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El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey — capítulo 7
A todos y todas:Si. lo se, eh tardado muchisimo en actualizar, pero pase de tener un ritmo de vida bastante tranquilo, a uno completamente agitado, y esto, es para ustedes y por ustedes. Espero que lo disfruten y sean pacientes en la actualización, sigo trabajando en el siguiente capitulo, pero quiero darme tiempo, pues el fin esta cerca y no lo quiero arruinar. Los quiero mucho, y les agradezco su fidelidad. Ojala comenten al final, para saber si debo cambiar algo o que se yo. Los quiero :) ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo Continuaron cabalgando bajo un cielo todavía gris, pues el sol no había trepado aún hasta las
crestas negras del Monte de los Espectros, que ahora tenían delante. Atemorizados, pasaron entre las hileras de piedras antiguas que conducían al Bosque Sombrío. Allí, en aquella oscuridad de árboles negros que ni el mismo Lególas pudo soportar mucho tiempo, en la raíz misma de la montaña, se abría una hondonada; y en medio del sendero se erguía una gran piedra solitaria, como un dedo del destino.
-Me hiela la sangre- dijo Gimli; pero ninguno más habló, y la voz del enano cayó muriendo en las húmedas agujas de pino. Los caballos se negaban a pasar junto a la piedra amenazante, y los jinetes tuvieron que apearse y llevarlos por la brida.
-¿Qué clase de ejercito puede permanecer en semejante lugar?- Cuestiono Elwing, el joven primo de los hijos de Elrond.
-Un ejército maldito- contesto Legolas, que cabalgaba casi a la par del joven. - Hace mucho, los hombres de las Montañas juraron al último Rey de Gondor acudir a su ayuda para pelear. Pero cuando llego el momento, cuando Gondor los necesito con urgencia huyeron desapareciendo en la oscuridad de la Montaña. Y entonces Isildur los maldijo, condenándolos a no descansar hasta no cumplir su promesa.
Un aire siniestro golpeo sobre la compañía gris, voces siniestras parecían arrastrarse desde las entrañas de la montaña. Los caballos se alteraron, rehusándose a seguir a delante. Tan solo la yegua de Erzebeth permaneció firme al lado de su dueña, dispuesta a adentrarse hasta donde les fuera posible, juntas.
El miedo no se hizo esperar, la confusión de lo que estaba sucediendo, y el temor de algunos pocos de la compañía gris no detendrían aquella misión. Aragorn permaneció firme, avanzando con paso firme y sin titubeos hacia delante, guiando a sus hombres y mostrándoles coraje y valor.
-¿Quién los llamara del crepúsculo gris? - susurro la dama Erzebeth, quien se abrió paso entre los jinetes que aun no podían dominar y hacer que sus caballos los siguieran. Era tan majestuosa como siniestra e imponente, bastante imposible no mirarla con admiración y respeto- La gente olvidada. El heredero de aquél a quien prestaron juramento. Del Norte llegará.- Aragorn miro atónito a la mujer, aquellas palabras lo hacían estremecerse, pero lo armaban de más coraje para seguir- Impulsado por la necesidad. Pasara la puerta de los senderos de los Muertos…
De ese modo llegaron al fondo de la cañada; y allí, en un muro de roca vertical, se abría la Puerta Oscura, negra como las fauces de la noche. Figuras y signos grabados, demasiado borrosos para que pudieran leerlos, coronaban la arcada de piedra, de la que el miedo fluía como un vaho gris.
La compañía se detuvo; fuera de Lególas de los elfos, a quien no asustaban los Espectros de los Hombres, no hubo entre ellos un solo corazón que no desfalleciera.
-Es una puerta nefasta -dijo Halbarad-, y sé que del otro lado me aguarda la muerte. Me atreveré a cruzarla, sin embargo; pero ningún caballo querrá entrar.
-Pero nosotros tenemos que entrar. - dijo Aragorn-Nos esperan muchas leguas, y cada hora perdida favorece el triunfo de Sauron. ¡Siganme!
