros, y la hizo girar hasta ver el mar, grisáceo, en calma, inofensivo-puede sonar un poco loco, pero…tienes que ahogarte- soltó, sin demasiados miramientos.
-¿Qué?- soltó ella, en seguida- ¿cómo que ahogarme? ¿¡Estás loco!?
-No será ahogarte de verdad- explicó- pero la sensación es real, y será horrible. Y odio tener que pedírtelo. Pero es la única manera. Y, cuando llegue el momento, me guiarás, y lo haremos juntos. Será la única manera de salir de aquí.
Rose no iba a conformarse con aquella corta explicación.
-Y si se supone que te salvo… ¿Por qué sigues aquí?- preguntó, sin fiarse prácticamente en absoluto. Carecía de sentido
-No puedo contestar a eso.
-No puedes contestar a nada- gruñó Rose.
-Puedo decirte que soy Andrew Anderson, y que tengo que volver aquí a veces, y tú lo entiendes. Tú me enseñaste cómo volver, y yo aprendí a enseñarte cómo hacerlo, cosa que por cierto, estoy haciendo ahora.
Ella lo miró, unos instantes*.*Los ojos azules de Rose, más oscuros que los suyos, parecían traspasarlo hasta descubrir toda la verdad en ellos.
*-Te echo mucho de menos-*no pudo evitar decirle. Era verdad. Aun recordaba la emoción de la última vez que se habían visto, su rostro incrédulo mirándolo en la multitud. Tenían que conseguir que Rose pareciera ajena a que él seguía vivo, y lo habían conseguido. Solo esperaba que ella estuviera bien-*aunque tú no sepas nada de mí, en realidad lo sabes todo-*y lo demostraba, cuando lo miraba así.
-¿Debo entrar?- preguntó Rose, refiriéndose al mar, abrumada por la emoción que Harley había imprimido en cada palabra que había dicho hacía unos instantes.
-Sí- dijo, con cierto pesar- es mejor que te vayas ya.
Ella se giró a mirarlo, de nuevo.
*-Bueno…hasta cuando te encontremos-*todo parecía tan sencillo en el mundo de los sueños. Allí no existía la maldad, no existía Sameor, no existía la guerra. Todo era sencillo- ¿No puedes decirme si será pronto?
Dudó. ¿Podría decirlo?
-Será pronto…pero será duro. No lo olvides.
-No lo olvidaré.
-¡Rose!- la llamó, cuando los pies de la chica ya tocaban el mar y el corazón empezaba a bombearle a ritmo desenfrenado. Fue a su encuentro, tan ligero como si volara.
La agarró de los hombros, obligándola a mirarle.
-Hay otra cosa que no debes olvidar.
-Dime- dijo, como si todo aquello no fuera muy importante.
-Tendrás dudas sobre mí- le advirtió- y sobre ti, y tendré dudas yo también. Quiero que no te olvides de esto ¿me oyes?
Toda la insistencia que había mostrado Rose cuando él pensaba que no podría amarle con el cuerpo de Andrew…cayó en la cuenta. Él mismo le había pedido, le había confesado que la amaba. No con palabras, pero sí estaba claro.
-Sí, claro- afirmó, nerviosa.
-Me pediste que te lo dijera- y sí se lo había pedido.
Entonces sucedió. Un ruido fuerte interrumpió la calma del lugar. Su tiempo se acababa, Rose podría despertarse en cualquier momento y no recordaría cómo salvarle.
-Ya tienes que irte- la instó.
-¿Sabes que le tengo pánico al agua, verdad?- preguntó Rose, con el corazón en la garganta y los músculos agarrotados.
Lo sabía. Claro que lo sabía.
-Es tu prueba, Rose-solo dijo.
Poco después, la pelirroja se adentraba en el mar gris, con el agua ya hasta el pecho. El pánico era notable en su rostro. Por fin Harley veía el paisaje del miedo de Rose, o al menos una imitación de él.
De pronto, el mar comenzó a agitarse. La primera ola le golpeó el rostro.
El mar comenzó a arrastrarla con fuerza. Salvaje. Imponente. Oscuro. La escuchó gritar, cerró los ojos. No podía hacer nada. La angustia por el sufrimiento de Rose lo iba despertando.
-¡Harley!- gritó Rose, antes de ahogarse.
Entonces despertó. Abrió los ojos, respirando con pesadez, agotado. Tras varios segundos, vio al señor Potter, que lo observaba atentamente, sentado en una silla junto a la sencilla chimenea.
-¿Esta vez lo has conseguido, no?- preguntó, albergando muy pocas dudas de la respuesta.
Harley asintió, pálido y sudoroso.
-Ella ya lo sabe- concluyó, finalmente.
-Perfecto- comentó, y no pudo evitar sonreír- entonces podremos irnos.
Harley descansó un momento, apoyándose en la almohada.
Hicieron la bolsa aquella misma mañana. Harley y el señor Potter recorrieron los silenciosos pasillos de aquel lugar que había sido su hogar durante casi un mes. Marzo debería de estar haciendo su presencia en Hogwarts. Allí, el tiempo había dejado de ser tan agradable, y había un ambiente frío empezaba a mascarse como un chicle. La altitud no ayudaba; todo se enfriaba.
-¿Partís?- preguntó una voz a sus espaldas.
Ambos se giraron. Harley miró al padre de Albus, pidiendo en silencio un minuto para despedirse.
-Sí- contestó en el mismo idioma- hemos conseguido lo que venimos a buscar aquí, y no podemos perder más tiempo. Hay otras cosas que hacer.
-Entiendo. Adiós, señor Potter- pronunció, de manera tosca- ha sido un placer tenerlo entre nosotros.
-Gracias por su ayuda- respondió este.
Finalmente ambos bajaron las interminables escaleras del templo para poder desaparecerse fuera de sus muros.
-¿Qué cree que hubiera pasado?
Harry suspiró.
-¿Si no hubieras conseguido acceder a los sueños de Rose? El tiempo es confuso…Hermione tuvo cuando teníamos trece años un giratiempo, antes de que todos fueran destruidos- el chico abrió mucho los ojos. No lo sabía- y las líneas temporales son difusas. Si no sucede siempre como tenía que haber sucedido…quizás tú seguirías durmiendo en aquella cama, de la mano de Ann.
Era en parte lo que Harley quería oír.
-Entonces, esto no ha sido tiempo perdido. Todo este mes aquí, sin saber de nadie…
-Si hubiera sucedido algo, nos habrían avisado, no te preocupes por eso- le observó unos instantes- has cambiado de nuevo. Vuelves a ser más como Andrew- apreció. Lo había ido diciendo de vez en cuando con el paso de los días. Eso significaba que pronto Andrew tendría que reunirse con su fuente de vida.
-Lo sé- solo dijo Harley- pero volver con Ann ahora…debemos seguir, al menos un par de semanas más.
Harry suspiró. Le tendió la mano.
Tienes razón, vámonos, todavía nos quedan cosas por hacer.
-El único problema es que sé hablar muy poco Alemán…espero que sea suficiente- contestó Harley.
-No te preocupes, nos las apañaremos, como siempre.
Y se desaparecieron.
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Aquel día, Inglaterra dejó de parecer el Polo Norte. Después de meses y meses de estar metidos en lo que ya se estaba pareciendo a un frigorífico gigante, los alumnos de Hogwarts pudieron salir al exterior sin ir abrigados como esquimales. Aun así, el viento afilaba la piel y el sol apenas calentaba la sangre. Pero al menos el astro había decidido comunicar que seguía vivo...
