La magia más poderosa — capítulo 56
Hola. De nuevo siento el super retraso. Espero volver al poder actualizar una vez al mes pero dado a cómo es mi vida ahora no lo veo posible. PERO SIGO AQUÍ.
Esta vez no me voy a enrollar. Fijo que os gusta mucho este capítulo (si te gustan ciertos personajes) así que nada, voy a dejaros la opInión personal a vosotros (vosotras más bien, ya que creo que solo me leen chicas xD)
Un saludo.
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Despertó despacio, sin prisa. Estaba tremendamente cómoda. Todo era perfecto. Abrió los ojos despacio, sin prisa. La luz entraba a través de la persiana entreabierta, parecía hacer un día radiante.
Salió de la cama y lo primero que hizo fue moverse por la habitación de invitados de los Anderson (que ya había sido específicamente decorado a su gusto) hacia el baño interior. Se miró en el espejo y se extrañó. Lucía espléndida, sin una ojera ni imperfección. Más guapa de lo que había sido nunca. Sonrió, todavía un poco desconcertada. Una pequeña parte de ella le decía que no sabía cómo había acabado allí, pero es que otra le decía que sabía exactamente lo que estaba haciendo, y aquella parte, era más fuerte.
Salió de su habitación y bajó las escaleras. Olía a su desayuno favorito: tostadas con huevos fritos y café con canela. Respiró hondo, mientras comenzó a escuchar unas voces que hablaban bajito en la cocina.
-Alucinante- atinó a oír- ojalá hubierais estado allí para verlo.
-Lamentablemente ya sabes que no pudimos asistir… ¡mira quién se ha despertado!
Rose abrió mucho la boca cuando vio a Ann y a su madre, Helen Anderson, desayunar tranquilamente en la cocina. Se sintió confusa pero en seguida la situación la distrajo.
La mujer corrió a darle un sonoro beso en la mejilla.
-¡Estoy tan orgullosa de vosotros!
-Ah, ¿sí?- preguntó Rose extrañada.
-¡Por supuesto! Ann ha traído El Profeta ¡salís nada más y nada menos que en la portada!
-Normal- comentó Ann, sonriente- no es para menos. Siéntate, Rose, ¿Qué quieres desayunar? Papá ha ido a comprar unas cosas, quizás quieras esperarle.
Frunció el ceño. Se escuchó el ruido de la puerta al estar abriéndose.
-¡Debe de ser él!
Rose contempló atónita cómo John Anderson, más vivo que nunca y con una sonrisa en el rostro, entraba en la cocina.
-¡Ya he vuelto! No he tardado mucho, ¿verdad? ¿Qué haces despierta?- le preguntó a la pelirroja- ayer llegasteis tardísimo y parecíais agotados.
-¿Quiénes?
-¡Pues hombre! ¡Andrew y tú, quienes si no! Sí que debes de estar dormida todavía.
Comenzó a desayunar, desconcertada, mientras John y Helen desaparecían y Ann la escrutaba extrañada.
-Qué raro verte tan tranquila. Ayer estabas emocionada con la boda.
-¿Qué boda?- se le cayó al suelo el trozo de tostada.
-¿Como que qué boda, estás bien? ¿Tienes fiebre?
-No, no, disculpa…
-Si te propusieron matrimonio anoche prefiero no saberlo aun. Ya asumiré otro día que serías definitivamente mi cuñada- Ann hablaba deprisa, y tenía un brillo en sus ojos que a Rose le hacía feliz pero que sin embargo, había podido disfrutar pocas veces antes de aquella- Voy a enseñarte algo, espérame aquí.
Rose se quedó sola con sus pensamientos, que eran totalmente incongruentes y difíciles de distinguir. Sabía que algo raro pasaba, pero no podía darse cuenta de qué era. No llegaba hasta el final.
Finalmente Ann bajó con un precioso vestido color coral puesto, y dio vueltas sobre sí misma para que Rose lo observara bien.
-¿Crees que le gustará? ¿Se fijara en mí?
-¡Sí!¡Guau! Espera, ¿Quién?
-¿Quién va a ser? Yem, el amigo de tu prima- la miró como si Rose se hubiera vuelto tonta.
-Oh- se sorprendió- pero si ya le gustas, Ann.
-¡Ojalá! Pero sabes que no es así. Desde que nos conocemos apenas me ha hecho caso, además todavía se lamenta por haber perdido su oportunidad con Vic.
-Nunca tuvo mucha oportunidad- no pudo evitar decir.
-Eso es verdad. Y ahora deberíamos de empezar a peinarnos, antes de que se nos eche la hora encima. Querrás llegar pronto a la Madriguera.
Antes de subir a la habitación a cambiarse, Rose le echó un vistazo al periódico que habían mencionado antes.
Abrió mucho los ojos al comprobar que salía en una fotografía, sonriente y solemne al mismo tiempo, dándole la mano a un joven trajeado al estilo muggle que le sonreía con complicidad. Ambos se sonreían felices mientras todos los fotografiaban.
Rose Weasley consigue un acuerdo histórico para el mundo mágico y el muggle.
Intento seguir leyendo, pero Ann volvió a llamarla y se vio obligada a subir las escaleras.
