Cambiando el pasado — capítulo 38
**- Yo también.- dijo y con esto salió.**Ginny bajaba por el camino de rocas seguida de Paul. Ya era bastante tarde, seguramente la reunión de la sociedad ya había comenzado. La noche estaba cálida, tibia como si quisiera cubrir con su manto protector a todos los mortales. La pelirroja esquivaba ramas y piedras, saltando y corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían. El tiempo parecía estar en su contra, todo parecía estar en su contra.
-
Mañana tendrás un día muy ocupado.- dijo Paul mientras trataba de seguirle el paso. -Las entrevistas, todo el colegio leyendo tu poema…ya eres una celebridad.
-
No me hace gracia.- dijo Ginny bajando con más rapidez.
-
Lo siento.- dijo Paul en un tono algo sarcástico. - Pero en realidad no lo siento. Sé que hice lo correcto.
Ginny paró bruscamente y volteó hacia él.
- Lo correcto? Crees acaso que es "correcto" tomar la privacidad de una persona y lanzarla al aire como si fuera cualquier cosa sin importancia?- reclamó ella
Fervientemente, aún ardida por la situación en la que Paul la había insertado. El castaño sonrió.
-
No.- respondió. - Creo que lo correcto es que sepas lo mucho que vales, y si tuve que tomar tu poema y hacer que todo el mundo vea lo talentosa que eres para conseguirlo, pues entonces no me arrepiento.
-
Se supone que todo esto era secreto! No quería que todo supieran que sé escribir!
-
Pues en verdad, la Sociedad de poetas de babel manda un poema cada año a ese concurso, claro, todos votan y eligen el que se merece ir. Yo te propuse, y todo votaron por ti. No soy el único que cree que eres la mejor...- dijo pasándola y siguiendo el camino de descenso.
Ginny contuvo la ira que tenía y siguió bajando. Miraba al suelo, poniendo especial atención en cada paso que daba pues aquel lugar estaba lleno de sorpresas. Tal vez por eso se sorprendió cuando se chocó contra la espalda de Paul. Levantó la mirada y sus ojos miel se quedaron estáticos ante la escena que tenía frente a ella.
- Cuando llegamos ya estaba así.- dijo Adriana, que permanecía sentada en una roca.
Todos los integrantes permanecían rodeando lo que quedaba de la cabaña, pues había sido completamente incendiada. Sobre la puerta carbonizada, colgaba una nota clavada con un cuchillo.
"La poesía es el vino del diablo" San Agustín
Y ustedes serán la espada
con la que destruiremos a los impuros.
Su pared se manchará de sangre,
y los gritos sonarán como dulce Melodía nocturna.
Recuerden, nosotros también hacemos poesía…
La creamos a la hora de destruir, De eliminar.
Buenas noches, Poetas de babel.
-
Malditos Slytherins!- gritó Amelie lanzándose al suelo. - Cómo los odio!
-
Pero ésta no las van a pagar!- exclamó Adriana levantándose. - Ellos quieren guerra! Y es eso lo que les vamos a dar!
Y Ginny observó cómo el espíritu vengativo se encendía en los rostros de cada integrante.
Oscuridad; tal vez ellos no eran tan diferentes a los mortífagos después de todo.
Harry permanecía sentado en una de las camillas de enfermería. Sus ojos verdes permanecían fijos en el suelo. Hermione tomó una un algodón con poción cicatrizadora y se acercó a su mejor amigo.- Déjame ver.- le dijo extendiendo su mano a la comisura rota de su labio.
Harry extendió su mano y apartó a Hermione de él. Sus ojos verdes se fijaron en ella, con menos rabia, mas con un profundo resentimiento.
- Desde cuándo estás con él...- preguntó secamente.
Hermione sintió dolor ante la rudeza del moreno.
-
Harry yo...
-
Responde!- gritó él furioso. - Por lo menos ten el valor de explicarme el por qué de todo esto!
-
Quiero hacerlo! Quiero explicarte!- dijo ella mientras lágrimas corrían por sus mejillas. - Pero no sé si lo vas a entender...
-
Ese es mí problema si! Si no me explicas voy a terminar volviéndome loco me entendiste!
