← Falling Skies: Sobreviviendo · de
Falling Skies: Sobreviviendo — capítulo 13
Romina dormía en un saco de la tienda de dormir donde estaban ella y sus hermanos. Al despertar los vio tranquilos y sin un rastro del accidente de ayer. Cogió una polera de futbol chilena del 2003 y se cambió junto a unos vaqueros degastados al igual que las zapatillas. Además se puso una chaqueta verde clara abrigadora que había conseguido en sus días de escapes de Skitters. Puso la pistola en su cinturón y se colgó el rifle en su espalda. Por último se colocó un gorro de los Yankees que había conseguido de la ropa que trajeron Hal y su grupo y los guantes que le regaló Ben para las armas. Afuera hacía mucho frío ero al menos el cielo estaba despejado y sin rastros de que fuera a llover. Tocó la puerta de la furgoneta de enfermería y nadie le abrió por lo que entró ella misma. Le dolía mucho la cabeza y a tientas encontró las pastillas para ello. Se las tomó con vaso de agua y estaba guardándolas cuando alguien le tapo la boca y la aprisionó a la pared. Trató de agarrarlo y golpearlo pero al darse la vuelta vio que era Ben con una sonrisa traviesa en los labios
-
Hola preciosa - susurró Ben antes de juntar sus labios con los de ella
-
Me asustaste - le sonrió de lado mientras acariciaba sus cortos cabellos rubios
-
Lo siento, no era mi intención. Venía a que me revisaran las púas. ¿Cómo amanecieron tú y tus hermanos?
-
Bien, con un poco de dolor de cabeza ¿Y Matt? - le preguntó al sentarse encima de la mesa de utilería y Ben se sacaba la camisa para que cuando llegará la doctora le revisara
-
Durmiendo todavía pero bien - se dio la vuelta y la joven le vio las púas, poniéndose seria al instante, al darse nuevamente vuelta Ben la vio - ¿Qué pasa?
-
No es justo lo que te ha pasado - dijo con tristeza mirando el suelo, Ben sonrió con dulzura y se acercó a ella levantándole el mentón con la mano para que lo mirara
-
No es justo, pero es lo que es. Además si no fuera así no sabría muchas cosas, ni te hubiera conocido
Se inclinó y la beso con dulzura, ella también le correspondió de la misma forma pero pronto fue poniéndose más intenso. Anne entró y los vio tan apretados y acariciándose que tuvo que carraspear para que ellos se separaran. Ruborizados lo hicieron y desviaron la mirada. Y es que a esa edad las hormonas atacaban y con lo del ataque alienígena ¿Quién sabe cuánto tiempo se está con la persona que ama? A Anne le llevo diez minutos examinar al chico y Romina miraba fijamente los pasos que la doctora hacía. Eran delicados y precisos. Salieron todavía ruborizados y de la mano, claro que Ben ya se había colocado la camisa. Anne se ríe al ver llegar Tom a su furgoneta
-
¿Qué es tan chistoso? - preguntó mientras tomaba agua de una botella
-
Nada. Oye, nunca has tenido "la charla" con Ben - escupió incrédulo el agua y la miró boquiabierto
-
¿La charla? No, no me digas que….
-
Bueno no tan así, pero… bueno, uno nunca sabe - dijo encogiéndose de hombros
-
Hablaré con él.
-
Aunque ¿con que cara? - le dijo riendo recordando todas las veces que ellos lo habían hecho.
-
Tengo más del doble de su edad y soy su padre. Si tengo la cara para hacerlo - le dijo ruborizado y enojado de broma por cómo se reía Anne de él. Dejo que se calmará antes de hablarle- Oye ¿se necesita algún remedio o algo? Pronto pasaremos por un pueblo
-
Nada, tenemos todo lo que necesitamos.
