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Una Historia Diferente, La Piedra Filosofal — capítulo 3

Hola chicos. ¿Cómo me los trata la vida? Bueno yo aquí después de un viernes y sábado agotadores, ya a unos cuantos días de graduarme lo que significa que los capítulos ahora van a ser más largos. Y también voy a tener la mente más descansada. Bueno sin más que decir de parte mía les traigo el capitulo. La primera parte esta relatada por Harry, y cuando vean el asterisco (*) significa que el que esta narrando es un narrador externo (explíquese: yo)

El Callejón Diagon

Una cubetada de agua me callo encima, fue una de las despertadas más crudas de mi vida, y obviamente era mi hermana Elizabeth, esa pelirroja fastidiosa no sabia más que molestarme.

-¡Elizabeth pero que demonios!-grite con toda la fuerza que mis pulmones recogían a las…a las… ¡SEIS Y MEDIA DE LA MAÑANA!

-mama me mando a despertarte-respondió ella arrojando la cubeta a una de las esquinas, donde habían muchas más cubetas arrimadas, todas las cubetas con las que me había mojado.

-si claro-susurre yo con ira. Odiaba que me despertaran así, pero obviamente la niña de la casa era feliz despertándome así, es más, ella era la que se ofrecía cuando mama mandaba a alguien a despertarme.

Tome la primera muda de ropa que encontré y me encamine al baño de m cuarto. Mi cuarto. Era una extraña frase de decir ya que la mitad del tiempo era cuarto mio, de Ron y Draco mis mejores amigos. Lo conozco desde que tengo memoria. En varios videos familiares aparecemos nosotros jugando con los mismos juguetes en las mismas cunas, o diciendo nuestras primeras palabras cuando todos los merodeadores, el señor Weasley y el señor Malfoy estaban viendo el partido de Quiditch en "ESPN MAGIA LAS 24 HORAS" y Ron, Draco y yo gritamos -Cannons- o más aun cuando demostramos nuestros primeros dotes mágicos haciendo levitar el pastel de cumpleaños de Draco, el cerillo amarillo que había compartido su infancia con nosotros,  y aunque su apellido era Malfoy, convivía perfectamente con nosotros, el, Ron y yo éramos los mejores amigos de todos, éramos la siguiente generación de los merodeadores.

Me mire al espejo antes de tomar mi cepillo de dientes, la verdad no había cambiado nada desde que era pequeño, bueno nada excepto mis gafas. Tenia el mismo cabello negro azbache indomable, los mismos ojos verdes, las mismas rodillas huesudas, todo seguía igual, incluso mi cicatriz. Una cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente. La historia ya la conocía, la tenia por ser el que derroto al que no debe ser nombrado, y un montón de cosas más, pero la verdad a mi nunca me importo por qué tenia lo que tenia, la verdad yo era feliz con eso, era algo que me recordaba que las cicatrices solo estaban para recordarnos que fuimos fuertes, aunque la mía la tengo sin siquiera recordar lo que paso aquella noche.

A los diez minutos, después de mi típico baño de "Elizabeth me lanzo un cubetazo y necesito descansar el trauma" me puse la ropa. Una camisa verde que decía "Revolution" y que según Ginny, resaltaba el color verde de mis ojos. Una pantaloneta de jean oscura y unos tenis negros con verde, además de mis gafas y una gorra del mismo estilo de los zapatos.

-¡HARRY POTTER DEJA DE SER VANIDOSO Y BAJA AQUÍ QUE TE NECESITAMOS!-grito mi mama desde el piso de abajo. Yo solo rodé los ojos y me tire al otro lado de la cama por mi anillo de león. Era mi objeto más preciado y nunca salía sin el. Me lo había dado Hermione, la chica que había sido como mi salvación en el jardín de niños, y junto a ella descubrí que no todas las cosas en esa escuela eran tan malas como parecía, además que parecía ser la única que lograba calmar mi magia accidental-¡Pero ya!-

-voy mama-respondí yo. Saque mi teléfono de la mesa de noche y después de echármelo al bolsillo y ponerme un reloj verde me fui por la puerta en pique. Mi habitación había quedado desordenada, no me gustaba dejarles el desorden a Bobby y a Poko, pero hoy no tenía de otra.

-Bobby, perdona el desorden en mi habitación, es que mi mama me estaba gritando.

-no se preocupe amo Harry, para eso estoy aquí-respondió el sonriéndome. Yo asentí con la cabeza y seguí mi camino por las escaleras. Al llegar a los últimos escalones pegue un brinco y caí justo enfrente de mi mama.