Hermione tragó saliva.
- Desde casi comienzos de año.- dijo tragándose las lágrimas.
Harry la observaba incrédulo.
-
En qué estabas pensando te has vuelto loca! Maldita sea! Qué es lo que le está pasando a todo el mundo! Primero Ginny, después tú…quién sigue ahora! Quién más quiere eliminar la poca cordura que me queda?- gritó levantándose de la camilla.
-
Harry déjame explicarte!- dijo ella tomando el brazo del moreno, mas él se movió bruscamente sacándosela de encima.
-
No me digas nada! No quiero que me hables! No quiero saber nada de ti! Ándate con Malfoy si eso es lo que tanto quieres! En lo que a mí respecta, ya no eres la Hermione Granger que conocía, por lo tanto, no eres la misma a quien yo consideraba mi amiga.
La castaña no pudo contener las nuevas lágrimas que corrían por su rostro como olas. Se quedó estática viendo cómo el Gryffindoriano, su mejor amigo de tantos años, caminaba hacia la salida de la enfermería.
- Es verdad Harry! Ya no soy la misma de hace años…pero sigo siendo yo, Hermione¿qué no lo ves?
Harry se detuvo en seco y no volteó, porque pudo sentir el calor de lágrimas asomarse por sus ojos esmeralda, y no quería que ella pudiera ver el daño que le había causado.
- No.- dijo casi sin voz. - Hermione jamás me habría hecho esto.
Y con esto salió.
Lavander apagó la luz dispuesta a dormir. Ya eran dos de la madrugada, y se había distraído como siempre, leyendo las cartas que Dean le había enviado. Aquella noche estaba melancólica, extrañaba todo; a sus padres, a su casa allá en las montañas; a sus amigas, perdidas a lo largo de este año. Sí, podía recordar cómo había comenzado ese año junto a sus amigas, unidas como siempre. Y ahora¿qué eran ahora? Nada. Las únicas que permanecían unidas eran ella y Parvati, justo como en el inicio. Luna parecía volar como un ave sin destino, estaba demasiado ocupada dando luz a todo lo que la rodeaba; Hermione ya simplemente ni se dejaba ver, dónde estaba y con quién ya ni lo podía imaginar; aparecía y desaparecía con la facilidad más grande y ya casi ni se detenía charlar un rato; Ginny…ni qué hablar de ella! Ahora prefería andar con Paul y esos egocéntricos de otras casas que se creían superiores al resto. Sí, todos ellos se creían más inteligentes que Hogwarts entero. Al principio pensó que se trataba de una etapa y que solo tendría que esperar a que ella volviera, mas al verla con Harry entendió todo. Ginny se había alejado porque entre Harry y ella había algo; ambos engañaban a Parvati ¿Qué se suponía que debía hacer ella¿Decirle a Parvati¿Sería eso lo correcto? Ella jamás había sido buena para tomar decisiones! Siempre los demás las tomaban por ella. Se sentía tan confundida, tan herida en lo más profundo de su inocencia infantil; aquella inocencia que la hacía creer que el mundo era fidelidad y perfección; un mundo sin mentiras y con amistades firmes e inquebrantables. Desde ahora veía ese mundo imaginario desmoronarse, y cuando saliera de Hogwarts, la realidad la golpearía hasta morir, para dejar agonizando en un mar que arrastra a todos aquellos que fueron débiles...Dejándolos muy lejos de la orilla.
La morena suspiró y, cepillándose el cabello rizado, caminó hacia la ventana para abrirla y dejar que el aire penetrara en la habitación. Sus ojos oscuros se sorprendieron cuando divisaron un cabello sangre inconfundible, seguido por varios alumnos de distintas casas ¡No podía ser! Eran todos los egocéntricos! Qué estaban haciendo en el bosque prohibido a esas alturas de la noche? El corazón noble e impulsivo de Lavander no la dejó pensar, ya que ella era de esa clase de personas que sentían primero, y razonaban después.
Ni pudo colocarse las pantuflas de lo rápido que salió de su habitación. Bajó al borde de la histeria las escaleras de la sala común y se chocó den frente con Harry. Soltó un grito ante tal exaltación y el moreno tuvo que tomarla de ambos brazos para que se tranquilizara.
