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Historia 13132 — capítulo 1
Amores Malditos
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By Leslie
Disclamer: Todos los personajes de “Harry Potter” son propiedad exclusiva de J.K Rowling y de la Warner Brothers.
Advertencia: Esté fic es un poquito fuerte, se recomienda leerlo con discreción.
Pareja Principal: Eliza Lupin & Harry Potter
Parejas Secundarias: Tom Riddle & Erica Riddle; Remus Lupin & Tatiana Lupin.
Otros personajes: Kaoru Lupin y demás personajes.
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Capítulo I: Durante la cena.
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No tengo ni la menor idea de cuanto tiempo he estado aquí, la noción del tiempo se pierde ante este camino tan largo y en la lujosa, aunque algo ruidosa, carreta que voy. Encontré un alivio a mi ensimismamiento en este cuaderno en el que escribo ahora, regalo de mi padre cuando necesitaba un lugar para descargar mis emociones y sentimientos. Aún se conserva su nota en la portada del mismo. La voltee y vi con esa letra lujosa y a la vez un poco desordenada: “Para cuando mi hombro falte”. Suspire, unas cuantas lágrimas salieron de mis ojos mientras que recordaba el último incidente con papá...
...Flashback...
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¡Te dije que no Eliza, y no iras! – gritó Remus Lupin bastante irritado, mirando a su hija con unos ojos que antes habían sido dorados y ahora estaban de un castaño bastante oscuro.
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¡Es mi familia, papá! ¡¿Crees que mi vida se recude a estar con Kaoru, con mi madrastra y contigo?!
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¡Pues, así debería serlo! ¡Sí te vas de está casa, ni te atrevas a volver! ¡No quiero ver como te lavan la mente!
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Remus, cálmate. No sabes lo que dices – trató de calmarlo Tatiana mientras lo tomaba de la mano con cariño y amor. – Creo que Eliza necesita más espacio, no seas tan restrictivo con ella. Te estás dejando llevar por la furia.
Remus se detuvo en seco mientras que Eliza soltaba las primeras lágrimas de desesperación, era la primera vez que su padre no le apoyaba y la trataba así. Kaoru veía todo desde la escalera, pegada contra la pared y temblando de miedo.
Después de unos largos cinco minutos de silencio, Remus dio la vuelta, haciendo que si viera sus primeras lágrimas de tristeza, pero sin impedirle lanzarle una mirada despectiva a su hija. Tatiana lo acompaño para darle el apoyo que una esposa sólo podía dar mientras que Eliza caía al suelo, sin aguantar más sus sollozos y se largo a llorar, sintiéndose protegida por lo brazos de su querida hermana.
...Fin del Flashback...
Saque un pañuelo de mi bolso y volví a secar mis lágrimas, que a cada tanto salían, recordando la escena en que sentí un gran dolor al no contar con el apoyo de mi persona más querida en esté mundo, mi padre lo es todo para mí...
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Señorita, ya estamos por llegar – oí decir al carretero.
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Sí, muchas gracias por la información – dije, con una pequeña sonrisa curvando mis labios.
Termine de secarme las lágrimas y arregle un poco mi rostro demacrado por el llanto mientras que la carreta tranqueaba sus últimos kilómetros.
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Era una habitación realmente oscura aquella, tan nocturna que las pocas velas que habían no alcanzaban a iluminarla por completo. El único resquicio de luz natural que entraba en el lugar era por unos pórticos de vidrio, por los cuales se filtraban la blancuzca aura de la luna.
Aquellos pórticos flanqueaban una pequeña terraza, que aunque minúscula, era lo suficientemente grande para contener todos los objetos que allí se encontraban. El suelo del lugar estaba tapizado con una exquisita y oscura alfombra roja sangre, en la que descansaban dos sillones de terciopelo negro, algo grandes y muy cómodos, ambos ocupados por dos hombres.
Una mesa de roble bastante oscura y con inscripciones de serpientes en su fuste se hallaba entre los dos sillones. Sobre ésta descansaba una cubeta de aluminio, la cual contenía abundantes cubos de hielo y dentro de ésta dos botellas de vino tinto. Además se encontraban otras dos abiertas, semi vacías, estás parecidas a las que estaban dentro de los hielos. Dos copas de vino a medio tomar también se encontraban sobre está.
Las paredes, que eran los tapices del castillo, estaban cubiertos con ladrillos de piedra negra e inuniforme y sobre éstas se encontraban dos candelabros con sus respectivas velas, a las cuales sus llamas oscilaban por el movimiento que les hacia producir el viento.