Parecieron pasar segundos, pero de pronto se encontraba en la Madriguera. Ann la tomó apurada de la mano, llevándola al piso de arriba, a la habitación que había sido de su padre y que Hugo y Rose compartían en la infancia. La chica dejó el bolso mientras Rose miraba desconcertada a las paredes de la habitación. Al contrario de lo que creía recordar, las paredes estaban llenas de fotografías familiares y titulares de periódicos sobre cosas que celebrar, como que su padre, junto con Eizan Harley y John Anderson formaban el mejor escuadrón de Aurores a los servicios de Harry Potter; o como que Rose había sido la mejor de su curso al graduarse en Hogwarts.
Ann se recolocaba el pelo en un pequeño espejo. Rose se fijó en ello y se acercó. Estaban muy guapas, y ambas sonreían, realmente felices.
-Estoy segura de que eclipsarás a Gabrielle.
¡Hacía tanto que no veía a Gabrielle! O…¿no?
-Vamos abajo, hay que ayudar con los últimos preparativos.
Toda la familia estaba allí. Hugo, sus padres, perfectamente felices, como antes de que ella entrara en Hogwarts, los abrazó, feliz, pero al mismo tiempo surgió en ella un profundo sentimiento de tristeza que duró poco. Volvieron a felicitarla por algo que Rose aun desconocía. James…divisó a Lily ya sentada en las sillas que habían dispuesto en el jardín.
-¡Los tacones me estaban matando! ¡Y no llevo ni una hora con ellos!
Rose rio, todo le hacía mucha gracia.
-Es normal, no estás acostumbrada.
-Claro que no estoy acostumbrada. Oye… ¿has visto a Scorpius? Lo he dejado hablando con Albus pero en realidad- se acercó a ella, que ya se había sentado a su lado- creo que está muy nervioso, traerlo a la boda significa hacerlo oficial.
-¿Y tú? ¿Cómo te sientes?- solo se le ocurrió decir.
Lily respiró hondo.
-Scorpius lleva siendo amigo nuestro desde que entrasteis en primero. Ni que lo hubiera conocido de hace unos meses solo. Papá y Mamá tendrán que aceptarlo. Aunque no son mis padres sino los suyos los que me preocupan. En fin. ¿Y Andrew?
-No lo sé- contestó Rose automáticamente.
-Siempre llegando tarde- protestó.
-¿A quién estáis poniendo verde?
La chica se giró y vio a Scorpius y a Albus, trajeados y más sonrientes que nunca en compañía el uno del otro. Pero otra figura se les unió rápido, deprisa.
-¿Alguien ha dicho Slytherin?- intervino Grace, tomando del brazo a Albus, un poco apurada- no me vuelvas a dejar sola con la tia Muriel si quieres seguir vivo, Potter. Se ha empeñado en criticar a mi madre por casarse con un muggle, vieja anticuada.
Albus puso cara de circunstancias.
-En todas las familias hay una oveja negra- solo respondió.
Rose miró distraída cómo Ann y Yem mantenían una conversación más atrás. Ann casi se había puesto completamente roja mientras Yem le contaba algo seguramente muy interesante acerca de alguna poción que habían creado para regenerar tejido muscular o algo así.
Poco a poco, todos se fueron sentando. Rose hacia las cosas automáticamente y todo parecía pasar con cortes por en medio.
Vio a Teddy llegar con un maravilloso traje de novio y lo entendió todo. Aquella era la boda de Ted y Victoire. Pero de alguna manera, ya lo sabía.
De alguna manera, ya no sabía que no lo sabía.
Cuando todos estaban esperando a que la novia apareciera, dos hombres de mediana estatura aparecieron corriendo, el más mayor rubio y robusto y el más joven era similar, pero de pelo oscuro. Ambos iban arreglándose aun la corbata. Rose sintió una vergüenza ajena que no sabía ni de dónde venía.
-¡¡Lo siento, lo siento!!- dijo el más joven, y sus ojos azules delataron de sobra quién era- ¡ayer hubo mucho que celebrar!
Los presentes que lo vieron rieron algunos y otros se mostraron decepcionados al no ver a la novia.
Andrew llegó junto a Rose, que esperaba a que su tía Fleur les diera aviso de que ya podían acompañar.
-¿Harley?- solo dijo ella. Y eso era lo último que ella iba a decir. Él se veía feliz.
-¡Eso, voy a echarle la culpa a Eizan de haber llegado tarde!- contestó, con una sonrisa aunque en el fondo, parecía un poco avergonzado. Te veo después- la besó en la mejilla- estás muy guapa. Más que la novia.
-¿Has visto a la novia?- preguntó una Rose que ya no era Rose.
Efectivamente, la había visto porque Victoire ya salía de la casa.
Rose y Gabrielle la acompañaron al altar y la ceremonia comenzó sin mayor preámbulo. Allí ya estaba todo el mundo importante. Lily había traído a su acompañante, también Albus, ella misma…incluso vio como Hugo y Clary tonteaban en plena ceremonia. Todos eran felices, todos, y a Rose un enorme agujero la tiró de repente para abajo, como si su corazón pudiera desplomarse sobre su estómago sin más. Ella…ella también era feliz. Ya no era capaz de notar que algo iba mal.
Se lo había creído.
-No es real, Rose.
Se giró asustada, mientras la ceremonia continuaba y Ted decía sus votos.
Harley estaba tras ella. Harley, el Harley serio e infeliz que se había vuelto desconocido. A metros de él, Andrew cuchicheaba con Albus y Scorpius.
Ella parpadeó y miró a los lados, confusa. Nadie parecía prestar atención al extraño, que vestía unos vaqueros y una camiseta y desentonaba totalmente en la escena.
