Mi Inquieta Vampirita. — capítulo 3
La Imprimación De Jacob Black.
Hoy iba a casa de los cullen, tenia que ir y observar que bella este "viva" y recalcar algunas norma, seria el único que puede traspasar la frontera, solo para ser de vocero de la manada.
Cuando llegue al linde del bosque, me des transforme y Salí de los arboles.
Escuchaba unas risitas de una niña pequeña… ¿una niña con los cullen? Camine asía donde se escuchaban las risas, era una pequeña niña como de un año, estaba jugando con una pelota de color azul con manchas moradas, ella la tomaba y la aventaba y corría mientras aplaudía riendo.
Yo, sonriendo me empecé a acercar a la niña, ella no me había visto venir, me pare a escasos centímetros de ella, observándola jugar, ella daba… ternura.
De repente ella paro de jugar, tomo su pelota y se quedo de espaldas, giro su cuerpecito y me miro a los ojos…
Y fue entonces cuando vi cortadas de un único y veloz tajo todas las cuerdas que me ataban a mi existencia, y con la misma facilidad que si fueran los cordeles de un manojo de globos. Todo lo que me había hecho ser como era, mi amor por la chica muerta que había perdido, mi amor por mi padre, mi lealtad hacia mi manada, el amor hacia mis hermanos, el odio hacia mis enemigos, mi casa, mi vida, mi cuerpo, desconectado en ese instante de mí mismo: clac, clac, clac ...
Se cortó y salió volando hacia el espacio…
Pero yo no flotaba a la deriva. Un nuevo cordel me ataba a mi posición. Y no uno solo, sino un millón, y no eran cordeles, sino cables de acero. Si, un millón de cables de acero me fijaban al mismísimo centro del universo.
Y podía ver perfectamente cómo el mundo entero giraba en torno a ese punto.
Hasta el momento, nunca jamás había visto la simetría del cosmos, pero ahora me parecía evidente.
La gravedad de la Tierra ya no me ataba al suelo que pisaba.
Lo que ahora hacía que tuviera los pies en el suelo era ella. A la pequeña niña que jugaba en el jardín de la casa de los cullen, una bebita de cabellos negros y ondulados, unos ojos cafés tan profundos que te daban calor, una calidez que jamás cambiaria.
Me había imprimado de una bebe, la bebe mas hermosa que jamás había visto.
Caí de rodillas jadeando, sintiendo esta sensación nueva, una sensación agradable.
La niña se acercó a mí y toco mi mejilla.
-¿usted esta bien?- su carita de Ángel era lo mas precioso.
-ahora lo estoy pequeña- le sonreí dulcemente.
-¡Jacob!- la voz de bella se escucho a lo lejos.