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Mi sexto año con Cedric. — capítulo 1
Llego tarde, llego tarde, llego muy tarde. La primera clase del año y llego tarde. Corriendo como nunca cargada de libros, pergaminos y plumas, me dispongo a llegar lo menos tarde posible a la clase de pociones. Esto me va a costar unos cien puntos menos para Gryffindor, seguro. Espera ¿Dónde estoy? Joder seis años aquí y aún me pierdo por los pasillos, no debería de haber dejado que Peeves me desviara del camino.
-¿Todo bien?
Me giro para hacerle frente a la voz y decirle que obviamente no, no va todo bien. Cedric Diggory está a unos tres metros de distancia con cara divertida. Prefecto de Hufflepuff, un curso más que yo.
-Qué raro verte sola. Rara vez se te ve sin los Weasley.
-Lamento decirte que no me ves mucho entonces, no estamos pegados.
Me he pasado, no me lo ha dicho de malas maneras. Relaja esos humos, vamos Janice.
-¿Y porque iba a lamentar verte poco?
Vale, me lo he ganado.
-Pues, pues… no sé. Déjalo - hago un gesto de cansancio con la mano y dos de mis libros caen al suelo- lo siento, no quería hablarte así. Es que llego tarde a la primera clase, Peeves me ha hecho cambiar de pasillo y me he perdido, estos malditos libros pesan y Snape me va a quitar doscientos puntos cuando se dé cuenta de que no estoy en clase.
Me dejo caer en el suelo junto a mis libros y me cubro la cara con las manos, este curso está empezando muy mal. En el andén hice el ridículo cayéndome en medio de la gente y desparramando todos mis libros nuevos, casi pierdo el tren para llegar, anoche Peeves nos roció con globos de agua, me di cuenta de que me olvide en casa de los Weasley uno de los libros y ahora esto.
-Oye, no es para tanto. Podré superar una mala contestación.
Noto que Cedric postra una rodilla frente a mí y me recoge los libros.
-Levántate Janice, si te vas a saltar la clase de pociones será mejor que no te vean en mitad de pasillo.
-No, no me voy a saltar la clase de pociones.
-Vamos, Snape te va a quitar los puntos igual y esa clase es lo peor. Seguro que puedes emplear esta hora en otra cosa.
Me levanto junto a él mientras me coloca los libros sobre el regazo, pero luego con un "deja que te ayude" me vacía los brazos llevando él todas mis cosas.
-No, no hace falta de verdad.
-Da igual. Bueno ¿Qué quieres hacer con esta hora inesperada de libertad? - me sonríe.
-Como prefecto deberías haberme obligado a volver a clase, no haces muy bien tu trabajo.
-Creo que tienes como modelo perfecto de prefecto a Percy Weasley.
Y los dos empezamos a reírnos. La verdad es que Percy es demasiado correcto, lo era como prefecto y lo sigue siendo ahora, en las temporadas de verano que pasamos en La Madriguera me saca de quicio menos mal que siempre lo podemos evitar.
-Me parece que voy a ir a la biblioteca - le digo.
-¿De verdad? Yo también - me dice fingiendo seriedad- tengo que llevar esto - dice levantando mis cosas unos centímetros con ambos brazos - a su destinatario.
-Eres demasiado amable.
-Tal vez.
-¡Hola Janice! Se rumorea que hemos perdido cincuenta puntos por tu ausencia en clase de pociones ¿Dónde estabas?
Me acabo de encontrar con Hermione frente al retrato de la señora gorda. Y está bastante preocupada porque me he saltado la primera clase del curso.
-Me perdí por los pasillos. Ya llegaba tarde así que fui a la biblioteca.
-Acompañada por Diggory - se burla Ron que acababa de llegar con Harry.
-Y a ti que más te… quiero decir, que no es verdad.
-Oh, ya lo creo que sí. No se habla de otra cosa por los pasillos - lo respalda Harry.
-No seas mentiroso Harry, yo no he escuchado nada por los pasillos.
-Hermione, sabes que sí.
En este colegio las paredes hablan, literalmente además. Tampoco ha sido gran cosa el hecho de que me haya acompañado a la biblioteca, quiero decir si se hubiese tratado de cualquier otro alumno pero Cedric era uno de lo más guapos según las encuestas femeninas.