Lily se movía con rapidez por los corredores próximos a los jardines del castillo. La mochila que llevaba a sus espaldas estaba llena de libros, y esto le hacía caminar un tanto encorvada.
Ya no faltaba tanto para los T.I.M.O.S. y É.X.T.A.S.I.S y los alumnos estaban empezando a agobiarse ¡Abrían sus libros con interés insospechado! Incluso alguno que otro empezó a prestar atención en clase... después del episodio de la inmateria, los alumnos de quinto estaban temerosos de su T.I.M.O., y la verdad es que los de séptimo no parecían los mismos. Por orden de McGonnagall, que estaba a muy poco de dejar de ser la directora de Hogwarts, todos los alumnos que habían hecho el examen con la inmateria habían sido obligados a pasar por la enfermería. Lily recordó que fue a visitar a su hermano, particularmente afectado por todo lo que había tenido que pasar. Su padre irrumpiendo en Hogwarts….habían hecho muchas preguntas. Se habían llevado a Albus, a Rose, a ella misma…siempre la misma pregunta. Que cómo era posible. Era consciente de que se habían ensañado especialmente con Rose. Pero la verdad, para su prima no había sido tan difícil fingir que no sabía nada: realmente no había sabido que Harley irrumpiría con los Aurores en Hogwarts. McGonnagall y el resto de profesores se habían propuesto defender a la Weasley con todo su empeño, así que no la dejaban sin vigilancia ni un momento; a Albus igual. Incluso si Lily giraba la vista, podía ver a algún que otro profesor velando por los alumnos en más peligro, como ella misma, en momentos y lugares en los que años anteriores nadie se había molestado en vigilar. Mismamente ese día, el profesor Redfield paseaba por los jardines, encogiéndose de frío y buscando el sol.
La chica dejó de pensar en eso porque se detuvo unos segundos para una breve charla con Edith Lawrence. No hablaron de algo precisamente alegre.
-Hola Lily… ¿has sabido algo de Hugo?
-Lo último, hace un par de días. Está estable- la tranquilizó. Ella pareció relajarse- quizás para principios de Abril despierte.
-Eso son buenas noticias, supongo…Clary está realmente preocupada por él- le confesó. A Lily le pareció normal; de pequeños habían sido inseparables- a él le encantaría saber lo mucho que ella se preocupa…
-Tú también estás preocupada; se te nota- no pudo evitar decir. Se le notaba mucho.
Edith se encogió de hombros.
-Te hacía olvidar las cosas malas que están pasando…eso es lo mejor que tiene, que siempre saca el lado bueno en todo.
Sonrió. Tenía razón.
Preguntó cuándo era la siguiente reunión del E.M. y ella no supo qué responderle. Para estas cosas, había que preguntarle a su prima o a su hermano. Tras dos suspiros a la par, ambas reanudaron su camino.
Lily Potter ajustó al cuello su bufanda de Gryffindor, y se subió el asa derecho de la mochila. Para un día que podía disfrutar de un mínimo de entretenimiento, y la gente siempre recordándole horrores que acontecían fuera de los muros del colegio. Completamente normal que la gente prefiriera pensar en exámenes.
Al cabo de unos minutos, se detuvo y fijó la vista en una de las esquinas del jardín interior, en la que el sol alumbraba débilmente. Dos muchachos estaban sentados sobre la hierba, mirando atentamente a unos pergaminos interminables. Apuntes de séptimo (de Defensa contra las Artes Oscuras, o Artes Oscuras a secas, aunque ella no podía saberlo). Supuso que eran de esa asignatura porque el profesor Lauven y Asterope no dejaban de machacarlos, incluso después de lo de la inmateria.
Joshua Wracen era el más moreno de los dos.Su cuerpo era casi cuadrado de tanto ejercicio físico al que era sometido por su dueño. Su aspecto era tosco y rudo. Sin embargo, una sonrisa suya borraba casi de un plumazo toda su apariencia de "chico malo", o como se le quiera llamar. La verdad es que el chico todavía era un misterio para Lily, pero había sido un apoyo para Rose el año pasado, así que ella no podía si no apreciarlo.
El otro, de tez pálida, cabello rubio, y ojos grises y apagados, era más delgado y enjuto, daba la impresión de menos alegre y un poco más triste. Lily suspiró mientras lo miraba, con el rostro apoyado en una de las columnas de piedra del tejado cuadrado que rodeaba aquel jardín. No siempre había sido tan triste, pero parecía que irremediablemente era lo que quedaba. La inmateria no había hecho otra cosa que volverlo más apagado, lo que había despertado en ella un sentimiento que se negaba a mostrar. Como el resto de alumnos estaban obligados a ver las pruebas, Lily había visto un ejército de personas importantes para Scorpius muertas alrededor de él. Había apartado la vista, incapaz de soportar ver al chico quedarse inmóvil, y comenzar a volverse loco, incapaz de realizar un contrahechizo ante tanto horror. Apartando la mirada, había conseguido divisarse junto al cadáver de Grace Wilson.
Había ido a verle cuando fue a ver a Albus también. Se prometieron unos momentos juntos a la semana para olvidarse de todas aquellas cosas terribles que sucedían. Lily lo había propuesto, tomando la iniciativa. Algo le estaba pasando con él.
Scorpius Malfoy.
Casi automáticamente, él levanto la mirada y la vio, y sus miradas conectaron. Ella levantó las cejas, en un extraño ademán de saludo.
Scorpius y Josh intercambiaron acto seguido un acto de diálogo en el que el último puso los ojos en blanco, y acto seguido, ambos se pusieron a recoger sus cosas, mientras la chica los miraba.
Josh saludó a Lily también, dedicándole un gesto de carácter casi teatral. Después, se largó rápidamente por el corredor derecho, en dirección al vestíbulo del colegio. El rubio llegó más lentamente hacia ella, haciendo gala de su característica elegancia, que, por qué no decirlo, en ocasiones molestaba a la gente. Ella se había acostumbrado, aunque ni siquiera se había dado cuenta de ello alguna vez.
-No es que le caigas mal- le dijo en tono confidencial cuando la tuvo a centímetros- Es que yo era su última esperanza para entender la lección de Redfield.
-¿Y Grace?- preguntó ella mientras, con un gesto, lo invitó a caminar al exterior. A ningún lugar en concreto-¿No es la lista del curso?
-Sabes que Rose es la lista de mi curso. Y aunque Grace, al ser su mejor amiga ahora, se supone que está más a su alcance...últimamente está como...desaparecida. Y ausente. Como en su mundo particular...
Lily calló convenientemente. No sería ella la que le dijera dónde estaba. En medio de las estanterías de la biblioteca, acompañada de Albus, escondiéndose a los ojos de todos para poder hablar. Su hermano estaba bastante raro.
-¿Hay algo que quieres que te explique? ¿Pociones, encantamientos? por cierto ¿adónde estamos yendo?
-Ni idea- contestó, con una sonrisa. La primera del día, y eso que eran las cuatro de la tarde- y sí. No entiendo la poción regurgitante de estómago de Badgreen.
-¿Del estómago de Badgreen?
Ambos rieron levemente. Para Lily, la primera risa en meses.
Casi sin darse cuenta estaban llegando a las inmediaciones del lago. Allí, el viento soplaba con más ímpetu, desordenando los mechones plateados de Scorpius. Ambos se detuvieron, y miraron al horizonte durante largos minutos.
Lily suspiró largamente. Se volvió hacia él.
-Mira, ya sé que habíamos quedado para estudiar...o sea, que ambos íbamos a estudiar, pero...
-Pero no te apetece-dijo él. A ella ya le gustaba demasiado el modo en el que le hablaba. Como si tratara de conocerla un poco más a cada frase. Como si pudiera adivinarla. Como si bebiera su personalidad.
