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Historia 119311 — capítulo 12
Al salir de Gringotts, los dos tenían bolsas en sus manos con mucho dinero. Scarlet veía las tiendas para buscar en algo en que gastarlo.-Tendrían que comprarse el uniforme-Dijo Hagrid mientras señalaba una tienda llamada "Madam Malkin, túnicas para todas ocasiones"-Oigan,¿les importaría que que me de una vuelta por el Caldero Chorreante? Detesto los carros de Gringotts.Scarlet negó con la cabeza.-Cuídense.Dicho eso, Hagrid dio media vuelta y se fue. Harry le tomo la mano a su hermana para no perderla entre la gente. Entraron a la tienda de Madam Malkin, sintiéndose nerviosos.En cuanto entraron, vieron una mujer sonriente y regordeta vestida de color malva, era Madam Malkin.-¿Hogwarts,guapo?-Dijo-Tengo muchos aquí...En realidad, otro muchacho se esta probando uno ahora.La señora se llevo a Harry al extremo de la tienda, Scarlet se quedo ahí sin saber que hacer.-Tu, querida, vas por aquí-Dijo Madam Malkin amablemente tomándole la mano y llevándola a otra parte de la tienda, lejos de su hermano.Una bruja diferente, mas delgada, le probo una túnica de color negro y comenzó a ajustársela con alfileres. Aquella bruja no tardo mucho en ajustarle la túnica, así que a los pocos minutos, llego Madam Malkin y le dijo:-Ya esta, preciosa, puedes irte-Sonrió. Scarlet bajo del escabel y se dirigió a la puerta para esperar a Harry. Su hermano salio unos segundos después, con una expresión extraña.-¿A que se debe esa cara?-Pregunto Scarlet.-Bueno...un chico me saludo, también ira a Hogwarts. Pero parece bastante...desagradable. Me pregunto sobre algo llamado quidditch-¿Y que es eso?-No tengo ni la menor idea.Salieron de la tienda y se encontraron con Hagrid con tres grandes helados. Los tres eran de chocolate con frambuesa y trozos de nueces.Harry estaba muy silencioso y Scarlet no tenia ganas de preguntarle por que. Después se detuvieron a comprar pergaminos y tinta. Había tintas de todas clases, había una que se hacia invisible, otra que cambiaba de color al escribir y había otra que escribía de un color diferente según los estados de animo.-Hagrid,¿que es el quidditch?-Pregunto Harry finalmente.-Vaya, Harry; sigo olvidando lo poco que ustedes saben...¡No saber que es el quidditch!-No lo hagas sentir peor-Dijo Scarlet, luego Harry le contó la historia del chico en la tienda de túnicas.-...y dijo que la gente de familia muggle no deberían ir...Scarlet frunció el ceño ante eso.-Ustedes no son de familia muggle. Si hubiera sabido quienes son...Él ha crecido conociendo sus nombre, chicos, si sus padres son magos. Ya lo han visto en el Caldero Chorreante. De todos modos, qué sabe él, algunos de los mejores que he conocido eran los únicos con magia en una larga línea de muggles. ¡Miren a tu madre! ¡Y miren la hermana que tuvo!-Entonces,¿que es el quidditch?-Pregunto Scarlet, interesada.-Es nuestro deporte. Deporte de magos. Es... como el fútbol en el mundo muggle, todos lo siguen. Se juega en el aire, con escobas, y hay cuatro pelotas... Es difícil explicar las reglas.-¿Y que son Slytherin y Hufflepuff?-Casas del colegio. Hay cuatro. Todos dicen que en Hufflepuff son todos inútiles, pero...-Seguro nosotros estaremos en Hufflepuff...-Dijo Scarlet.-Es mejor Hufflepuff que Slytherin-Dijo Hagrid con tono lúgubre—. Las brujas y los magos que se volvieron malos habían estado todos en Slytherin. Quien-ustedes-saben fue uno-¿Vol... perdón... Quien-tú-sabes estuvo en Hogwarts?-Pregunto Harry, asombrado.-Hace muchos añosCompraron libros en una tienda llamada Flourish y Blotts. Las estanterías de aquella tienda estaban repletas de libros que llegaban hasta el techo. Había unos forrados de piel, otros tan pequeños como un sello, otros con signos raros, otros con nada escrito. Hagrid tuvo que arrastrar a Hagrid para separarlo de un libro.-Estaba tratando de averiguar como hechizar a Dudley.Scarlet rió, imaginando la escena.-No estoy diciendo que no sea una buena idea, pero no puedes utilizar la magia en el mundo muggle, excepto en circunstancias muy especiales-Dijo Hagrid-Y de todos modos, no podrías hacer ningún hechizo todavía, necesitarás mucho más estudio antes de llegar a ese nivel.Luego compraron un caldero, una balanza y un telescopio plegable de cobre que fascino a Scarlet. Luego visitaron la droguería, que era un lugar tan fantástico que los hacia olvidar el horrible hedor. Había sustancias viscosas y verdes en barriles, botes con hierbas raras, raíces secas, polvos brillantes, manojos de plumas, colmillos y cuernos. Scarlet vio ahí una extraña pero hermosa flor de color azul, extendió el brazo lentamente para tocar si textura.