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La historia de nuestro amor — capítulo 1
Desperté de mi sueño, o mejor dicho mi pesadilla, recordaba la escena que cambio mi vida por completo, el momento en el que levante mi varita contra la mujer que amaba, en el que estuve a punto de lanzarle la maldición que la llevaría a la muerte, y me arrastraría con ella. ¿Qué me estaba pasando en ese maldito momento? Esa pregunta me la hago todos los días cuando la veo dormir a mi lado, al parecer todavía no puedo superar el momento en el que decidí ser valiente por primera vez, en el que decidí dejarlo todo por ella, nunca supe porque justo antes de eso dudé, dudé como el cobarde que soy, aun ella viendo en mis ojos de duda supe que no me reclamaba, me estaba diciendo que me amaba, me daba una mirada de perdón.
Como todas las mañanas yo despertaba muy temprano, antes que ella, la veía dormida a mi lado y nuevamente volvía a recostarme sobre la almohada, de verla dormir tan delicadamente cerraba mis ojos intentando apartar de mí los rastros de aquel pasado que todavía no podía borrar, y que seguía sin perdonarme.
Me desperté por una pequeña sensación en mis labios, era suave, cual terciopelo, húmeda, tibia y que me hacia sentir feliz, apenas logre poner en orden mis sentidos y me uní a ella con aquel mismo beso que me despertó, sentí como ella se acercaba a mi poco a poco y yo no podía hacer mas que rodearla con mis brazos y apretarla contra mi pecho, si estaba en un sueño esperaba no despertar nunca.
− Despierta amor, hoy tenemos un día muy… muy largo. − Ella sonreía mientras sus labios seguían rozando los míos, quería atrapar sus manos y tomarla en ese instante, pero si la retrasaba iba a tener un castigo severo.
− Herms… ¿Tienes que recordármelo? - Ella me convenció la noche anterior de ir a ver a sus "lindos amiguitos", y yo en un momento de debilidad no podía decirle que no… pero ¿Quién le diría que no esa hermosa amazona? Cuando tenía una idea en mente no paraba hasta conseguirlo.
− Sabes que no los he vistos desde hace unos años, y bueno sería un buen momento para que les demuestres porque te amo tanto…
− ¡No me acostare con ellos mi querida Granger! - Sentí como la almohada impacto mi cara y la vi muerta de risa cuando alejo la almohada de mi rostro.
− ¡Draco Malfoy! No te atrevas a engañarme con Harry Potter o no respondo - Levante la ceja, y decidí seguir con el juego, la mire con cara de sorpresa y tarde un segundo en formular mi frase.
− Lo siento querida, pero… ¡nunca pensé que me descubrirías! Él y yo habíamos sido tan cuidadosos, pensé que nunca lo sospecharías, pero ahora ya no puedo negarlo… − Levante mi brazo para taparme la cara fingiendo que esa frase me causaba un pequeño dolor, escuche como se reía y entonces decidí besarla.
Alguien golpeo la puerta y yo solo respondí que podían pasar, entraron nuestros hijos, todos ellos dignos herederos de la dinastía Malfoy, como cara rajada y Pansy decían, hermosos como su padre e inteligentes como su madre.
Me puse a pensar, quien viera a Hermione no creería que era madre de 7 pequeños, es más, nadie creería que estuvo embarazada, si bien los años no pasaban en balde Hermione Malfoy se conservaba de manera exquisita, sus pechos eran mas grandes a consecuencia de los embarazos y sus caderas mas anchas, pero por alguna razón su vientre siempre permanecía plano.
− ¿Ya están listos? Estamos algo retrasados para ir a casa de James, y bueno… es tarde, y padre, tu sigues en pijamas ¿Podrías apurarte? - Sin duda alguna Scorpius era el mas impaciente de los 7. Rubio, con el cabello liso, los ojos grises y esa pose arrogante que viene, al parecer, desde los genes, tenía 18 años, cursaba el último año en Hogwarts.
− Padre… ¡vamos nos están esperando, deja de fingir que te vas a dormir de nuevo! - Esta vez mi pequeña Andrómeda era la que me interrumpía, una digna Princesa Serpiente. Tenía 17 años, su cabello era rubio pero rizado, al parecer no indomable como el de su madre algo que ella seguramente agradecía, ojos grises pero sus facciones idénticas a las de su abuela Narcissa.
− ¡Ya! Me levantare, iré a darme una rápida ducha y los veo abajo en unos minutos. - Vi como todos ellos sonreían y salían por la puerta, Hermione solo me beso en la comisura de los labios y ahí me di cuenta que ella ya estaba lista, el único antipático aquí era yo.
Termine de bañarme y baje, viendo a mi familia subir al auto, si alguien me hubiera dicho a los 16 años que me casaría con Hermione, viviría en un barrio muggle, tendría un auto y mi vida sería mas muggle que mágica me hubiera reído y lo habría golpeado por decir tantas estupideces.
Le di las llaves a Scorpius y él de inmediato volteo emocionado a verme. Teníamos dos autos y una camioneta, para aquellos viajes familiares siempre usábamos la vagoneta, era más cómoda ya que 9 integrantes no cabrían en un solo auto.
− Padre ¿de verdad?− Sus ojos brillaban de una manera increíble, pero como todo Malfoy cambio esa cara por una de orgullo, como si eso fuera algo sin importancia, y con toda la elegancia reunida se subió en el asiento del piloto.
− Tu manejas, yo duermo. Trato justo ¿Te parece? - El movió la cabeza en señal de aprobación. - Orion ¿Vienes? - mi tercer hijo, otro perfecto Malfoy, cabello rubio, pose altanera, a sus 16 años era el Príncipe de Gryffindor, cuando llego a tercer año tiro de su trono a James y no pude ser mas feliz.
Vio como su esposa cerraba la puerta y se acercó a ella, recordó la primera vez que camino hacia ella con el único objetivo de tomarla entre sus brazos y besarla, dejándola con la cara llena de preguntas y sus mejillas sonrojadas, la beso enfrente de Potter y de Weasley, mas bien de toda la escuela pero eso no le importo.