-No es que no me apetezca. Pero tengo...
-Otras cosas en la cabeza.
De pronto, cayó en la cuenta.
-Te pasa lo mismo, ¿verdad? bueno, nos pasa lo mismo a todos...
Se encogió de hombros. Su mirada decía algo así como "no pienses en eso ahora"
-Tenemos el mejor día en meses- señaló al cielo- No sé tú, pero yo no quiero pasarlo estudiando.
-Podías haberme avisado antes- protestó ella mientras caminaban para sentarse en las gruesas raíces de un roble- ¿sabes lo que pesa esta cosa llena de...cosas?
Pudo oír la risa burlona de Scorpius. Sonrió también.
Se sentaron a los pies del árbol, con agotamiento reflejado en sus rostros.
Unos segundos después, Lily, intuyendo una atmósfera de incomodidad, alcanzó un extremo de la bufanda de Scorpius, verde, como una hoja de laurel oscurecida. Se fijó en que era mucho más suave que la suya de Gryffindor, y lo comprobó, juntando los tejidos, pensando en sus cosas.
Tardó un largo minuto en darse cuenta de que él la miraba, entre extrañado y curioso.
Lily volvió a sonreír, nerviosa.
-Es suave- sólo dijo.
-Si quieres, te la cambio- comentó, irónico.
-Como quieras- respondió, siguiéndole el juego.
¿Aquello era coquetear? Si lo era, ella, a pesar de tener dieciséis ya lo había hecho antes, sólo que de forma muy diferente. Si era algo más, era el doble de nuevo para ella. Nunca había tenido tan pocas barreras con él antes.
Tampoco se le pasó por alto el detalle de que estaban demasiado cerca. De que si Scorpius quisiera, podría rodear su espalda y atraerla sin esfuerzo hacia su pecho, y, con un poco de suerte, oír el desenfrenado latido de su corazón. Quedar abrazados.
Y después de esos tontos pensamientos, que la hacían quedarse en su propia nebulosa de felicidad durante minutos, llegaba esa sensación de hundimiento en el pecho. Y a eso ya sí que no era capaz de ponerle nombre. Pero la frenaba todo el tiempo: sus gestos, sus palabras, sus acciones...
Las sensaciones del corazón y del centro del pecho subieron rápidamente a su mejilla, librando la misma batalla de siempre, mientras Scorpius le retiraba el pelo de la cara, que estaba quedando muy desordenado por el viento. Su mano era suave, y sus largos dedos entraban en la parte más frondosa del cabello, jugando a peinarlo.
-Me encanta tu pelo...-le soltó, distraído. Ella cerró los ojos. Su error fue volver a abrirlos.
Oh, no. Esa cara otra vez.
Cada vez que Scorpius tenía algún pequeño detalle cariñoso con ella, la miraba con una expresión muy extraña en el rostro. Como si en el fondo, no quisiera ni verla. Eso era. Esa era la sensación del pecho. Desconfianza, tal vez. La incomodidad había ganado otra batalla. ¿No podría haberse estado quieta, sólo para haber soñado unos minutos más?
No entendía para nada lo que sucedía entre ambos.
-Scorpius...-dijo incorporándose y sentándose correctamente, mientras encogía las piernas- tenemos que hablar de una cosa- no pudo evitarlo. Casi le había salido solo.
-Ya, siempre tenemos cosas de las que hablar- contestó con un deje de molestia.
-No, esto no es sobre exámenes, o sobre el E.M...es sobre ti- dijo girándose para mirarle.
Él, que estaba espatarrado sobre el tronco se incorporó, intentando quedar a su altura.
Suspiró. Su rostro volvía a mostrar el miedo que siempre mostraba cuando se mostraba cariñoso de más con ella. ¡Como si la chica fuera a escupirle y a salir corriendo de su lado! Claro que él no sabía que se le notaba tanto...
Pero no era de las chicas que huían, Era de las que se enfrentaban a sus problemas, y ella ya llevaba tiempo sin hacerlo.
-Hemos estado viéndonos...-empezó ella, y se aclaró la garganta con la necesidad de quien lleva días sin hablar. Al ver la expresión de él desvió su mirada hacia el lago, donde varios estudiantes de tercero corrían unos detrás de otros.
-Sí ¿y…?- se vio obligado a preguntar, ya que ella no añadía nada más.
-Pues que tú y yo ni siquiera hablamos casi antes de que empezara este curso, y eso que...
-Que era el novio de Rose- comentó, como quien comenta el tiempo.
Un silencio tenso los recorrió a ambos. Scorpius recordaba y Lily experimentaba sentimientos extraños hacia su prima, Scorpius y a todo aquel que se cruzara por su pensamiento.
-Mira- continuó Lily, perdiendo la paciencia. Se levantó bruscamente, cogió su mochila y con fuerza se la colocó en la espalda- no te entiendo.
Él se incorporó también.
-¿Qué no entiendes?- preguntó, nervioso.
-¡Nada!- soltó.
-No se puede no enterd...
-¡No te entiendo a ti! ¡No te entiendo!-le repitió.
Odiaba esos momentos, porque él se parecía un ser callado y sumiso, porque aquel no era él. ¿Por qué sólo se comportaba así con ella? No se lo merecía. Ella no era mandona, ni creída. Ella era normal. Y si sentía celos de Rose era porque sabía que con ella había sido completamente diferente.
Bueno, tampoco es que a Scorpius le gustara ella.
¿Y si la estaba utilizando en un intento desesperado de recuperarla? no...todo el mundo sabía que Rose Weasley ya no estaba al alcance de nadie. De nadie, excepto del chico delgado de ojos azules y mirada enferma; excepto del chico resucitado que había irrumpido en Hogwarts hacía no mucho: Andrew. Harley.
-A principios de curso- empezó- te acercas a mí y como si tal cosa empiezas a hablarme y a preguntarme cosas, y yo te seguí el juego...no sé por qué te seguí el juego- hablaba deprisa y atropelladamente, trabucándose en las palabras- pero lo hice y después dices "Lily, podríamos ir a volar" "Lily, podríamos ir a estudiar" y todo está genial, pero te haces el bueno y después haces algo y yo pienso "si es que el fondo no quiere pasar tiempo conmigo"...
-Pues no pienses- dijo, nervioso. No era capaz de comprender por qué todo había avanzado muy despacio, y de repente, lo hacía muy deprisa.
Pero para nerviosismo el de ella, que hizo caso omiso a sus palabras.
-¡Y entonces ya no sé qué demonios quieres! primero...-iba a decirlo, pero el orgullo se lo impedía y fue un poco menos específica- haces esas cosas, te comportas como...no sé. Y después parece como si no quisieses estar conmigo en absoluto.
-¡Eso no es cierto!
-Espero que no, porque estoy harta de sentirme culpable porque me toques el pelo porque sé que después vas a poner esa cara de extreñido que...
Scorpius la agarró de los hombros, llamándola desesperadamente.
-Calla- le pidió, en tono conciliador.
-De todas formas, ya he dicho todo lo que tenía que decir. Ahora puedes hablar tú, si te atreves- lo reto.
Scorpius estaba abriendo la boca para decir algo. Lily volvió a hablar. Él se estaba quedando sin ideas sobre qué hacer.
-Y una última cosa- irrumpió- Ya tengo suficientes preocupaciones en la cabeza. Mi mejor amigo está en San Mungo medio muerto, tengo reuniones del E.M, el equipo de Quidditch (dijo, refiriéndose a que intentaban que volvieran a implatarlo), los T.I.M.O.S… y no soy perfecta, no puedo con todo. Así que aunque me guste estar cont...no tengo tiempo para crearme paranoias.
