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Historia 111677 — capítulo 5

V.-Todo el mundo algunas veces necesita un abrazo.

Hacía más de dos semanas que Hanna Marin no venia a clase. La gente decía que era porque no entraba por la puerta del instituto. Alison llevaba el mes entero investigando a Hanna. Ella siempre trataba de saber algo de la gente de su alrededor; pero hasta ahora no había descubierto mucho. Hanna era una chica que no tenía muchos amigos, seguramente por su aspecto. Siempre vestía con ropa ancha aunque se seguía notando su sobrepeso. Seguramente Hanna estaba deprimida y la depresión le llevaba a comer tanto.

Alison se estaba preparando para ir a casa de Hanna. Hoy en clase la profesora había sugerido que alguien llevase  los deberes a Hanna pero nadie se había atrevido. Alison se había presentado voluntaria para hacerlo y así poder hablar con Hanna.

Hanna vivía a dos manzanas de su casa solo tardó cinco minutos. Tocó el timbre y la madre de Hanna abrió la puerta.

-Hola Sra. Marin soy Alison Dilaurentis. Traigo los deberes de Hanna.

-Pasa-dijo en voz baja-Hanna esta en la cocina.

Alison entró sin hacer ruido pero Hanna ya había oído algo. Cuando Alison entró Hanna estaba de pies a lado de la basura.  Seguramente habría tirado algo de comida para nadie la viese. Los ojos de Hanna estaban rojos quizás de tanto llorar.

-Te entiendo-dijo Alison poniéndole la mano en el hombro. Las lágrimas inundaron la cara de Hanna y Alison con la mano puesta en el hombro la empujó a sus brazos. Hanna necesitaba una abrazo y que alguien la dijese que la entendía.-Te ayudaré

Hanna y Alison estaban sentadas en una cafetería. Alison había decidido que Hanna necesitaba su ayuda lo antes posible. Hanna le contaba el porqué de su depresión. Su padre se marchó de casa y ella nunca lo había superado. Mientras hablaban un camarero se acercó:

-Hola ¿Qué queréis?-dijo con la libreta en la mano.

-Yo quiero una hamburguesa doble con todo, patatas fritas grandes y una Coca-Cola-se apresuró Hanna.

-A mi ponme una Coca-Cola Light.- el camarero se fue.

Cuando el camarero trajo la comida, no duró ni diez minutos en el plato de Hanna. Alison estaba cada vez esta mas asombraba Hanna le había confesado que quería adelgazar, pero estaba claro que no quería poner nada de esfuerzo.

-¿Alguna vez te has metido los dedos?-preguntó Alison

-¿Qué? ¿A que te refieres?

-Me refiero que si cada vez de cada comida devolvieses no ganarías casi kilos. Ven-Alison cogió a Hanna del brazo y la acompañó al baño.- Entra ahí y ponte de rodillas.-Hanna entró y se puso de rodillas.

-Ya esta-dijo con voz asustada.

-Ahora metete los dedos casi hasta la garganta.-ordenó. Al momento se escuchó la arcada de Hanna; pero no había devuelto nada.

-¿Estas segura?-dijo con inseguridad

-Inténtalo de nueva Hanna.

Diez minutos y treinta arcadas después Hanna salió llorando del baño. Se lavó las manos y la cara. Abrazó a Alison y le dijo al oído.

-Gracias, tenías razón.