-Siento que me han robado el mismísimo calor de mi sangre- dijo Gimli, le aterraba aquella entrada.
-El camino está cerrado- susurro Legolas. Analizaba los inscritos de la puerta.- Lo hicieron los que están muertos. Y los muertos lo guardan.
-El camino está cerrado- susurro Erzebeth con el mismo misticismos. Legolas le miro a los ojos. La helada mirada de la ninwen, se clavo en la azulada del elfo. Esto la hizo más cálida cuando parecía suplicarle que no le abandonara en estos momentos. Que la guiara y la llevara con él, por cualquiera que fuera el camino que el Elfo tomara.
Nuevamente un aire siniestro sopló. Provenía desde el interior de aquella cueva a la que se tendrían que adentrar. Aragorn se puso entonces al frente, y era tal la fuerza de su voluntad en esa hora que todos los Dúnedain fueron detrás de él.
-Yo no le temo a la muerte- dijo Legolas extendiéndole una mano a Erzebeth. La ninwen la tomo sin basilar y la apretó con fuerza para no perderse en el interior de aquella oscuridad. Legolas traspuso la puerta, tomado de la mano de su amada. Gimli el enano se quedó solo. Las rodillas le temblaban y estaba furioso consigo mismo.
-¡Esto sí que es inaudito!- dijo. -¡Que un elfo quiera penetrar en las entrañas de la tierra, y un enano no se atreva! -Y con una resolución súbita, se precipitó en el interior. Pero le pareció que los pies le pesaban como plomo en el umbral; y una ceguera repentina cayó sobre él, sobre Gimli hijo de Glóin, que tantos abismos del mundo había recorrido sin acobardarse.
Aragorn había traído antorchas, y ahora marchaba a la cabeza llevando una en alto; y Elladan iba con otra a la retaguardia, y Gimli, tropezando tras él, trataba de darle alcance. No veía más que la débil luz de las antorchas; pero si la compañía se detenía un momento, le parecía oír alrededor un susurro, un interminable murmullo de palabras extrañas en una lengua desconocida.
Nada atacó a la compañía, ni le cerró el paso, y sin embargo el terror de Gimli no dejaba de
crecer a medida que avanzaban: sobre todo porque sabía ya que no era posible retroceder; todos los senderos que iban dejando atrás eran invadidos al instante por un ejército invisible que los seguía en las tinieblas. Pasó así un tiempo interminable, hasta que de pronto vio un espectáculo que siempre habría de recordar con horror. Del tiempo que siguió, una hora o muchas, Gimli recordó muy poco. Los otros apresuraron el paso, pero él iba aún a la zaga, perseguido por un horror indescriptible que siempre parecía estar a punto de alcanzarlo y un rumor que crecía a sus espaldas, como el susurro fantasmal de innumerables pies. Continuó avanzando y tropezando, hasta que se arrastró por el suelo como un animal y sintió que no podía más; o encontraba una salida o daba media vuelta y en un arranque de locura corría al encuentro del terror que venía persiguiéndolo.
La luz aumentó, la compañía traspuso otra puerta, una arcada alta y ancha, y de improviso se encontró caminando a la vera de un arroyo; y más allá un camino descendía en brusca pendiente entre dos riscos verticales, como hojas de cuchillo contra el cielo lejano. Tan profundo y angosto era el abismo que el cielo estaba oscuro, y en él titilaban unas estrellas diminutas. Sin embargo, como Gimli supo más tarde, aún faltaban dos horas para el nochecer; aunque por lo que él podía entender en ese momento, bien podía tratarse del crepúsculo de algún año por venir, o de algún otro mundo.
Gimli volvió junto a Lególas. Caminaban en fila, Erzebeth delante del elfo, vigilada por sus dos hermanos, su primo y Legolas.
Volviéndose para hablar con Gimli, miró atrás, y el enano alcanzó a ver el centelleo de los ojos brillantes del elfo. Detrás iba Elladan, el último de la compañía, pero no el último en tomar el camino descendente.