-Me gustas- le soltó, como si tal cosa. Llevaba tanto tiempo queriendo decirlo.
-¿Desde cuándo?- preguntó con rapidez, como si no estuviera dispuesta a...de hecho, no lo había asimilado todavía-¿cómo te gusto?
-¿Cómo? como persona, como amiga, como chica, como jugadora de Quidditch...me gustas más o menos como desde siempre. Como cualquier cosa- añadió.
Bufó. No se puede guardar toda la información en la botella con el tapón puesto, y que después, cuando ella lo retira que toda salga disparada como el champán.
-Y yo era la que no quería estudiar porque según tú, tenía la cabeza en otras cosas...
-Lo siento- dijo él, recuperando su compostura.
Ella hizo un esfuerzo y lo miró. Él...sus amigas ya le habían advertido que Malfoy estaba "colado" por ella. Pero eso era un completo disparate. Siempre se lo había parecido...al menos casi siempre.
Simplemente se parecía a...
-Yo no soy Rose. Ni me parezco a ella...
-¿A qué viene eso?- le preguntó, indignado.
-Crees que soy como ella.
-¡Ella no tiene nada que ver!-gritó- de hecho...ella ya sabía lo que sentía por ti.
¿Lo que sentía por ella? o sea, ¿todo aquello iba en serio? la mente de Lily empezó a bloquearse.
-¿Y quién más "lo sabía"?-murmuró-¿Medio Hogwarts?- dijo, pensando en sus amigas.
-¡Todo el mundo se daba cuenta! Lo sabía incluso Harley. Él fue el que me dijo que tenía que acercarme a ti de alguna manera, porque si no me iba a arrepentir el resto de mi vida. Y dada la situación actual de Hogwarts…quizás no nos quede mucho de eso.
Ella abrió mucho los ojos. Entre el mareo de su cabeza, el latido desbocado de su corazón, y la cantidad de información que estaba almacenando en unos segundos. ¿Arrepentirse el resto de su vida?
Supuso que ya podía admitirlo a gusto: Scorpius Malfoy le gustaba. No entendía como todavía, pero le gustaba. Lo que pasaba era que ya no sabía ni cómo. ¿Arrepentirse el resto de su vida? ¡Si ella apenas acaba de darse cuenta de que se sentía atraída por él!
-Pero...casi no me conoces- soltó en un hilo de voz, completamente noqueada.
-Eso intentaba hacer...y Harley tenía razón. Prefiero vivir el resto de mi vida sabiendo que me rechazas, a mirarte y darme cuenta de que ni siquiera hablamos una sola vez.
Se separaron un poco.
-Pero...no puedes saber si te gusta alguien sólo con mirarla. O con oír hablar de ella. No me conoces bien…-se creó excusas.
-Pues a mí me paso...durante tres años, me pasó.
No podía hablar. Observó inmóvil y entre lágrimas (¿qué lagrimas? ¿Las suyas? de la histeria...el problema era que estaba descargando todo su nerviosismo en eso) como él agarraba su mochila y se disponía a abandonar ese lugar del demonio.
No, no. No, no, no, no, nononononononono. Merlín, ¡que espere!
-¡Pero no te vayas!- le gritó- ¡Scorpius!
Para su sorpresa, se detuvo. Pero no la miró.
Una extraña fuerza la liberó de su entumecimiento y salió disparada hacia él, hasta quedar a un escaso metro. Se preguntó si estaba llorando.
-Yo no...no te he rechazado. No te rechazo. Sólo...no te vayas todavía.
Él no reacciono de ninguna manera. No veía nada más que su espalda y quería verle a él. Llegó a su altura y le cogió de la mano. Su mano no estaba tan fría como antes. Él no rechazó el contacto. Hizo que la mirara, mientras, como pudo, situó la mano en su mejilla, tal como había hecho Scorpius minutos antes. Se miraron. Largamente, mientras ella procuraba explicar con los ojos lo que le era imposible explicar de otra forma.
Lentamente, volvió a enredar los dedos en pelo.
-Está bien- dijo Lily , refiriéndose a su mano. Refiriéndose a ellos- ¿entiendes? está bien...
Sus ojos, grises la examinaron una vez más, empezando a entender un poco que podía estar pensando. Ahora había dado un paso gigante, pero Lily todavía estaba empezando a ordenar sus ideas.
Y al fin y al cabo, respecto a ella siempre había sido muy cuidadoso. El miedo a hacerlo mal se había ido, y ahora sólo estaban dos personas cuyos corazones bombeaban a una velocidad inusual. Sobretodo el de Lily, que no estaba acostumbrada a sentir ese cosquilleo tan extraño.
Scorpius se dio cuenta en ese momento con un aspaviento del espectáculo que había estado montado. Un considerado número de estudiantes miraban hacia ellos, curiosos y atentos al siguiente movimiento.
Carraspeó.
-¿Qué te parece si nos vamos a la biblioteca y te ayudo a entender la poción regurgitante? todos nos miran...y estoy empezando a estar un poco harto de ser el centro de los cotilleos...
-Me parece bien-dijo, mucho más relajada, después de suspirar. Él había entendido su mensaje. Se prometió que pensaría detenidamente sobre ellos. Sobre lo que sentía. Bueno, lo que sentía ya lo sabía. Tenía que pensar en qué grado se acercaba a lo que sentía él.
Pero no le dio demasiado tiempo a pensar. En cuanto hubieron desaparecido a la vista de cualquiera, subiendo por las escaleras que llevaban al patio cubierto, la cogió del brazo y la arrastró sin fuerza hacia el interior de una de las garitas.
-¿A dónde vas?- preguntó, desorientada.
Entonces se encontró contra la pared y besando a Scorpius, despacio y elegante, como él era. Fue como estallar tras mucho tiempo llena. Aquello definitivamente rompía todas las barreras que se quisiera poner. Lo rodeó por el pecho, como si fuera su salvavidas, sin prisa, ya no parecía haberla. Él se sintió eufórico. Llevaba tanto tiempo queriendo hacerlo…por fin toda aquella situación le había dado el valor suficiente. Era como lo había soñado tantas veces. La besaría todo el día. Todos los días. Toda la vida.
Se separaron un poco, para respirar. Él estaba tan ensimismado que no pudo decir nada.
Ella le sonrió, de nuevo, nerviosa.
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Rose esperaba a que la puerta se abriera, impaciente e inquieta, como siempre que se encontraba sola. Tocó nerviosa la cinta de su bolsa y miró a los lados.
Finalmente, la puerta se abrió y la señora Pomfrey, que no la vio de primeras, se dispuso a salir de la Enfermería.
-Señora Pomfrey- la llamó.
La señora se asustó, dándose la vuelta.
-¡Weasley! ¿Qué haces sola aquí? No deberías…
-Esto tenía que hacerlo sola. He venido a hablar con usted porque estoy muy preocupada por mi primo Albus.
La enfermera suspiró. Ya habían hablado de eso.
-Mira…hemos hecho varias exploraciones. Aunque lo que dices fuera verdad, no sabríamos cómo quitar la inmateria de su cuerpo si está tan oculta…
-Tiene que ser eso…está muy raro. Demasiado raro.
Y era la verdad. En semanas, el comportamiento de su primo había cambiado para mal. Pero no sabía cómo ayudarle, lo había intentado todo: desde insistirle durante horas que estaba más raro de lo normal, a pedirle a Grace que hablara seriamente con él. Pero cuantos más días pasaban, más distanciados parecían.