-Genial, ahora me tocara aguantar miradas llenas de odio porque Cedric simplemente se estaba comportando como un caballero.
-Y no te olvides Janice, de que Fred y George han conseguido vender unas cuantas docenas de caramelos - me dice Ron mientras me pasa una mano por los hombros y con la otra me enseña un caramelo de "Sortilegios Weasley".
-Oh, qué bien. Ningún dulce más entonces.
Entramos riendo a la sala común de Gryffindor, donde efectivamente algunas de mis compañeras de casa me dedican sus más odiosas miradas.
-Creo que me vuelvo a la biblioteca. O no, mejor, me voy a encerrar en la cámara de los secretos.
-Vamos no exageres - me responde Hermione - Oye, me puedes dejar tu libro de pociones… quiero mirar unas cosas.
-¡Claro!
Rebusco como puedo entre los libros que tengo en brazos y en la mochila. Nada. Seguro que me lo he dejado en la biblioteca.
-Me lo he dejado en la biblioteca. Voy corriendo a por él.
Hermione se hace cargo de llevarme al baúl el resto de libros y dejo también la mochila mientras voy corriendo de vuelta a la biblioteca. Afortunadamente nadie le ha encontrado ningún atractivo al libro y esta justo donde me lo dejé antes. Saliendo de la biblioteca y con menos prisas ahora, me doy cuenta de que no solo me dedican miradas asesinas en la torre de Gryffindor.
-Señorita Campbell, que bien encontrarla sana y salva.
Levanto la mirada hacia la voz, lo único que me faltaba hoy era una bronca de Snape por saltarme su clase.
-Hola señor.
-¿Por qué no ha aparecido por la clase de pociones?
-Bueno, verá, Peeves…
-Ha sido culpa mía, profesor.
Una voz interrumpe lo que iba a ser la peor excusa de la historia, lo cual agradezco, pero no hace falta que nadie se haga responsable de la ausencia a no ser que sea Peeves. Pero no, no es Peeves el que ha interrumpido mi excusa.
-Señor Diggory. Explíquese.
-Bueno vera, encontré a la señorita Campbell por los pasillos perdida…
-¿Perdida? ¿Después de seis años?
-Soy muy despistada - igual si me hago la inocente...
Veo a Cedric ocultar una sonrisa.
-Bueno, la encontré y como llegaba tarde la empuje a hacer algo con el resto de esa hora.
-Algo que no era acudir a mi clase, está más que claro. Y espero que ese algo no incluyera encuentros en lugares oscuros con usted.
Noto que me pongo roja y que las miradas de alrededor son más asesinas que antes.
-Para nada señor.
-Claro que no, estaba en la biblioteca.
-Le hare llegar un mapa de Hogwarts señorita Campbell. En cuanto a usted señor Diggory, pierde cincuenta puntos para su casa y me ha defraudado como prefecto.
Mientras veo alejarse a Snape, y agradezco que no quite más puntos a Gryffindor, me giro hacia Cedric que se pasa una mano por el pelo.
-Siento lo de los puntos, no hacía falta que intervinieses. - veo que me sonríe - Gracias - añado devolviéndole la sonrisa.
-No hay de qué. La verdad es que tú pensabas ir a clase y fui yo el que te empuje a no hacerlo.
En eso tenía razón.
-¿Te puedo acompañar?
-¿No tienes ahora clase?
-Tengo las dos primeras horas libres.
La verdad es que me haría un favor si no me acompañase, ya soporto demasiadas miradas.
-¿Me haces un favor? Si voy a recoger la mochila para la próxima clase voy a llegar tarde, ¿podrías ir a buscar a Fred o George y pedirle que me la traiga?
-Eh, Lavander - veo como la chica (roja como un tomate todo hay que decirlo) se acerca a Cedric - ¿me haces un favor?
-Cla Claro, lo lo que sea.
Espero que a mí no me tiemble tanto todo el cuerpo. Madre mía.
-¿Puedes buscar a los gemelos Weasley y decirles que le lleven a Janice las cosas para su próxima clase?