-Los Muertos nos siguen -dijo Lególas-, Veo formas de hombres y de caballos, y estandartes pálidos como jirones de nubes, y lanzas como zarzas invernales en una noche de niebla. Los
Muertos nos siguen.
-Sí, los Muertos cabalgan detrás de nosotros. Han sido convocados -dijo Elladan.- Yo también los eh visto desde hace rato.
-¿los muertos?- repitió el enano escandalizado. Tomo su hacha en posición defensiva y giro sobre su propio eje mirando en todas direcciones, esperando ver el pálido rostro de algún intruso.- ¿llamados? Ya lo sabía.- Pero sin darse cuenta, la compañía lo había dejado atrás, por lo que tuvo que apresurar el paso para alcanzarlos.
Llegaron a una zona, donde una espesa y verdosa niebla cubría el piso y no permitía ver más debajo de las rodillas. Mientras la compañía caminaba, largos y espeluznantes brazos con dedos delgados salían de esta niebla, que cada vez subía más. Intentando jalar a cualquiera que lo permitiera al interior de algún horror que guardaba aquella extraña niebla.
Gimli soplaba y removía la niebla, cada que un brazo de dedos largos intentaba acercársele. Las manos, solo hacían la mímica de querer aferrarse a sus ropas y jalarlos, parecían más suplicantes que amenazantes.
Entonces, Aragorn dio un paso más, y un crujido como si algo hubiera sido aplastado y roto bajos sus pies reboto en las paredes del lugar. Miró con horror hacia sus pies, y sus sospechas fueron resueltas. El resto de la compañía se quedo paralizada, y un escalofrió recorría sus cuerpos a cada paso que Aragorn daba.
-No miren abajo- les dijo siguiendo su camino. El resto comenzó a caminar por donde Aragorn, y ahora múltiples crujidos de algo rompiéndose bajo sus pies resonaban y causaban escalofríos en la compañía. Pero todos obedecieron el mandato de Aragorn, y evitaron mirar hacia abajo.
Cuando Gimli pisó por primera vez en donde estaban los objetos que crujían bajo ellos, trato de seguir con más delicadeza, evitando un fuerte estruendo, pero lo hacía más largo el sonido del crujido. Y sin poder evitarlo más, bajó la mirada y se encontró con un horror peor que el que sentía al saber que los muertos los seguían.
Huesos y cráneos humanos se encontraban regados por el piso en montones, no se podía distinguir ninguna clase de suelo, más que aquellos montones de restos humanos que cubrían el camino de lado a lado. El enano pretendía correr para pasar más rápido aquel horror que le erizaba la piel. Erzebeth caminaba horrorizada, intentando no ver hacia abajo, pues no le gustaba para nada aquel sitio oscuro y seco, y mucho menos le agradaba el hecho de que fuera gobernado por los muertos.
Cuando estaban por pasar hasta donde la compañía ya no pisaba aquellos restos, la ninwen cayo súbitamente al suelo, y comenzó a gritar horrorizada al no poder incorporarse porque algo la aferraba y la mantenía en el suelo. Legolas y Elladan tironeaban de sus brazos, pero algo no le permitía a la ninwen incorporarse. No tardaron mucho luchando contra la fuerza oscura que mantenía a Erzebeth atada al piso. En cuando pudieron liberarla, corrieron hasta donde el resto de la atemorizada compañía los esperaba.
-¿Qué ha sucedido?- Preguntó Aragorn yendo hasta ellos, mientras Erzebeth recuperaba el aliento. - ¿Te encuentras bien, Erzebeth?
-No- respondió la ninwen abrazando a su hermano que permanecía a su lado- Ya no quiero estar aquí- sollozaba mientras Legolas revisaba sus rodillas. Algunas astillas la habían lastimado.- Me han hecho tropezar y no me dejaban levantarme. Caí de frente a un esqueleto que parecía burlarse de mi.- decía entre sollozos de miedo. - Sus ojos se podían ver, y me mantuvo ahí abajo. Pero parecía que más manos me aferraban…
-Tranquila- dijo Aragorn intentando consolarla- Perdóname por haberte arrastrado a este horror- se lamentaba por lo sucedido.