-Por favor, dime que no has olvidado aun- suplicó él. Y su voz sonó tremendamente familiar- tenemos que regresar, Rose.
-¿A dónde?- preguntó, angustiada. Retrocedió unos pasos. Cuanto más lo liberaba más mareo sentía- sé que te conozco, pero no sé…- se tapó la cara con una mano- me duele la cabeza. Qué está pasando. Nadie parece estar viéndote, no entiendo nada.
Harley se acercó y la tomó de los brazos, suplicante.
-Tienes que volver. Fue esa poción de Asterope, ¿recuerdas? Ya llevas demasiado atrapada aquí, pero aun…aun tienes que recordar- cerrando los ojos con dolor primero, la hizo mirar a la gente- ¿ves a tu tío Fred? Está al lado de su hermano, George, pero él está muerto. Lleva muerto muchos años. Los padres de Ted…- los señaló- ellos también…mis padres, Rose- John y Helen asistían porque Ted estaba en el cuerpo de Aurores- el señor Harley…-apartó la mirada- a mí también me gustaría…pero están muertos- calló repentinamente, y Rose vio que los ojos le brillaban.
De pronto eso la conmovió, y le pareció recordar cosas que creía que no eran reales. Como si las hubiera soñado aquella misma noche.
-No puede ser…-murmuró.
-Si no vienes conmigo, morirás atrapada aquí. No tengo nada que ofrecerte mejor de lo que aquí tienes, pero te suplico que vuelvas conmigo, con Ann, con tu familia, Albus…
Ella se tambaleó.
-Todos son tan felices…- dijo, confusa, mientras Harley la sujetaba, los novios ya se besaban y la gente gritaba de furor.
-Por favor, Rose…te necesito. Sé que soy egoísta, pero no puedo evitarlo- dijo, desesperado- te quiero.
Algo pareció crujir dentro de ella. Lo miró.
-¿Qué has dicho?
Y entonces algo tiró de ella con fuerza, con mucha fuerza. Un dolor punzante, una fuerza que ella misma infligía. Se ahogó durante varios segundos. Todo se volvió negro.
Y entonces despertó, por fin.
En seguida, un dolor insoportable la hizo lamentarse y gemir. Escuchó una respiración fatigada a su lado.
-Ya está Rose, ya está, estamos a salvo, no te preocupes.
Ella yacía en una cama que le resultaba familiar, pero que no acaba de reconocer. Harley estaba sentado en ella, manipulando el foco de su dolor. Su brazo. Rose se retorció.
-Shhh. Quieta- dijo, tranquilizador. Su rostro estaba lleno de alivio.
Ella no podía pronunciar palabra. El dolor fue remitiendo poco a poco y su vista se fue acomodando.
-¿Dónde…
-En casa de los Anderson.
Rose parpadeó, confusa.
-Nos trajiste aquí cuando Asterope nos perseguía ¿recuerdas?
No.
Lo procesó.
-La verdad es que solo recuerdo estar escapando. Después está todo en blanco- dijo con voz pastosa.
Intentó levantarse, pero volvió a dolerle como si quemara el brazo izquierdo. Se lamentó.
-¿Qué demonios...
-Nos desaparecimos, pero tú sufriste una despartición. Era mucho esfuerzo y debías de estar casi inconsciente.
Rose hizo una mueca y se miró el brazo. Estaba completamente vendado. Harley también lo miraba, muy tenso.
-Casi te mueres…no sabía lo que hacer- confesó, nervioso, hablando tan deprisa que el poco acento que le quedaba le impidió a Rose entenderlo todo- lo poco que aprendí de Yem, Vic y el señor Thomas, y la suerte de que Ann hubiera traído esencia de díctamo y otras cosas aquí algún verano…merlín, ha sido todo una muy buena suerte.
Rose intentó pensar con claridad. Esencia de díctamo…ella misma había tenido la idea de ir dejando material de curación en casa de Ann por si acaso le ocurría algo, tras el año en el que la chica había participado en el torneo de los tres magos.
-¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?- preguntó, con un nudo en la garganta.
Harley tardó en responder.
-Dos semanas.
-¿¡Dos semanas!?- se incorporó como pudo, él se vio obligado a ayudarla- no puede ser…-miró a los lados- ¿estamos solos?
-Está casa no tiene guardián de los secretos, Rose. Fue conjurada para que Ann se ocultara en caso de emergencia y nadie pudiera entrar. Estamos atrapados.
-No es posible- murmuró. Miro a los lados- cómo he podido traernos... ¡Tenemos que salir de aquí! Dos semanas…-se le formó un nudo tremendo en la garganta- todos pensarán que estamos muertos…
El rostro de Harley se ensombreció.
-¿Qué ocurre?
-No podemos hacer eso, Rose-señaló- He visto todos estos días por las ventanas que hay Neomortífagos fuera, así que no podríamos salir a pie. Pero tampoco vamos a desaparecemos. Si volvemos a hacerlo…te despartirás de nuevo, tu brazo no se ha terminado de curar, te faltaba muchísimo trozo de carne cuando llegamos.
Rose maldijo parecerse a su padre en ese sentido. A Ron tampoco se le acaba de dar muy bien eso de desaparecerse y se ya se había despartido varias veces.
-Harley, es mucho tiempo desaparecidos. ¡Pensarán que estamos muertos!-repitió.
Él negó, sorprendido de que lo propusiera.