-Sus ideas paranoicas hacia Cygnus van en aumento- le confesó un día que estaban en la biblioteca, sin él cerca- ya apenas habla conmigo…-Grace procuraba sonar enfadada, pero un deje de tristeza se le escapaba sin querer, y Rose era lo suficientemente inteligente para notarlo.
-Tranquila, lleva un par de semanas que no habla con nadie… Lily y yo estamos muy preocupadas por él.
Hacía unos días, Albus se había sentado junto a ella en la sala común, poniendo cara de asco.
-Estoy harto de que la gente no pare de mirarme…cómo si yo fuera el único responsable de lo que está pasando.
Rose subió la mirada de sus apuntes, deprisa. Al ya llevaba días diciendo ese tipo de cosas y estaba empezando a volverse extraño. Al principio, Rose lo asoció a la enorme incertidumbre de no saber de su padre: había desaparecido junto con Harley, desde que se desaparecieron del castillo. Si alguien sabía dónde se encontraban, Albus y Rose no sabían nada. "Tranquilos, están a salvo, están bien", les habían dicho McGonnagall y Longbottom, y para Rose, que ya guardaba una enorme carga junto a su tío a espaldas de todos los demás, fue suficiente explicación. Pero quizás para el hijo de Harry Potter no lo era.
-Es normal, tienen miedo…imagina ser alumno de primero en mitad de todo esto. ¿Cómo te defenderías de un Neomortífago sin saber casi de magia?
Él gruñó. Llevaba días sin peinarse apenas, y estaba más ojeroso y miraba hacia los lados, como paranoico.
-Pues si no supiera magia simplemente no me metería en problemas…estoy empezando a hartarme de esta situación, estamos haciendo algo muy mal.
Rose levantó una ceja. Era verdad que la presión de que alguien pudiera intentar matarlos en cualquier momento era enorme, pero la conducta beligerante de Al era excesiva, excesiva para manejar la situación correctamente y excesiva para el comportamiento del chico.
-¿Qué es lo que estamos haciendo mal?
-¿Cuánto tiempo llevamos aquí en el colegio, poniendo nuestras vidas en serio peligro, esperando a que algo ocurra? ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que Ann recupere la memoria? En fin, me voy- se levantó rápido y recogió sus cosas a la misma velocidad- voy a dar una vuelta, a ver si se me aclaran las ideas, o alguien intenta matarme.
-Albus, no…-advirtió ella, pero él no la escuchaba.
Albus salió de la sala común, nervioso. Rose tenía un poco de razón. Por algún motivo, estaba muy irritable todo el tiempo. No quería hablar con nadie, nada le hacía mínimamente feliz, ni siquiera ver a Grace en el Gran Comedor o en las clases conseguía emocionarlo lo más mínimo. En seguida lo asoció a la situación tan estresante que estaban viviendo. Nadie humano sería capaz de aguantar totalmente cuerdo. A no ser que te llamaras Rose, claro.
La voz del falso Lord Voldemort se hacía paso en su cabeza cada poco.
"Siempre débil…a la sombra de todos…"
Gruñó. No le gustaba nada recordar eso. Sacó su capa de invisibilidad y se la echó con prudencia, por si alguien lo veía, mientras caminaba cada vez más despacio y ensimismado.
Y efectivamente fue una buena idea, porque vagando entre pisos y pasillos se topó con una situación que había estado esperando durante mucho tiempo.
Cygnus Mawson estaba cerca de las mazmorras, hablando en un rincón con el profesor Lauven, en voz muy baja. Algo hirvió dentro de Albus y lo alteró, pero luchó por sobreponerse a su rabia y se acercó siguiloso hacia donde estaban.
-No me he implicado en ninguna actividad del C.d.O…es perfecto- intentaba convencer Mawson al profesor- ¿Quién sospecharía de mí? Rose Weasley es inteligente, sí, pero también es muy ingenua. Ya la estoy convenciendo de que puedo resultarle de mucha ayuda…pronto me desvelará el paradero de Ann Anderson. Y el señor del Mal podrá acabar con ella y empezar su gobierno antimuggles.
Albus tuvo el instinto de maldecirlo, cada vez más enfadado. Observó al profesor Lauven, que se tocaba la barbilla disfrutando enormemente con aquel momento. Tuvo ganas de matarlos a los dos.
-Todavía no tienes nada que ofrecernos, Mawson. Sabes que no me acabo de fiar de ti, y Asterope más de lo mismo. Consigue algo, algo bueno. Como tú dices, el paradero de Anderson podría ser esa cosa.
-Dadme tan solo unos días, y lo tendréis- aseguró él.
-Y ahora vete a la cama, antes de que alguno de tus compañeros de casa aliados con Weasley y Potter te descubran.
Albus casi no podía pensar, la rabia se alimentaba en él como un perro hambriento. Dejó que el señor Lauven se marchara, y siguió a Mawson unos cuantos minutos, ya con la capa en su mano. No le importaba si lo veía. De hecho, cuando menos se lo esperó y también sorprendiéndose hasta a sí mismo, gritó.
-¡Mawson!
El chico se giró, asustado.
-¡Potter! ¿Qué…
Antes de terminar la frase se interrumpió, al ver cómo Albus enarbolaba beligerante su varita.
-Lo sospechaba, siempre lo he estado sospechando…-comenzó a decir.
Cygnus pareció darse cuenta de lo que ocurría.
-No es lo que piensas…de hecho, Scorpius está esperando a que…
Pero él parecía no escuchar.
-¡¡Nos has estado engañando!! ¡¡Todo este tiempo!! Ganándote la confianza de todos nosotros…y ahora haces esto…-de pronto, salió de su garganta- ¡Desmaius!
Cygnus lo esquivó de milagro, tan solo lo había preparado para aquello la actitud de Albus y el entrenamiento al que se había sometido aquel último año.
-¡¡¿Te has vuelto loco?!!- chilló el Slytherin- ¡¡Estaba mintiéndole a él, idiota, yo estoy de vuestro lado, ellos mataron a Hyssacc!!- se aferró a algo que hiciera a Albus entrar en razón, y ya llevaba tiempo sospechando cuál sería su debilidad- ¡Y casi matan a Grace, ¿cómo iba a estar de su parte?!
-¡¡Ni la nombres!!- Chilló el Gryffindor- no se te ocurra…como le…
Iba a decir que como le hiciese daño lo iba a pagar muy caro, pero algo malo que se movía en su interior en todas direcciones no lo dejó terminar de hablar.
-¿Cómo le qué?- Cygnus no se dio cuenta, pero un extraño humo negro llegaba a sus pulmones, un humo leve que había salido del mismo Albus. Se le nubló el entendimiento- ¿De verdad, Potter, de verdad estás celoso? Aunque tampoco me extraña…
Cygnus intentó desarmarlo, pero el contrincante parecía ser especialmente hábil en aquel momento, esquivó el hechizo sin problemas. Iba a lanzar otro en contraataque, pero no pudo evitar escuchar lo que Cygnus decía.
-Lo que has visto no era más que otra prueba de que estoy con vosotros, si no estuvieras tan preocupado por tu extraña relación con Grace serías capaz de darte cuenta.
-Sé lo que he oído- se afirmó Albus.
-¡Asume que tengo más posibilidad con ella que tú y déjate de niñerías! ¡Incluso Scorpius se acostó con ella! Oí cómo se lo contaba por lo bajo a Wracen en la sala común…
Algo hizo crac dentro de él. Algo iba tan en aumento que amenazaba con estallarle la cabeza, literalmente.
-¡¡¿Qué está ocurriendo?!!- bramó una tercera persona, agobiada. Le pareció irónico que fuera el propio Scorpius el que apareciera en escena.