-Yo decidí que te acompañaría- dijo la ninwen secando sus lagrimas. - Y a estas alturas, sería peor intentar volver por ahí. - dijo mirando por donde habían venido y teniendo un escalofrió de pensar en los esqueletos que la habían hecho caer.
Siguieron, aunque no podían pasar por alto aquel accidente. Pasaron por un estrecho pasillo que los condujo a una estancia. Por lo que se alcanzaba a distinguir, el camino era ancho, pero ahora la compañía acababa de llegar a un vasto espacio vacío. El pavor los abrumaba y a duras penas podían caminar. Luego sopló una ráfaga fría que estremeció y apagó las antorchas, y fue imposible volver a encenderlas.
Un muro de piedra se alcanzo a distinguir, pues de él comenzó a dibujarse una enorme puerta tallada en la piedra escarpada, con sus dos torres a los costados. Vigilando la entrada a una ciudad olvidada y abandonada en los cimientos y las entrañas de la tierra. Unas escaleras un tanto dañadas, descendían de aquella majestuosa y lúgubre entrada. Emanaban una luz verdosa, como la niebla que habían pasado hace unos momentos. Pudieron distinguir un precipicio al otro lado de la estancia, de la oscuridad de este, emanaban unos resplandores débiles y lejanos de color verde, tan pálidos que si no fuera por lo negro de la profundidad, no se distinguirían.
-¿Quién entra a mis dominios?- Se escucho una siniestra y profunda voz que reboto rápidamente en los muros de rocas que custodiaban la estancia.
La compañía se giro hacia la escalera, de donde comenzó a dibujarse una silueta humana. Un Rey perdido en aquella oscuridad; con la ropa echa girones, los cabellos blancos y sin vida, la armadura mellada y el rostro cubierto en partes de piel que parecía putrefacta. Podían distinguirse sus costillas de entre su ropa, y de tanto en tanto, su rostro se volvía esquelético y dejaba ver los orificios de los ojos y nariz. Y su mano, que la dejaba cerca de la empuñadura de la espada, también alternaba entre ser esquelética o estar cubierta de piel seca con algunos bultitos que parecían hongos en la piel.
-Alguien que exige su lealtad- contesto Aragorn irguiéndose y mostrándose fuerte y entero, mientras que al resto de la compañía le atemorizaba aquella presencia.
-Los muertos, no toleran que los vivos pasen- dijo aquel espectro con su profunda voz. Un aire siniestro le soplaba y removía sus barbas y cabellos. Llevaba un yelmo que lo coronaba como un Rey.
-Me toleraran a mi- contesto Aragorn provocando la siniestra risa del Rey espectro.
Pronto, la risa reboto en las paredes y se multiplico con más y más risas que se le unían. En aquel precipicio, se comenzó a dibujar una antigua ciudad con escaleras, pasillos y Arcos, de donde comenzaron a surgir más espectros. Un ejército de rostros descarnados, gente que quedo y murió en el olvido, transformados así en un horror que acechaba aquel lugar. Algunos más altos, otros completamente encorvados al no resistir el peso de sus armaduras oxidadas y melladas.
-El camino está cerrado- dijo el Rey, mientras la compañía gris era rodeada por aquel basto ejercito que surgía de las paredes. Solo algunos permanecieron firmes, mientras otros sentían desesperación y escalofríos al verse en aquella situación.- Fue hecho por aquellos que están muertos, y los muertos lo guardan. -Pronto, se vieron completamente reducidos en un pequeño círculo de defensa, que era comprimido por aquella masa de soldados espectro. - El camino está cerrado- dijo el Rey comenzando a caminar hacia Aragorn. -Ahora deben morir.
Toda la compañía tomó sus armas y estaban a la defensiva, aunque no sabían si algo mataba a seres que ya estaban muertos. No guardaban ya ninguna esperanza, solo les quedaba permanecer ahí, de pie, juntos y luchar si les era posible junto a su líder.
