Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← En el espejo de Oesed... · de

En el espejo de Oesed... — capítulo 18

N/A: Ambientado en un futuro próximo, ya tras las batallas de Hogwarts y con la Tercera Generación merodeando los pasillos de Hogwarts :)

Aún no era de día, pero faltaba poco para el amanecer. Sin embargo, los pasillos estaban ya llenos de gente, alumnos, profesores y fantasmas, incluso algún elfo doméstico se escurría entre las piernas de la gente, intentando llegar a algún sitio. Era el último día de clase. Había que recuperar cosas, decir adiós a los amigos de otros cursos, de otras casas; el ansia de volver a casa se sentía en el aire.

No obstante, había una persona que vagaba sin rumbo fijo, simplemente saludando a todo el mundo sin darse cuenta de quiénes eran de verdad. Su altura le hacía chocarse con los candelabros que ya iluminaban el castillo, y su abrigo barría el suelo, tirando alguna que otra armadura. Casi sin darse cuenta, Hagrid llegó a las mazmorras, cogió el pasillo de en frente de la clase de pociones, y llegó por fin a una parte de Hogwarts que había evitado desde hacía tantos años...

El viejo armario estaba cubierto de una fina capa de polvo, lo que implicaba que después de que él hubiera guardado allí a Aragog, su araña, había tenido algún otro uso.

Hagrid desempolvó la manilla de la puerta y puso su mano encima. Sin embargo, no podía girarla. Se quedó ahí contemplando el polvo y el armario varios minutos, quizá fueron horas, hasta que por fin el sudor de su mano hizo que esta se deslizara sobre el pomo y el armario se abriera.

La caja de cartón estaba en el último estante, con la tapa aún entreabierta. Hagrid se agachó, pero rechazó todos los recuerdos de golpe y se puso de pie inmediatamente. Después cerró de un portazo el armario, con tanta fuerza que hasta las bisagras se quejaron, rebotaron, y la puerta se entreabrió. Se dio la vuelta intentando contener las lágrimas y caminó hacia la puerta mirando al suelo. Al alargar la mano para abrir la puerta, esta chocó contra una superficie de cristal con un golpe ligero que resonó en las cuatro paredes. Hagrid levantó la vista y el espejo le devolvió sus ojos rojos y con las lágrimas a punto de salir. Fueron solo unos segundos en los que Hagrid pudo contemplarse. Después, su imagen se desvaneció, y varias imágenes se sucedieron, como si estuvieran grabadas en vídeo.

Primero, una giganta estaba sentada contra un árbol, con un bulto entre los brazos cubierto por una manta. El Hagrid adulto seguía estando en la habitación, pero era como si justo detrás de él hubiera un único árbol y su madre estuviera apoyada en él. Se dio la vuelta, pero ya sabía que no encontraría ningún árbol. Cuando volvió la vista, un hombre vestido de marrón y negro le sonreía desde la distancia. Parecía estar a pocos metros por detrás de él, pero cuando Hagrid dio unos pasos atrás, no pareció moverse apenas en el espejo. Las lágrimas ya rodaban por sus mejillas y se escondían en su barba, perdiéndose para siempre.

Cuando cerró los ojos para intentar pararlas, comenzó a oír ruidos de los Slytherins que bajaban a su sala común, pero solo los oía, no los escuchaba. Cuando los abrió, la imagen que tenía delante de sí mismo era inigualable. Era él, más joven, en su cabaña, rodeado de dragones, aves, unicornios, un hipogrifo, y una infinidad de animales mágicos. Pero lo que más destacaba entre todo ello era que Hagrid tenía esa sonrisa en el rostro que siempre tenía en las comidas, en las clases especialmente interesantes, cuando los pequeños Potter, Weasley, Longbottom, Scamander, Thomas, Wood y demás, iban a tomar té a su casa, e incluso cuando se encontraba al pequeño Malfoy y este le sonreía con miedo. La verdadera sonrisa de Rubeus Hagrid.

Cuando ya no pudo aguantarlo más, apartó la vista del espejo y buscó la puerta, sin pararse a ver cómo seguiría la sucesión de su espejo. Claro que sabía del espejo de Oesed. Minerva le había advertido que volvería a Hogwarts y no podrían hacer nada para evitarlo. Algunos alumnos estaban destinados a encontrarlo en su camino.

Cuando Hagrid salió de la habitación, se acordó de que había dejado el armario abierto. Volvió sobre sus pasos y entró de nuevo. El espejo no estaba en ninguna parte de la habitación. Secándose las últimas lágrimas, Hagrid cerró por fin con suavidad la puerta del armario y salio por última vez de aquel lugar, para ir con los pequeños a ayudarles a encontrar su camino de vuelta a casa.

N/A: Como habréis podido notar, he cambiado mi nombre de "Lielbay" a "Eline Vern". La explicación es simple: Lielbay fue un nombre que puse hace casi cinco años, y ahora prefiero tener otro. Bueno, sé que he tardado pero no sé me ocurría nadie... así que pensé en miembros de la Orden y salió Hagrid. Espero que os haya gustado, a mí personalmente me gustó muchísimo escribirlo. 

Intentaré actualizar pronto, pero no prometo nada. Aunque menos de un mes tardaré (espero) :)) Un abrazo a todos,

Elisa