Para Albus de repente ya nada tenía que ver con Sameor ni con Ann, ni con Gryffindor ni Slytherin. Ni siquiera tenía que ver con Mawson.
-Scorpius- lo llamó Cygnus, urgente. Acababa de darse cuenta de lo que acababa de decir. Era cierto que había escuchado un día hablar a Josh y a Scorpius, pero jamás había planeado usar eso en contra de Albus…supo que algo iba mal, y que por algún motivo que sospechaba que debía de llamarse inmateria, estaban perdiendo el control de ellos mismos- no sé qué le está ocurriendo pero no es bueno. Vete, avisa a…
Supuso que esperaba algo malo de Albus, pero no tanto. Un rayo de luz roja salió disparado, impactando directamente en el pecho de Scorpius, que aun intentaba entender qué hacía el otro chico en la escena: había estado esperando cerca de la Sala Común a Cygnus, básicamente para asegurarse de que volvía en poco tiempo y que no le iba a pasar nada: a aquellas alturas, Scorpius ya estaba implicado en la misma causa que Cygnus y en la misma medida, o casi.
El hechizo desmaius lo lanzó por los aires y lo hizo golpearse de manera bastante desagradable contra el suelo. Cygnus salió de sus casillas.
-¡Expelliarmus!- se sintió triunfante cuando la varita de Albus salió volando grácilmente- ¡¡¿Qué acabas de hacer, imbécil?!!- el chico se doblaba sobre sí mismo, grotescamente. Pero el Slytherin no pudo darse cuenta de que algo iba mal, ya estaba bastante furioso- ¡¡me estaba ayudando, yo te estoy ayudando, idiota!!
Albus golpeó el suelo, gimiendo por lo bajo. Cygnus no tardó en llegar hasta él, preocupado por Scorpius pero furioso con el Gryffindor, y lo agarró del cuello de la camisa intentando levantarlo; pero solo pudo verle el rostro, un tanto verduzco. Antes de que dijera nada o le asestara un merecido puñetazo, Albus pronunció una sola palabra.
-Ayu…da.
Luego lo vomitó todo. Salió rápido, como un tiro. Albus llevaba ya unos minutos intentando expulsar aquello de su cuerpo, y salió deprisa, tan deprisa como había entrado hacía semanas. Salpicó a Cygnus, que cerró los ojos con disgusto, pero el líquido se evaporo tras unos segundos. El chico observó como el humo se alejaba de ellos, y todos los sentimientos agresivos parecían irse con él.
-Inmateria…- pronunció, mientras observaba como Albus iba perdiendo la consciencia.
-¡¡Scorpius!!- Chilló una voz conocida, ansiosa- ¿Josh, qué pasa?- miró más atrás, Wracen estaba allí levantando a Scorpius del suelo. Grace pareció darse cuenta de que Cygnus y otra persona estaban allí y corrió deprisa hacia ellos, con la varita en alto.
-¿Qué…¡Merlín, Albus!- en seguida se agachó a ver qué ocurría, y al escuchar al chico murmurar cosas ininteligibles fue cuando miró a Cygnus, pidiendo una explicación.
-¿Qué le has hecho?- preguntó, y al chico jamás le había dado tanto tiempo. Parecía dispuesta a matarlo si descubría que eso se lo había hecho el chico.
Suspiró, procurando hacerle entender que todo había sido un accidente.
-Es largo de contar- observó el collar que Grace llevaba al cuello. Brillaba rojo, incandescente. Estaba a punto de quemarle la camisa, todavía ni se lo había quitado- vamos a llevarlo a la Enfermería, primero, y también a Malfoy.
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-Sé que es difícil, pero sé paciente- le aconsejó Hermione.
A Ann le gustaba mucho la señora Weasley. Había visto muchas cosas de ella en Rose, y además Hermione tenía ese instinto maternal que para Ann era muchasveces fingir que todo estaba bien delante de ella. No recordaba lo que era tener una madre, pero al mismo tiempo, sentía que cierto vacío no lo estaba tanto si ella andaba cerca.
Observó cauta su alrededor. El salón estaba despejado. No había visto a Yem en toda la mañana. Ahora que ya había recuperado por completo sus poderes la presencia del joven Sanador no parecía demasiado necesaria. Aunque a Ann le dolía el enfado de Yem más incluso que estar lejos de Andrew durante tantos días, en parte comprendía porqué Yem no era capaz de reconciliarse con ella.
-Lo intento. A todas horas, lo intento- respiró hondo- debe de ser más difícil para Yem. Siempre atrapado aquí… ¿por qué se comprometió a quedarse?- sacudió la cabeza- por qué el.
-Sigue enfadado- comprendió.
Hermione había venido hasta allí para conseguirle a Ann libros exclusivos de magia muy avanzada. La chica ya había acabado con toda la biblioteca que había estado a su disposición, y viajar y arriesgarse por aumentar las posibilidades de Ann ante un enfrentamiento con Sameor nunca sería en vano. Además, así intentaba tapar otros problemas que tenía, como que Hugo todavía estuviera en San Mungo recuperándose o que la actividad en Hogwarts cada vez se aproximaba más a la de una batalla y Rose parecía ser el pico de toda la pirámide y podía correr todavía más peligro que su hijo menor.
-Yo también lo estaría. Pero también sé que Yem no ha sido del todo sincero conmigo, y no me diga que me equivoco.
Hermione la observó un segundo.
-Con lo inteligente que eres, me extraña que no te hayas dado cuenta de lo que le ocurre a Yem contigo.
Ann no dijo nada.
-Es evidente que está enamorado de ti.
La chica la miró fijamente.
-Es posible que antes de…olvidar, yo le gustara. Pero de ahí a enamorarse…hay algo más, y creo que ya he descubierto lo que es.
Hermione frunció el ceño, pero en aquel momento el señor Thomas entró apresurado en el salón.
-¿Qué ocurre Dean?- preguntó preocupada la señora Weasley.
-Es Yem- dijo, serio y devastado, como si una gran noticia le hubiera caído como una losa- Se ha marchado. No está.
-¿Cómo que no está?
Ann abrió la boca, despacio. De repente, había perdido toda la fuerza.
No lo podía creer. Durante horas, estuvo esperando pacientemente, fuera en el jardín, a ver si Yem se aparecía. Pero pasaron esas horas, y nadie aparecía.
Victoire llegó esa misma tarde. Encontró a Ann sentada en la hierba, ausente. La Weasley tampoco sabía qué había sido de Yem, pero habían comprobado que no se había llevado ninguna de sus cosas, se había ido con lo puesto.
-Ann- la llamó, con la voz temblando. Ted Lupin apareció tras ella. Llevaba el uniforme de los Aurores puesto- acabamos de enterarnos…
-Hemos venido en cuanto hemos podido- completó Ted.
Se giró despacio para mirarlos. No había podido evitar llorar hacía unos minutos, y aun tenía los ojos rojos.
-¿Lo están buscando?
Lupin asintió.
-Sí. Han ido a ver a su padre para ver si estaba allí…pero nada. Hemos buscado también en el piso en el que vivía antes…tampoco.
-¿Y si le ha ocurrido algo?- se temió Ann.
Vic apretó los dientes, nerviosa. No entendía qué había ocurrido. En parte le estaba echando la culpa a Ann, aunque sabía que la responsabilidad solo era de Yem.
-Por favor Ted, déjanos un segundo- le pidió, tomándole del brazo.
El chico las miró, alternativamente.
-Voy a hablar con el señor Thomas…a ver si podemos intentar encontrar alguna pista que haya dejado- dijo, y entró de nuevo en la casa.