-¡Lo que no voy a hacer es arriesgarme a que te pase algo otra vez! No tienes ni idea de lo que me ha costado conseguir entrar en tu mente ¿verdad?
Sacudió la cabeza varias veces. Eso, es verdad.
-¿Cómo has conseguido hacer eso? ¿Fue como lo de avisar a mi yo del pasado cómo rescatarte de la mente de Ann?
-Más complicado todavía, porque no estabas exactamente dormida, sino atrapada en la floresencia- ahora que se fijaba, Harley había perdido el color oscuro de los ojos: volvían a ser azules. Volvía a perder poder- tú no lo recuerdas porque repetías el mismo día una y otra vez. Pero lo he intentado muchas veces. Al principio huías de mí…y me expulsabas de tu mente.
Rose se quedó mucho rato en silencio. Mirando a Harley. Mirando a las paredes de aquella habitación.
-Mi familia. Ann…no podemos esperar más. A ellos también pueden haberles pasado cosas muy graves- dijo, asustada.
-No vamos a irnos hasta que no estés un poco mejor- dijo, tajante.
Rose se fue enfureciendo.
Se levantó de la cama y, aunque sintió un mareo intenso, caminó hasta sus zapatos de Hogwarts, pero se detuvo súbitamente. Llevaba ropa de Harley. Por todo su cuerpo.
-¿¡Me has desnudado!?
Harley también se había levantado. Estaba muy crispado.
-Para ti resulta sencillo creer que podemos volver a desaparecernos ahora mismo. ¡Tú no tuviste que soportar la idea de que no había forma de curarte y de que si salía fuera un mortífago nos mataría! No pienso echar todo este tiempo por la borda en cinco minutos.
-¡No podemos perder más tiempo!...¿dónde está mi ropa?- se puso a inspeccionar los armarios de manera torpe. Salió al pasillo.
Harley perdía la cabeza.
-¿¡Es que no me estás escuchando!? ¡¡No pienso ir a ninguna parte!!
Ella se detuvo y se dio la vuelta.
-Estoy bien- dijo fríamente. Pero se tambaleó un poco justo después.
-No voy a verte despartirte otra vez. Al menos…al menos esperemos un par de días- intentó razonar.
Rose negó, segura. Se sentía culpable. Todo el resto de gente sufriendo y ella…atrapada en su hermosa fantasía.
-No voy a esperar más.
Harley apretó los puños.
-Genial. Pues vete. Tú sola.
Rose estuvo tentada de aceptar su oferta. Pero entonces cayó.
-Si me voy tú quedarías atrapado, no se puede volver a entrar, el primum fidelio- asi se llamaba el encantamiento sobre la casa- solo funciona una vez.
-Cuando tengáis un momento podéis venir a sacar de aquí a los mortífagos. Te sorprendería cuánto pueden dar de sí las comidas que se dejaron aquí para sobrevivir durante un par de meses.
Rose apretó los dientes. Harley jugaba con su punto débil: Él mismo.
-Sabes que yo no me iría sin ti.
Levantó la ceja.
-En realidad no. Solo confío en ello.
-No puedes hacerme esto…
-¿El qué? ¿Preocuparme porque vuelvas a despartirte? ¡Solo te estoy pidiendo un poco de paciencia, no que nos quedemos a vivir aquí!
-¡La gente que queremos puede estar muriéndose mientras nosotros estamos aquí a salvo!
-¡Oh, no se me había ocurrido Rose, muchas gracias por la apreciación, de verdad!- ironizó- Entonces supongo que lo mejor que podemos hacer es salir de la casa a desaparecernos, arriesgándonos a que nos ataquen, y que en el caso de lograrlo te vuelvas a despartir, y ser una inútil en todo lo que podrías haber ayudado, de estar bien. Es una genial idea!
Rose se sintió herida. Desaparecerse era su otro maldito punto débil. La floresencia había resultado ser su nuevo punto débil.
-Bueno…¡lamento ser la única de los dos con poder suficiente como para desaparecerse, y que aun así no sea suficiente!
Pudo ver como el rostro de Harley se ensombrecía. Tenía cierto poder sobre las mentes, pero aparte de eso, no dejaba de ser un muggle con un poco de poder mágico de otra persona.
-¿Cuánto tiempo sugieres esperar?- preguntó, rápidamente, consciente de que se había excedido.
-Solo te pido dos días. Que te mires el brazo, que lo pienses…solo eso- dijo, serio.
Rose respiró. Habría que conformarse. Harley bajó las escaleras, sin más ganas de discutir, y Rose se quedó sola por primera vez en mucho tiempo.
-¿Cuándo vais a dejar de preocuparos? Estoy bien, de verdad…
Cygnus se incorporó de su litera improvisada. Había estado grave…pero solo un par de días. Llevaban allí lo que parecían semanas y no le dejaban hacer absolutamente nada de utilidad.
Grace y Josh lo observaron incorporarse, serios. La chica levantó la vista y vio a Lily caminar hacia ellos, alertada por ver a Cygnus erguirse.
-¿Qué está ocurriendo?
Era justo la hora de comer, y a esa hora siempre había más jaleo. Allí apenas eran treinta personas, pero a veces era suficiente para no ser capaces de escucharse unos a otros.
-Alguien debió de hablar con él- le cuchicheó Lily. Cygnus resopló mientras se ponía los zapatos. Otra vez hablando sobre él como si no estuviera- quiere participar. Estás demasiado débil- solo le dijo la chica.