- Veo que estás muy desesperado – dijo un hombre de piel totalmente pálida, cabello negro abundante y arreglado a la perfección, y de unos ojos rojos muy llamativos, los cuales tenían en su centro rejas gatunas. Andaba vestido con un formal traje ingles, que dejaba ver su corbata, que al igual que el traje, era negra.
El hombre que le acompañaba se limitó a subir su ceja negruzca con fastidio, debajo de las cuales se encontraban llamativos, claros y brillantes ojos verdes, escondidos detrás de unas gafas cuadradas, de montura fuerte y negra. Su cabello negro azabache, algo enmarañado y un poco largo, caía con graciosidad sobre su rostro, el cual, para la su condición, era aterciopelado y canela. Éste también estaba vestido con un traje parecido al de su acompañante, pero hasta el cuello y con corte japonés.
El otro hombre se limitó a reír mientras que la puerta de la habitación se abría. Por ella paso una mujer de tez blanca, de tamaño medio y delgada. Sobre su rostro caían unos cuantos bucles de su cabellera castaña cobriza, haciendo exaltar sus ojos castaños, los cuales eran bien oscuros. Traía un vestido de noche, con un corte en “v” a la espalda y algo de escote en la parte delantera. Éste era de color rojo sangre, acompañado por unas sandalias altas del mismo color.
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¿Está todo listo, querida esposa? – dijo el hombre de ojos rojos, mientras que el ojiverde también dirigía la mirada hacia ésta.
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Sí, además me han informado que la carreta está por llegar – contestó la mujer con una visible sonrisa de alegría en su rostro, haciendo ver unos cuantos dientes puntiagudos y bastante blancos.
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Vamos a recibirla entonces. – El hombre se levantó de su silla y tomó a su esposa del brazo. - ¿Vienes, Harry?
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No..., bajaré a conocer a tu sobrina cuando vea a la carreta dar la curva hacia la casa.
El hombre asintió con la cabeza y, junto a su esposa, salieron de la habitación. El joven llamado Harry dio un gran suspiro mientras que tomaba una de las copas entre su mano derecha. Observó con algo de fastidio la carretera rural que se veía a través de aquella terraza mientras pasaba uno de sus dedos sobre el borde del cristal.
No tardo en divisar la carreta, que venía con lentitud hacia la curva, la cual flanqueaba uno de los portones de aquella mansión. Cuando ésta cruzó aquel sector, los caballos que la empujaban se pararon en seco por la orden de su jinete, quien fue el primero en bajar del vehículo, para abrirle la puerta a la persona que acompañaba.
- ¡Auch! – se quejó el joven levantando su dedo de la copa, el cual sangraba con abundancia por un leve corte en el mismo. Se lo llevó a la boca mientras que su mirada volvía hacia la carreta, en donde ya sólo quedaban los caballos. – Es hora de bajar – se dijo a sí mismo a la vez que se levantaba del cómodo sillón en que estaba postrado.
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Parece que ya llegue a la mansión en donde viven mis tíos, pues he oído a la carreta detenerse y lo único que veo es un pórtico con inscripciones, que por la distancia no alcanzó a ver.
El carretero me abrió la puerta y me tendió una de sus manos morenas para apoyarme al bajar. Así lo hice y a los cinco minutos ya estaba en el tierra firme mientras que el hombre tomaba mi equipaje, que conformaba una sola maleta.
Éste me dice que lo sigue y así lo hice, pero no llevaba ni cinco pasos cuando me detuve en seco. Sentí que alguien, en un lugar que no entraba en mi comprensión, me miraba vivamente y puse mi mano sobre mi pecho, ya que éste me empezó a doler horriblemente.
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¿Le paso algo, señorita? – dijo el carretero, quien se había detenido igualmente al ver que no lo seguía.
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No, nada – dije. Lance una mirada a todos los lugares posibles, desde donde seguro aquel ser me miraba. Vencida por el resultado, seguí al hombre hasta la puerta principal de la casa. Cuando llegamos pude admirar ambos pórticos: dos tablas de roble, con inscripciones rúnicas en sus bordes, con cuatro grandes serpientes entrelazadas entre sí; era simplemente hermoso. El jinete de la carreta llamo a estás mediante una de las dos grandes molduras de oro macizo.