-vamos Harry que ya estamos tarde-dijo mi mama agarrándome de la mano fuertemente. Entramos al carro de papa, donde lo salude bien bajito para que mi mama no se enojara, y me senté en mi silla al final para ponerme a jugar un jueguito en él teléfono.

La camioneta de la familia Potter aterrizo fuertemente contra el piso y Lily fue la primera en brincar fuera y arrojarse al piso como niña chiquita.

-suelo glorioso deja de girar-pidió ella cerrando los ojos con fuerza.

-ya deja de quejarte tanto pelirroja-dijeron James y Sirius sonriéndole a la mujer. Harry se bajo del auto e inmediatamente reconoció al hijo varón menor de los Weasley y al hijo único de los Malfoy hablando pegados a un carro. Se acercó con las manos en los bolsillos como lo hacia siempre y se unió a la conversación que parecía ser Quiditch.

-ya te dije Ron, los Chudley Cannons perdieron por culpa de los cazadores, no del buscador, la snitch no aparecía en todo el partido-dijo Draco con un tono fastidiado.

-pero el marcador estaba atrás por diez puntos, el buscador debería haber seguido la Snitch y debería haber esperado a que los Cazadores tuvieran la Quaffle para que hicieran la maniobra del doble punto, así al menos hubieran empatado-respondió el como si fuera lo más obvio.

-Ron no sabes los números. Los Cannons estaba atrás de las Avispas por veinte puntos, no por diez, sin importar que hubieran hecho la maniobra de los dobles puntos no hubiera contado, a no ser que hicieran los de las catapultas y uno de ellos se tirara de la escoba para fingir que lo habían lesionado y hubieran hecho que le quitaran un punto a las Avispas y luego si hubieran hecho la maniobra de el doble punto, pero igual corrían el riesgo de que la Snitch se perdiera si esperaban demasiado-respondió Draco desesperado intentando que su amigo pelirrojo entendiera.

-pero…-

-hay Ron ya cállate, los Cannons perdieron pero aun tienen el partido con las Catapultas mañana, así que relájate. Y Draco, ya sabemos que tienes toda la razón del mundo pero tampoco se lo restriegues en la cara-respondió Harry parando a sus dos amigos.

-gracias por ponerte de su lado Harry-susurro Ron

-me estoy poniendo del lado de la persona que tiene la razón Ron. Deja de ser bebito-respondió Harry dándole una palmada de juego en la espalda.

Los tres chicos pasaron caminando como si nada por el callejón. Los demás andarían buscando los libros de Eli así que tenían mucho tiempo.

-bueno vamos a Gringots porque yo no traje mi billetera-dijo Harry jugando con su anillo en la mano, dándole vueltas y vueltas.

-dijeron Gringots, yo los llevo-dijo una voz gruesa pero amable detrás de los tres. Se voltearon animados, esa voz ya la conocían de memoria, era Hagrid, el guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts, la escuela a la que los tres asistirían en un par de semanas.

-muchas gracias Hagrid-respondieron los tres sonriendo.

El semi-gigiante y los chicos anduvieron por el callejón Diagon hasta que llegaron al gran edificio de mármol blanco. Hagrid entro como si nada, además el duende de la entrada, Griphook, ya sabia para donde iba. A Harry ya lo conocían todos los duendes, si hay era donde James lo había perdido más de una vez, por eso más de uno de esos duendes era amigo suyo.

-cámara 367-dijo Griphook cuando llegaron frente a la cámara que tenía un grafito fosforescente que decía "propiedad de los merodeadores, si no es mini cornamenta, mini canuto o mini lunático no los dejen pasar, gracias". Griphook rodo sus grandes ojos y abrió la cámara que estaba rebosante de galeones igual que siempre. No por nada los dueños eran el jefe de aurores y una de las mejores abogadas del ministerio de magia. 

-ok yo creo que necesito…-susurro Harry antes de llenarse una buena cantidad de galeones en los bolsillos. Ron y Draco, que era casi como hijos para esa familia, además que eran del tipo de personas a las que James les decía "el dinero esta hecho para gastarse así que coge con confianza" aprovecho también.

-chicos solo necesito que me acompañen a un lugar antes de salir-pidió Hagrid. Los chicos se encogieron de hombros y volvieron al carrito que acelero como si fuera a salirse del camino.

-cámara 677-volvio a decir el duende antes de que Hagrid le pasara una llave y el abriera. Toda la bóveda estaba completamente vacía, excepto por un pequeño paquetico de color café justo en medio de la sala. Hagrid agarro el paquete y lo metió entre uno de los muchos bolsillos que contenía su remendada capa de viaje.