Legolas lanzó una flecha a la cabeza de uno de los espectros, pero esta simplemente lo atravesó provocando un orificio que pronto volvió regenerarse. Ahora era bastante claro que no había armas ni nada que detuviera a estos espectros.
-Quédate atrás de mi- le dijo a Erzebeth intentando protegerá.
-Atrás, adelante. Es lo mismo con estos muertos- contesto la ninwen empuñando sus dos largos cuchillos. -Mejor solo pongámonos lado a lado.
-Les exijo que cumplan su juramento- siguió Aragorn, a él no parecía aterrarle los espectros.
-Solo el Rey de Gondor puede darme ordenes- Dijo el Rey de los Espectros, avanzando con mayor seguridad hacia Aragorn. Aragorn coloco frente a él, la espada que Elrond junto con Erina, le habían traído hace la noche anterior. El Rey de los espectros alzo su espada, dispuesto a descargar toda su furia hacia Aragorn, cuando ocurrió algo que los espectros no esperaban.
Erzebeth cerró los ojos, al no resistir ver como acababan con su amigo. Pero el choque de los metales replico por todos lados. Los espectros estaban atónitos, y aun más su Rey que no podía creerlo.
-¡Esa espada estaba rota!- exclamo aun incrédulo de que la espada que Aragorn portaba, había detenido un ataque que con cualquier otra arma habría sido fatal.
Aragorn tomo por el cuello al Rey, ya no habría más amabilidad si los espectros se negaban a cooperar. Puso el frio metal de Anduril en el cuello del Rey, y esté sintió por primera vez en muchos años, un terror de desaparecer por el filo de la espada a la que alguna vez le prestaron juramento.
-La han vuelto a forjar- dijo Aragorn, soltó al Rey y entonces se dirigió a todos los presentes con voz fuerte y clara. Una vez más, los años y el cansancio habían desaparecido, y dejaban ver a un hombre alto y majestuoso, que desprendía respeto y temor a sus enemigos.
-Peleen por nosotros y recuperen su honor- Dicho esto, le ordenó a Halbarad que desplegase el gran estandarte que había traído; y he aquí que era negro, y si tenía alguna insignia, no se veía en la oscuridad. Entonces se hizo el silencio.- ¿Qué dicen? - dijo recorriendo y escrutando los rostros cadavéricos de los espectros. Rompiendo filas al pasar entre ellos, pues llevaba la espada en alto, y les causaba terror. -¿Qué dicen?- repitió alzando más la voz.
-Pierdes tú tiempo Aragorn. No tuvieron honor en vida, dudo mucho que lo tengan ahora- dijo Gimli recargándose en su hacha, ya no estaba a la defensiva al ver la reacción que Aragorn había causado en los espectros.
-Yo soy el heredero de Isildur.- siguió- Peleen por mi y considerare su juramento cumplido.
Un aire siniestro sopló, y el Rey de los espectros comenzó a reír tétricamente, erizando la piel de la compañía. Su risa se fue amplificando y reboto por la pared como ya había ocurrido hace unos minutos, los espectros se unieron a la risa de su líder, y uno a uno comenzaron a desplegarse y a desaparecer.
-¿Qué dicen?- insistió Aragorn en un intento desesperado- ¡Les doy mi palabra! Peleen y los liberare de esta muerte en vida. ¿Qué dicen?- decía girando en todas direcciones intentando hacer que lo escucharan.
-¡Quietos traidores!- Grito enfurecido Gimli el enano.
Pero los espectros desaparecieron casi tan rápido como habían aparecido. Ni un murmullo ni un suspiro volvió a oírse en un largo rato. Un crujido sonó por uno de los extremos, como piedras desgajándose. Y a continuación, siguió un derrumbe desde el techo de la caverna. Haciendo que la visibilidad de la compañía fuera poca. El suelo se cimbraba, piedras y escombro caían de todas partes, dividiendo al grupo por su propia seguridad. Gimli estaba cerca de las escaleras que conducían a la puerta de los espectros, y entre los escombros miró como a sus pies rodaban cráneos de humanos, y seguían brotando como un nacimiento de agua entre una brecha que se había abierto sobre el marco de la puerta.
