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Un Final Alternativo... ¿Y si Harry huyera? — capítulo 2

CAPÍTULO 1: El Principio del final.

    Todos estaban luchando. Luchando por mantenerse vivos, luchando por matar al contrincante, luchando por poder ver vivos a sus familiares una vez más, luchando por el orgullo, la dignidad y por el amor. Llevaban apenas dos o tres minutos así, de momento no había muertos, aunque los habría. De repente, un fuerte grito resonó por todo el castillo. Decía "Harry Potter ha huido". Y era verdad. La gente luchó un par de horas más, sin creerse la noticia, pero los mortífagos simplemente les capturaban. Les capturaban para someterles a complejas sesiones desmemorizantes y modificadoras. Les borraban todo recuerdo en contra de Voldemort y lo modificaban por uno a favor de este. Y los que no los admitían, la mayoría de los alumnos de Hufflepuff, Ravenclaw, Gryffindor, las familias de todos ellos... acababan en Azkaban. Hubo que ampliar mediante hechizos todo aquel edificio para dar cabida a tanta gente, a tantas familias. Habían pasado tres años de eso, pero Ginny se seguía despertando entre gritos y sollozos, suplicando a Voldemort, suplicando a Harry. Ella no estaba en Azkaban. Ella no sabía Oclumancia y Voldemort había entrado en su cabeza, descubriendo lo que Ginny significaba para Harry Potter. Después de aquel desafortunado día, ella había salido por la televisión, por la radio y en millones de periódicos en un estado lamentable únicmente para atraer a Harry. Y en un principio ella lo creía así. Pensaba que Harry vendría y mataría a Voldemort, a Bellatrix y a los demás mortífagos, que todo volvería a ser como antes, pero había cumplido diecinueve años. Y el último día en el que vio a Harry ella tenía aún dieciséis años. Las lágrimas furtivas cayeron por su rostro. ¿Cómo podía haber pasado esto? ¡Harry Potter es un Gryffindor! ¡Harry Potter la quería! ¡Le conocía desde los nueve añitos y eso no había significado nada para él! Y ahora ella estaba huérfana de padre y madre, que defendieron a Harry hasta el final, su hermano Percy era un mortífago, Bill estaba en Azkaban, los gemelos habían estado a punto de morir al defenderla y Ron y Hermione estaban con Bill. O muertos o en Azkaban. Qué bonito destino. Y ella aquí, en una habitación en la mismísima casa de Voldemort, sola y triste. Triste y sola. Se secó las lágrimas con la manga y gritó. Gritó involuntariamente, como si una mano la estuviese acunando y le sacase toda la angustia de su interior. Gritó y gritó, hasta que sus palabras fueron ahogadas por un profundo y amargo llanto. -Harry... Mamá... Percy... Papá...¿Dónde estáis? ¿Dónde estáis? ¿Por qué me dejasteis sola? -Oh, qué bonito. Me enternecería el corazón- Bellatrix acababa de entrar en la habitación en la que Ginny estaba encadenada y la miraba con cara de profundo placer-. Qué pena que no tenga ni rastro de él...- Bellatrix soltó una carcajada aguda y se recolocó el pelo- Mírate. ¡Solo diecinueve añitos y qué mal aspecto! Mírame a mí. Yo soy joven de edad y de físico. El reinado de Voldemort me está sentando bastante bien, ¿no crees?- dijo con voz socarrona, paseándose por la estancia- Bueno, he oído cómo llamabas al niño ese... -¡Se llama Harry!- vociferó Ginny, levantándose e intentando correr y soltarse las cadenas al mismo tiempo- ¡Y no es un niño! ¡Tiene más de lo que tú podras tener en toda tu vida! -CRUCIO- Bellatrix apuntó a Ginny de lleno en el pecho y sonrió mientras veía cómo se retorcía de dolor Ginny en el suelo- ¿Me puedes decir algo que tenga ese gafas que no tenga yo, traidora a la sangre?- dijo Bellatrix, guardándose la varita. -Una...- Ginny jadeaba en el suelo, dolorida- una persona que le apoye y le quiera como yo le amo a él- Ginny aunó fuerzas y sonrió- Voldemort no puede sentir amor. -CRUCIO- Bellatrix descargó toda su ira y, mientras ella luchaba por contener las lágrimas, los ojitos de Ginny se cerraron, haciéndola caer al suelo con un golpe sordo mientras sus cabellos pelirrojos revoloteaban a su alrededor, con esta fuerte maldición de la bruja más rabiosa, cruel y vengativa de todos los tiempos.

