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Liam — capítulo 1
Ellos te necesitan
"Hay amor divino… cuando tienes que volver…" Tarareaba alegremente una canción, sin querer se pasaba, de tanto en tanto, las manos en el pantalón. El sudor le escurría en la frente hacía los lados de la cabeza, el olor a aceite no le permitía usar su nariz para nada más y sus manos habían tomado un negruzco color permanente.
—Buenas tardes—Llamó alguien en el mostrador de adelante— ¡Buenas tardes!—Clamó de nuevo con una irritante voz chillona.
Salió de debajo de un auto en la cochera y Liam Herdenson movió su voluminoso metro ochenta hacia la entrada del taller.
Como lo supuso, una mujercita pequeña y arrugada, tan desagradable, llevaba arrastrando al perro más molesto y escandaloso, esa clase de perros que uno ve en la calle y quiere lanzar lejos de una patada. Pero sin duda la mujer era peor.
Pasó hora y media hablando de su estúpido auto que en realidad no tenía nada simplemente necesitaba gasolina, pero la mujer no lo entendió y con un ademan y las palabras "¿Cree que no tengo suficiente dinero?" lo dejo ahí hasta la mañana siguiente.
Él era un hombre normal, o lo suficientemente normal para un hombre de 22 años que no termino la secundaria, vivía del ingreso de su abandonado taller y la pensión de una madre diabética y ciega, que todas las noches al llegar a casa le gritaba preguntando por su hermana que nunca llegaba.
Tenía una novia, una encantadora chica de su pueblo que después de una reprimenda de su padre lo dejó y desde entonces, hacía 3 meses, no le dirigía la palabra y se limitaba a lanzarle miradas inapropiadas en la iglesia.
—Me aburren—Se dijo una noche mientras se veía al espejo antes de dormir—Son todos tan iguales… todos necesitan algo siempre la gente aquí es tan fastidiosa
—Tú no—Se respondió a sí mismo—Tú no los necesitas…—Repetía la voz que poco a poco se hizo más pequeña y finalmente se salió de su mente y se posó en su mesilla de noche—Son ellos los que te necesitan…
Liam durmió tranquilo esa noche, la voz tenía razón, el no los necesitaba, nunca los había necesitado, eran ellos, y esa idea lo calmó, ellos lo necesitaban, siempre lo habían necesitado y ahora más que nunca debía de ayudarlos.
—¡Maggie! — Decía la mujer en la silla de ruedas—¿Dónde está Maggie?
Y luego rompía en llanto y se quedaba quieta por horas hasta q volvía a despertar y se quejaba del dolor en las piernas y luego volvía a llorar por su hija perdida.
—Maggie no está—Le respondió Liam—Tu se la diste ¿Recuerdas?
Si así era, tanto tiempo atrás vio como su madre la subía a la fuerza en el auto de un hombre sucio que olía a tabaco y alcohol, Maggie llamaba a su mamá, y su madre solo entro a la casa a contar los billetes que el hombre había puesto sobre su mesa.
Un año después enterraron a la pobre niña de 12 años, una nodriza cargaba a un debilucho bebe recién nacido y el hombre abrazaba a otra pequeña solo algo mayor que su hermana.
—Maggie no esta—Repitió Liam y cuando la mujer grito en una agonía sentimental "Quiero a Maggie" Liam respondío: —Te llevare con ella.
Una almohada, gasolina, un fosforo.
Nadie en el pueblo se sorprendió, la anciana a pesar de ser ciega fumaba por horas en su pórtico y dejaba sus colillas por todos lados. "Pobre chico" Decía la gente, "Primero la hermana y ahora la madre".
Liam se fue a vivir a su taller, ahora ya no hablaba con nadie, se limitaba a ver a todas esas personas en el mundo, "Todos te necesitan" Decía cada noche la voz. Tanta gente a la cual ayudar, y ¿Por dónde comenzar?
—Buenos días—Se escuchó un día en el mostrador, de nuevo esa desesperante mujer
Salió de prisa de la parte trasera de la tienda.
—¿En qué puedo ayudarla?
"Hay amor divino… cuando tienes que volver…" Tarareaba alegremente una canción, sin querer se pasaba, de tanto en tanto, las manos en el pantalón. El sudor le escurría en la frente hacía los lados de la cabeza, el olor de la sangre que brotaba de la garganta de la mujer detestable inundaba sus sentidos y le decía que iba por buen camino, sus manos habían tomado una labor gloriosa, le decía la voz que lo acompañaba. El tenía que ayudar a su pueblo, tenía que ayudarlos a todos…