-Ninguna cría va a decirme lo que tengo que hacer- farfulló.
-Ni yo soy una cría, ni tú eres tan mayor, Mawson- contestó. Conseguía sacarla de sus casillas.
-Nos estamos quedando sin comida- recordó el chico, irritado. Y no era el único. Todos tenían hambre. Pero también todos sabían que no había una manera segura de conseguir más comida.
-Ya estamos haciendo todo lo posible por arreglar eso- intervino Josh, un tanto herido. Él era de los que más se iba a jugar el pellejo.
-Lo sé. Yo solo, quiero ayudar.
No pudo evitar alejarse de Cygnus, a medida que avanzaba la discusión. Sabía que Cygnus se sentía culpable: pocas cosas habían conseguido al rebelarse contra los Neomortífagos. Quizás un par de bajas, sí, pero también bajas por parte de ellos. De vez en cuando ojeaban el mapa del Merodeador para ver la entrada de la Sala, pero siempre estaba ocupada por algún alumno o Mortífago.
Para cuando Albus no fue capaz de localizar a su padre y lo buscó en la sala de los Menesteres, Asterope ya se había marchado, triunfante, y el efecto de la floresencia había desaparecido porque el Mortífago había realizado el encantamiento para volver a recabarlo para otro momento, así que en una decisión desesperada, Albus consiguió esconder a todos los que pudo allí. Ted y James, que sabiamente se había llevado consigo el mapa que su padre le regaló, se habían quedado encerrados allí con los alumnos, así como dos Aurores con los que nadie tenía mucho trato, pero que estaban dispuestos a dar sus vidas más que ningún otro. O quizás, al mismo nivel que Albus, Cygnus, o la misma Ann, que era la que mantenía la esperanza en todos ellos, invisible pero presente desde muy lejos.
Grace encontró a Albus de pie y muy serio, hablando con los Aurores del Ministerio.
-Podríamos intentar cavar otro túnel…salir por alguna otra tienda…
-El problema es que los Neos tendrán todo vigilado. No tenemos un mapa del merodeador versión Hogsmade, y además esto ya no les pilla por sorpresa. Gente escondida en la Sala de los Menesteres…la historia se repite.
James, un poco más alejado de los tres conversadores, intervino, aproximándose.
-Al, la asamblea de ayer estuvo muy bien, todo lo que tú quieras- Grace escuchaba con atención. Nadie pareció reparar en ella- pero la gente tiene que votar más cosas que la opción de buscar más comida o no. Hemos tenido comida a base del pasadizo que la sala nos hizo a Sortilegios Weasley, pero tenemos que intentar salir, desaparecernos, huir de aquí. Mientras no sepamos si podemos volver a atacar Hogwarts con probabilidades de éxito…huir es nuestra mejor opción.
-Es lo que acabo de decir, no es seguro. Los Mortífagos sabrán que queremos huir.
-Lo sabrán, sí. Pero hay maneras de pasar desapercibidos, o de enfrentarse solo a un par de ellos y conseguir huir con éxito.
Ted Lupin también se unió a la conversación.
-¿Entonces qué sugieres? ¿Intentar sacar a todo el mundo desde Sortilegios? ¿Buscar otro túnel y huir desde otro local?
-Otro local es una buena idea- aportó Teddy- es obvio que estarán alerta por si hay movimiento en la tienda, que ya va a cumplir un año cerrada. Aunque esté protegida por un fidelio…nadie de la Orden puede venir a buscarnos, y nosotros no podemos desaparecernos dentro del local.
Scor iba tras él. Ted y él habían tenido tiempo para hablar, y conocerse un poco. Se parecían más de lo que creían en muchas cosas.
-Bien.- siguió James- entonces, a parte del plan de salir a las cocinas de Hogwarts a conseguirnos algo que comer, y de paso ver si es factible en algún momento del día sacar a todos de aquí, supongo que habrá que poner a excavar con hechizos, o pedirle a la sala que nos lleve hasta algún lugar que decidamos entre todos y que sea factible. ¿Qué opinas, Wilson?
Todos repararon en ella. Albus se giró, levemente sorprendido. No había podido verla.
-Poder salir de aquí es lo que todos queremos. Pero también hay que saber hacerlo con prudencia. ¿Realmente es menos arriesgado intentar un túnel a Hogsmade que intentar salir por la puerta de la Sala de los Menesteres? ¿Estáis seguros de que algún Mortífago nos vio entrar aquí?
-Asterope lo sospechará. Si no, no habría gente siempre guardando la entrada de esta sala- señalo al mapa que James tenía en sus manos.
-Según lo que decís, Rose y Harley consiguieron escapar por el pasadizo a Cabeza de Puerco.
-¿Por qué mierda detonarían el pasadizo?- se preguntó James, más enfadado que preguntando realmente.
-Porque seguramente fue Asterope, y seguramente Grace tiene razón. El que abra la puerta de la Sala de los Menesteres estará cubierto por la capa- Albus la alzó, la había llevado bajo el brazo casi todo el tiempo. Era una suerte tenerla. Siempre que había ido al almacén de Sortilegios la habían llevado puesta. A veces James, a veces Albus…un día Grace también se ofreció- y puede ser en un momento en el que justo no haya nadie. Aun no hemos encontrado un patrón exacto, pero aproximadamente a la hora de la cena, algunos días la entrada se queda sin vigilancia unos minutos. Pero aun así…estamos a riesgo de que nos pillen, y en cuestión de segundos haya un montón de profesores intentando entrar.
