← No estarás solo en Navidad · de I am nobody
No estarás solo en Navidad — capítulo 1
Capítulo único
Hoy no tengo que ir a trabajar. El Ministerio de la Magia está cerrado en Navidad. Pero como de costumbre me he levantado a las 7:00 a.m. y estoy sentado en el sillón, frente a la ventana. Sostengo una taza de té humeante en la mano. Hermes acaba de irse con el único regalo que he recibido, el que por cierto rechacé. Estoy completamente solo. No tengo a nadie y comienzo a sospechar que las pocas personas que saben que existo pronto me olviden. Lo único que he recibido en estas fiestas, además de un horrendo montón de lana enredada, son postales laborales, entregadas pura y exclusivamente por compromiso.
Tampoco es como si yo fuera un hombre muy sociable. Más bien, sucede al contrario. Vivo mi propia vida y no me preocupo demasiado por los demás, esperando que el resto de la humanidad haga exactamente lo mismo conmigo.
Seguramente, estás pensando que soy completa y absolutamente patético. O es posible que me estés imaginando como un Grinch encerrado en una cueva, alejado de la humanidad y despotricando en contra de las fiestas de diciembre. Es probable que seas del tipo de persona que piense que Navidad es una época para compartir y disfrutar en familia o ese tipo de cursilerías. Pero en mi opinión, es un día más, solo que la gente lo desperdicia en no hacer nada y comer hasta ser incapaz de levantarse de la silla.
-¡Feliz Navidad!-Saluda una voz alegre desde la chimenea y no puedo evitar dar un brinco. Volteo y allí está Audrey con una sonrisa y un presente.
Lo siento, no te he dicho quién es Audrey. Verás, es complicado de explicar. En realidad, es la sobrina de mi jefe, Cornelius Fudge. La conocí el año pasado, cuando comenzó a trabajar como secretaria para su tío, junto conmigo. Luego ella dejó su puesto en el Ministerio para estudiar Sanación. Sin embargo, hemos sido siempre buenos amigos. Algo que debes saber sobre Audrey es que ella es muy espontánea. Hará lo que crea que deba hacer sin dudarlo ni un segundo. Si cree que debe ir a visitarte y saludarte para Navidad, aparecerá en tu casa con un regalo, sin avisarte y sin dar tiempo a que te arregles y le busques un obsequio a ella. Te tomará desprevenido, tal como me ves a mí ahora. Cuando se trata de sorprenderme, es una especialista.
-¡Feliz Navidad a ti también, Audrey!
-Siempre tan serio ¡Sonríe, Percy! ¡Es Navidad! Toma, es para ti.
-Gracias. -Acepto el regalo- Pero no tengo nada para ti.
-Te estoy dando un regalo, no diciendo que debes darme uno tú a mí.
Abro el presente. Es una hermosa pluma de plata. Parece que esta muchacha conociera mis gustos mejor que nadie. Es muy observadora, y en el poco tiempo en que trabajamos juntos ya supo de mi interés por las plumas nuevas y ornamentadas.
-Ayer fui a San Mungo a rendir mi examen. -Comenta.
-¿Qué tal te fue?
-Bien, pero no era eso lo que quería decirte. Quería preguntarte ¿te has enterado a quién internaron allí?
Como te dije, Audrey es una experta en tomarme por sorpresa. Sí, sabía quién estaba allí internado, claro que lo sabía. Pero ¿y qué? Yo había cortado relaciones. Hice mi camino ¿qué tendría que hacer por haberme enterado de que él está en San Mungo? Nada diferente de lo que vengo haciendo desde junio, mi propia vida ¿No te parece?
Tal vez tú no lo veas así, pero es complicado. Mi padre, mi madre y mis hermanos están equivocados. Muy equivocados. Y si están dispuestos a que un error les cueste la vida, lo siento por ellos, pero yo no quiero ir en la misma bolsa. Tengo mucho por lo quevivir: mi trabajo, las posibilidades de ascenso en el Ministerio, construir mi propia familia. No es para largarlo todo por la borda porque un chiquillo empieza a decir que El Que No Debe Ser Nombrado ha regresado. No me malinterpretes. Yo los quiero, y aunque me cueste admitirlo incluso para mis adentros, los extraño. También tengo miedo de que algo les suceda, sí. Pero si ellos van directamente al suicidio, no puedo hacer nada. Solo lamentarme de que arrastren a dos niños como son Ron y Ginny con ellos al abismo.
