← Hogwarts: Desde otra mirada. · de
Hogwarts: Desde otra mirada. — capítulo 1
2****Harry Potter3
La Cámara de los Secretos
Aquel día hacia una tarde calurosa perfectamente normal en Gran Bretaña, las vacaciones de verano iban por la mitad, los niños que habían cumplido 11 años o que estaban por cumplirlos disfrutaban de aquellos momentos que les quedaban antes de empezar una nueva aventura en la secundaria. Todos se hallaban muy nerviosos y emocionados, pero ninguno tanto como aquellos que esperaba la carta que contenía su plaza en un colegio muy especial.
Los rayos mortecinos de la tarde traspasaban débilmente el cristal de la ventana circular de una casa de madera un poco apartada de sus vecinas, se hallaba cercada de una gran pared de piedras grises, con un portón negro que hacía de entrada, la pared tenía dos funciones: esconder la casa de miradas curiosas y evitar la fea vista de afuera, con los terrenos y las casas algo descuidadas, dentro de la pared había un jardín con el césped podado de forma irregular, había sembradas rosas, alcatraces y pensamientos, pero también flores extrañas como narcisos pitantes y flores voladoras, y unas plantas extrañas que parecían cebollas gigantes de color azul con manchas moradas, había plantados arboles altos que superaban las medidas de la barda de piedra, había también un pequeño estanque con peces de colores, lirios acuáticos y pequeñas ranitas de colores azul y verde brillante. El jardín era espacioso y la casa de madera era de tres pisos, los dos primeros para las habitaciones básicas y el tercero estaba ocupado por un ático y una biblioteca.
La ventana que recibía los últimos rayos de luz se hallaba en el segundo piso medio abierta, una ráfaga de viento movió las hojas de los arboles en el momento preciso en el que una gran lechuza marrón se posó en el alfeizar, de inmediato se asomó una jovencita de cabello largo, negro y ondulado, recibió el grueso sobre amarillo que le entregó la lechuza, tenia escrito en letras verde esmeralda: Laura Aguilar, habitación de la ventana redonda, Saint Ottery Catechpole, No. 7.
Laura ahogó un grito con su mano y echó a correr atravesando la habitación y bajando las escaleras mientras gritaba: -¡Mamá! ¡Papá! ¡Ya llegó, la carta de Hogwarts llegó por fin!
En aquel mismo momento pero en lugares distintos varios niños y niñas recibían también la misma carta con gran emoción.
La carta de Laura contenía su plaza de Hogwarts y la lista de materiales que necesitaría en su primer año, una lista que solo podía surtirse en el Callejón Diagon, un callejón fabuloso, completamente mágico, Laura lo había visitado infinidad de veces con sus padres y sus hermanitos y nunca dejaba de sorprenderla.
Lo primero que su madre quiso surtir fueron las túnicas así que la llevó con Madame Malkin, mientras su padre llevaba a sus hermanitos a la heladería Florean Fortescue, Laura le pidió a su madre que la dejara en la tienda de túnicas que fuera ella sola a la droguería, no le gustaba el olor penetrante de ese local porque la mareaba, su madre aceptó y Laura entró sola al establecimiento, dentro había dos chicas con su madre.
-¿Tu primer año en Hogwarts, querida?- le preguntó Madame Malkin, Laura asintió con la cabeza y le sonrió.
-Muy bien, déjame tomarte las medidas- dijo la mujer mientras una cinta métrica hechizada volaba a medir cada parte del cuerpo de la niña -te recomiendo que al salir de aquí vayas directo a la librería porque hay una interminable fila que ha hecho Gilderoy Lockhart.
-¿Lockhart?- preguntó Laura -¿firmando autógrafos otra vez? ¡Ay no! Ojala mamá no quiera verlo de nuevo.