-Con suerte delegarán a miembros del CdO esa tarea- intervino Scor- hay días que lo hacen, vosotros lo veis.
-Es verdad, pero muy pocas veces. Después de lo que pasó con Mawson, lo normal es que no se fíen. -dijo Albus.
-Hablando de él…no para de ofrecerse.
James chasqueó la lengua.
-Que se calle de una vez. Bastante ha hecho…lo hará Albus. No es tan alto y es más difícil que pueda tener algún accidente con la capa. Aelux, Ted, August, y yo cubriremos la parte más principal de la entrada. Los miembros del E.M iréis después.
Grace abrió la boca, para protestar. No quería que fuera Albus…pero al final, no dijo nada. Sabía que él quería hacerlo, y que se sentía incluso más responsable de todo aquello que Cygnus. Cuando lo vio alejarse del grupo, se marchó detrás de él, hasta alcanzarlo.
-¿Cuándo crees que lo haremos? ¿Hoy? ¿Mañana?
-Me da la impresión de que llevamos todo abril aquí- se lamentó Albus- cuanto antes- respondió- al fin y al cabo, la primera vez solo será para ir a buscar comida, pero la segunda ya saldré a mirar si alguna de las chimeneas nos puede comunicar con el exterior, aunque sea la del director.
Se detuvo.
-Eso es una misión suicida.
-Llevando el mapa del merodeador no puede serlo tanto.
-Podría llevarte demasiado tiempo…
-Podría. Pero estaré bien. Sé usar bien la capa y el mapa. Nadie debería hacerlo salvo yo.
-Qué manía tenéis de intentar salvar a todos- lo reprendió, con cierta resignación.
Albus le sonrió levemente, antes de inclinarse a darle un corto beso. Delante de todos los que estaban presentes. Ya no importaba. Ya todos lo sabían.
-Tú me enseñaste.
Grace lo observó alejarse, con miedo.
Ann observó el ambiente del enorme salón, analizando cada detalle, cada gesto de preocupación, cada cuerpo en tensión y cada suspiró de resignación. Toda o casi toda la Orden del fénix estaba reunida allí.
-Ya han pasado quince días del ataque a Hogwarts- resumió Ginny- seguimos sin saber nada de los niños.
-Lo único nuevo que sabemos, por la poca gente del agua del lago de Hogwrats que está de nuestra parte, es que no hay ningún cadáver arrojado al agua- completó Harry, con el semblante serio. No en vano, sus tres hijos habían desaparecido.
-Pero la posibilidad que barajamos es la más probable. La Sala de los Menesteres.
-Lo que nos lleva al siguiente punto de la reunión, supongo- Intervino Hermione. Desde que Rose había desaparecido, su semblante había vuelto a ser el mismo que cuando a Hugo casi lo matan. La tranquilidad le había durado poco- quién va ir a Hogwarts a comprobarlo.
-Con Minerva y Neville en azkaban y el resto de profesores incomunicados…
-Espera, ¿Qué?- intervino Yem, asustado- ¿Cómo que azkaban?
Algunos lo miraron. Ann estaba tan estupefacta como Yem.
-Azkaban…-solo dijo- ¿cómo es posible? ¿De qué se les acusa?
-Sinceramente, Ann- contestó Ron- ahora mismo no hace falta estar acusado de mucho para que te detengan.
La chica tardó en volver a poner una expresión medianamente normal.
-Estamos esperando las respuestas de las brigadas internacionales de otros países Europeos- siguió contando Jingsley- En cuanto recibamos respuesta afirmativa de apoyo…lo mejor sería volver a atacar Hogwarts. Si no a los chicos…podría pasarles algo.
Ann los miraba a todos, alternativamente.
-¿A qué estamos esperando, en realidad?
Todos la miraron.
Respiró hondo. Iba a decirlo.
-Mi poder no puede crecer más. Ya soy todo lo poderosa que puedo ser, al menos en mi situación, aquí encerrada sin poder salir. Lo mejor es que dejéis de ocultarme, dejéis de arriesgaros…yo me enfrentaré a él.
El silencio nunca se había hecho tan palpable.
-¿Estás segura de que no puedes desarrollar más poder, Ann?- preguntó Hermione, prudente.
-Por supuesto que no. "Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres" ¿recuerda? Pero el problema es que precisamente por ser humanos siempre tendremos límites. Incluso yo. Incluso él- dijo, refiriéndose a Sameor.
-Estoy completamente de acuerdo- solo dijo Luna, con su habitual dulce voz. Ann apenas la conocía, pero entendía la fascinación de la mujer por las criaturas mágicas. Al saber lo que Ann podía hacer se le habían abierto mucho los ojos, con fascinación- la picadura de unKrirchenpuede hacerte más inteligente, pero sus efectos solo duran unas semanas…
-No-repuso Hermione, seca- debes esperar. Debemos recuperar a Rose. Harley debería luchar a tu lado. Mis sobrinos…
-Entiendo que eso sería lo más estratégico, pero no es lo que me pide el corazón- confesó Ann.
-Entonces escúchanos a nosotros- añadió Harry- déjanos a cargo de buscar a nuestros hijos. Después…si es lo que quieres…te enfrentarás a él.
