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Si la tributo no hubiera sido Katniss — capítulo 1

-Madge, cariño, despierta - mamá llama a mi puerta sacándome de mis sueños. Mis ojos se niegan a abrirse y yo me niego a despertar del todo. No quiero, no hoy. Quiero quedarme en cama, dormir y olvidarme de donde vivo, de quien soy y de lo que se llevará a cabo. Los golpecitos en la puerta vuelven a sonar - Madge, arriba. Debemos desayunar antes de que tu padre se vaya a recibir a Effie Trinket para la cosecha - Abro los ojos. Ya no tiene sentido, ya dijo lo que pasa hoy y con esa misma voz quebrada que hace todos los años, recordando a mi tía, la que nunca llegué a conocer. Falleció en los Juegos. Y pensar que yo podría terminar así, a la misma edad que ella lo hizo. Niego con la cabeza. No. No debo pensar en eso. Debo estar tranquila, no acabaré ahí, no lo haré, estaré en mi casa encerrada, evitando ver como alguien que podría ser mi amigo muriendo a manos de un monstruoso profesional. Me recorre un escalofrío. Tengo miedo como todos los años, pero debo callarme y pretender que nada pasa. Me levanto de la cama y me pongo una bata sobre el pijama. Soy una de las pocas personas del Distrito 12 que tienen una e incluso me avergüenzo de tenerla. Mientras gente muere de hambre yo dándome estoy lujos. Hago una mueca de repulsión hacia mí misma, pero uso igual los lujos para no ofender a mis padres que hacen todo para que yo viva así. Abro la puerta y salgo. Llego al comedor y me siento sin decir palabra. Mis padres hablan, discuten como será la cosecha, quienes son los con más probabilidades de ir a los Juegos, pero yo no los escucho. Acabo mi desayuno y me voy. Debo prepararme la para la cosecha.

Me doy una ducha corta y salgo con una toalla rodeándome en cuerpo. Tomo un vestido blanco que hay sobre la cama, mi madre lo ha dejado ahí. Lo reconozco de una vieja fotografía. Lo vi antes. Lo usaba mi tía. Junto al vestido había una pequeña insignia de oro con un pájaro en el centro. Un Sinsajo. El mismo que mi tía usó en los Juegos. Hago una mueca de tristeza. Esto debe de ser doloroso para mi madre. Me pongo el vestido, las sandalias que ella escogió y pongo la insignia en el vestido sobre mi pecho en el lado izquierdo, sobre mi corazón. Recojo mi cabello en un lazo rosa ordenado, por si me toca ir al Capitolio, debo verme bonita, eso ayuda con los patrocinadores. Cierro los ojos mientras pongo mi mano sobre él. Los abro de golpe cuando escucho que llaman a la puerta de la casa. Bajo las escaleras y miro por la ventanilla. Son Katniss y Gale. Conozco a Katniss de la escuela, la considero mi amiga y no sé si para ella será igual, pero creo que sería una de las pocas personas que en realidad conozco en la escuela, que no creen que yo sea una esnob. Abro la puerta. Gale me examina con la mirada.

-Bonito vestido - dice. Intento captar si es un sarcasmo o es enserio, y cualquiera que sea, responderé de igual manera. Me fuerzo a sonreír y lo hago con educación.

-Gracias, tengo que estar guapa por si acabo en el Capitolio ¿no? - respondo en cierto tono de broma aunque sabiendo que puede ser verdad. Él me mira con incredulidad y parece molesto.

-Tú no irás al Capitolio. ¿Cuántas inscripciones puedes tener? ¿Cinco? Yo tenía 6 con solo 12 años - suena frío, molesto y eso me hiere. La verdad, siempre he sentido algo por Gale, pero él piensa que soy una esnob y no se fijaría en mi por mi estatus social. Soy de clase alta y odio serlo por eso, porque la gente siempre me cree una engreída hija del alcalde. Cuando Gale va a continuar, Katniss interviene. Ya casi me olvidaba de su presencia.

-No es su culpa - la miro agradecida cuando dice estas palabras. Me entiende. Por fin alguien lo hace. Gale sigue mirándome molesto.

-No es culpa de nadie, las cosas son como son - gruñe. Miro a Katniss y le entrego el dinero de las fresas.

  • Buena suerte, Katniss - no me gasto en darle la buena suerte a Gale. Igual no me lo agradecería.

-Lo mismo digo

  • responde Katniss y yo cierro la puerta, para ir a encerrarme a mi habitación con las fresas en la mano.

Pasan las horas mientras leo y como fresas con un poco de azúcar que mi padre siempre tiene escondida pero encuentro de todas maneras, cuando mi padre llama a la puerta y la abre antes de que yo le diga que puede.

-Ya nos vamos, Madge - anuncia. Me levanto de la cama y vuelvo a calzarme las sandalias. Llegó en momento más importante de hoy, lo que dirá si sigo viva o no para un año más.

-Okay, estoy lista - respondo con un suspiro y me voy con él al Edificio de Justicia. Me registro y voy con los chicos de mi edad a esperar. Mi padre está sentado en una de las sillas y Effie Trinket, una mujer colorida del Capitolio en otra. Solo hay una desocupada; la del mentor de los Tributos Haymitch Abernathy, un borracho que ganó el mismo año de la muerte de mi tía. Suspiro y pongo atención a Effie que se para frente al micrófono, dando el discurso de todos los años, hasta que finalmente dice lo que importa.

-Primero las damas.

Se acerca la fuente de cristal y yo cierro los ojos. Espero no oír mi nombre ni el de nadie que conozca, no quiero, no quiero, no quiero…

-Madge Undersee