Más tarde Laura alcanzó a su madre en la entrada de la droguería, esta ya había surtido la lista, la mujer decidió que dejarían la librería al último con la esperanza de que se vaciara un poco y después de prometerle a Lau que no quería ver al encantador mago, fueron a comprar un caldero, la señora Aguilar fue quien lo escogió, compraron también una balanza, un mapa lunar y unos guantes de piel de dragón, se hicieron de tinta y plumas, y después de lo que a Laura le pareció una eternidad se acercaron por fin al establecimiento que la chica estaba deseando, la tienda de varitas mágicas Ollivanders, iba a abrir la puerta cuando una persona de su estatura salió y chocó con ella.
-Disculpa- dijo una risueña niña de su edad sosteniendo con gran cariño una cajita envuelta en papel marrón, tenía el cabello largo y se reía de una forma un poco nerviosa, tras ella iba un hombre alto que debía ser su padre.
Dentro, el señor Ollivander estaba acomodando unas cajas, cuando vio entrar a Laura y a su madre se volvió hacia ellas y las saludó, miró a Laura con sus ojos plateados un momento.
-¿Hogwarts?
- preguntó
-Si- respondió Laura.
Entonces el señor Ollivander se perdió en las estanterías y regresó con una varita fuera de su caja y se la puso en la mano a Laura diciéndole - pruébala.
Laura la agitó pero no pasó nada, el señor Ollivander se volvió a buscar otra varita, se la pasó a Laura, Laura la agitó y nada, el mostrador comenzó a llenarse de cajas y varitas y el señor Ollivander no hallaba la correcta para Laura, ésta comenzó a ponerse nerviosa cuando el vendedor desapareció por el rato más largo hasta entonces, pero al final regreso con una caja tremendamente sucia y vieja, estaba abollada y rota en las esquinas.
-Eres una de mis clientes más difíciles- le dijo con una sonrisa de satisfacción -creo que probaremos con esta, hice solo tres ejemplares con el núcleo de este material, dos se vendieron hace muchos años, esta es la última, pruébala.
El señor Ollivander sacó una hermosa varita con la empuñadura grabada con flores de cerezo y el trazo de sus pétalos se extendía casi hasta la punta de la varita, había sido tallada a mano por el mismo Ollivander y el trabajo era exquisito. Apenas si tocarla Laura sintió una calidez maravillosa recorriendo desde la punta de sus dedos hasta el hombro, la agitó un poco y salieron unas chispas azules.
-Excelente- exclamó el señor Ollivander -esta varita te ha esperado por años- le dijo - es de madera de cerezo, veintisiete centímetros, flexible, su núcleo es de cabello de salamandra[1], un material precioso que obtuve una vez de los troncos de una fogata luego que la hermosa salamandra se desapareció en el fuego, solo tres cabellos, solo tres varitas en toda mi vida, y la ultima es tuya.
La señora Aguilar, pagó treinta galeones por la varita y Laura quedó encantada. Pasó el resto de las vacaciones admirándola, poniendo la caja, en la cama, en el escritorio, o lo más cerca que podía cada vez que cambiaba de lugar, sabía que no debía usarla pero se moría por hacerlo.
LA ESTACION de King´s Cross estaba abarrotada el primero de septiembre, eran las diez menos siete minutos, Laura iba acompañada de su madre, era la primera vez que pisaba la estación y estaba molesta por la demora de su madre en casa, ella estaba acostumbrada a retrasarse para todo, pero a Laura le gustaba ser puntual, iban empujando un carrito donde llevaban el pesado baúl y la jaula con Dranzer, la mascota de Laura, un gato gris atigrado que tenia consigo hacia un par de años, el animal también parecía malhumorado.
Cuando llegaron entre el andén 9 y 10 Laura comenzó a sentirse nerviosa aunque su madre le había dicho cómo hacer para cruzar al andén 9 y ¾, la señora Aguilar comenzó a caminar más deprisa, Laura iba aferrada al carrito pero cerró los ojos esperando encontrarse con algo duro, pero cuando se atrevió a abrir uno de sus ojos se encontró en medio de una multitud ruidosa, gatos maullando, lechuzas ululando por encima del vapor que desdibujaba las figuras de las personas que iban y venían en el andén junto a la gran locomotora escarlata.
-Rápido, rápido Laura- la apresuró su madre yendo a la entra de un vagón.
