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Mi sexto año con Cedric. — capítulo 11
Ha llegado el momento. El Cáliz va a nombrar a los campeones. El ambiente se nota tenso de camino al gran comedor, la gente apenas cuchichea, todos estamos nerviosos. Unos esperan que salga elegido alguien de su casa, otros algún amigo, otros están esperando ser ellos mismos y yo… bueno yo espero que no salga el nombre de Cedric. Pero tengo un mal presentimiento, ese tipo de sensación que te dice que algo malo va a ocurrir, algo realmente malo.
Nos sentamos en el gran comedor, las luces se apagan y Dumbledore se sitúa junto al Cáliz. Ahora sí que ha llegado el momento.
Apenas soy consciente de cómo anuncian a los campeones de Beauxbatons y Durmstrangs, miro las llamas del Cáliz y le rezo, le rezo para que no sea Cedric.
—Ahora llega lo mejor. El campeón de Hogwarts.
—Shh, cállate.
Un par de alumnos susurran a mis espaldas. Yo sigo rezando. El Cáliz vuelve a cambiar de color y expulsa un trozo de pergamino. La voz de Dumbledore resuena en el comedor:
— ¡Cedric Diggory!
Y entonces todo ocurre a la vez. Cedric se levanta triunfante, los Hufflepuff estallan en vítores, el resto de casas aplauden sin entusiasmo y yo me levanto y grito.
— ¡NO!
Parece increíble que con todo el alboroto se me escuche a más de tres personas de distancia, igual no me ha escuchado, solo sé que Cedric se gira y me mira. Me mira con dolor, seguramente espera que yo también lo aplauda, pero no puedo hacerlo.
Alguien me empuja hacia abajo y me sienta, mientras Cedric va a reunirse con los otros campeones. La sensación de que va a ocurrir algo realmente malo sigue conmigo y esto solo me lleva a pensar que el torneo no va a ser nada fácil.
Los alumnos empiezan a levantar las voces, comentando sobre los campeones, sobre sus opciones, la gloria que le espera al campeón, cuando las llamas del Cáliz vuelven a cambiar de color. Todos nos quedamos en silencio. Observando. Otro trozo de pergamino sale expulsado y la cara de Dumbledore refleja el desconcierto que sentimos todos.
—Harry Potter.
¿Harry? Pero si no ha podido meter su nombre en el Cáliz. No ha podido. No quería participar. No puede ser.
La mañana siguiente no es nada agradable. Todo el castillo habla sobre el torneo, poco son los que no se meten con Harry y le dicen algo negativo cuando se cruzan con él. Harry es mi amigo y me cabrea la actitud de la gente. A eso hay que sumarle que todos apoyan a Cedric e incluso llevan unas chapas de "Apoya a Cedric, Harry apesta" o algo así, no les he prestado mucha atención.
Al terminar las clases me dejo caer en un sillón de la sala común, agradecida y aliviada porque las clases han resultado ser terriblemente largas y pesadas. Incluso la hora de la comida ha sido horrible. Necesito alejarme de la gente y el ambiente de expectación del torneo, pero no me parece un buen momento para acercarme a la cabaña de Hagrid y encontrarme con Charlie. Decido escribirles a mis padres, contándoles lo que ha ocurrido con el torneo y la elección de Harry. También le escribo a la Señora Weasley, para mi es una persona importante, siempre me acoge en su casa y me trata como a una hija más.
Le encargo a mi lechuza la carta para mis padres y me dirijo a la lechucería a buscar una de las lechuzas del colegio para enviar la carta a la Madriguera. No me gusta demasiado la lechucería, siempre está sucia y no tiene un olor muy agradable, así que me doy prisa en elegir una lechuza y enviarla con la carta. Al salir tropiezo con el escalón y bajo rodando el resto. Una caída épica.
—¿Te encuentras bien?
—Oh sí, he bajado rodando unos sesenta escalones, pero creo que no me he roto nada.
Intento sonar sarcástica.
—Me alegro.
Levanto la vista y veo a Cedric tendiéndome una mano para ayudarme.
—Gracias.
—¿De verdad te encuentras bien?
—Sí. El que debería de estar preocupado eres tú. — las palabras salen con demasiado enfado.
—Estas enfadada conmigo ¿verdad?
—No sé si estoy enfadada o preocupada o todo a la vez.
—Me gusta que estés preocupada, significa que te importo. — me dedica una de sus sonrisas torcidas.
—Pues también estoy enfadada. Y eso nunca es bueno.
Camino decidida alejándome de él, pero me sigue.
—¿Y puedo saber que he hecho para enfadarte?
Le dedico una de mis mejores miradas asesinas.
—Yo no saque mi nombre del cáliz, Janice.
—¡Pero lo pusiste! Tú quieres ganar el torneo, quieres todo el rollo ese de la gloria eterna. Pero ¿sabes? No son cuatro pruebas tontas que puede superar cualquiera y no quiero decir que no seas un buen mago, pero es peligroso.
—No va a pasarme nada.
—Claro, eso díselo al dragón. Igual se encariña contigo y no te achicharra.
Mierda. No debería haber dicho nada de los dragones.
—Por eso Charlie esta aquí ¿no?
—Vaya, pues sí. Rebosas inteligencia.
Me mira irritado.
—Pensaba que estaba aquí solo por ti. Pero seguramente, si no tuviese que vigilar a sus queridos dragones aquí estaría en otro sitio.
—Obviamente. — le respondo con mi mejor cara de 'dime algo que no sepa'.
—¿No lo entiendes verdad?
—Pues por lo visto no. Ilumíname con tu gran sabiduría.
—Si no tuviera que cuidar a los dragones para el torneo — me mira realmente irritado ahora y con un toque de superioridad — estaría en otro sitio. No estaría aquí por ti.
Sé lo que quiere decir. Que a Charlie no le importo, que solo le importan sus dragones.
—Tiene que hacer su trabajo. No pinta nada aquí si no tiene trabajo.
—Yo estaría aquí por ti de todos modos.
No me da tiempo a replicar y se marcha bastante seguro de sí mismo.
—Yo espero que no te achicharren los dragones. — susurro.