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Falling Skies: Sobreviviendo — capítulo 9
Maggie podía oler el olor a humedad en la habitación. Lo reconocía al instante después de pasar tanto tiempo junto a Pope y su banda. Sentía que estaba de rodillas y con los ojos vendados, también sentía a Hal a su lado por su complexión y estatura y a Romina porque era la más delgada de todos. Escuchaban las pisadas de ir y venir del lugar. En un instante les quitaron los pañuelos de los ojos a todos y se asombraron de la cantidad de hombres y mujeres que habían, más de cuarenta personas armadas. Eran variados, de dieciocho a los cincuenta. Altos y bajos pero todos fuertes. Había dos excepciones. Dos chicos de catorce (el que los había apuntado y llamado espías) y otro doce tal vez. Parecían hermanos. De cabellos castaños desordenados y ojos verdes centellantes, la cara llena de pecas, altos y flacos. Pero una cosa los distinguía aun más de las personas de allí. Tenían púas, pero no yugos. Romina no quitaba la vista de ellos y los chicos la miraban serios casi sin pestañear. El hombre que les había hablado en la gasolinera saltó de una mesa que tenían en frente y caminó lento, sonreía como si todo le pareciera gracioso.
Pero vaya, que maravilla. Cuatro chico, solos y abandonados. Ah, pero hay uno especial. Uno con yugos - dijo enumerándolos y sonriendo con esos ojos de loco
Como los que tienes allí - le dijo Ben con despecho
-
Así es, son como tú. Una gran ventaja porque nos avisan cuando vienen esos bichos asquerosos. Pero que maleducado soy. Me llamó Frank Dante. Un gusto y ¿ustedes?
Vete al diablo - le dijo Maggie con enojo
Lindo nombre, preciosa. Pero creo que tienes que ser más amable. Sabemos que no están solos. Ya vimos su camioneta pero no la pudimos alcanzar. Además un chico con yugo no puede habérselo sacado solo, se necesita un poco de astucia
-¿Y como lo hicieron esos chicos? - preguntó Romina con indiferencia, pero Ben sabía que no era así
Ah, muy buena pregunta. La verdad nosotros los salvamos. Nos dimos cuenta de que mueren si se los sacas completamente. Entonces yo dije: Pero ¿y si no se los sacas completo? Tachan. Son grandes soldados y sirven para su propósito. Esta es su familia ahora
¿Familia? - volvió a preguntar Romina, con tristeza, asombro y asco todo junto. Aunque ahora Ben no sabía si se los decía a los chicos o al tipo de enfrente.
Bueno, no tenemos civiles pero algo es algo. Mucha charla será mejor que los llevemos a las jaulas antes de que vean al jefe. Tienen que contarles todo lo que saben si no quieren sufrir. Bienvenidos al lugar
Los llevaron a rastras por un pasillo. Bajaron escaleras y los tiraron en dos jaulas de una habitación grande. Maggie y Hal estaban en una y Ben y Romina en otra. Eran jaulas pequeñas pero con el espacio suficiente para que Hal se paseara de un lado a otro nervioso y maldiciendo por lo bajo. Maggie miraba distraída y sumisa en sus pensamientos sin hacer caso a los ruidosos pasos de Hal. Romina igual de sumisa que Maggie se sentó en el suelo con los ojos perdidos por la puerta donde entraron. Ben después de analizar todo lo sucedido, se sentó a su lado y apoyó una mano en su hombro sobresaltándola
Hey ¿Estás bien?
No - lo miró a los ojos con miedo y preocupación - Ben, ellos…
Los chicos, eran Sam y Erik. Tus hermanos - completó por ella y eso atrajo la atención de Hal y Maggie que se acercaron a escuchar
¿Tus hermanos? No lo sabíamos _ susurró Maggie
A Ben se lo conté hoy. Y Weaver lo sabe porque le conté el historial militar de mis padres y de cómo llegue aquí - colocó las manos debajo de las piernas arrodilladas y dio un suspiro con los ojos cerrados - Deben odiarme. Yo los deje así - pero le sobresaltó sentir un brazo en sus hombros y el aliento de Ben susurrando en su oído
Los salvaremos y le haremos entrar en razón. Estamos contigo - como siempre el contacto entre ambos produjo cosquilleos y que el corazón se les acelerará.
- Que bonito - dijo una voz sobresaltándolos a todos. Un hombre de cuarenta aproximadamente, de cabeza rapada y barba de mediodía los observaba con curiosidad detrás de un grupo de soldados. Se acercó a las jaulas - Soy Mark ¿Y bien, a quien torturamos primero para que abra la boca? Ya sé, lo haremos al azar. De tin marin de do pingüé cúcara mácara titére fue, yo no fui, fue Teté pégale, pégale que ella fue - iba apuntando a los cuatro pero el dedo índice terminó en Romina dejándolos a todos asombrados y paralizados - Pero que afortunada. Sáquenla y prepárenla para el tormento.