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La dejo aquí, tengo que estacionar la carreta en un lugar seguro – me informó en carretero. Asentí con la cabeza en total silencio y espere pacientemente a que una de las puertas se abriera. No paso mucho tiempo cuando una mucama, joven y con ojos perdidos, me abrió la puerta izquierda, indicándome que pasará. Así lo hice mientras que la muchacha, que iba vestida con una simple túnica marrón con un delantal, cargaba mi maleta y la llevaba a lo que seguro iba a ser mi habitación. Pude ver en una de las paredes la inscripción: “FAMILIA RIDDLE” antes que la voz de una mujer irrumpiera en el Salón...
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¡Querida! – dijo una mujer extraña para mí, acompañada del que reconocí como mi tío materno. - ¿Cómo estás? ¿Cómo estuvo el viaje? ¿Estás cansada? ¿Quieres algo?
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Calma, amor. La vas a aturdir con tantas preguntas – dijo mi tío sonriendo un poco. – Eliza, bienvenida a casa.
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Muchas gracias por recibirme, tío – dijo haciendo una leve reverencia que el hombre detuvo con sólo poner un dedo en mi frente mientras negaba con la cabeza.
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No debes hacer eso – me advirtió – nadie de mi familia ha de hacer una reverencia delante de mí. – Asentí con la cabeza mientras me incorporaba. Mi tío sonrió un poco y puso una de sus manos blancas y largas sobre mi rostro. – Tenía varios años sin verte, ya eres toda una mujer. – No pude evitar sonrojarme un poco ante sus palabras, lo que causo una risa de parte de aquel hombre. - ¡Ah!, que mal anfitrión soy. Erica, amor, ven. – La mujer que acompañaba a mi tío se adelanto. – Ella es Erica, tú nueva tía.
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Mucho gusto – dije. La mujer sonrió y me dio un gran abrazó, que me dejo impresionada.
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Mucho gusto, igualmente querida. Tom me ha hablado mucho de ti y tenía grandes ganas de conocerte. ¡Pero si te pareces a tu madre!... – Baje la mirada mientras que mi tío le lanzaba una mirada de advertencia a su esposa. - ¡Ah, lo siento mucho! – dijo.
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No importa – dije embozando una triste sonrisa mientras que unas pocas lágrimas se desprendían de mi rostro. Recordaba muy bien aquella mañana de junio, cuando mamá nos dejo abandonadas a Kaoru y a mí, desde ese día no había vuelto a verla y se corría un rumor de que se hallaba muerta.
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¿Se puede saber dónde esta Harry? – dijo mi tío con una voz algo irritada por una furia que comenzaba a crecer.
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Ya debe estar por bajar, amor – dijo mi tía. - ¡Mira!, por ahí viene.
Bajando la escalera venía un hombre con la cabeza cacha mientras que contaba algo, pues le vi mover los labios con sutileza. Su cabello negro azabache no dejaba ver su rostro, pero igualmente pude divisar unos pedazos de una tez morena. Cuando llego al final de la escalinata subió su rostro, dejando ver, detrás de unas gafas cuadradas de montura negra, unos hermosos y llamativos ojos verdes que me dejaron impactada mientras, sin saber porque, mi corazón latía rápidamente.
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Que emocionante es conocer una chica – dije con fastidió mientras bajaba los últimos peldaños de la segunda planta. Suspiré mientras mis pies se deslizaban por las escalinatas que aún me faltaba bajar.
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¿Se puede saber donde está Harry? – escuche decir a Tom mientras que bajaba la última escalera.
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Ya debe estar por bajar, amor – escuche esta vez decir a Erica. Bajaba ya los últimos diez peldaños cuando oí: - ¡Mira!, por ahí viene. - Volví a suspirar mientras terminaba de bajar la escalera.
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Vamos, Harry. La saludas y pan comido, igual, este castillo es muy grande para verla todos los días y a cada cinco minutos, ¿no? – dije para animarme. Volví a suspirar mientras que llegaba a la planta baja.
Levante mi rostro, que hace poco se encontraba fijamente viendo las escaleras que bajaba, y lo que vi a continuación me dejo anonadado. Mirándome a los ojos se encontraba una joven de aproximadamente veinte años, un poco más o un poco menos da igual, pues no me fije en eso, sino en su belleza. Tenía el cabello largo, con bucles en las puntas, de color castaño claro. Su tez era delicada y bastante pálida, era delgada y de mediano tamaño y con unos hermosos ojos verdes con reflejos dorados.
Sin saber lo que hacía, me acerque lentamente hasta la joven, sin quitarle dejar de mirar a aquellas cuencas verdes y, al llegar hasta ella, la tome de la mano y la bese con delicadeza y caballerosidad.
