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Historia 129616 — capítulo 1

**Disclaimer:**Todo pertenece a J.K Rowling, yo solo los tome prestados para jugar un ratito. 

El primer one-shot que he hecho en mi vida ;3; Espero les guste! :D Sé que ya pasó Navidad e_e esto lo escribí durante, pero me he tardado :B y lo subí una hora después de que terminó xD jaja pero ¡Feliz Navidad! aunque sea tarde... ¡Matta-ne! 

La zona comercial de Londres muggle estaba abarrotada de gente, toda sumida en su mundo de compras navideñas de último minuto. Era 24 de Diciembre. Él estaba allí, comprando algo de ropa muggle para la ocasión. Miraba a las personas, preguntándose que se sentiría estar tan feliz como ellos. La guerra había terminado, era cierto, pero eso no quitaba el pesar que había dejado en su corazón. Esas fechas no hacían más que deprimirle.

Suspiró, reprendiéndose mentalmente por ser tan pesimista.

Justo al frente un niño estaba de pie mirando a un aparador. En este había juguetes de diversos colores y formas, muñecas, trenecitos, aviones, entre muchos otros. Su rostro estaba casi inexpresivo, pero sus ojos reflejaban la ilusión que sentía.

Se detuvo a observarle.

El pequeño llevaba una ropa desaliñada y un abrigo varias tallas más grande. Su cabello estaba sucio y un poco alborotado, tenía una pequeña mancha de hollín en la mejilla y sus manos tenían muchas banditas.

Se sintió mal por él.

El niño volteó repentinamente en hacía el lado opuesto y emprendió una carrera hacía la multitud, se veía un poco asustado. Pasó junto a él y entonces sintió una punzada en su corazón. Era idéntico a… No, debía estar alucinando. Segundos después, un hombre, con gesto severo e igual de desaliñado, siguió el mismo camino con paso atemorizante, la gente se apartaba al verle.

Le empujó bruscamente al pasar y él le miró hasta que desapareció entre el mar de gente, eso no le daba buena espina.

-¡Harry! -El susodicho volteó hacia el lugar donde provenía la voz.

-¡Hemos sido seleccionados! -Chilló Hermione entusiasmada. Ella y Ron se acercaban apresuradamente hasta el, la castaña daba pequeños saltos.

-¿Seleccionados? -Preguntó con curiosidad.-  ¿Para qué?

-Ya sabes -Respondió ella con felicidad.- Para entregar regalos.

-La nueva organización de Malfoy -Aclaró Ron con una sonrisa al ver su cara de confusión.- Ha pedido a ciertos magos y brujas que ayuden a entregar regalos a los niños.

-¿Entregar regalos a los niños? -Inquirió enarcando una ceja.- ¿Ese no es trabajo de Papá Noel?

-Es como una ayuda -Respondió Hermione ya más calmada pero aun feliz.- Ayudaremos a los niños de Londres a seguir creyendo. 

La chica se veía encantada con la idea, los ojos caramelo lo expresaban con claridad. Harry sabía la felicidad que le daba el poder ayudar y hacer obras buenas hacia los niños, más hacía aquellos que no tenían tanta suerte.

Pensó en aquel niño de hacia un momento, la ilusión en sus ojos oscuros. Él podría darle alegría.

Sonrió a sus amigos y les invitó a tomar chocolate en su nuevo departamento para comentar los pormenores de su misión.

*  *  *

-¿Enserio tenemos que usar esto? -Preguntó Ron con una mueca. Llevaba puesto un traje rojo y blanco. Un Papá Noel pelirrojo.

-Es parte de la magia Ron. -Respondió Hermione, ataviada en un vaporoso vestido rojo, medias blancas y gorrito a juego.- ¿Verdad Harry?

El azabache dejo de mirarse a sí mismo, vestía exactamente igual que Ron.

-Sí, claro -Respondió no muy convencido. Él, al igual que Ron, solo había accedido para hacer feliz a su mejor amiga. Se encontraban en el centro de Londres.

-Ya se han aprendido su ruta -Dijo Hermione tomando un saco que no se veía muy pesado pero sabían estaba lleno a rebosar de regalos. Luego les dio un pequeño saco y una esfera.- Esto es para emergencias. El saco contiene un desmemorizante en polvo y solo tienen que sujetar la esfera y decir "Misión cumplida" para salir de la casa.

