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El flash de un corazón roto — capítulo 1

El flash de un corazón roto.

Elflashde uncorazónroto

Detén el tiempo, fija el objetivo, enfoca la imagen y haz que perdure para siempre en tu memoria.

Moja la alargada pluma en el tintero hasta que la punta queda totalmente impregnada con una espesa capa de tinta azabache que gotea sobre el pergamino. No sabe muy bien cómo empezar. En parte se debe a que jamás ha sido bueno expresando sus sentimientos, aunque en esta ocasión le parece la vía más fácil y segura. O menos vergonzosa. Sabe que en cuanto el destinatario lea esas líneas nada volverá a ser como antes. La gente le señalará con el dedo, se reirá de él e incluso le hará el vacío, por lo que el miedo acongoja su joven corazón. Pero ya no puede aguantar más. Necesita saber si es correspondido o si debe olvidarse una vez por todas de ese amor imposible.

Él, siempre él.

Se pasea en su mente, juguetea con sus pensamientos, hace que su núcleo se acelere hasta desgarrarse. Le enseñó a amar, y por tanto a sufrir en silencio. Se convirtió en la inspiración de su arte, en el oxígeno del aire. En una sonrisa anhelada. Sus fotografías incluso son más bellas cuando él es el objeto a retratar. A veces lo sabe. Otras es inmortalizado de manera secreta y sutil.

El joven deja de escribir y cierra los ojos instantáneamente para componer la imagende la razón de sus desvelos en la retina. Sonríe. Lo ha observado tantas veces que es capaz de apuntar cada detalle, de visualizar cada rasgo: su ovalado rostro de tez blanca casi siempre enmarcado por unos expresivos ojos color esmeralda y una dulce sonrisa.

Y es que su madre le lleva diciendo desde que era un infante que no fotografíe con la cámara, sino con el corazón. Y él cumple esa regla de oro a rajatabla.

Ahora un poco más animado retoma la redacción de la carta prohibida con algo más de valor. Por algo es un Gryffindor, y como tal, debe dar honor a su casa, el hogar de los valientes y los osados, a pesar de que hay algo que le hace sentir débil y hasta temeroso, que hace que toda la seguridad que tiene desaparezca de un plumazo.

Él, siempre él.

Aquel que le regaló miradas y gestos de amabilidad, que lo trató como un igual, como un amigo. Amigo. La peor de las palabras. Cada vez que resuena en su cabeza es como la huella de un hierro candente en su piel desnuda. Colin no quiere que sea sólo su amigo. Y eso lo frustra enormemente, acabando con cualquier dosis de templanza que pueda reunir en su interior. Lo ama. Por mucho que lo niegue, así es. Admira los rasgos que todo el mundo observa en su persona y va más allá, deteniéndose en los pequeños detalles, en las manías y los defectos. Le da fuerza en los días grises sin saberlo. Es el rayo de sol que cicatriza un cielo nublado cuando más le hace falta. Siempre ha pensado que ese es el verdadero amor. El que prevalece en las circunstancias difíciles y que hace que lo malo no lo parezca tanto.

Él, siempre él.

Es hora de acabar. El punto final a la confesión a sus sentimientos. El momento del flash en fotografía. Con un arranque de coraje, firma con su nombre y apellidos. Colin Creevey. A continuación, dobla el pergamino por la mitad y lo lacra con cuidado. Listo para cambiar el rumbo de su destino.

Se levanta rápidamente del escritorio de la Sala común y percibe cómo el retrato de la Señora Gorda se abre. Los alumnos de quinto regresan. Se le acelera el pulso sin quererlo y oye con precisión la sangre martilleándole en el oído. Se acercan entre risas y pequeños gritos. Se traen algo entre manos.

-¿...Ey, Colin, te lo puedes creer? ¡Harry está saliendo con Cho! -exclama Ron mientras golpea amistosamente a su amigo, cuyas mejillas han adquirido un ligero rubor.

Harry, siempre Harry.

Colin se queda clavado en el suelo, arrugando el pergamino entre su apretado puño. Y finge. Como siempre ha fingido para que no le etiquetasen, para que no le juzgaran por no gustarle las chicas.

-¡Me alegro por ti, Harry!

El interpelado le dedica una de esas sonrisas que le arrebató el corazón hacía ya cuatro años y se dirige rápidamente al dormitorio junto con el resto de los alumnos. Entonces es cuando Colin explota. Se siente estúpido por soñar con lo imposible. Con lo prohibido por la sociedad. Es un auténtico idiota por pensar que él sentía lo mismo. Por confundir la amabilidad con complicidad. Sin poder evitarlo, las cristalinas lágrimas comienzan a resbalar por su rostro sin control.

Saca del bolsillo izquierdo de su pantalón la fotografía que siempre lo acompaña. Es del primer día que conoció a Harry, cuando eran niños. La primera vez que lo pilló por sorpresa y lo encandiló con el flash de su cámara. Ahora solo quiere quemarla. Con todo el dolor que implica, arroja la instantánea al refulgente fuego y observa cómo se reduce a cenizas, aunque al fin y al cabo es inútil porque tiene cada centímetro grabado en su mente.

Porque el flash que usa es el de su corazón.

De repente, alguien aparece desde las sombras y aplaude lentamente. Colin puede sentir la carga de la ironía en cada palmada. Cuando la luz del fuego prendido en la chimenea ilumina el rostro de la intrusa la reconoce. Hermione Granger. El joven se recompone enseguida al comprender que la mejor amiga de Harry lo ha visto todo.

-Gran actuación.-susurra.

Se quedan unos momentos en silencio, acompañados sólo por el sonido de las llamas chisporroteando y consumiendo paulatinamente la madera de la leña. Hasta que Hermione se acerca a él.

-¿Estás enamorado de Harry?

No hay rastro de burla o mofa en el tono de la chica, así que Colin asiente. Necesita contárselo a alguien.

Hermione le mira a los ojos. El desazón se refleja en ellos. Siente lástima por él.

-No debes avergonzarte, Colin. Imagino que debe ser una gran carga. Desgraciadamente, hay muchas personas dentro y fuera de la Comunidad Mágica que no entienden ese tipo de amor. Y yo digo, ¿no es amor, al fin y al cabo? Avergüénzate cuando robes, mates o traiciones. Pero nunca cuando ames. Sea a quien sea. Hombre o mujer.

El muchacho la escucha con atención. Despega los labios para decir algo, pero no articula palabra, así que ella continúa.

-Si existen tantos tipos de personas en el mundo, con distinta nacionalidad, color de pelo o carácter, ¿por qué no pueden sentir el amor de diferentes formas? ¿por qué tienes que enfrentarte a juicios de valor o marginación social? Cuando el amor hace acto de presencia es en todas sus vertientes. Es capaz de todo. De atravesar inverosímiles distancias, razas y también sexualidades.-hace una pausa.-Ni Harry es el último chico de la Tierra, ni el indicado para ti. Algún día conocerás a alguien que te haga feliz y te aceptará tal y como eres. Esas son las personas que merecen la pena y las únicas que deben importarte. No lo olvides nunca.

Colin se queda anonadado. Las palabras se aturullan en sus labios, pero a veces el silencio es la mejor respuesta. Así que abraza levemente a Hermione en señal de agradecimiento y se dirige hacia el dormitorio decidido a pasar página. Por primera vez, se siente a gusto consigo mismo y se reconoce como es él.

Todos buscamos amar y ser amados. Y Colin no tiene por qué ser menos.