-Yo no lo haría si fuera tu, querida-Dijo un hombre que estaba detrás del mostrador y hablaba con Hagrid-A menos que quieras perder un dedo.Scarlet hizo una mueca y volvió a ver la flor.Al salir de la droguería, Hagrid miro la lista de nuevo.-Sólo falta la varita... Ah, sí, y todavía no les he buscado un regalo de cumpleaños.Scarlet se ruborizo.-No tienes que...-Harry dejo la frase en el aire.-Harry tiene razón, no tienes que hacerlo-Dijo Scarlet.-Se que no tengo que hacerlo. Les diré que, les comprare un animal. No un sapo, los sapos pasaron de moda hace años, se burlaran...no me gustan los gatos, me hacen estornudar, pero no puedo regalarles lo mismo-Se quedo pensativo y después miro a Hagrid-Te voy a regalar una lechuza-Luego miro a Scarlet-Y a ti un gato, aunque me hagan estornudar. Las lechuzas son útiles, llevan correspondencia y todo lo demás. Los gatos son buenos compañeros.Fueron al Emporio de las Lechuzas primero, donde era un lugar oscuro, lleno de aleteo y ojos brillantes. Harry salio con una jaula que encerraba una hermosa lechuza blanca, con la cabeza bajo el ala. Luego fueron a la Tienda de Animales Mágicos, casi no había espacio ahí ya que hasta el ultimo cimiento de la tienda estaba repleto de diferentes y raros animales. Scarlet se paseo por la tienda con dificultad, viendo las diferentes jaulas transportadoras de gatos. La dependienta la guió por diferentes jaulas para ver mas y mas gatos. Hasta que la guió a la ultima, que contenía un gatito completamente negro azabache que estaba dormido.-¿Por que esta solo?-Pregunto Scarlet.-El es muy brusco con sus hermanos-Contesto amablemente la dependienta. Como si lo hubieran llamado, el gatito abrió sus ojos y mostró sus raros colores. Scarlet quería ese gato desde que abrió sus ojos. El gatito negro tenia un ojo de color azul y el otro de un hermoso color pardo.-El nació así y aun no se a que se deba-Comento la dependienta.-¿Cual es su nombre?-Pregunto fascinada Scarlet.-OnixUnos minutos después, Scarlet salio con una sonrisa sosteniendo al gatito en un brazo completamente dormido.Harry y Scarlet no dejaron de agradecer el regalo, tartamudeando como el profesor Quirrell.-Ni lo mencionen-Dijo Hagrid con aspereza-No creo que los Dursley les hagan muchos regalos. Ahora nos queda solamente Ollivander, el único lugar donde venden varitas, y tendrán la mejor.Una varita mágica... Eso era lo que los gemelos realmente habían estado esperando.La última tienda era estrecha y de mal aspecto. Sobre la puerta, en letras doradas, se leía: "Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C.". En el polvoriento escaparate, sobre un cojín de desteñido color púrpura, se veía una única varita.Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Era un lugar pequeño y vacío, salvo por una silla larguirucha donde Hagrid se sentó a esperar. Scarlet tuvo que dejar a Onix echado en una silla bastante lejos de Hagrid, lo que la puso nerviosa. Harry y Scarlet se sentían extraños, como si hubieran entrado en una biblioteca muy estricta.Scarlet miró las miles de estrechas cajas, amontonadas cuidadosamente hasta el techo.-Buenas tardes-Dijo una voz amable.Scarlet se estremeció y Harry dio un salto. Hagrid también debió de sobresaltarse porque se oyó un crujido y se levantó rápidamente de la silla.Un anciano estaba ante ellos; sus ojos, grandes y pálidos, brillaban como lunas en la penumbra del local.-Hola-Dijo Harry con torpeza. Scarlet se sintió grosera ya que no le salían las palabras para saludar. Con un poco de miedo, tomo el brazo de Harry.-Ah, sí-Dijo el hombre-Sí, sí, pensaba que iba a verlos pronto. Harry y Scarlet Potter. Tienes los ojos de su madre-Observo el único ojo verde de Scarlet- Parece que fue ayer el día en que ella vino aquí, a comprar su primera varita. Veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encantamientos.El señor Ollivander se acercó a Harry.-Su padre, por otra parte, prefirió una varita de caoba. Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa y excelente para transformaciones. Bueno, he dicho que yu padre la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago. -Y aquí es donde...El señor Ollivander tocó la luminosa cicatriz de la frente de Harry, con un largo dedo blanco y luego acaricio el parpado de Scarlet, donde estaba su ojo de color azul.