-Sé lo que estás pensando. Que es mi culpa- le dijo a Victoire, mientras ella se aproximaba a hablar con ella. Se tocó el cuello, dolorida: llevaba en tensión horas- yo también lo pienso.
A Victoire le avergonzaba que Ann fuera capaz de ver tantas cosas que eran aparentemente invisibles.
Sacudió la cabeza.
-Tienes razón en que pensamos lo mismo- confirmó Vic- ambas tenemos miedo de que le haya ocurrido algo.
-Estaba enfadada por todo lo que me oculta- confesó- y luego él cuando Harley tuvo que marcharse…supongo que hemos roto la confianza que debíamos de conservar.
-Piensa que no es nada fácil haberse quedado tantos meses aquí, encerrado…
-Yo no se lo pedí. Nadie se lo pidió. ¿Tú se lo pediste? Es la única explicación que le puedo…pero ni eso…
-Yo no le pedí nada. Él lo hacía por ti- dijo, aunque sospechaba que no era necesario.
-¿Pero está claro que ya no le merece la pena, verdad?- dijo, a punto de llorar de nuevo. Pero no lo hizo. Para Ann, Yem había sido lo poco que ella tenía en aquel lugar. Harley y Yem habían sido lo único que había impulsado a Ann a, literalmente, perfeccionarse día a día. Y ahora, ninguno de los dos estaban.
-Si no le ocurre nada…si los neomortífagos no lo capturan…volverá, Ann. Estoy segura. Tendremos que cambiar la contraseña del encantamiento fidelio, por si ellos lo han atrapado…pero si él quiere regresar encontrará la manera.
Pasaron dos días enteros. El duelo de Ann no se acaba de completar. Estaba tan sola en su soledad…tan solo los libros de magia avanzada la distraían de echar de menos a Yem, de rezar por volver a abrazarse a Harley, y a Rose…
La gente se aparecía y desaparecía de la casa con mucha frecuencia. Dejó de alterarse por averiguar quiénes eran esas personas, a Harley todavía le quedaban días por volver, y en cuanto a Yem…parecía cada vez más claro que no volvería. Para el tercer día, Ann bajó apenas unos minutos a desayunar y luego subió a su cuarto, a seguir leyendo sobre magia antigua y hechizos ya olvidados.
Pero de pronto, escuchó un grito en el piso de abajo. El señor Thomas.
-¡Merlín…Yem!
Levantó la vista. Su corazón se detuvo unos segundos. Tardó en reaccionar. Para cuando se levantó de un salto de la cama y fue corriendo a las escaleras, el chico ya subía las mismas. Tenía un ojo totalmente morado, una marca amarillenta en la mejilla y el cuello lleno de pequeñas cicatrices rojas.
Ann se quedó petrificada. No pudo correr hacia él, no pudo reprocharle nada, no pudo hacer nada salvo:
-¿Qué te ha pasado?- murmuró, con preocupación.
Yem la miró unos segundos, como si mirara a una luz muy brillante, entre fascinado y frustrado por no poder ver nada más detrás de su expresión.
-Resulta que Harley ya no está muerto para el mundo mágico, pero yo al irme no lo sabía. Fui a hablar con mi padre, le echaba mucho de menos- se lamentó- pero resulta que tuvieron la desgracia de pensar en que si Harley había fingido su muerte, quizás otras de las personas que murieron en la batalla del año pasado tampoco estaban muertas, y tenían los alrededores de la casa vigilados ante magia. Les resultó fácil atraparme tras haberme aparecido- tragó saliva, mientras el rostro de Ann se desencajaba más y más- por suerte en un momento de debilidad mientras descansaban, de camino a …no sé, supongo que junto a él- dijo refiriéndose a Sameor- conseguí escaparme. Conseguir contactar con alguien de la Orden del Fénix no ha sido nada sencillo, pero por suerte…en fin.
El chico volvió a alzar la vista. Ann mantenía la boca abierta, como con sorpresa, pero sus ojos azules se movían deprisa sobre Yem. Finalmente, habló.
-Te marchaste- dejó caer, como si hubiera tirado una piedra enorme por aquellas escaleras.
-Estaba enfadado. ¡Me habías apartado de ti! ¡Me ocultaste lo de Harley! Me encerré aquí para ayudarte y tú solo me dabas la espalda.
-Tienes razón- admitió ella- y tú tal vez deberías de plantearte qué has hecho para no merecer mi confianza- procuró sonar enfadada, pero las marcas en el rostro del chico no hacían sino despertar en ella otro sentimiento muy diferente.
Yem vaciló.
-¿Estabas enamorado de ella, verdad?
No pudo evitarlo. Se le escapó de la garganta. Su voz se silenció de repente. Tembló.
-¿Otra vez con lo de Victoire? Eso ya pasó, solo es mi mejor amiga- dijo, agotado.
-No estoy hablando de Victoire- y sus ojos azules brillaron más que nunca, empañados por aquella certeza- estoy hablando de la otra Ann. Estabas enamorado de ella- repitió.
Yem se quedó callado. Oyeron ruidos en el piso de abajo. Posiblemente los habían oído hablar pero estaban decidiendo que era momento de interrumpirlos. Ann y Yem se miraban fijamente, sin decir nada; pero ella en seguida notó cómo algo en su interior tiraba de ella, y la llamaba y la llamaba, y pedía entrar. Sabía lo que era. La mente de Yem. Cada vez le estaba costando más cerrarse.
-Para- casi gimió; pero o él había subido escalones o ella los había bajado, porque sin previo aviso se estaban besando. Le resultó extraño y familiar; supuestamente no era su primer beso, pero como si lo fuera. Una dulce calidez mezclado con algo más primitivo. No sabía quién de los dos había empezado aquello. Quizás los dos. La certeza de que Yem no la amaba a ella y de que ella ya lo amaba a él le hizo abandonarse al beso sin ningún reparo: había estado a punto de perderlo para siempre, y había vuelto y la estaba besando. Quizás ella sí podría ser Ann, al fin y al cabo. Sí podría ser la misma.
Unos pensamientos que no eran suyos se metieron en su cabeza, rápidos pero meciéndose al mismo tiempo.
No hagas eso…¿Te sigue asustando?...¿Que puedas prácticamente leer mis pensamientos? Sí, me asusta…Sé que me evitas, pero hay veces que gritas, y no puedo evitar escucharte, y no puedo evitar querer ayudarte. Yo he estado pensando también.
Mira…mira dentro…
Para cuando se separaron, la certeza de que acaba de recordar algo la golpeó como un mazo. Yem se había separado de ella.
-No se preocupe señor Thomas, ya bajo en seguida. Solo estábamos hablando- se giró para mirarla.
El señor Thomas acabó de aparecer en el pie de las escaleras.
-¿Has visto Ann?- dijo, bastante animado. El hombre había acabado teniéndole mucho cariño al muchacho- te dije que volvería.
Pero ella apenas escuchaba lo que decía. Solo podía mirar a Yem, y mirarlo, y mirarlo. Él sin embargo, miraba al suelo como avergonzado.
Su rostro había cambiado. Sus orejas se habían afilado, así como sus ojos, verdes pero mucho más brillantes. Y su nariz…la forma en la que se había aplanado hacía su rostro más animal, pero al mismo tiempo más hermoso.
-Está claro que he interrumpido algo…-no pudo evitar decir, mientras ambos jóvenes aún permanecían callados.
Yem carraspeó.
-No, no- negó- ahora mismo bajo- y así lo hizo, no sin antes volver a echar a Ann una última mirada.
Ella seguía sin saber qué estaba pasando.