Lavander me dedica una mirada envenenada mientras se gira y para mi sorpresa va a hacer lo que Cedric le ha pedido. Genial. Cedric me mira levantando una ceja y decido que no son tan malas las miradas asesinas.
-Encantamientos
- le digo.
-Vaya está demasiado cerca de aquí.
Mientras me acompaña hasta la clase recuerdo cuando lo vi este verano en los mundiales. No esperaba encontrarme con él cuando fuimos a por al traslador y no esperaba el codazo de Hermione por la cara de tonta que se me debió de quedar. El recuerdo me hace sonreír.
-¿Qué pasa? - me pregunta.
-Nada, estaba recordando este verano, cuando el traslador. Ron cayó encima de Harry…
-Vosotras también caísteis de una forma bastante peculiar.
-Es verdad - le digo mientras nos reímos - el partido fue genial.
-Sí, sobre todo cuando las velaas se cabrearon.
-Prefiero recordar la jugada de Krum - le digo riendo.
- Y los ataques de los cazadores de Irlanda. Mejor olvidar lo que paso después del partido.
Se refería al ataque de los mortifagos, cambie de tema.
-¿Sabes? Por tu culpa todas las chicas de Hogwarts me odian.
Me mira con cara de no entender lo que le digo.
-Oh, vamos, sabes a lo que me refiero.
-No, no lo sé.
-¡Janice!
- Hermione aparece por la esquina cargada con su mochila y con la mía.
-Gracias
- le digo mientras me cuelgo mi mochila y le dejo el libro - ¿Por qué me lo traes tú?
-Luego te explico…
- Me tengo que ir - nos dice Cedric - nos vemos luego.
-¿Nos vemos luego? - se burlan Ron y Harry.
-Shhh - les responde Hermione mientras se los lleva arrastras para llegar a su clase.
Haciendo balance del primer día tampoco ha ido tan mal. Solo he perdido mi primera clase y cincuenta puntos para Gryffindor. Mientras tomamos asiento en el comedor Errol llega cargada, con lo que supongo que es el libro que me deje en La Madriguera y una nota para Fred y George.
-Ey, copias.
Llamo a los gemelos por el apodo que les puse el verano pasado y se giran a la vez con una sonrisa traviesa.
-Oh espera. George mira eso.
-Fred dime que no es lo que yo creo.
-¿Sabes Janice? - dice George.
-Quédatelo
- termina Fred.
-¿Me veis cara de tonta? La bronca es para vosotros.
Y dicho esto les tiro el Howler a Fred y George que consiguen salir del gran comedor antes de que el sobre les trasmita la bronca de la señora Weasley.
-Seguro que ya se ha enterado que están vendiendo caramelos.
-Seguro
- respondemos Harry, Hermione y yo a Ron.
La comida pasa sin más incidentes, si no contamos como incidente las miradas asesinas y unos curiosos aviones de papel que explotan delante de mis narices. El último incluso me ha dejado la cara morada y roja.
-Espero
- les digo a Fred y George - que no sea uno de vuestros inventos.
-Ojala pudiéramos decir que sí… - empieza Fred.
-Pero se nos han adelantado con esa idea - termina George.
Tenemos un rato libre antes de la siguiente clase y como no me apetece escuchar nada sobre el torneo de los tres magos decido bajar al campo de quiddich y volar un rato. Soy cazadora de Gryffindor. El colegio entero está emocionado con el torneo, no es que yo no lo esté pero comparto con Hermione y Ginny la preocupación por lo de las muertes, espero que Fred y George no consigan inscribirse y si lo consiguen que no sean los campeones de Hogwarts, los quiero demasiado. Charlie dijo que iba a estar por aquí, ahora que sabemos lo del torneo y puesto que el trabajo de Charlie son los dragones me espero lo peor. Cuando llego al campo de quiddich me encuentro con el equipo de Syltherin entrenando y antes de que me vean decido acercarme al bosque oscuro. Igual Hagrid está en casa y me puede tranquilizar respecto a Charlie, los dragones y las pruebas del torneo.