Tom salió y se despidió en la puerta de Anne. El sol estaba ahora tapado por unas nubes grises que anunciaban unas noches ventosas que no sería bueno con su viaje. La reserva ya no se encontraba lejos y a unos kilómetros de ella había un pueblo que del que podrían equiparse. Esquivó un avión de papel que se dirigía a sus ojos y se lo devolvió a un niño. Era uno de los amigos de su hijo pequeño. Se tocó el lado del ojo donde alguna vez le habían sacado ese bicho que desapareció. Otro mal recuerdo de que acumular. Escuchó la moto de Hal llegar. Con el tiempo a Hal le había crecido un poco el cabello pero seguía igual que siempre. Se bajo con utensilios que traía junto a Maggie y se encaminaron a la tienda de Weaver riendo y contándose bromas. Recordó la mala experiencia que tuvieron con la emboscada donde encontraron a los niños chilenos. Se apartó esos malos pensamientos y siguió caminando. Su hijo Ben estaba en un lago conversando con Romina. Se reían y hablaban alegremente tomados de la mano. El chico le señalaba los patos que alimentaban con pedazos de pan. Al final lo vio y le saludo con la mano haciéndole señas. Se conocían tan bien que el hijo entendió al instante que quería hablar por lo que le dijo algo a la niña y subió el camino de tierra hasta llegar a él
-
¿Qué pasa pa´? - preguntó todavía sonriendo y con las manos en los bolsillos
-
Esto…yo…Anne me dijo… la charla…ya sabes
-
dijo rojo de vergüenza en ese instante
-
¿Quieres hablar de ese tema? - preguntó arqueando las cejas - De verdad papa, no quiero ser padre joven. No te preocupes - y se rió porque su padre parecía que por fin podía respirar
-
Gracias a Dios. ¿Y cómo te van las cosas?
-
De lo mejor. Creo que nunca he sido tan feliz como ahora. Me tengo que ir. Adiós. Ah y si ves a Hal avísale que me venga a buscar para el turno de la noche - le sonrió ampliamente y bajo nuevamente al lago donde casi se tiró junto a Romina viendo a los patos
-
Si ya sabias ocupar pistolas ¿Por qué me pediste que te enseñara? - escuchó a su hijo decirle a Romina
-
Porque antes era una renegada para eso. Ya dame ese pan que no sabes darle a los pobres patos hambrientos - le sacó el pedazo de pan y se los empezó a tirar
Los dejo solos mientras paseaba hasta el último vehículo que había por ahí. Llegó al fondo y vio un pequeño bosque que se cernía a los lejos, con las ramas cafés y anaranjada. Entrecerró los ojos por una luz lejana que le llegaba. Se acercó con los ruidos de las ramas partidas a sus pies. Una de ellas lo sobresaltó porque no era de las suyas. Cuando se dio la vuelta vio a seis chicos con la ropa hecha jirones, sangrando y apenas pudiendo mantenerse de pie. Solo uno de ellos tenía jugo. Dos chicos lo afirmaban pero parecía que ellos también necesitaban ayuda para mantenerse de pie. Una niña rubia de ocho años tal vez, se adelantó y le habló
- Ayuda. Por favor, buscamos a Romina Fernández y Ben Mason. Por favor - dijo con una voz suave e infantil y ante su mirada asombrada los seis se desmayaron del agotamiento.
El hombre gritó y una multitud lo rodeó, el capitán y unos más lo ayudaron a llevar a los seis chicos a la furgoneta de enfermería. Corriendo llevó al chico con yugo, el chico apenas respiraba y tenía múltiples cortes. Parecía que tenía también una septicemia en la pierna derecha. Se lo paso a Anne y Lourdes que empezaron a trabajar. Entre la gente vio a su hijo Ben con la mirada seria y a Romina mirándolo preocupada. Dio un paso para hablarle pero Weaver se lo llevo a parte a discutir de todo esto. Al mirar sobre su hombro vio a su hijo hablando rápidamente con la chica. Al parecer su hijo sabía cosas que él no y tendría que esperar un poco para averiguarlo.