Ambos chicos tomaron sus respectivos objetos y sacos, y se separaron a una distancia prudente.

-¡Buenas suerte! -Les animó la chica para luego girar sobre sí misma y desaparecerse. Ambos chicos le imitaron.

*  *  *

Harry se apareció en una calle desierta, su sección solo abarcaba Cokeworth, caminó hasta ubicarse frente a una casa y la miró. Debía entrar sin ser descubierto, lo cual ser un mago facilitaba en gran medida. Cruzó la cerca y se posó en el umbral de la puerta. Susurró en tenue "alohomora" y la puerta estuvo abierta en un chistar.

Entró sigilosamente y paso directamente hasta la estancia. El árbol de navidad brillaba con luces titilantes como estrellas, estaba pulcramente adornado y muy hermoso. El salón era cálido y se notaba que una buena familia vivía allí. Verificó su lista y se apresuró a dejar los regalos debajo del árbol.

Por su mente pasó el que a él le hubiera gustado mucho que alguien dejara algún regalo para él cuando era niño, él casi nunca recibió algo más que calcetines viejos de Tío Vernon.

Sonrió ladino.

Haría feliz a muchos niños gracias al que fuera su peor enemigo en Hogwarts. Draco Malfoy había creado una fundación beneficiaria para ayudar a los niños huérfanos en la guerra, familias desamparadas y personas en mala situación económica, todo para redimirse ante la sociedad. En los últimos dos años había utilizado la fortuna Malfoy, así como movido sus influencias para hacerse con los más poderosos patrocinadores, para mantener en pie aquella obra benéfica. Había tenido mucho éxito, más al hacerse público que "el Héroe del mundo Mágico" se uniría al equipo colaborador.

Salió de la casa más entusiasmado y entró a otras para repetir el mismo proceder. Se preguntó si Papá Noel también se hinchaba de orgullo al saberse causante de mucha alegría infantil. Harry se sentía extremadamente bien.

Después de un par de decenas de casas se sentía algo cansado. Entró a la siguiente casa y, después de dejar los regalos, se sentó en el sofá a descansar un poco. Se fijó en que, en una mesita a lado de este, había un plato con galletas y un vaso de leche. Era muy curioso, en las demás casas ningún niño había puesto algo así. Entonces las pequeñas, "Lucy y Prudence" según su lista, aun creían en el viejo San Nicolás. Engulló el aperitivo, agradeciendo a las niñas por ser consideradas y apiadarse de él. Dejo escapar un suspiro de satisfacción, la leche aún seguía tibia y estaba deliciosa.

Escuchó unos murmullos a su espalda.

Volteó cuidadosamente para encontrar dos pequeños pares de ojos que le miraban desde su escondite detrás de una pared. El pánico le invadió, lo habían descubierto. ¿Qué debería hacer?

Se levantó y dejó el vaso en la mesita. Las niñas salieron temerosas de su escondite, la más alta rezagada detrás de su hermana.

-¿Eres Papá Noel? -Preguntó la menor. Harry asintió titubeante. La niña emitió un chillido amortiguado y dio saltitos.- ¡Ves, ves, es real! ¡Te dije que si existía Prue!

-Él no es Papá Noel -Respondió la otra bruscamente.- No es viejo ni gordo.

Harry la miró bien. La pequeña, que ahora le miraba escrutadoramente, era pelirroja y tenía unos grandes ojos verdes, era muy parecida a su madre, Lily. La mayor era de cabello rubio y tenía cara de pocos amigos, muy parecida a Tía Petunia. Lucy se acercó mucho más.

-¿Verdad que se equivoca? -Le preguntó con los ojitos brillantes, ella había sido quien le dejara las galletas y la leche con mucho cariño. Harry la miró con ternura.

-¡No! ¡Él no lo es! -Chilló Prudence enfadada.

-Si lo soy -Respondió él con tono bajo. Después de todo Hermione había dicho que algo así podría pasar y no podían romper la ilusión.- Es solo que cada que un Papá Noel viejo se retira, llega uno joven a reemplazarlo. -Explicó. Lucy lanzó un chillido de emoción nuevamente. Harry se llevó un dedo a los labios.- No hagan ruido -Susurró.- Los adultos no deben verme.

-¿Por qué? -Inquirió Prudence.

-Pues porque no.