-Sí. -Contesto luego de un silencio- Ya sé quién está allí.
-¿Y qué piensas hacer? -Pregunta.
Algunas veces, la impertinencia de Audrey llega a ser casi irrespetuosa. Este es uno de esos momentos. La verdad es que preferiría que se largara ya y me dejara solo ¿Ha venido a fingir que me saluda para Navidad con el único objeto de molestarme con el tema de mi padre? Después de todo, es cosa mía cómo me relacione con mi familia. Ella no tiene nada que ver en este asunto ¿Por qué diablos se entromete?
-¿Hacer? No entiendo a qué te refieres.
-Te lo explicaré. Si fuera Navidad… o aunque no fuera Navidad. Si mi padre estuviera en San Mungo, internado luego de que ha sido atacado y en riesgo de muerte, tal vez iría a visitarlo.
Otra característica de Audrey es que cuando quiere que uno haga algo es una muy buena chantajista. Dicho de esa manera, suena a que yo soy un insensible que no se preocupa por la vida de su padre. Y no es así, créeme, no soy una mala persona. Ellos se darán cuenta de su error en algún momento y volveremos a estar juntos. Pero mientras sigan a merced de los caprichos de un niño, no puedo hacer nada para ayudarlos. Cuando se den cuenta que han sido engañados por Potter y Dumbledore, las cosas serán distintas.
-Tu padre no se metería de noche a buscar vaya uno a saber qué en el Ministerio. Abusó del acceso y conocimiento que tiene del lugar por su puesto como empleado. Ha obrado mal, Audrey, lo sabes.
-Sí. -Coincide- Estamos de acuerdo en eso ¿Pero es ese un motivo valedero para que ni siquiera te preocupes por él?
Me preocupo por mi padre, eso es lo que ella no entiende. Es cierto, no voy a visitarlo ¿Pero acaso no he estado estos últimos días revisando El Profeta de cabo a rabo para ver si decían algo al respecto? ¿No he estado pensando en que deseo que se mejore y volver a cruzarlo en el Ministerio, aunque ni le dirija la palabra? Estuve preocupado por él, solo que no se lo he comentado a Audrey. Sus ojos claros se clavan en los míos, me sonríe, y luego pregunta:
-¿Quieres que te acompañe?
Te estarás dando cuenta de que además de chantajista esta muchacha es insistente. La conozco, y no parará hasta convencerme de que vaya a San Mungo. Me imagino entrando a esa habitación ¿Qué podría decirles a todos ellos? ¿Acaso me atrevería a decir algo? Por lo pronto Audrey logró que esté indeciso. Ahora no sé si debo ir o no ¿Tú qué harías en mi lugar? Deja, no gastes palabras. No podrías llegar a comprender del todo cuál es mi situación.
Como sé que Audrey continuará insistiendo, me decido a ir. Después de todo, si veo que la cosa se pone fea, siempre puedo dar media vuelta y regresar a mi apartamento. Tampoco es como si mi familia fuera a atacarme o algo similar. Así que aquí estoy, tomado de la mano de esta chica que hace menos de media hora apareció en casa a perturbar mi tranquilidad, desapareciéndome hacia el hospital. Una vez allí, nos dirigimos a la recepción. Esperamos que la sanadora le indicara a una anciana de bastón que estaba delante nuestro y preguntaba por su hijo y luego es nuestro turno.
-Buenos días. -Saludo- Venimos a ver al señor Arthur Weasley, si es posible.
La mujer revisa una carpeta y niega con la cabeza.
-No, el señor Weasley no se encuentra más en el hospital. Ha sido dado de alta esta misma mañana.- Responde.
No está. Fue dado de alta, así que no hay nada de qué preocuparse ¿Por qué le he hecho caso a Audrey? Es raro y creerás que estoy loco, pero siempre que me dejo convencer por ella termino preguntándome lo mismo. Esto no quiere decir, tampoco, que me arrepienta de hacerlo. Creo que más bien tiene que ver con que ella es una de las pocas personas que logra que haga algo sin pensarlo meticulosamente.
-Bueno. -Le digo a Audrey- Parece que ya está bien. Así que no es necesario que nos preocupemos más. Tú puedes volver a tu casa a celebrar con tu familia y yo iré nuevamente al apartamento.
-¡Oh, vamos, Percy! ¿No pensarás pasar Navidad solo?
-No veo por qué no. Y si piensas insistir para que vaya a La Madriguera…
-Pensaba invitarte a pasar el día en casa con mi familia. -Interrumpe ella.