-Lamento decir que yo vendí la varita que hizo eso-Dijo amablemente- Treinta y cuatro centímetros y cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, y en las manos equivocadas... Bueno, si hubiera sabido lo que esa varita iba a hacer en el mundo...Negó con la cabeza y entonces, fijó su atención en Hagrid.-¡Rubeus! ¡Rubeus Hagrid! Me alegro de verlo otra vez... Roble, cuarenta centímetros y medio, flexible... ¿Era así?-Así era, sí, señor-Dijo Hagrid.-Buena varita. Pero supongo que la partieron en dos cuando lo expulsaron-Dijo el señor Ollivander, súbitamente severo.-Eh..., sí, eso hicieron, sí-Respondió Hagrid, arrastrando los pies-Sin embargo, todavía tengo los pedazos-Añadió con vivacidad.-Pero no los utiliza, ¿verdad?-Preguntó en tono severo.-Oh, no, señor-Dijo Hagrid rápidamente. Scarlet se dio cuenta de que sujetaba con fuerza su paraguas rosado.-Mmm-Dijo el señor Ollivander, lanzando una mirada inquisidora a Hagrid-Bueno, ahora, Harry, Scarlet... Déjenme ver-Sacó de su bolsillo una cinta métrica, con marcas plateadas—. ¿Con qué brazo coges la varita?-Eh... bien, soy diestro-Respondió Harry. El señor Ollivander dirigió su mirada a Scarlet.-También soy diestra.-Extiende tu brazo. Eso es-Midió a Harry del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza. Mientras medía, dijo-Cada varita Ollivander tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica. Utilizamos pelos de unicornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dragón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenosresultados con la varita de otro mago.También midió a Scarlet con una cinta métrica que media sola. El señor Ollivander estaba revoloteando entre los estantes, sacando cajas.-Esto ya está-Dijo, y la cinta métrica se enrolló en el suelo-Bien, Harry, prueba ésta. Madera de haya y nervios de corazón de dragón. Veintitrés centímetros. Bonita y flexible. Cógela y agítala.Harry cogió la varita y la agitó a su alrededor, pero el señor Ollivander se la quitó casi de inmediato.-Arce y pluma de fénix. Diecisiete centímetros y cuarto. Muy elástica. Prueba...Harry probó, pero tan pronto como levantó el brazo el señor Ollivander se la quitó.-No, no... Ésta. Ébano y pelo de unicornio, veintiún centímetros y medio. Elástica. Vamos, vamos, inténtalo.Harry lo intentó. No tenía ni idea de lo que estaba buscando el señor Ollivander.Las varitas ya probadas, que estaban sobre la silla, aumentaban por momentos, perocuantas más varitas sacaba el señor Ollivander, más contento parecía estar.-Qué clientes tan difíciles-Dijo cuando había repetido lo mismo con Scarlet-No se preocupes, encontraremos a tu pareja perfecta por aquí, en algún lado. Me pregunto... sí, por qué no, una combinación poco usual, acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible.Harry tocó la varita. Sintió un súbito calor en los dedos. Levantó la varita sobre sucabeza, la hizo bajar por el aire polvoriento, y una corriente de chispas rojas y doradasestallaron en la punta como fuegos artificiales, arrojando manchas de luz que bailabanen las paredes. Hagrid lo vitoreó y aplaudió y el señor Ollivander dijo:-¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Qué curioso... Realmentequé curioso...Puso la varita de Harry en su caja y la envolvió en papel de embalar. Luego le extendió a Scarlet otra.-Pluma de fénix, un pelo de unicornio, veinticinco centímetros, flexible y fácil de usar. Scarlet la tomo y la varita saco chispas.-Muy curioso...-Murmuro mientras envolvía la varita.-Perdón-Dijo Harry- Pero ¿qué es tan curioso?El señor Ollivander fijó en Harry su mirada pálida.-Recuerdo cada varita que he vendido, Harry Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de donde salió la pluma que está en tu varita dio otras dos plumas, sólo dos más. Y realmente es muy curioso que los dos estuvieran destinados a esas varitas, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz y a ti te hizo esa marca en el ojo.-Sí, veintiocho centímetros. Ajá. Realmente curioso cómo suceden estas cosas. La varita escoge al mago, recuérdenlo... Creo que debemos esperar grandes cosas de ustedes, Harry y Scarlet Potter... Después de todo, El-que-no-debe-ser-nombrado hizo grandes cosas... Terribles, sí, pero grandiosas.Scarlet se estremeció. No estaba seguro de que el señor Ollivander le gustara mucho. Pagaron catorce galeones de oro por los dos varitas y el señor Ollivander los acompañó hasta la puerta de su tienda.