-A mí no me engañas fantoche -Le espetó.- Para mí que eres un ladrón.

-¡Prue! ¡No le hables así! -Le riñó Lucy-. ¡Te pondrá en la lista de niños malos!

-¡Eso no existe! -Escupió la niña. Harry pensó que realmente se parecía a su tía.

-¡Claro que existe! -Dijo-. Y estas a un paso de que me lleve ese regalo -Señaló uno de los paquetes que había dejado bajo el árbol-. Y te deje un trozo de carbón a cambio. ¿Quieres que lo haga?

Las mejillas de la niña se tiñeron de rojo y negó enfurruñada. La pelirroja le jaló la manga.

-¿Me has traído un regalo a mí? -Le preguntó. Harry se sentó y la puso en sus piernas.

-Claro Lucy, te has portado muy bien.

-Sabes mi nombre -Dijo encantada y se volteó hacia su hermana que se había acercado y les miraba con recelo.- ¡Ves! ¡Si no fuera él no lo sabría!

Harry sonrió y ambas niñas se le quedaron mirando. La pelirroja llevo una mano a su mejilla y le recorrió el rostro.

-Eres muy lindo -Le dijo.- ¿Todos los Papá Noel son así?

-Bueno, no lo sé. -Sonrió con un leve rubor.

-¿Y te volverás a viejo y panzón?

-Yo espero que no -Se apresuró a decir, espantado. La niña sonrió dulcemente-. Bien, es hora de irme.

-¡No, no te vayas! -Le imploró Lucy, Harry le sonrió y la depositó en el suelo.

-Pero los demás niños también deben recibir regalos -Le dijo con dulzura.- No querrás que se pongan tristes ¿verdad? -Lucy negó con vehemencia.- Y tú -Se volteó hacía Prudence.- Debes tratar mejor a las personas. -La niña bufó y le volteó la cara. Harry palmeó su cabeza.- Bien, es hora de dormir. Vayan, vayan.

Les animó y ambas caminaron hacia la escalera y empezaron a subir. Lucy se despidió de él con un gesto de la mano y le lanzó un beso. Harry sonrió feliz, la niña era encantadora.

Supuso que no podría salir por la puerta, puesto que las niñas podrían verlo. Tomó la esfera y pronunció "Misión cumplida". Se desvaneció.

Apareció frente a la siguiente casa.

Repitió su labor por un montón de hogares más hasta que llegó a una casa que se notaba era de gente con mucho dinero, casi parecía una mansión. Entró por la puerta trasera, pasó hasta la estancia y al llegar al alto pino navideño, tropezó.

Muchos niños se abalanzaron a él.

-¡Atenlo! -Exclamó un niño de cabello azabache muy alborotado y gafas redondas. Sintió que una cuerda se pasaba por sus hombros y le impedía el movimiento.

-¡Listo Jason! -Exclamaron otros tres. Un pelinegro de ojos azules, un castaño ojimiel y un pelinegro más pequeño de ojos caramelo. Le enderezaron y pegaron al sofá. El niño llamado Jason le miró con arrogancia, claramente satisfecho por su captura. En el fondo, un niño rellenito y rubio sacaba y sacaba paquetes de su saco.

-Vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí? -Dijo el pelinegro mayor con porte altanero.

-¿No que Papá Noel es gordo, Seth? -Le preguntó el pelinegro más pequeño.

-Veras Regi, Papá Noel no vive para siempre, así que alguien tiene que ser su sucesor -Le explicó el ojimiel, el niño dejo escapar un sonidito de asombro y entendimiento.

-Bah, eres un sabelotodo Remy -Dijo con burla Seth y le dio un pequeño golpecito en el hombro.

-Ya, ya -Les calló Jason.- ¿Cómo va el motín, Peter?

-Ya he sacado muchos -Dijo el niño rellenito, jadeando del cansancio.

Harry sonrió con añoranza al mirarlos. Los merodeadores asaltaron su pensamiento.

-¿Y tú de qué te ríes? -Le dijo Seth.- Yo no estaría tan feliz si me tuvieran atado ¿Sabes?

-Y yo tampoco si para el próximo año me trajeran carbón ¿Sabes? -Le respondió divertido. El chico le miró indignado.

-¡Ja! ¿Yo? ¿Recibir carbón? ¡Por favor!

-Bueno, lo dejaremos en que no recibirás nada ¿Te parece?