-
Lavander qué haces estás loca?- dijo Harry observando a su amiga, quien parecía estar a punto de perder la razón.
-
Tengo que bajar! Tengo que bajas Harry déjame.- dijo ella y con tantas ideas mezcladas en su cabeza ni notó las heridas del moreno.
-
No puedes bajar has perdido el sentido! Son las dos de la madrugada es prohibido!
Lavander fijó sus ojos en él.
- No lo comprendes, Ginny...Ginny está afuera la acabo de ver por la ventana!
Los ojos verdes del moreno se intensificaron y llamas ardientes se encendieron en ellos. Tomó con fuerza el brazo de Lavander obligándola a mirarlo directamente.
-
Dónde?- preguntó.
-
Salía con Paul y otros alumnos más del bosque prohibido.- respondió ella temerosa ante la reacción del Gryffindor. Había olvidado por completo lo grave de la situación y a quién le estaba diciendo todo aquello. - Sé que no debería estar pidiéndote esto, especialmente por lo que le estás haciendo a Parvati...pero Ginny, a pesar de que debería olvidarme que alguna vez fue su amiga, ella...ella me importa y me preocupa todo esto! Qué hace a estas horas allí y con todos ellos? Qué es lo que Ginny está haciendo de su vida!
Harry soltó a Lavander y se dirigió rápidamente a la salida de la sala común.
Pronto desapareció de la vista de la morena.
Solo entonces la razón de Lavander comenzó a funcionar.
Hermione azotó la puerta de la biblioteca y al ver a Draco parado junto a la ventana sus ojos marrones se encendieron llenos de odio. Su delicada, mas firme mano se introdujo en el bolsillo la oscura túnica, sacando así su varita y apuntando al Slytherin con ella.- Expelliarmus!- exclamó.
Draco salió volando hasta chocar con la pared y caer al suelo. Hermione no se detuvo ni un instante. Caminó por el centro de las estanterías hacia él con su varita empuñada. Sus ojos llameantes eran capaces de quemar y extinguir todo a su paso.
- Eres un ser despreciable!
El rubio se levantó lentamente y sin mirarla le dijo:
- Yo soy despreciable? Déjame recordarte quién es la que se acostó con el enemigo de su mejor amigo. Creo que te estás equivocando de roles.
Los ojos de Hermione intensificaron su ira.
-
Cállate! Tú no sabes nada! Tú nunca vas a entenderlo porque eres un ser frívolo e insensible! No te importa nada más que tú mismo!
-
No sé nada? Veamos Hermione...todo comenzó porque tenías el autoestima por el suelo, lo recuerdas? No te querías, de hecho te odiabas...eras lo más insignificante no solo ante los ojos de los demás sino ante los tuyos propios. Como no tenías a nadie más a quién echarle la culpa de tu depresión decidiste hacerlo con tus amigos. Claro, resultaba más fácil pensar que te lastimaba el que ellos no te incluyeran en sus planes, cuando en realidad lo que te lastimaba era estar atrapada en esa vida patética y sin sentido en la que se había convertido la tuya. - dijo acercándose a ella peligrosamente. Su boca de serpiente había comenzado a escupir veneno mortífero. Solo ella sabía cuánto daño podían causar sus palabras.
Hermione retrocedía mientras mantenía su varita bien en alto. Sus ojos estaban inmersos en los de él, fríos y calculadores.
-
Por eso, solo por eso dejaste que te hiciera mía; no para vengarte de tus amigos, no...Fue para vengarte de ti misma. Porque te despreciabas, eras tu peor enemiga Hermione; lo sigues siendo.
-
Nunca quise lastimar a Harry...- dijo mientras lágrimas corrían por su rostro.
-
Pero lo hiciste, y ese es tu problema; nunca quieres herir a nadie pero terminas destruyéndolo todo. No es así Granger? Debe ser muy divertido jugar con todo lo que te rodea no?