-¡Aragorn!- gritó. Y el hombre miró hacia donde el enano señalaba. Todos miraron, o intentaron mirar hacia donde indicaba Gimli, fue un momento de tensión, antes de que las piedras crujieran y una ola desbordante de cráneos se viniera sobre ellos.
-¡Huyan!- grito Aragorn guiando a los que estaban cerca de la puerta. Pudieron ver que entre el mar de cráneos que se dejaba venir sobre de ellos, había una grieta que conducía fuera de esa estancia.- ¡Por aquí¡- grito agitando sus brazos sobre su cabeza, para que todos pudieran seguirlo.
Los hijos de Elrond y Legolas, luchaban contra la marea de cráneos, que los habían separado de más del grupo. Gateaban y luchaban contra la corriente que los arrastraba hacia el precipicio. Tropezaban en su lucha por alcanzar a los demás. Aragorn le indico a Halbarad que guiara al resto, fuera de la estancia, mientras él y Gimli se quedaban para intentar ayudar a sus amigos.
Elrohin venia al frente, luchaba por no quedar sepultado por los cráneos, o no ser arrastrado por estos hacia una muerte segura. Detrás de él venía Elladan que volteaba a ver si su hermana seguía detrás de ellos sin mucha más dificultad de la que ya les causaba esa situación. Y detrás de ellos, hasta el final de la fila venia Legolas, el elfo intentaba ir lo más cerca que podía de Erzebeth, para ayudarla si algo se complicaba aún más.
-¡Salten!- dijo Aragorn extendiendo sus brazos, cuando llegaron a una brecha que se había formado en el piso por el peso de las piedras que habían caído. Era una distancia considerable, pero los cuatro eran seres livianos y agiles. Pero el que no dejaran de caer cráneos y escombros complicaban todo.
Elrohir fue el primero en llegar a la orilla, y sin pensarlo mucho se lanzo sobre el precipicio con una facilidad que parecía irreal, alcanzando el otro lado donde Aragorn y Gimli los esperaban.
-¡Vamos!- le dijo a Elladan, que aun luchaba un poco en el último tramo antes de llegar a la orilla.
-Erzebeth- grito extendiéndole una mano a su hermana, no estaba muy lejos ya, pero los cráneos acumulados abajo, no hacían fácil seguir, y los que rodaban por la superficie en masa, presionándolos y jalándolos hacia la corriente los estaban empezando a fatigar.
-¡Sigue!- le contesto moviendo sus brazos como si nadara, intentaba mover el peso que la estaba oprimiendo y enterrando ya- ¡Sigue!.
-¡Erzebeth! - gritó Legolas detrás de ella, cuando vio que la ninwen comenzaba a dejar de luchar por la fatiga que le estaba causando ya mover los brazos. El elfo había logrado pasar por arriba de los cráneos, el no estaba enterrado por aquella ola siniestra. Pero luchaba por mantener el equilibrio y no tropezar. - ¡Vamos, no te detengas, sigue moviéndote!- le suplico intentando llegar por arriba de ella para ayudarla.
-¡Ya, no puedo!- dijo moviéndose con mayor dificultad- No puedo respirar bien.- dijo angustiada por la asfixia que le estaba causando el peso que la oprimía.
-¡Sigue!- le insistió Elladan- Intenta salir.
-¡No puedo!- dijo desesperada.
Entonces, una flecha paso volando cerca de la cabeza de Elrohir. Legolas le había atado una cuerda que traía consigo. Y el sostenía el otro extremo. Rápidamente Aragorn y Elrohir supieron lo que el elfo intentaba hacer. Así que tomaron el extremo y le indicaron a Gimli que hiciera lo mismo.
-¡Elladan, salta ya!- grito Elrohir a su hermano, pues esté seguía intentando ayudar con desesperación a su hermana- Ven a ayudarnos.