A Ann no le pasó desapercibida las miradas que Harry, Hermione, y Ron un poco más atrás, parecían compartir. Había algo que a la chica se le escapaba, pero no era capaz de adivinar qué era. Pensó un momento en intentar Oclumancia, pero sabía que si algo ocultaban, sería por el bien de todos. Hasta ese punto llegaba su entendimiento hacia las personas.
-Acompáñame, Ann- le pidió Harry, minutos después. Ambos subieron las escaleras, despacio.
-Has cambiado- solo dijo, cuando vio a la muchacha cerrar la puerta de su habitación- ya no pareces tener miedo. Ni siquiera por Harley…
-Ya lo he dicho, sé que Harley está bien, esté donde esté. Si le pasara algo…bueno, ya lo sabe. Yo moriría.
Harry asintió.
-Y si te pasara a ti…-no dijo más.
-No lo sabemos con seguridad, pero…lo más probable por desgracia es que no sobreviviera. ¿Por qué has querido reunirte en privado conmigo?- preguntó, directa al grano.
La miró con sus brillantes ojos azules. Ya no quedaba nada de la chica que había olvidado todo. De alguna manera, aunque aún no recordaba, había vuelto a ser Ann. Había recuperado su anterior poder y no solo eso, sino que se había hecho más fuerte.
-Sé que te has resistido a entrar en mi mente- confesó- No sabes cuánto te lo agradezco. Alguien dijo una vez "nunca fuiste un gran oclumántico, Harry". Desde entonces, parece como si me hubiera maldecido- sonrió levemente, nostálgico.
-No hay nada que agradecer.
-Y sé que sabes que te ocultamos algo.
-Me oculta más de una cosa, señor Potter. Pero le respeto, porque sé que es lo más prudente. Que las cosas deben de seguir un orden, y que no debemos de dejar llevarnos por nuestros sentimientos y forzarlas.
Las palabras de Ann parecían impersonales, pero incluso tras esos ojos sabios y calculadores, el hombre podía ver que la chica seguía allí. Que alguien así también podía llorar, reír, odiar, y amar.
Los ojos de Harry parecieron brillar. Entonces Ann supo que se trataba de algo horrible.
Tomó mucho aire.
-Harley me confesó hace muchos meses ya que debía entrar en la mente de Rose, para salvarla y para salvarse él. Así que no quedó más remedio que viajar con él, a diferentes lugares, muy lejanos unos de otros, para aprender de los mejores a emplear la poca magia que tú le das que no sea para mantenerlo vivo y sano para aprender poderes que lo permitieran convivir en la mente de otras personas.
La chica escuchaba atenta, a pesar de que ya sabía esas cosas.
-Finalmente, consiguió lo que se propuso. Consiguió entrar en la mente de Rose. Fue relativamente sencillo porque mi sobrina, sin saberlo, ya conocía el alma de Harley, y lo dejó entrar. Pero él no tendría suficiente poder para entrar en las mentes de todos.
-Ya.
-Lo que estoy queriendo decir es…él sabe hasta dónde puede llegar con sus poderes, Ann. Sabe que se potenciarían si la persona le dejara entrar en su mente. Sabe que podría llegar mucho más allá. No sé si estás entendiendo la gravedad de lo que intento decir.
La chica intentó adivinar, pero un sentimiento de miedo la bloqueó. Se quedó en silencio por minutos.
-En plan de Harley consiste en pelear a tu lado, Ann.
Esa información la golpeó, y tuvo que retroceder un paso.
-¿Por qué…
Pero ni siquiera tenía que preguntarlo.
-Él cree que si puede sobrevivir en tu mente…tú podrías tener todo tu poder. Todo el poder que le cediste para salvarlo. Solo de esa manera, podrás estar igualada en una pelea con…quien-tú-sabes. Solo así podrás ser…perfecta.
-Eso es un suicido. ¿Y si él no puede regresar jamás?- se preguntó, con miedo. Pero naturalmente, él no podía contestarle a eso.
El rostro de Harry era serio y consternado.
-Me temo que él está dispuesto a asumir ese riesgo.
Las horas pasaban demasiado despacio. Rose había tenido tiempo de permanecer un tiempo que se le hizo eterno enfadada, mirando a la pared; levantarse; ir al baño a quitarse con la otra mano el vendaje del brazo. Puso mil muecas mientras se desvendaba, y al verse la herida se mareó un poco. La mayor parte de la superficie de su piel estaba hundida, regenerándose de abajo a arriba y de los bordes (más oscuros) al centro, o al menos eso le pareció. Su piel estaba rosácea, sensible. Parecía un injerto. Seguramente lo era, (un injerto mágico) a juzgar por las pociones y ungüentos que Harley había podido aplicarle, que estaban en el baño también. La furia de la chica desapareció, casi por completo. Para él tenía que haber sido un infierno. Para ella, apenas habían pasado horas desde que se habían enfrentado a Asterope y a la floresencia.
Dejó su herida destapada y bajó a comer algo. Temía encontrarse con él, pero no parecía estar abajo. O se escondía de ella.
Tenía razón. Quedaba bastante comida. Abrió unas galletas y no pudo contar ni cuantas comió, así como piezas de fruta envasada que la hicieron sentirse menos mareada una vez las hubo tomado. Pero Rose no estaba tranquila. Necesitaba volver a subir y buscar a Harley. No solo para que le vendara el hombro, sino porque estaba empezando a sentir que realmente no había sido del todo justa. Aun así, la preocupación por su familia no se iba. ¿Estarían bien sus padres? ¿Habrían salido ilesos del ataque a Hogwarts? ¿Y Albus? Subió las escaleras despacio.