-
No!- sollozó ella. - Lo único que quería era morir! Desaparecer de este mundo asqueroso en el que no encajaba, en el que no encajo! Pero no tenía ni tendré el valor para acabar conmigo, necesitaba que alguien lo hiciera por mí. Tú eras perfecto para ello, no se suponía que esto debía terminar así.
-
Así cómo? No se suponía que te ibas a enamorar de mí?- Draco rió. - Imagínate entonces cómo me siento yo, exponiendo mi vida por una sangre sucia traidora.
Los ojos de Hermione destellaron ofensa inmediata.
-
Yo no te he traicionado, eso está en tu podrida cabeza Malfoy!- dijo ella.- Así que ya para de lastimarme!
-
Quieres que pare? Ya sabes lo que tienes que hacer para que me detenga.- dijo mientras seguía acercándose a ella con ira irradiando por sus ojos grises.
Hermione sintió la pared en su espalda, ya no había cómo retroceder.
-
Por qué tenías que decirle eso a Harry?- dijo ella volviendo al tema inicial. - Por qué tenías que humillarme delante de él y hacerme quedar como una cualquiera!
-
Porque tú me obligaste recuerdas?- dijo él sin detener su paso, la varita de Hermione se había incrustado en su pecho. - Te dije que era yo el único que podía lastimarte, y te pedí, te rogué que no me obligaras a hacerlo. Pero tú nunca escuchas Hermione...
El rubio extendió su mano y la varita de Hermione voló lejos. Con su mano derecha atrapó el cuello de la chica, y con suavidad, lo acarició con sus pálidos dedos. Sus ojos grises se fijaron en los labios rojos intensos de la castaña, aquellos que siempre le pedían a gritos su boca, su calor. Volvió a subir la mirada fija e inexpresiva hacia los ojos marrones de la Gryffindoriana y la soltó.
William debe estar esperándonos.- dijo secamente mientras daba media vuelta y caminaba como si nada hubiera pasado hacia la sección prohibida.
El ambiente estaba frío y húmedo. La reciente lluvia aún se sentía en el aire; suspendida, como haciéndose notar. Hermione aspiró la fresca brisa que cruzó por su rostro y notó la gran luna vislumbrándose por el cielo, cuyas nubes parecían haberse hecho a un lado, dándole paso a las estrellas de una noche perfecta. Draco, quien era más práctico y tenía un sentido oscuro de lo que era "belleza" en sí, ni se tomó el tiempo de observar otra cosa que no fuera los grandes buques que en la orilla del puerto permanecían anclados. Una multitud de gitanos se encontraban fuera, y con una gran fogata encendida, parecían festejar algo en especial.
Fue entonces cuando un caballo negro a galope penetró en la escena. Uno de los cales señaló la presencia de un hombre vestido completamente de negro y con ojos verdes centelleantes, cuya acompañante reconocieron de inmediato.
- Kamala!- gritó uno de los calés sacando una pistola de pólvora, y pronto todos hicieron lo mismo, apuntándolos. - Puta traicionera!
Tom miró a Tamara y ella le susurró:
-
No esperaste que les diera mi verdadero nombre o sí?- dijo ella muy astutamente.
-
Te atreves a aparecer después de que se te ha visto en las fronteras peleando por el bien de brujos! Buscas la muerte o qué?
-
Ya para!- dijo la pelirroja bajándose del caballo. - Vengo porque estoy dispuesta dar mi vida si es necesario por el bienestar de mi gente.
-
Tu gente? Creí que ya te habías unido a los puros!- dijo un hombre alto y con fisionomía tosca, mirando despectivamente a Tom. - A los brujos de la alta sociedad! A todos esos caras bonitas y ojos claros que creen tener el mundo a sus pies solo porque tienen magia pura!
Los ojos verdes de Tom se encendieron en señal de odio repentino.
-
Yo sé lo que soy! Soy gitana y soy de aquí! Él me secuestró y me llevó lejos, y después me ofreció su ayuda para nuestra gente...trabaja para una de las familias magas más poderosas de la región!
-
No necesitamos la ayuda de esta gente!- dijo un calé molesto. - Escupo ante sus pies mi majestad! Pero nosotros, gitanos y piratas como nos llaman, preferimos la tierra en nuestra boca antes que tomar algo que venga de ustedes...
