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Malfoy y yo ¿juntos? ... Es una maldición — capítulo 22

Keacher le hizo un desayuno delicioso pero muy pesado, caminaría, en cuanto abrió la puerta una lluvia suave le hizo saber que lo mejor seria ir con calma, tomo su abrigo y sombrilla, veía a la gente correr intentando evitar la lluvia, las mujeres ensuciarse, los hombres evitaban los charcos por sus zapatos, cerca de la entrada al ministerio la lluvia se soltó con mayor fuerza, todos corrían de un lado a otro, algunos empujones sintió a su paso, a lo lejos vio cuando alguien cayo, por instinto se acercó, era una mujer.

La sombrilla plata no le permitía ver su rostro, pero vio el tacón de su zapatilla negra roto, las medias manchadas de barro, su abrigo blanco mojado, una de sus manos se acercó a su tobillo, se hinco a un lado de la chica, con cuidado tomo su mano para quitarla y ver su tobillo.

-¿Le duele? -Harry Pregunto

-Mucho

-La llevare con un medico

-¿Un que? -Harry hizo a un lado su sombrilla y miro a la chica

-Greengrass

-Potter, déjame

-Estas lastimada, te llevare a San Mungo

-No necesito de tu ayuda -Astoria intento levantarse, el tobillo le dolía y el otro tacón con el agua se deslizo, provocando que se resbalara, Potter la tomo en brazos sosteniéndola.

-Con permiso -Intento alejarse, en cuanto apoyo su pie soltó una maldición, el dolor no lo soportaba

-Entiende, necesito llevarte a San Mungo -No la soltaba

-No necesito tu lastima -Ella una Greengrass, jamás había necesitado de nadie y mucho menos de un rojo y para acabar el disque Héroe del mundo mágico, como odiaba cuando se hacia el humilde.

-No te pregunte -¿Escucho bien? Volteo a verlo, con una mano le sostenía, mientras con la otra guardo sus lentes mojados, discretamente con la varita cerro las sombrillas, la tomo en brazos y camino con ella hasta un callejón, ella pudo ver de cerca su cicatriz solo tenia cierta elevación, no era mucho aun así su rostro era perfectamente simétrico, esos ojos verdes tan profundos, unas esmeraldas enigmáticas no podía negar su hermosura.

No la soltó hasta depositarla en una camilla, la llevaron dentro donde comenzaron a revisarla, le dieron algunas pociones, sabia que en unas horas estaría bien, de paso la regañaron por estar baja de peso, desde que termino la batalla, la muerte de su madre, su padre preso, su hermana y ella trabajando para vivir en una pocilga llamada departamento era horrible, cuando llovía entraba el agua y mojaba todo, el dinero apenas las ayudaba a ellas, así que la comida era la ultima cosa en su lista de prioridades.

Cansada, le pidió a una enfermera una poción para descansar usando como escusa el dolor de su tobillo roto, amablemente la enfermera le acerco la poción, le dijo que era suave solo descansaría unos minutos, ella la agradeció, tomo la poción y se recostó en la camilla.

Un olor a flores le despertó, no quería abrir los ojos se sentía cómoda, se acurruco un poco más y sintió la suavidad de la sabana sobre su piel, esa comodidad que te impide querer moverte, el calor de la habitación, el suave crepitar de las llamas ¿había chimenea en San Mungo? Se incorporó con rapidez, estaba en una habitación amplia, la cama era grande con sabanas blancas, frazadas azules, a sus pies un taburete blanco, al frente la chimenea blanca estaba encendida, la alfombra azul, las cortinas blancas transparentes, las paredes pintadas de blanco, cerca de una ventana una pequeña mesa con un jarrón lleno de flores, hacían del lugar cómodo y de buen gusto.

No entendía que hacia allí, la ultima vez se recordó en San Mungo, en cuanto quiso incorporarse cayo al piso, dando un grito de dolor, había olvidado por segundos que tenia roto el tobillo, vio abrirse la puerta de golpe, frente a ella estaba Potter.

-¿Qué ha pasado? -Me tomo en brazos acostándome nuevamente

-¿Qué hago aquí? -Su cabello soltaba pequeñas gotas de agua, cayendo por su rostro y torso desnudo, solo traía un pantalón negro, andaba descalzo, me miraba molesto.

-Te dieron de alta en San Mungo, como estabas dormida no quise despertarte para saber tu dirección, así que te traje a mi casa

-¿Tu casa?

-Si

-Gracias, pero me voy

-Tú de aquí no te mueves

-¿Qué?