Había estado esperando al momento en el que sabía que lo encontraría solo. Durante el día Lily, Rose y los demás no se habían separado de él, pero finalmente habían ido a cenar, dejándolo solo. El chico tampoco pasaría mucho más tiempo en la enfermería. Hasta Scorpius había salido ya, y se encontraba descansando en la cama de su habitación. Su amigo había querido pasar con Albus el mínimo tiempo necesario, y lo veía normal.
Abrió con pesadez las puertas de la enfermería. Al fondo del vestíbulo, Albus y la señora Pomfrey hablaban con pesadez sobre algo que no pudo escuchar. Él estaba incorporado en la cama, con los hombros encogidos. Se giró para mirarla cuando Pomfrey se dio cuenta de su presencia.
-Buenas noches.
-Se ha acabado el tiempo de visitas, Wilson.
Grace parpadeó. Albus dijo algo que no entendió, y la mujer pareció dudar. Finalmente, comenzó a retirarse.
-Diez minutos- le dijo, cuando la tuvo cerca.
La chica respiró hondo. Al acercarse a él, ninguno de los dos fue capaz de mirarse. Se sentó en la cama de enfrente, a una distancia bastante mayor de la que ambos deseaban.
El chico se veía realmente afectado. Cerró los ojos, todavía sin poder mirarla.
-Lo siento tanto, Grace…
Ella negó varias veces, despacio.
-Sé de sobra que fue la inmateria, no tú.
-Tenía todos esos malos pensamientos en mi cabeza…no sabía qué me sucedía, no era yo- intentó justificarse, con un nudo en la garganta- ya me he disculpado ante Scorpius mil veces; nunca parecen ser suficientes.
Silencio.
-Supongo que Cygnus te habrá contado cómo sucedió todo ¿no es así?
Grace no dijo nada. Sí que se lo había contado. Aunque ella no podía saber que no le había contado todo. Esperaba que él le preguntara si había algo entre ellos, pero no fue eso lo que preguntó, exactamente.
-¿Tú quieres a Scorpius?- preguntó, con dificultad.
Ella se sorprendió.
-¿Qué? ¿A qué viene esa pregunta?
-¿Cómo que a qué viene?- contraatacó, incrédulo- Cygnus no dijo cuándo, pero supongo que para acostarte con alguien a quien has considerado un amigo tienes que quererlo de verdad, y haber pensado en las consecuencias…y haberlo puesto por encima de nosotros.
Parpadeó, de nuevo. Por un lado, no podía desmentir totalmente lo que estaba diciendo. Por otra parte, no tenía sentido.
-Espera, espera… ¿Cygnus te dijo que Scorpius y yo…?
Albus comprendió que de esa parte no había sido informada, y aunque ya no estaba bajo el efecto de la inmateria, no pudo evitar sentir rencor hacia el Slytherin.
-Dijo que había escuchado a Scorpius y a Josh hablar en la sala común sobre eso.
Grace no pudo creer que Scor hubiera compartido eso con Josh. Algo que ni ella había hecho para no enredar más las cosas. Y justo tuvo que escucharlos Cygnus…y justo todo aquello había sucedido así de desafortunado. Aquello parecía una trama enrevesada de algún mal libro.
El de nuevo silencio de la chica no hacía más que confirmar a Albus lo que ya le habían dicho.
-Supongo que no hay mucho más que decir entonces- consiguió hablar después de vencer el nudo de su garganta. Grace quería a otro, y ese otro era Slytherin, su mejor amigo…había llegado a sentir celos de Mawson, pero con él podría llegar a competir. Pero con Scorpius…era imposible.
-Claro que hay cosas que decir. Fue en verano, cuando no sabía nada de ti, cuando después de abrirme a ti y decirte lo mucho que me importabas, me dejaste tirada todo el verano- hablaba muy deprisa, no quería pararse en absoluto en esos pensamientos, ni en esos sentimientos- No sabía si estabas bien; si estabas vivo o si habías muerto, si estabas en peligro…sentí que me habías abandonado porque nunca había sido importante para ti.
-Tú sabes que eso no es cierto- le reprochó amargamente- yo me enamoré de ti, todo lo que hice fue para no involucrarte…
-¡Es que yo no quiero no involucrarme, Albus! Hubo un tiempo que solo quería escapar del mundo mágico, volver a casa, vivir como una muggle…pero eso se acabó cuando te conocí, ya no me importa. He luchado ya en dos batallas y lucharé las que sean necesarias. He cambiado.
Él la escuchaba atentamente.
-A mí sí me importa- dijo, en voz baja.
Grace suspiró, agotada. Por fin iba a decírselo.
-Pienso que no te atreves a admitir que estamos juntos. Lo he pensado desde el primer momento- siguió hablando más deprisa aun, al ver que Al se mostraba totalmente disconforme- No tienes motivos para alejarme de ti, si quieren hacerte daño pueden usar a tus primos, a tu hermana…no hay nada que debas hacer que debas hacer solo. Quizás Ann necesite afrontar cosas por sí misma, pero no los demás. No nosotros.
Eso era lo que James había intentado decirle a su hermano muy torpemente el año anterior, durante el ataque a Hogwarts. Que excepto los verdaderos protagonistas, todos los demás eran más fuertes unidos, trabajando todos juntos.
Se miraron de nuevo, largamente.
-De todas formas nunca me acosté con Scorpius- aclaró ella, tímida de repente- sí que es verdad que estuvimos a punto pero paramos a tiempo; estábamos borrachos y muy tristes y al día siguiente nos arrepentimos enormemente. Y él siempre será solo mi amigo. Eso deberías de tenerlo siempre claro. Y respecto a Cygnus es lo mismo. Es un amigo solo.
Albus intentó tranquilizar su respiración pero no fue capaz. Grace desvió la mirada, sus ojos estaban brillante e incluso una lágrima rebelde bajó por su colorada mejilla. Algo se estaba rompiendo entre ellos y ninguno sabía cómo arreglarlo.
-Es mejor que lo dejemos- dijo Grace, finalmente- y darnos un tiempo, saber lo que ambos queremos…
-No- peleó Albus- no, no, yo sé lo que quiero.
Se incorporó de la cama y fue a su encuentro, nervioso. No iba a perderla otra vez, ya habían sido suficientes veces, y no podía estar más seguro de que ambos se querían. Por si acaso, lo dijo en voz alta. Jamás lo había dicho.
-Yo te quiero- la tomó de las manos. Siempre habían encajado tan bien…
Una parte de Grace pareció derretirse. Él estaba siendo muy sincero. Ojalá pudieran obviar todo lo que sucedía alrededor de ellos, e ignorar también las actitudes de ambos respecto a ellas, pero no podían. Claro que no.
-Yo también te quiero- por una vez, no le resultó difícil admitirlo. Ahora que ya parecía importar poco, el sentimiento brotaba de ella, natural como latir o respirar- pero sabes que no estás dispuesto a ciertas cosas. Sabes que querer a alguien no es suficiente- separó sus manos y se sintió vacía, realmente vacía. Recogió su bolsa y comenzó a irse de aquel lugar, posiblemente lloraría al salir de allí, donde nadie la viera.
Albus no podía decir nada más, estaba mudo, dolido, desesperanzado. La inmateria no había hecho sino precipitar algo que ya se había visto venir desde hacía meses. No sabía qué hacer, no al menos sin reflexionar mucho antes.
Grace se giró una última vez.
-Mis padres también se querían ¿sabes?- confesó. La voz le temblaba y era más que evidente que lloraba- nunca me lo dijeron, pero era evidente. Esa es la razón por la que siempre le tuve rencor a mi madre. Porque eso nunca fue suficiente.