-¡Idiooota! -Le dijo con tono burlón mientras le apretaba la nariz.

-¡Basta Seth! -Le riñó el ojimiel, Remy.- Jason, esto no es correcto. Nos dejará carbón a todos -Añadió preocupado.- No sé cómo acepte ser parte de esto.

-¡Oh vamos, eres un cobarde Remy! ¡Hemos estado intentado atraparlo desde hace dos años y por fin lo logramos! -Respondió Jason.

-Pero…

-¡Yo no quiero carbón! -Exclamó el pequeño Regi con los ojos cuajados en lágrimas.

-No seas marica Regi -Le dijo Seth.- Todos los regalos serán nuestros.

-Yo no soy marica -Respondió hipando.

Harry negó con cabeza mientras sonreía y logró tomar la esfera de su bolsillo. Los niños discutían sus planes frente a él y no lo notaron.

-Misión cumplida -Dijo tranquilamente.

-¿Qué? -Se volteó Jason confundido. Todos se habían volteado hacia él solo para verle desaparecer ante sus ojos.

-¡Pero qué demonios…! -Exclamó Seth.

-¡Se ha escapado! -Esta vez Jason.

-¡Y se llevó los demás regalos! -Todos se volvieron a Peter que señalaba el árbol solamente con los regalos correspondientes a los cinco.

-¿Pero cómo hizo eso? -Dijo Remy.- Solo se desvaneció -La estancia había quedado de nuevo como si nada hubiera ocurrido. Los niños se miraron entre sí, un aura de misterio se extendió por el lugar.

-¡Es un fantasmaaaaaaaaaaaaa! -Gritó Regi con horror y salió corriendo como alma que lleva el diablo.- ¡Mamaaaaaaaaaaaaaaaaá!

Los demás chicos palidecieron asustados y emprendieron marcha tras él.

-¡Esperen, no me dejen atrás! -Chilló Peter que subía la escalera con dificultad.

*  *  *

Harry miró con alivio la única casa que le faltaba visitar, aquella había sido una noche extraña.

Caminó hasta la desvencijada puerta de la pequeña casa al final de la calle de La Hilandera, estaba muy maltratada. A su mente vino la única persona que conoció que había vivido allí.

Susurró el hechizo y al entrar un sentimiento de pesar le invadió por completo. En la desaliñada estancia solo había un destartalado sofá, una pequeña mesa y una chimenea… No había árbol.

Se acercó a la chimenea, que en contraste de las otras de las demás casas, estaba apagada y llena de hollín; suspiró, sintiendo que debería hacer mucho más y buscó en su saco.

Unos tenues sollozos llenaron sus oídos.

Volteó hacia todos lados, espantado, en el lugar no había nadie más que él. Supuso que las otras dos puertas daban a la habitación y la cocina pero ninguna de ellas estaba abierta. Aguzó el oído y se quedó quieto escuchando, el sonido provenía del lado opuesto a las puertas.

Dejó el saco en el suelo y se acercó a la pared. Dejó que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad y allí, pasando desapercibida, se podía ver otra pequeña puerta. Quitó sin el mayor ruido un segurillo que tenía por fuera y giró el picaporte.

Al abrir la puerta casi pudo escuchar su corazón romperse.

Allí en un rincón, hecho un ovillo y enrollado con una delgada, sucia, así como roída, manta, se encontraba un pequeño. Gemía y sollozaba débilmente, como si hubiera estado horas haciéndolo (aunque no dudó en que así fuera).

Se puso en cuclillas y sintió un leve nudo en la garganta.

-¿Estas bien? -Dijo en un susurro que salió un poco ronco. El pequeño dio un respingo y le miró asustado. Sus ojitos estaba rojos e hinchados, gruesos caminos por donde las lágrimas habían pasado se notaban en sus mejillas sucias.- No te haré daño -Se apresuró a decir.

El niño le miró con desconfianza.

-¿Quién es usted? -Preguntó azorado.

-Eh -Balbuceó Harry.- Yo… -El chico se enderezó y le miró con el ceño fruncido. Pudo distinguir que era el niño que había visto aquella tarde.- Soy Papá Noel… por esta noche al menos.

-Pero… Papá Noel nunca me ha traído nada -Respondió. Harry casi pudo palpar el resentimiento que el pequeño sentía. No respondió.