-Lo que oíste, dentro de unas horas tu tobillo quedara bien, mientras de aquí no te mueves

-Tú no me mandas

-No me obligues

-Deja de tenerme lastima

-No te tengo lastima, solo quiero ayudarte

-No necesito de tu ayuda

-Ya basta, dije que no te mueves de aquí hasta que este bien ¿me oíste?

-No podrás impedirlo

-Keacher

-Amo Harry -Frente a mi estaba un elfo pequeño de orejas puntiagudas, llevaba pantalones negros y camisa blanca a su medida, jamás había visto a un elfo bien vestido, pero claro tenia que ser él héroe mágico que ayuda a todos, yo no seria su obra de caridad del día.

-Keacher, necesito que cuides a la señorita y evites que se salga de la casa mientras me baño, por favor

-Si amo Harry, Keacher vigilara a la señorita

-Gracias Keacher -Potter salió de la habitación, enfurruñada tuve que quedarme, de un elfo es difícil escapar

-Descanse señorita, necesita reponerse el amo Harry cuidara de usted -El elfo agachaba su mirada al hablarme, pero al mencionar a su amo levanto la vista dando una enorme sonrisa

-No quiero que me cuide, quiero irme

-No la dejara ir, hasta que se ponga bien

-Lo odio -Fue lo ultimo que dije, el elfo de ratos movía la madera de la chimenea, atreves de la ventana veía la lluvia cual torrente, internamente agradecí estar adentro en este lugar tan cálido, el elfo me tomo por sorpresa cuando me acerco una pequeña caja blanca, la tome con curiosidad al abrirla tenia unos chocolates aunque me resistía a tomar uno, su aroma era adictivo, comí uno solo con la intención de probarlos, era tan suave el chocolate, tan exquisito el sabor, cuando vi ya llevaba cinco chocolates, era difícil dejar de comerlos.

Después de un rato y varios chocolates, Potter entro traía un pantalón negro, una playera blanca cuello de tortuga, se amoldaba a su cuerpo, ese perfecto pecho, los pectorales marcados, lo mismo que su abdomen, su cabello revuelto dándole ese toque juvenil, pero esas facciones marcadas viéndose ya un hombre, se sentó a un costado de la cama, voltee mi mirada en signo de reproche, pero aun así su perfume me llego, ese perfume que siempre me desarmo de una manera que no conocía, verlo en el trabajo era fácil alejarme de él y no envolverme en esa fragancia, pero era imposible en este momento, apreté mis manos en puños, no estaba dispuesta a ceder.

-Keacher trae la comida

-No tengo hambre

-Comer una caja de chocolates no es comida, además que el medimago me dijo que estas baja de peso

-¿Qué pretendes Potter? Tú y yo nunca fuimos amigos, ahora me quieres tratar como uno, sabes que mis padres son mortifagos, siempre estuvimos de parte del mal, no te entiendo

-Nunca es tarde para escoger el camino correcto -Potter se levanto, se acercó a la ventana dándome la espalda me siguió hablando -Si eres o no un mortifago no seré yo quien te juzgue, si hiciste algo malo tu sabrás, tarde o temprano todos pagamos por nuestras acciones, sé que nunca fuimos amigos y tal vez nunca lo seamos, pero así soy yo

La puerta se abrió dejando entrar al pequeño elfo con una charola, ambos veíamos a la criatura, la comida despedía un olor exquisito, me la acercaron con cuidado.

-Come -Me dijo de manera suave y una sonrisa, después miro al elfo -Keacher no te mueves de aquí hasta que se acabe todo

-Si amo Harry, Keacher obedecerá -El elfo dio una leve inclinación

-Gracias Keacher, por cierto -Potter me miro -Avise al trabajo, tiene de descanso hasta mañana, no tienes de que preocuparte, cuando termines de comer Keacher te dará una pluma y pergamino para que escribas a tu familia y sepan que estas bien, provecho -Salió de la habitación, ¿Cómo demonios pretendía que comiera? Si tener su aroma en la habitación me causaba una sensación extraña, sin contar que me sentía incomoda con su ayuda, pero sobre todo con las palabras que me había dicho.

Al terminar de comer, me dieron la pluma y el pergamino, sentí que no tenia caso mandarle una carta a Daphne, mi hermana estaba igual que yo, cuando llegábamos a casa lo único que queríamos era descansar, te bañabas, medio cenabas algo y después a dormir, no nos preocupábamos si la otra llegaba, al otro día nos apurábamos si nos veíamos que bueno y si no, ni modo.