Me asomo por la ventana de la cabaña de Hagrid tras llamar varias veces y para mi desgracia no hay nadie. ¿Qué haría el equipo de Syltherin entrenando si este año no hay campeonato de quiddich? Son odiosos. Aún me duele el golpe de uno de sus golpeadores en la rodilla, sin querer claro… Inconscientemente me llevo a la mano a la rodilla donde recibí el golpe y noto algo pegajoso. Maldita sea ¿es chicle? El palo de mi escoba está lleno. Otra cruel broma. ¿Qué les pasa a las chicas? Soltando una serie de insultos, nada propios de una mujer, me dirijo hacia el lago para poder limpiarme las manos y la escoba.
-Hola Señorita.
Una extraña voz me habla demasiado cerca. Cuando giro la cabeza y veo a Dobby caigo de espaldas del susto.
-Lo, lo siento. Dobby no quería asustar, solo saludar y preguntar a la amiga de Harry Potter.
-Hola Dobby - le sonrío - ¿Qué tal te va? Tranquilo, me he asustado porque estabas muy cerca.
-Dobby ha visto quien le ha puesto el chicle en la escoba. Y como Dobby es un elfo libre, Dobby se lo puede decir.
-No me importa, seguramente habrá sido alguna admiradora de Cedric. Y de Gryffindor, porque estaba en mi habitación.
-Oh no, señorita, ha sido Cedric. Bueno, Dobby lo vio salir de la torre de Gryffindor con las manos manchadas de chicle y papeles.
-¿Qué?
-No grite a Dobby. Dobby decir la verdad.
-Oh Dobby, lo siento, no te gritaba a ti. Es que… ¿De verdad estas seguro de que era Cedric Diggory?
-Sí, Dobby está seguro.
-Eres genial Dobby, gracias - le digo sonriendo.
-Dobby se tiene que ir. Dobby está contento de verla.
No puedo evitar que mi sonrisa se ilumine. Adoro a este pequeñajo.
-Te regalare un par de calcetines nuevos, te los has ganado.
-¿De verdad? ¡Muchas gracias amiga de Harry Potter!
Y así se va saltando con la promesa de ese par de calcetines nuevos. La sonrisa se esfuma de mi rostro cuando Dobby desaparece y el chicle de mis manos me recuerda su confesión. Maldito Cedric ¿Qué demonios hace?
Despierto en mi tercer día de clase. Ayer evite a Cedric todo el día, cosa que resulto bastante difícil ya que me lo encontraba en todas partes. Fred y George andan liados con sus ventas, por lo tanto bajo a desayunar sola. Espero encontrar a Ginny de camino y tal vez a Luna, desde que llegamos no las he visto por ningún lado.
Entrando al comedor una mano me sorprende, me agarra del brazo y me empuja hacia fuera. Cedric. Empezamos bien el día.
-¿Qué haces?
-Ayer me evitabas. - dice mientras me arrastra entre dos pilares.
-¿Y eso justifica este ataque?
-Sí. Yo creo que sí.
-¡Suéltame!
Se pone serio y me suelta. Pero dado que tengo un pilar a cada lado y a él delante, sigo atrapada.
-¿Qué pasa contigo? ¡Tienes a todo el público femenino detrás y te molestas porque yo te evito!
-Quiero saber porque me evitas. Por favor.
Se acerca más a mi e instintivamente doy un paso hacia atrás topándome con la pared.
-A mi me gustaría saber porque tenía ayer chicle en mi escoba y porque te vieron a ti salir de la torre de MI casa con las manos manchadas. Te recuerdo que eres un Hufflepuff y no un Gryffindor. Dejando de lado el saber a que pobre chica has engañado con tus encantos para que te cuele… ¡no tienes ningún derecho a rebuscar entre mis cosas!
-¡Yo no puse el chicle en tu escoba!
-Buen intento. Déjame irme.
Se acerca un poco más e intento separarlo poniéndole las manos en el pecho.
-Créeme no he sido yo…
-¡Diggory! ¡Campbell! ¿Qué hacen? - Gracias a dios. Mconagall - Diggory deje salir ahora mismo a Campbell de ahí detrás. Cuando terminen de desayunar los quiero en mi despacho.
-Parece ser que lo de ser un caballero está sobrevalorado, igual que tú Cedric.
Y con esa última frase, a mi modo de ver triunfal, me dirijo a la mesa para desayunar.