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Mentiras dolorosas — capítulo 1
-Pensé que habías muerto!!.-la castaña gritaba desesperadamente, el hecho de que el hubiese regresado era una locura, algo fuera de lo normal, se había salido de sus estribos, cinco años llorando su perdida para nada.
-Pues te mintieron al igual que a mi!! Todo este tiempo amándote y buscándote!.-el rubio platinado la quería de regreso, a él también le habían mentido, el la busco todo ese tiempo.
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Cada mañana se levantaba, iba a la habitación de su hijo y lo despertaba para ir a su colegio, bajaba a la cocina y preparaba café para ella y para el que era su esposo, la castaña de 24 años añoraba el mundo mágico, añoraba el sabor de la deliciosa cerveza de mantequilla, a sus amigos que no veía y mas que nada, la magia. Había renunciado a ella desde que se mudó al mundo muggle, desde que el murió…
Su vida era un tanto triste, casada con un hombre que solo llegó a amar al principio de su matrimonio, encadenada a un trabajo que odiaba y que no le gustaba, viviendo una vida que parecía que no fuese suya. Lo único que la hacia volver en si era su hermoso y adorable hijo. El niño que nació de un amor que se perdió.
-Buenos días cariño.-le saludó Henry acomodándose la cortaba, era su esposo, un hombre de tez canela pálida, cabello negro y ojos negros penetrantes, llevaban tres años casados.
-Buenos días, hoy llegaras temprano? O llegaras igual de tarde como siempre?.-le preguntó la castaña tomando un sorbo de café de su taza, volteo al ver la expresión de Henry y este parecía molestamente incomodo, Hermione sonrió para sus adentros por que sabia que si lo haría, era lo usual. Sabía que era extraño pero disfrutaba cuando el no estaba, era mejor estar sola con Scorpius que con el.
-No importa, ni se para que me inmuto a preguntar.-Hermione miro al suelo y soltó una ligera risa y salió de la cocina para irse a preparar para ir a su trabajo, se dio una ducha rápida pero placentera para irse a preparar para ir a su trabajo, se dio una ducha rápida pero placentera se vistió casual como hacia para ir a su trabajo. Al salir de su habitación pasó por la alcoba de su hijo y lo vio tratando de acomodarse su abrigo.
-Mami, me ayudas por favor?.-preguntó el pequeño Scorpius con inocencia.
-Claro mi amor.-se acercó al pequeño, la cargo en sus brazos y se sentaron en la cama de Scorpius, Hermione le acomdo el abrigo t el pequeño le agradeció dándole un beso y un abrazo, el pequeño de cinco años es igual de inteligente que su madre, sus facciones eran finas, sus ojos son grises, iguales que los de su padre.
-Mami, hoy después de que me busques de la escuela, crees que podríamos ir a comer helado? Podemos?.-la castaña le sonrió placenteramente, era un terrón de azúcar ese pequeño.
-Claro mi amor, también si quieres podemos ir a comprar un juguete, pero solo uno.-el pequeño Scorpius saltó hacia su madre dándole besos en la cara, Hermione se sentía feliz.
-Vamos, hay que desayunar.-tomo de la mano a su pequeño y bajaron hasta llegar a la cocina, Hermione le sirvió a la pequeña unos waffles con fresas encima y zumo de naranja. Henry ya había partido a su trabajo.
Hermione termino de desayunar al igual que Scorpius, salieron de casa hacia la escuela de Scorpius, de ahí, Hermione se dirigió a la inmobiliaria en la que trabajaba, lo odiaba pero de ahí sacaba el dinero que para llevar a casa (como si fuese necesario). Trabajaba de 8:00 am a 4:00 p.m, ese horario era bueno para un trabajo normal pero por día Hermione tenia que atender a más de 50 personas en busca de casa para vivir. Su vida muggle era normal, nadie sabia de su pasado, conseguir ese trabajo fue difícil ya que no había tenido estudios normales, pero poco a poco logro llegar hasta donde estaba ahora.
Todo el día sentada en su escritorio atendiendo a personas en busca de casas, no tenia tiempo de descanso, todos los días deseaba salir de su trabajo, deseaba que el reloj marcara las cuatro. Su trabajo la estresaba, habían momentos bueno pero otros malos, llegaban personas desesperadas por adquirir una propiedad, eran tiempos difíciles pero Hermione lo sentía igual.
El reloj marcó las cuatro y Hermione salió disparada de la oficina a recoger a su hijo y cumplirle lo que le prometió
-Mami mami!.-corrió hacia su madre al verla llegar.
-Hola mi amor, que hiciste hoy?
-Hoy aprendimos los números, son fantásticos, también los colores secundarios y muchas cosas mas mami!.- al pequeño le gustaba la escuela, era aplicado, igual como su madre lo era en la escuela.
-Que bien! Bueno, ahora iremos por el helado que quieres.
-Si si si! Y no te olvides de mi juguete!.-Hermione rió al ver la alegre expresión del niño, caminaron juntos por la acera hasta llegar a la heladería y ahí juntos disfrutaron de su helado, al terminar se dirigieron a la juguetería y en ella Scorpius corrió a ver los juguetes para escoger uno, Hermione veía a su hijo entusiasmado, se le notaba que no sabia cual tomar, todos eran maravilloso hasta que escogió un trencito que hacia el sonido de la locomotora.
-Este mami, este!.-la castaña lo tomo y lo pago, salieron juntos de la juguetería para ir a casa, el pequeño estaba contenta, Hermione recordaba sus años en Hogwarts, sus amigos y como extrañaba la magia.
Al llegar a casa cenaron solos como de costumbre y cuando Scorpius se durmió Hermione buscó entre sus cosas y encontró su varita, esbozó una sonrisa al volver tenerla en las manos, con un ligero movimiento levanto la lámpara de su lugar, amaba la magia, jugo un rato con su varita, se sentía viva al volver a usar magia, hasta que escucho unos ruidos lo que le avisaron que Henry llego, rápidamente, puso todo en su lugar, guardo la varita y se acostó a dormir, soñando con volver al mundo mágico.