Deje la pluma y pergamino a un lado, descanse un rato, en cuanto desperté moví un poco mi tobillo ya no me dolía tanto, con cuidado me levante y fui al baño, sentí un placer maravilloso sumergirme en la tina con agua caliente y esencia de flores, hasta que el agua se enfrió salí, me sorprendí al encontrar sobre la cama una piyama de hombre color rojo, ¿que acaso no tenia otro color? El pantalón estaba muy grande así que lo deja a un lado, la camisa se bajaba ligeramente de un hombro pero era suave y tenia ese olor de él, me la deje. Con cuidado me acosté, a un lado de la cama estaba un buro encima la pócima que debía tomar, sin muchos ánimos la bebí de un sorbo, sabia asqueroso, me acosté y a los pocos minutos el sueño llego.

Con ciertas reservas me acerque a la habitación, quería evitar más enfrentamientos con ella, abrí la puerta suavemente, al ver que no estaba me moleste, de pronto vi salir vapor debajo de la puerta del baño, sentí cierto alivio, fui a buscar una piyama para ella. En el buro deje la pócima que debía tomar y salí, después de varios minutos regrese, ya estaba dormida, parecía un ángel tan tierno, el color rojo le sentaba bien, mientras escogía la piyama no pude evitar traerle este color, hacer enojar una serpiente eran pocas las veces en que se podía.

Después de un desayuno delicioso subió a ver a su invitada, desde temprano mando a Keacher a buscarle algo de ropa, toco con suavidad la puerta, al no encontrar respuesta abrió despacio, ella no estaba en la recamara, se acercó al baño donde escucho algunos ruidos, apunto estuvo de salir, cuando vio la cajita de chocolates tomo la caja casi vacía, en ese momento se abrió la puerta del baño, traía un pantalón de mezclilla negro, la blusa azul cielo y unas botas sin tacón se veía linda y juvenil.

-¿Cómo demonios les gusta estos pantalones? -Astoria los miraba extrañada

-Se te ven bien

-No me gustan

-Tu ropa de ayer, estará en unos minutos, Keacher se esta encargando

-Dile a esa bestia que se apure

-En mi presencia no vuelvas a insultar a un elfo -Harry le miro enojado

-Solo es un elfo

-Pero que espero de una… Persona que creció con mortifagos

-¿A que te refieres? -Astoria se acercó de manera amenazante, pero Harry le sacaba por mucho su altura, así que solo se miraban a los ojos

-Dudo que alguna vez, te hayan enseñado el respeto

-A mi si me lo enseñaron, pero a ti nunca te mostraron cual es tu lugar

-¿Según tú cual es mi lugar? Respetar a los pura sangre, esos malditos mortifagos, sádicos que han matado por sentirse superiores

-Mis padres no eran asesinos

-Lo son

-Claro que no, jamás lo fueron

-Más sin embargo lo permitieron, apoyaron aquellos que mataron, ayudaron a los torturadores, veneraron al hombre más cruel y sádico del mundo.

-Ellos…

-Si ellos, también son culpables

-Tu ayer dijiste -Astoria no sabia como defenderse, impotente se sentía ante las palabras de ese hombre, ese hombre que sabia que tenia razón

-Se lo que dije ayer, que todos tenemos derecho a cambiar, pero hay algunos que nunca cambiaran, las personas para conocerlas hay que ver como trata a sus inferiores, no a sus iguales, estas tan podrida como ellos.

-No es verdad

-Te crees superior todavía -Harry le espeto

-Quiero irme

-Después de que desayunes, Keacher te dará tu varita, me voy tengo que trabajar -Harry salió de la habitación dejándola sola, ella no pudo evitar soltar unas lagrimas, miraba sus manos y veía sangre en ellas, cuan crueles y ciertas fueron las palabras del ojiverde.

Medio desayuno no tenia mucha hambre, al final el elfo le entrego su ropa limpia, zapatillas arregladas, y su varita.

-Gracias Keacher -No sabía porque lo dijo, pero de inmediato levanto su varita y desapareció.

-En cuanto llego no pudo evitar hacer la diferencia de un lugar a otro, eso le recordó cruelmente las palabras de Harry, lagrimas cayeron ese día.

Después de ese momento evitaba a toda costa a Potter, no quería acercarse a él o peor que le viera, sus ojos se le clavaban como dagas en su alma, esos ojos que muchas ocasiones soñaba, pero que siempre le juzgaban.

***************************************000°000 Muchas gracias por sus comentarios, es un alimento a alma para esta escritora amateur, espero siga siendo de su agrado y la historia le siga gustando Los quiere mucho Any Lupin