    -¡No tengo ni idea! ¡Ni la menor...! ¡Ah...!- la maldición cruciatus de Voldemort era silenciosa, lo que pilló a Hermione desprevenida. Las lágrimas se le saltaron de los ojos y su boca se fruncía en un gesto de dolor. La mirada de asco de Voldemort se transformó en una mueca de satisfacción al ver a la joven sufrir. -Sangre sucia, escúchame bien, solo te lo repetiré una vez: no voy a negociar contigo. Y como no me digas dónde está Potter en siete días... -¿Qué pasará?- dijo Hermione, desafiante, intentando levantarse- ¿Qué me vas a hacer? -Oh, a ti nada, de momento. Se lo haré a tu pelirrojo traidor, todavía no está muerto- dijo enseñando el cuerpo de Ron- Calculo que estará inconsciente durante una semana. Tú puedes decidir, ¿se despertará o un Avada Kedavra se posará suavemente sobre él? Es tú decisión. Si muere será solo culpa tuya- y, con una estridente carcajada, Voldemort se fue de la prisión, dejando a Hermione a solas con su conciencia y sus lágrimas. -Harry, oh, Harry, ¿por qué me haces esto?- Hermione se volvió a acurrucar contra la pared y se quedó quieta hasta que un chirrido de la puerta y más hechizos paralizantes la molestaron- ¿Qué... pasa... ahora?- dijo ella como buenamente pudo. Pero pasaron los minutos y nadie contestaba. La puerta se cerró de nuevo y los hechizos paralizantes se deshicieron- ¿Qué ha sido eso?- Hermione se levantó y caminó hacia una sombra que se movía lentamente- ¿Quién eres tú? ¿Hola?- Hermione se acercó más aún y rozó a la figura con las yemas de sus dedos- ¡Contesta! -¿Hermione? ¿Eres tú?- la poca luz que entraba en la prisión iluminó la figura de una joven que debía tener un año menos que Hermione, como mucho. La figura se irguió y dejó al descubierto a una muchacha con el cabello rubio y tirabuzoneado por debajo de lla cintura. -¡Luna! ¡Oh, Luna! ¡Eres tú! No te veía desde que Harry, desde que Harry- Hermione se mordió el labio inferior para contener las lágrimas y abrazó a Luna- Oh, Luna, si hubiera sabido que huiría. Si lo hubiese sabido os hubiese alertado a todos para que os retirárais. Nos habríamos encerrado en la Sala de los Menesteres y hubiésemos destruido todo contacto con el exterior. Yo no sabía que... -Tranquila- respondió Luna con su habitual calma- tranquila. Mi padre también os traicionó y supongo que lo teníamos merecido- Luna agachó la cabeza. La voz se le quebraba. -¿Y... y tu padre, Luna? ¿Está...? -Está muerto. Sí, desde hace un par de semanas. Conseguimos escapar gracias a ti y a Ron y estuvimos burlando a los mortífagos durante casi dos años gracias a las habilidades mágicas de mi padre pero un día...- Luna se secó una lágrima furtiva y continuó, con voz queda- él quedó malherido y yo le intenté curar. Fue capaz de sobrevivir once meses gracias a mi conjuros y cuidados pero hace un par de semanas... Murió- Luna dejó escapar un sollozo-. Pero ahora está con mi madre, ¿no? Ahora es feliz y lucharé por sobrevivir. Lucharé por vivir lo que ellos no han vivido por culpa... por culpa de ese asqueroso Voldemort. No pararé hasta verlo muerto y si necesito a Harry para ello, no dudes que lo encontraré. Lo digo como una Ravenclaw y como una posible Gryffindor- ante la mirada extrañada de Hermione, aclaró- el Sombrero Seleccionador se lo planteó durante un rato, pero me mandó a Ravenclaw- dijo, encogiéndose de hombros. En ese momento, Hermione se reprochó no haber intentado conocer a aquella muchacha más a fondo cuando debía.

    Ginny se cubrió con su capa y se peinó un poco el pelo. Acababa de despertarse y en aquella habitación hacía mucho frío y los labios se le habían puesto morados. Se secó las lágrimas y se levantó del suelo. Se acercó a la ventana lo máximo que pudo y miró el exterior. Vió lo que antes era la Madriguera y volvió a sentir las lágrimas deslizándose por sus ojos. Pero, en vez de dejarlas pasar, se puso recta, haciéndose dos o tres centímetros más alta, y gritó. Esta vez gritó para que alguien acudiese, para descargar su rabia, para liberarse de todo aquello y entre sus gritos, pronunció un juramento. Juró que vengaría a toda su familia, a todos los esclavizados, a todos los prisioneros y, sobre todo, a sus seres queridos. Con rabia, se acercó a la puerta y empezó a darle patadas fuertemente. -Te juro que te encontraré Potter aunque sea lo ultimísimo que haga- y, con frustración, se sentó en el suelo, empezó a gritar e intentó romper todo lo que pilló a su paso. En medio de sus gritos, llegó un trozo de papel con letra mal escrita. Ginny lo leyó en voz alta: -Día 24 de Febrero. A las 16:00h. En Azkaban. Estaba firmada por un mortífago. Ginny miró desorientada hacia su calendario y comprobó que apenas faltaba un día para aquella cita. Ginny se tumbó bocaarriba, ¿qué estaba pasando?

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