El niño se levantó. Ya no llevaba su gran abrigo, solo tenía una playera sin mangas y unos pantalones que le quedaban cortos. Tenía unos cuantos moratones en los brazos y piernas, uno pequeño en su cara, raspones aquí y allá; tiritaba levemente por el frio y fue cuando cayó en la cuenta de que estaba encerrado en ese pequeño lugar. Sintió una furia recorrerle cada centímetro del cuerpo.

Un ruido, como el que se produce cuando giras en tu cama y suenan los resortes, se escuchó detrás. El niño palideció aún más si era posible.

-De…Debe irse -Le susurró.- Si despierta y ve que ha abierto la puerta…

-¿Quién te ha hecho esto? -Le interrumpió.

-Eh -Balbuceó el niño y lanzó miradas furtivas a la puerta detrás de Harry. Estaba asustado.- Nadie…

-Por favor -Le rogó.- Puedo ayudarte…

-No, nadie puede ayudarme -Le dijo con amargura.

-Yo sí -Le aseguró.- Yo lo haré si me lo dices.

-¿Lo prometes? -Le respondió. Harry levantó su mano derecha y puso la izquierda en su corazón.

-Lo prometo. -El niño sonrió levemente, aunque aún parecía dudar.

-Es mi padre -Le confesó.- Es alcohólico y no le gusta que salga, dice que soy un fenómeno.

-¿Un fenómeno? -Repuso molesto con el hombre.- ¿Por qué dice tal cosa?

-Porque yo… -El niño se encogió de hombros y bajo la mirada.- Porque puedo hacer cosas…

-¿Qué cosas? -Le preguntó, tomando su mentón con cuidado para que le mirara. El niño tenía unos ojos negros tan profundos y hermosos, pero mostraban tormento. Sabía que cosas eran las que el niño hacía.

-Cosas… que nadie más hace -Respondió evitando su mirada.- Puedo… puedo mover cosas solo con desearlo.

-Oh -Dijo con una sonrisa cálida.- Bueno, eso no te hace un fenómeno.

-Ya… eso lo dices tú porque puedes dejar regalos por todo el mundo en una noche -Le respondió triste.

-No es cierto -Le confeso, el niño le miró confundido. Harry le acercó a él, se sentó en el suelo y le sentó en su regazo.- Esta noche ayudo a Papá Noel a hacer su labor, eso es cierto, pero lo demás días soy una persona normal… bueno, no tan normal. -Hizo una mueca.- Hay más personas que también lo hacen.

-¿Y eso que tiene que ver con lo que yo hago? -Preguntó arqueando una ceja. Harry sonrió.

-Yo sé lo que eres -Le susurró.

-¿A qué te refieres? -Inquirió el niño.

-Eres un mago.

-Estas demente -Le dijo separándose un poco. Pero no se retiró del lugar ya que se sentía cálido.- Los magos no existen.

-Oh, claro que si existen -Respondió Harry con orgullo.- Y puedo probarlo. -Rebuscó en su traje y saco su varita. El niño le miró como a un loco.

-Un palo… -Inquirió.

-Una "varita" -Corrigió el ojiverde fingiéndose indignado. Hizo una fluorita y unas chispas rojas salieron de ella. El niño abrió los ojos como platos e hizo una mueca de asombro.

-¿Cómo has hecho eso? -Exclamó emocionado.

-Ya te lo he dicho -Le sonrió.- Yo también soy un mago ¿sabes?

-¿Hay más? -Preguntó con entusiasmo.- ¿Más magos?

-Oh, sí -Afirmó.- Y brujas también.

-¿Brujas? ¿De esas que son feas, tiene verrugas y vuelan en escobas?

-Bueno -A la mente de Harry vino la imagen de Hermione con una nariz enorme y verrugas, riendo frenéticamente. Reprimió el impulso de reírse y siguió.- Pues, feas no son… ni tienen verrugas. Sí, vuelan en escobas, bueno no todas, pero algunas… los magos también volamos en ellas, para jugar Quidditch.

-¿Jugar qué? -Preguntó confundido.

-Quidditch -Replicó.- Es un deporte muy divertido, quizá te guste. Puedes jugarlo cuando vayas a Hogwarts.

-¿A dónde? -Preguntó sobresaltado y se separó un poco de Harry.

