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Mi Mundo... Mis Reglas... Y Aquí mando YO Hurón. — capítulo 1

Se encontraban en la corte, la sentencia de Lucius era en unos cuantos minutos, la desgracia no había terminado con la muerte de Voldemord, la desgracia estaba comenzando para la familia Malfoy. El juicio acababa de comenzar y era cuestión de minutos, de segundos para condenar a Lucius Malfoy.

La pureza de su sangre ahora no valía nada, era solo basura, desperdicio, solo era un pedazo de el infierno que habían llevado.

-No ¡por favor! Déjenlo libre. Lucius, Lucius ¡NOOO!, no pueden condenarlo. Draco diles que lo dejen, diles que lo dejen- Gritaba desgarrada Narcissa al ver lo deteriorado que su marido se encontraba.

Draco no restia la situación que llevaba su familia, tal vez su padre no fue el mejor ejemplo a seguir, ni el mas cariñoso, tal vez solo fue un hombre sin sentimientos, la peor persona pero era su padre y lo amaba,  le dolía verlo así tan mal y lo que mas odiaba era ver a su madre llorar y deshacerse por dentro del dolor.  Se sentía desbaratar pero no podía caer ahora, tenia que seguir con su madre y ser su sustento.

-Madre no hay nada que yo les pueda decir y que los convenza-  decía el rubio a su amada madre para que ya no gritara, tenia el corazón partido de ver como ahogaba gritos de dolor, ese dolor que era como la muerte para el.

-Señora si no guarda silencio le tendré que pedir que abandone esta sala por lo que más quiera.

El trato de conseguir que Narcissa se calmara un poco, pero esa calma no duro mucho pues se escucho lo que tanto temían y esperaban. La sentencia.

-Lucius Malfoy, se le condena a cadena perpetua en la prisión de Askaban por la traición al mundo mágico, y por ser aliado de Lord Voldemord para destruir este mundo.

El solo bajo la cabeza, su tiempo había llegado, el final de su familia se había escrito no le quedaba otra mas que vivir el resto de su vida esperando a la muerte, la única que vendría a visitarlo después de tanto tiempo, la única acompañante además de la soledad.

-¡LUCIUS!, no pueden encerrarlo, no pueden- Gritaba Narcissa intentando hacer que sus gritos conmovieran a todos pero ese esfuerzo era en vano, el corazón que les latía a esas personas parecía ser de piedra.

-Draco- le dijo su padre acercándose a él, hizo algo que jamás se imagino, lo abrazo fuertemente derramando lagrimas de esos ojos grises que siempre ahogaron sus penas. Por primara vez Lucius Malfoy lloraba frente a su hijo- Promete que cuidaras de tu madre y que jamás volverás a cometer los errores que por mi culpa cometiste, promete que cambiaras y olvidaras las malas acciones que yo te enseñe, pero sobre todo prométeme que cuando seas padre no serás igual que yo lo fui contigo.

-Te lo prometo- le dijo dándole otro abrazo para llorar esta vez el.

Lucius se tuvo que despedir de su familia para ser llevado a la cárcel de Askaban, pero el juicio aun no terminaba, Draco como Mortifago tenia que pagar algún precio. Precio que le cambiaria la vida para siempre.

-Narcissa Malfoy, por no haber cometido hechos ilícitos no tendrá condena alguna. En cambio Draco Malfoy por ser un Mortifago se le condena a vivir fuera del mundo mágico sin uso de la magia hasta que su sentencia se cumpla con sus acciones, gracias a que se le obligo a cometer muchos delitos que no son justificados no se le juzgara de mayor manera. Dicho esto, el juicio se da por cerrado.

Draco miro hacia todos lados, tal vez esa decisión era la mejor, pero como viviría lejos de su madre. No lo soportaría jamás.

-Tengo que abandonar este mundo en cuarenta y ocho horas, será mejor que busque un lugar para vivir madre

-No me puedes dejar hijo, tú no puedes dejarme sola

-No será para siempre, volveré y jamás nos separaremos, por lo pronto continuare con mis estudios, creo que desempeñare otra profesión alguna que me sirva en ese mundo

-Promete que me escribirás

-Lo are, jamás podría dejar de comunicarme contigo

-¿Y Astoria, que pasara con ella?

-Ella ya no es mi novia, me dejo por los problemas y lo de mi padre, ella jamás me amo realmente

-Lo lamento hijo

-No importa, en realidad jamás la quise realmente, creo que lo mejor fue eso. Terminar.

-Sera mejor que nos vallamos de aquí, es tarde y quisiera descansar un poco

-Tienes razón, vámonos este lugar es tan deprimente, aunque no es muy diferente a la mansión

Madre e hijo se marcharon de ahí, Draco tenía que buscar un lugar para vivir en Londres y Narcissa tenía que prepararse para una despedida más, la de su hijo.

El tiempo paso rápido y la hora había llegado. Era tiempo de decir adiós.

-T e quiero hijo, siempre te querré

-Yo también, no te deprimas mas, estoy seguro de que pronto saldremos de esta y seremos por fin felices- le dijo abrazándola para tener su olor, el olor de la mujer que más amaba, esa mujer que le dio la vida- Volveré por ti y nadie nos separara.

-Te esperare y te seguiré viendo crecer con tus hijos, mis nietos. Sonríe recuerda que te amo- le dijo limpiando las lagrimas que asurcaban esos bellos ojos.

Adiós, era el momento de partir, de comenzar una vida nueva lejos de el mundo que el conocía.

Ahora le tocaba vivir algo nuevo, algo que cambiaría las reglas de su vida.

Vivir lo que le esperaba

Entender que hay cosas más allá de los muros de protección que le regalaba

La pureza de la sangre.