-No tendríamos que darnos prisa si hubieras estado lista a tiempo- replicó Laura alcanzando a su madre y ayudándola a descargar las cosas.
Intentaban subir el pesado baúl al tren, sin mucho éxito, cuando unos gemelos pelirrojos se asomaron por la puerta.
-No los encontramos mamá- le dijo uno de ellos a una mujer rechonchita de rostro amable, aunque algo preocupado en ese momento.
Aunque solo nos ha dado tiempo de buscar en algunos compartimentos- agregó el otro gemelo. -¿Necesitan ayuda?- preguntó viendo los esfuerzos en vano de Laura y su madre.
-Si por favor- respondió la señora Aguilar apartándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.
Los gemelos saltaron del vagón y tomaron el baúl por los lados para subirlo.
-Vuelvan a buscarlos por favor- pidió la madre de los chicos -díganle a Percy que los ayude- añadió cuando el silbato de la locomotora chilló y esta comenzó a avanzar.
Laura se vio envuelta en un abrazo rápido de su madre y un beso antes de que la empujara adentro poniéndole en las manos la jaula de Dranzer. -Mándanos una carta en cuanto puedas para saber de tu selección- le gritó su madre.
Laura asintió y le dijo adiós con la mano. Cerró el vagón y se quedó viendo el frio metal en silencio un instante.
-¿Es tu primer año?- le preguntó uno de los gemelos a su espalda.
-S-si- respondió Laura volviéndose hacia ellos, un poco nerviosa.
-Nuestra hermana pequeña también empezará este año -dijo el otro gemelo -creo que te llevaremos al compartimento donde esta ella.
-Yo soy Fred, Fred Weasley, por cierto- dijo el gemelo que se había ofrecido a ayudarla antes, le lanzó una sonrisa brillante y Laura sintió que sus mejillas se encendían -y él es mi hermano George.
-Ah, es un gusto, yo soy Laura Aguilar.
-¿Aguilar? ¿Qué significa tu apellido, "nido de águilas"?- preguntó George.
-Pues si- respondió Laura.
-Que bien, un apellido digno de Ravenclaw, ¿es allí donde te gustaría ir?- añadió Fred poniéndose en marcha con George y el baúl.
Laura los siguió con la jaula de su gato en ambas manos -no estoy segura de la casa a la que quisiera pertenecer, mi madre dice que todas son muy buenas y han sacado magos notables. ¿Ustedes de que casa son?
-Gryffindor- respondieron al unísono.
-Llegamos- anunció George abriendo la puerta de un compartimento. Los gemelos entraron y acomodaron el baúl.
-Ginny te hemos traído una compañera, también es su primer año en Hogwarts. Mira nosotros vamos a seguir buscando a Ron y a Harry, también iremos a ver a Percy, y cuando podamos volvemos aquí- dijo Fred.
-Ella es nuestra hermanita de la que te hablábamos, Ginny, Ginny ella es Laura- las presentó George.
-Hola- saludó Laura sentándose junto a la ventana, de frente a Ginny. Ginny respondió con una sonrisa amable.
-Bueno, pues nos vamos- anunció George.
-Gracias- les dijo Laura.
-Ni lo menciones- dijo Fred guiñándole un ojo. Laura se volvió a sonrojar mientras los gemelos se marchaban.
[1]La salamandra es de los seres mágicos más antiguos, pertenece al fuego y posee gran sabiduría, puede presentarse en forma de flamas, como una animal que vive entre el fuego, y la más rara de todas es su figura humana, casi nunca se la ve así.
Hola!!
Aquí les dejo el primer capitulo de esta Historia, la cual básicamente se va relatando desde los puntos mas importantes de la saga y de allí se deshilan otras historias de nuestras protagonistas, empiezo a narrar desde el segundo libro.
Espero que les guste y todos los comentarios son bienvenidos.
Con respecto a lo de los cabellos de salamandra les dejo una explicacion: Son la hadas mas antiguas y pueden aparecer como mujeres hermosas de cabellos rojos como el fuego, convertidas en el animal que lleva el mismo nombre, o bien como llamas de fuego con chisporroteos de luz.