-Hogwarts -Recordó que el niño no sabía nada sobre el mundo mágico y agregó, estrechándole un más a él.- Es una escuela para magos y brujas. Iras allí cuando cumplas once años.

-¿Enserio? ¿Yo puedo ir también? -Los ojos del niño se llenaron de lagrimitas de emoción. Harry sintió una oleada de ternura y asintió.

-Sí, alguien vendrá a hablar con tus padres cuando llegue el momento. -El niño ensombreció el semblante.

-Ah… -Dijo en tono lúgubre.- No iré.

-¿Qué? ¿Por qué? -Preguntó sobresaltado.

-Papá no me dejará ir.

-¡Claro que lo hará! ¡Lo obligaré si es necesario!

-¿Lo harías? ¿De verdad? -El niño le miró con profundo cariño. Un rubor tiñó las mejillas de Harry al recordar ciertas orbes negras y desvió la mirada nervioso.- Sí, bueno… ya sabes, somos amigos ahora… y…

-¿Amigos?

-Sí -Respondió.- ¿O no quieres? -El niño asintió muchas veces, sonrió dulcemente y se apegó a su pecho. Harry sonrió y el pequeño dejo escapar un bostezo.- ¿Ya tienes sueño? -El niño asintió. Harry se dio cuenta que ya había estado mucho tiempo allí. Miró su reloj muggle, faltaba poco para que fueran las tres de la madrugada.- Es hora de irme.

El niño se levantó como impulsado por un resorte y le miró suplicante.

-No, no… no te vayas… no me dejes. No me dejes aquí.

-Hey, tranquilo -Le dijo mientras se ponían de pie.- Todo estará bien.

-Pero, lo prometiste… dijiste que me ayudarías. -Susurró con reproche. Nuevas lágrimas en sus ojitos.- Lo prometiste…

-Y lo cumpliré -Harry acarició su largo y mal cortado cabello negro.- Jamás rompo una promesa. ¿De acuerdo? Confía en mí -Le pidió, el niño retuvo las lágrimas y asintió.- Ahora, antes de irme…

Harry le apuntó con su varita, el niño le miró asustado por un momento. En un segundo, estuvo limpio de pies a cabeza, su ropa ya no tenía ni un agujero. Harry se quitó el abrigo rojo, se sacó el jersey que llevaba debajo y se lo puso. Reparó la manta y le aplicó un hechizo de calefacción, luego le cubrió con ella. El niño le miró asombrado y él paso sus dedos por el negro cabello ahora suave.

-¿Mejor? -Le preguntó, el pequeño asintió feliz. Harry regresó por su saco y volvió. Sacó el regalo correspondiente y se lo entregó.- Feliz navidad.

El pequeño lo tomó y lo abrió, descubriendo el muñeco de un elfo doméstico. Era un poco feo a decir verdad, Harry pensó que Hermione se había excedido en sumar aquel regalo, pero el niño lo abrazó con tanto cariño y luego le miró con tanta gratitud que Harry sintió un calorcillo en el pecho, olvidándose de las ideas extrañas de su amiga. Transfiguró el saco en una gran almohada y arropó al niño sobre ella.

-Gracias Papá Noel -Musitó somnoliento. Un segundo después estaba profundamente dormido.

-Gracias a ti, Sev…

Harry cerró la puerta nuevamente y salió de la casa tan silenciosamente como entro.

  •  *  *

-¿Te has divertido? -Preguntó Hermione al verlo llegar. Harry asintió con una sonrisa radiante.

-¿Qué te ha pasado Ron? -Exclamó al mirar al pelirrojo, su traje estaba roído y le faltaba una ceja.

-¡Esos enanos del demonio! -Harry observó y escuchó divertido como su amigo despotricaba sobre sus aventuras de ese día, lo cual duró como por una hora. Aquella había sido una noche de sorpresas para el trío de oro y estaba más que feliz y agradecido con Hermione (e incluso con Draco) por haberle dado el mejor regalo de navidad que pudo recibir.

Se fue a su departamento con la firme convicción de cumplir la promesa que le había hecho al pequeño y aparecer en su casa al día siguiente. Claro, aparecería con un oficial de policía, un trabajador social, un representante legal y una demanda contra el monstruo que tenía como padre. Estaba dispuesto a llevárselo con él, fuera como fuera. 

No importaba si era a punta de maldiciones.