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No pude evitar sonrojarse cuando vi acercase a aquel ser con una majestuosidad imperceptible ante mis ojos y más cuando tomó mi mano y la beso con aquella delicadeza y caballerosidad.
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Es un gusto conocerla – me dijo viéndome con aquellos hermosos ojos verdes. – Me llama Harry Potter.
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Me llamo Eliza Lupin, igualmente es un gusto para mí – dije con un de temblor, viendo como el señor Potter sonría con una sonrisa encantado y algo sujetiva.
Voltee a buscar apoyo en mis tíos, pero lo único que alcance a ver fue a la señora Erica con una mano en la boca mientras miraba embelesada la escena y a mi tío con una sonrisa en los labios. Sin mucho apoyo moral, volví a tornar el rostro, pero mi mirada cruzo con aquellos ojos verdes y me quede mirándolos fijamente. Me quede unos cinco minutos así, hasta que...
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Señor, la cena está servida – informó una de las mucamas, muy parecida a la que había visto hace un rato.
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Excelente – dijo mi tío. – Creo que Harry te acompañará hasta la mesa, Eliza.
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Con gusto – dijo el hombre que se hallaba cerca de mí.
Me sonroje un poco mientras que mi tío sonreía y tomaba el brazo de su esposa para dirigirse al comedor. El señor Potter me ofreció su brazo y algo apenada lo tome, sintiendo como aquel miembro fornido se enredaba con el mío. Empezamos a caminar por largos y oscuros pasillos, iluminados por algunos candelabros. Pensé, quien no estuviera allí sin guía, podía perderse fácilmente.
Después de cruzar dos grandes habitaciones, llegamos a una pared corrida, bastante larga, en la que se situaban, en el medio, dos grandes puertas, delgadas y en formas de serpientes, las cuales tenían gemas de rubí en cada uno de sus ojos.
Pasamos al recinto y me quede impresionada con su belleza y esplendor. Todo era de madera, desde el techo, hasta el suelo, con columnatas de piedras en cada esquina, las cuales tenían telas bordeándolas. Un gran ventanal se encontraba del otro lado de las puertas dobles, ocupando toda la pared. Una larga mesa señorial y de macizo roble coronaba el comedor, en el que descansaban cuencas de alimentos, candelabros, cubiertos, copas, botellas de vino, platos demás cosas. A cada lado de ésta se encontraban dos mucamas.
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¿No es precioso? – preguntó el joven Potter cerca de mi cuello, haciendo erizar cada célula de mi cuerpo al sentir su cálido aliento sobre éste.
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Sí...sí, es muy bonito – respondí colocándome una mano en el corazón.
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Acompáñeme hasta la mesa, por favor – dijo embozando una pequeña sonrisa. Yo, sonrojada, le seguí hasta el lugar, en donde me ofreció un puesto y me senté en éste. Él se coloco a mi lado, quedando al frente de mis tíos.
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Ya era media noche cuando la cena acabo y las mucamas procedieron a recoger la mesa mientras los esposos Riddle’s se despidieron de ambos jóvenes mientras que Harry se ofrecía a acompañar a Eliza hasta, al menos, el pasillo de su habitación.
Durante la cena, un calor insoportable estaba reinando en el castillo, que obligó a muchos a eliminar de su atuendo las cosas abrigadas. En ese momento Eliza iba con un vestido sencillo y fino de color negro hasta las rodillas mientras que Harry se había tenido que deshacer de su chaqueta y traía los primeros cinco botones de su camisa blanca desabrochados.
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Creo que aquí te dejo – dijo el joven deteniéndose en seco. – Tú habitación es la de al frente...parece que nos tocó dormir en el mismo piso. – Eliza se sonrojo un poco ante este comentario. – Harry se acerco a una puerta que se encontraba a la derecha y se apoyo en ella. – Buenas noches y cuidado con tu cuello.
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¡¿Qué?! – preguntó Eliza viéndolo impresionado.
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Sí, dicen que las mujeres siempre caen más fácil.
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Para su información, señor Potter, no soy ninguna debilucha y me puedo defender sola de todas las personas que quieran hacerme daño – dijo Eliza con un aire furioso, antes de dar una vuelta y retirarse a su habitación, cerrando la puerta de un solo golpe.
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La damisela tiene carácter...que interesante. Esto se pone cada vez más divertido – dijo Harry, haciendo que en su rostro se dibujara una sonrisa de placentera satisfacción.
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Muchas gracias por leer. Ojalá que me puedas dejar un review con tu opinión sobre el fic.
Nos vemos en una próxima,
Leslie