-¿Harley?- murmuró. Nadie respondió.
-Necesito ayuda para el vendaje, sola no puedo.
Tras unos largos segundos, el chico apareció.
-Vamos- solo dijo.
Harley vendo su brazo como pudo, en el baño. Rose podía sentir su respiración: su pecho se hinchaba, lleno de aire, pero el chico no decía palabra. Ella lo observó, detenidamente. Recordó cómo a los quince había asumido que Harley le gustaba como algo más, que se había enamorado de él, a pesar de lo jóvenes que ambos eran. Ahora tan solo habían pasado tres años, pero parecían haber viajado por una eternidad. Ningunos niños tenían la desgracia de haber vivido tantas cosas. Pero, sin embargo, Rose no pudo evitar pensar que no todo era malo. No podía ser todo malo.
-Ya está- dijo finalmente, después de haber vendado sobre un apósito con esencia de díctamo- tampoco soy ningún experto, pero al menos los otros que he hecho te han aguantado sin hacer trizas tu brazo.
Rose se lo observó. Después de vacilar, lo miró. Harley no parecía tan enfadado, sino ausente.
-¿Qué ocurre?
Tardó en responder.
-Solo estaba…nunca había podido…
No dijo nada más y echó a andar.Lo acompañó a una habitación de la casa que solo había pisado una vez.
La habitación de Helen. El cuarto que, en su día, habían compartido los Anderson.
No solo era la habitación de la madre de Ann. Ahora, también era la madre de Harley.
Rose observó que un montón de papeles y fotografías estaban esparcidas por la cama.
-David guardó aquí todos los papeles de…ella- dijo, tras no saber cómo llamarla- supongo que le causaba menos dolor si los escondía en el armario que si los tenía a la vista en la biblioteca.
Ella se acercó a mirar el gran número de fotografías que habían quedado olvidadas. Harley rebuscó en el pequeño montón, sabiendo qué encontraría y qué quería encontrar.
Se quedó paralizada unos segundos. John y Helen sonreían a la cámara, muy felices. Ella lucía una prominente barriga de embarazada. Se le rompió el corazón.
Harley también permaneció inmóvil, hasta que pudo decir lo que ella estaba pensando.
-Es la única foto familiar que tendré jamás.
Un nudo en la garganta le impidió hablar.
-Años pensando que mis padres no me querían…luego resulté ser hermano del hombre que quiere matar a Ann. Luego Ann es mi hermana, y mi madre, sin saber que era mi madre, tuvo la pequeña oportunidad de quererme…Merlín- desvió la mirada. Rose jamás lo había visto tan triste y resignado- cómo iba a poder la floresencia influenciarme como a ti, si ni yo mismo sé quién soy y qué quiero. Los Anderson no eran Anderson, yo jamás he sido Andrew. No sé quién soy.
Rose se sentó en el borde de la cama, con él.
-Eres Harley. Ni Ciro, ni Andrew. Y tu familia son las personas que te quieren y que te han querido.
La oscuridad de la noche apenas le dejaba ver sus ojos azules, húmedos y brillantes. Se vio reflejada en ellos.
-Yo también- solo dijo, en voz baja.
Harley levantó la vista un segundo.
-¿También, qué?- preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
-Dijiste que intentaste muchas veces sacarme del hechizo de la floresencia, pero no lo conseguías. ¿No hiciste nada diferente la última vez?
Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que ella estaba diciendo.
-Rose, yo…
-Cállate, no lo estropees. Sé que empezarás a decir cosas como que debería de estar con otras personas, o que tienes muchas posibilidades de morir (otra vez), o alguna que otra cosa con la que intentes hacerme cambiar de opinión. Nunca he querido escucharlas, pero ahora menos que nunca.
Negó varias veces.
-Cualquiera de los dos podría estar muerto mañana.
-Hay algo que está claro que has aprendido, y es que nada dura eternamente. Pero que mientras dura lo último que deberías pensar es en cuando lo perderás. También yo tengo miedo, pero sé que pienso pelear hasta el final por ser feliz.
-También yo- repuso, levemente ofendido.
-Lo sé. Solo creo que necesitabas a alguien que te recordará por qué lo haces.
El abrazo de Harley la envolvía, cálidamente. Se sintió completa. Y tenía miedo, sí, pero el tiempo no parecía pasar si estaban tan cerca, y al mismo tiempo parecía escapárseles entre los dedos, como aire. Volvió a aterrizar minutos después sobre la cama que había sido de Harley años atrás, de alguna manera amoldada a su cuerpo, abrazándolo, tocándolo, besándolo y sintiendo cada una de sus caricias. El miedo y la incertidumbre se fueron derritiendo con el calor. Se preguntaron para sus adentros si todo el mundo podía sentir ese tipo de protección.
-Te quiero- le dijo él al oído- Sin pociones de por medio que me lo hagan decir. Te quiero.
Volvió a estremecerse.
-Te quiero- solo respondió, besándolo con más ganas que nunca.
Comenzó a desvestirse despacio, ayudada por él, por su brazo vendado. Harley hizo lo mismo, y Rose pudo verlo casi tan inseguro como ella. Lo vio desnudo, con el corazón latiendo rápido bajo su pecho. Un cuerpo que cambiaba cada poco y otro que solo cambiaría para envejecer.
Volvieron a besarse.
De alguna manera, ya solo eran uno.