Legolas ató el extremo de la cuerda alrededor de su cintura. Erzebeth estaba enterrada hasta el cuello y solo sus brazos y cabeza sobresalían de su cuerpo. El elfo llego como pudo hasta la ninwen, aún estaba consiente pero ya sin muchas fuerzas para intentar salir de la masa opresiva que estaba sobre ella. Era como si alguna extraña fuerza la estuviera persiguiendo desde el momento que cruzaron la entrada, y no le permitía ahora salir. Queriendo arrastrarla hasta la oscuridad.
-No te muevas ya- le dijo Légolas tomándola de ambas manos.- Deja que te arrastre para liberarte.
-No…
-No te dejaré caer- le dijo el elfo a la desesperada ninwen. Ambos dejaron que los cráneos los arrastraran.
Por unos momentos, los dos quedaron enterrados bajo los cráneos. Elladan y Elrohin se inquietaron al no ver más señales de ellos. Solo podían ver la cuerda que estaba enterrada bajo todos esos cráneos que no dejaban de brotar.
-¡Debemos jalar la cuerda!- dijo Elladan desesperado- Tenemos que sacarlos de ahí.
Y justo cuando se preparaban para comenzar a tirar, la cuerda se tensó y ambos cuerpos cayeron hacia el precipicio. Legolas sostenía con una mano a Erzebeth, y con la otra sujetaba la cuerda. Ambos estaban un poco asfixiados por el peso que los estaba oprimiendo antes de ser arrastrados hasta la orilla.
-¡Jalen! Hay que subirlos- dijo Gimli detrás de los tres altos y fuertes hombres.
Entre los cuatro jalaron la cuerda y subieron a Legolas y a Erzebeth. Continuo a esto, una explosión hizo brotar mas escombros y las paredes comenzaron a derrumbarse. No hubo tiempo para que tomaran aliento. Todos corrieron mientras el túnel por donde habían salido los demás se derrumbaba a sus espaldas.
En su último esfuerzo de todos, llegaron hasta el exterior de la montaña. Se escucho como se estaba desgajando por dentro y el suelo se cimbro aun más y la salida quedo cubierta con escombros, y se alzo una espesa nube de polvo.
Aragorn tomó una bocanada de aire y cayó de rodillas. Fatigado y sintiéndose completamente desesperado. Pues todo este viaje y peligros habían sido en vano. Solo había expuesto a su gente a una muerte segura sin ni siquiera haber podido conseguir nada.
Todo comenzó a ocurrir lentamente alrededor del montaraz. Veía a los suyos tirados y rendidos en el suelo. Fatigados por lo que acaban de pasar, y sin esperanza alguna de llegar a Gondor a tiempo. Y por el otro lado, veía a los hijos de Elrond ayudando a la menor de estos a recobrar el aliento, mientras su primo y Gimli ayudaban a Legolas. Todo ese dolor, todo ese sufrimiento que les estaba causando a sus amigos y no habían logrado nada. Y ahora los caballos se habían quedado del otro lado, y el solo hecho de rodear la montaña para ir en su búsqueda ya era una travesía arriesgada sin esperar encontrarlos aun.
No había forma de llegar a Gondor a tiempo, ni había esperanzas ya para el hombre en la Tierra. Y empeorando aun la situación, allá a lo lejos se podían ver dos aldeas a cada extremo del rio que conducía hacia los territorios de Gondor, completamente devastadas. Salían paredes de humo de un incendio reciente en ambas aldeas, y en las aguas, surcaban embarcaciones con velas y banderas negras, perteneciente a los piratas que se habían aliado con Sauron, y se dirigían a Gondor.
Halbarad fue hasta Aragorn y coloco una mano en su hombro en señal de apoyo. Y así como Halbarad lo apoyaría, todos los Dunedain estarían con él hasta el final. Aragorn seco las lágrimas que le habían brotado de los ojos. Se levanto y se irguió para guiar a los suyos. Y justo cuando se giro para hablarles, de las entrañas de la montaña surgió el Rey de los Espectros y fue hasta él.
-Pelearemos- dijo con las facciones duras, decidido a terminar con aquella agonía de años.