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Tres slytherin, tres amores — capítulo 4
Quebrada
Jamás se había detenido a observarlo bien. Theodore Nott era muy guapo. Cabello y ojos negros, una mirada penetrante que parecía capaz de buscar dentro de ti. Era alto y delgado, pero bien tonificado. Luna no era de las que se fijaban en la apariencia física, pero en ese momento, en que se encontraba en silencio a la espera de lo que él haría, no halló otra cosa que hacer que mirarlo detenidamente.
Hasta que él le sonrió no se había percatado de su seriedad. Desde que la sacará de donde estaban sus amigas, no lo había visto sonreír ni una vez. Pensándolo bien, nunca le había visto una sonrisa. No pudo evitar devolvérsela. Era extraño sonreír en un momento así, a alguien cuyo propósito de llevarla hasta ese lugar desconocía. No sabía cómo, pero esa sonrisa lo hizo ver diferente, más vulnerable. Aunque desechó esa idea al recordar lo que era: un mortífago. Alguien así no vale nada. Alguien como él le hizo mucho daño.
Él caminó hacia la cama y, sin despegar su mirada de ella, se sentó. Luna se sentía cohibida por su escrutinio y cruzó sus brazos como tratando de ocultarse a él.
-¿Qué te hicieron, Luna? - Sus palabras no la pudieron sorprender tanto como su tono de voz. Era cálido y, a la vez, con un toque de preocupación. Eso hizo que sus barreras se desmoronaran. No sintió dolor al caer de rodillas al suelo, ya que el dolor en su pecho era demasiado grande. Las lágrimas no tardaron en aparecer y los sollezos eran incontrolables.
Sintió unas manos sosteniéndola y ayudándola a levantarse y, una vez de pie, unos brazos apretándola contra un torso musculoso al cual ella se agarro como si de eso dependiera su vida.
Permanecieron así unos momentos, hasta que los sollozos de Luna fueron disminuyendo. Theo se sentía muy mal por ella. No soportó verla en el suelo llorando desconsoladamente, así es que, sin pensar, se acercó a ella y la abrazó y cuando sintió sus pequeños dedos sujetándolo como queriendo evitar que se alejara, no la soltó hasta que ella estuviera más calmada.
-¿Qué te hicieron, Luna? - Esa era la pregunta que tenía apretada en la garganta - ¿Qué le hicieron a la chica alegre y sencilla que eras?
-La mataron - Ella respondió con esa vocecita característica de su persona. No lo miraba, sino que veía más allá de él, sólo sus lágrimas le indicaban que su mente estaba ahí, para contestarle
- La despedazaron.
-No, eso no puede ser - Se negaba a que alguien pudiera hacerle daño a ella - Tú eres Luna Lovegood, la chica que no le importaba lo que pensaban de ella, que creía en todo y en todos y que solo podía ver lo mejor de cada uno.
-Pues ya no está - Fue en ese instante en que ella lo miró y él pudo reconocer el dolor y la angustia en sus ojos - ¿Qué creías? ¿Qué después de todo lo que pase iba a seguir siendo la misma loca de siempre? - lanzó esas palabra con puro desprecio - o ¿Qué tus amigos me dejarían intacta? Pues no, no lo hicieron. Y si quieres tomar las sobras que ellos dejaron, pues hazlo, ya nada importa.
-No te creo - Dijo, luego de mirarla por un largo tiempo en silencio. - Te pueden haber lastimado, e incluso arrebatado lo más importante en la vida de una mujer, pero aún así, no dejarás de ser la Luna que no tiene vergüenza de expresar lo que siente, de creer en cosas imposibles, de ver belleza donde no la hay, aunque sea de esas bestias de los Thetrals.
Lo miro con incredulidad. Nunca nadie le había dicho esas cosas y menos de esa forma tan sincera. Y en ese momento fue cuando todo cambió. Él acercó su rostro lentamente y, luego de unos segundos de mantener su mirada, unió sus labios a los suyos. Ella no reaccionó, simplemente se tensó y permaneció fría en sus brazos. Pero cuando sintió su necesidad, fue como si una llama la consumiera por dentro y le devolvió, inexpertamente, el beso.
Él sintió sus tímidos intentos de corresponderle, y eso le calentó la sangre. Pasó una mano por su cintura y la acercó más. Ella subió sus brazos y le rodeo el cuello, haciéndolo sentir en las nubes. Con ese movimiento le dio plena libertad para poder recorrer con sus manos todo su cuerpo. Claro que lo hizo con mucho cuidado, para no asustarla. Avanzaron lentamente hacia el borde de la cama y se sentaron en ella. Se separaron levemente para respirar.
-Luna, no quiero aprovecharme de ti. - Dijo entrecortadamente. - No quiero presionarte. Si tú quieres podemos parar. Si es así nos acostamos y dormimos. Nada más. - Se quedó mirándola, esperando una respuesta.
Ella no sabía qué pensar. Simplemente fue sorprendente lo que él dijo. Cualquier otro hubiera tomado lo poco que tenía para darle. Pero el hecho de que él le pida permiso, es algo que le calentó el alma.
Tomó su rostro en sus manos y lo besó apasionadamente. Lo empujó suavemente hasta dejarlo acostado en la cama. No sólo lo besó, sino que también se atrevió a tantear con sus manos su musculoso torso. Él de a poco comenzó a tocarla. Primero se centró en su cintura, pero de vez en cuando subía hasta alcanzar el contorno de sus pechos.
Luna se sintió cada vez más confiada y comenzó a desabrocharle la camisa. Él entendió la indirecta y suavemente le sacó la blusa. No pudo ocultar su sorpresa al ver su piel, blanca y cristalina, manchada con llagas y cicatrices en ella. Se avergonzó de que viera su cuerpo. Lo había olvidado. Pero cuando iba a salir corriendo a ocultarse, sintió un suave roce en uno de sus pechos. Eso logró que buscara su mirada y, al encontrarla, él le sonrió. Luego acercó sus labios al lugar donde su mano estaba mientras le mantenía la mirada. Comenzó a besar su cuerpo delicadamente, demorándose en las heridas y manchas.
Se dejó envolver por sus caricias. Lo vio deshacerse de su camisa y después darla vuelta, para quedar arriba de ella, también se deshizo de sus pantalones. Luego, se acercó y de a poco terminó de desvestirla. Luego, tomó su barbilla y comenzó a besarla, nuevamente. Se dejó guiar, se notaba que él tenía experiencia, mientras que ella no podía pensar en las violaciones anteriores como gran experiencia.
Lo sintió ingresar en su interior. Al principio, se tensó por la invasión. Pero luego que él la besara y la mimara un poco, se relajo. Hicieron el amor, por primera vez, esa noche. Para él, fue un consuelo para el alma, y para ella, fue un jarabe para su corazón.
Hola, espero que les guste....
Quiero agradecer a todos a quienes han puesto esta historia como su favorita y también se agradecen los comentarios... todos son bien recibidos, y si hay algún consejo, tambien es bien recibido.
Gracias y, por favor, sigan comentando...