-no se lo mencionen a nadie-susurro el hombre, pero con ese vozarrón que tenia Hagrid, si no se escucho en la cámara numero uno era sorpresa.

Una media hora después los chicos estaban paseando por el callejón comiendo dulces con las túnicas guardadas en las bolsas, los libros arrumados en una maleta, y las otras cosas igualmente arrumadas en otras maletas que cargaban expandidas con magia (había que agradecerle a Remus por eso). De repente Harry vio algo que le removió el suelo bajo sus pies. Había una castaña sonriendo en la tienda de libros, felizmente leyendo "Hogwarts, Una Historia" ese libro ya lo había leído miles de veces, lo leía con Ron y Draco en el verano cuando iban a la mansión de los Malfoy o a la madriguera. Pero regresando al tema de la castaña, se le hacia conocida.

-muévete Harry, vamos a Olivanders-grito Ron desde bien lejos. Le dio una última mirada a la chica y corrió al encuentro de sus amigos.

-Potter, Weasley y Malfoy-susurro el viejo hombre dentro de la tienda. Corrió y escondió el jarrón de nuevo-¿Qué los trae por aquí muchachos?-

-solamente venimos a comprar nuestras varitas señor Olivander, no a romperle su vieja reliquia china-

-o griega-dijo Draco

-o que venga de la Atlántida o cualquier cosa por el estilo que sea muy, muy vieja-termino Ron sonriéndole al hombre que les regreso la sonrisa.

-bueno ahora, saquen la mano con la que van a usar la varita, y aguanten el aire-sugirió el hombre acercándose a uno de sus cajones. Susurro algo con la varita y tres cintras métricas de varios colores se enredaron alrededor del brazo de cada uno, paso por su cuello, piernas, orejas, y hasta parecía ser que por la nariz, la garganta, y quien sabe que más cosas-¿Les Gusto?-

-¡Que demonios tenia eso, la peor experiencia de mi vida!-grito Harry rascándose las orejas y carraspeando con fuerza.

-solo para saber que tipo de varita y de que medida necesitan, nada más-respondió el señor Olivander sonriendo-bueno empecemos por el señor Malfoy. Núcleo de pelo de unicornio, veinticinco centímetros, parcialmente flexible, madera de endrino-Draco no tuvo tiempo de agarrar la varita antes de que una luz lo rodeara y brillara-bueno ahora señor Weasley. Fresno, treintaicinco centímetros, pelo de unicornio, parcialmente flexible-al igual que Draco, Ron no tuvo que tomar la varita para que brillara y sintiera un extraño calor recorriéndole la mano-bueno ahora el señor Potter-

Ahí empezaba la odisea, porque paso toda la tienda, toda la trastienda, y todo el inventario que tenía el señor Olivander, y más de la mitad de sus cosas, espejos, papeles y todo lo demás quedo destruido.

-bueno si no es esta más bien le hago una y la recoge en quince minutos-le susurro Olivander a Ron y Draco que se rieron de la mala suerte de su amigo.-muy bien una combinación rara-se dijo a si mismo buscando al final de la trastienda. Tomo una caja de color esmeralda y susurro-me pregunto si quizás…-se movió al frente de la tienda y saco una bonita varita de la caja-madera de acebo, pluma de fénix, veintiocho centímetros, flexible, bastante buena para DCAO-Harry sintió un extraño pero interesante calor al acercarse a la varita, por fin la había encontrado-bueno no terminamos todo mi historial. Pero tengo que decirle algo señor Potter. Es extraño que tenga en su poder esa varita, ya que su gemela fue la que le causo esa cicatriz. Usted esta destinado para grandes cosas, nunca lo olvide-Harry arrugo los ojos y dejo el dinero en el mesón, no sin antes darle las gracias al hombre por darle su varita.

-bueno, ahora, vamos a comprar las cosas para mañana-dijo Draco sonriendo. Después de todo, después de un bien trauma con Olivander, comprar las cosas para ver Quiditch en casa de los Potter era lo que les alegraría la tarde…pero el destino le deparaba algo diferente a Harry, y ese destino estaba por estrellársele en la cara en 3…2…1

Los dejo ahí porque me quedo sin nada que hacer el próximo capitulo. Y si están orgullosos de tener una buena imaginación ya se imaginaran que será el destino que se le estrello en la cara.

'Las historias que amamos se quedaran con nosotros por siempre. Por eso siempre que te sientas solo o triste mira la pantalla, o lee los libros, que Hogwarts siempre estará ahí, listo para darte la bienvenida a casa'

Paula Potter