-
No sean tontos!- intervino Tom, quien ya conocía perfectamente lo que tenía que hacer. - Aunque seamos razas distintas hay algo que nos une; el odio hacia los vampiros.
-
Qué te hace pensar a ti brujo que a nosotros nos interesa pelear contra vampiros?- intervino una mujer bastante atractiva, de piel morena y ojos oscuros.
-
Lo pienso porque estoy al tanto de lo que han hecho con su gente…los han utilizado como alimento y desperdiciado cual carroña! Y eso, es golpear en la dignidad, y los derechos de una comunidad gitana. Conozco las leyes que los rigen, señores, y sé bien que si hay algo que los caracteriza es su fuerza vengativa…
-
Nos vengaremos sin ayuda de ustedes!- dijo un calé.
-
No seas cerrado!- dijo Tamara. - Nos proporcionan hasta una parte del ejército! Vamos a pelear en contra de los vampiros y los Gohts...
-
Pelea tú, que ya no eres de las nuestras.- dijo la mujer morena.
Tom haló las cuerdas de su caballo haciendo que éste se levantara y soltara un sonido de inconformidad. Sus ojos verdes altivos y dominantes se fijaron en los del calé que parecía ser el líder.
-
Habrá una sustanciosa recompensa por sus servicios.- aumentó él con astucia.
-
Cree que su asqueroso dinero nos puede comprar?
-
No dije que sería dinero.- corrigió Tom. - Dije que habría una recompensa.
Hubo un silencio prolongado en el cual todos los presentes susurraron intercambiando comentarios. El calé habló:
- Cuál sería esa?
Tamara sonrió levemente.
- Permiso a los gitanos para arribar a tierras mágicas.
El asombro fue colectivo. Todos abrieron los ojos como si hubieran visto a Merlín en persona y varias mujeres se taparon la boca sin poder creerlo. Aquello era más de lo que jamás se pensó podría dársele a los integrantes de aquella raza. Los Gitanos, quienes durante siglos habían sido discriminados en el mundo muggle y mágico, esos que habían soportado el ser pisoteados una y otra vez como si no fueran más que viles insectos; a esos mismos, ahora se les abrían las puertas de una sociedad en donde podrían, por única vez, sentir qué era formar parte de algo.
Las lágrimas se avecinaron en los ojos de varias mujeres con tan solo pensar en la idea; pues sí, corazones como aquellos no eran duros, sino huecos; huecos por tantas heridas producidas en el pasado, y que aún no sanaban.
Y ahora les ofrecían la cura.
No podían negarse a ello.
Pertenecer a algo, pertenecer! Ser parte! Ser algo!
Y la respuesta fue inmediata.
- Cuenten con nosotros.
Ginny caminaba por los pasillos oscuros de Hogwarts pendiente de que Filch ni Peeves aparecieran repentinamente. Era demasiado tarde, si alguien la atrapaba fuera de su sala común a aquella hora, seguramente la castigarían de por vida. Se sacó los zapatos y los sostuvo con ambas manos, caminando así tan solo con medias y tratando de producir el menor ruido posible. Claro que ella no podía saber lo que le esperaba a tan solo unos segundos.Estaba cruzando el pasillo cuando una mano a agarró fuertemente por el brazo y la obligó a entrar a una clase vacía. Ginny soltó los zapatos por el impulso y cuando la puerta estuvo cerrada, al voltear se vio acorralada contra la pared; unos ojos verdes llenos de ira estaban fijos en ella, y le quitaron la respiración por varios segundos que le parecieron interminables.
-
Eres parte de esa sociedad no?- dijo él furioso. - Lo sabía! Por eso salías todas las noches! Tú y ese grupo de egocéntricos son los que pintaron la respuesta a las amenazas en las paredes! Tú fuiste todo este maldito tiempo!
-
Shhhh!- dijo Ginny temiendo ser descubierta en cualquier instante. - Deja de gritar!
La pelirroja le dedicó una mirada hueca, sin sentido y completamente vacía. Por un momento, Harry creyó estar viendo un cadáver, y no entendía por qué al ver aquellos ojos miel que antes irradiaban calor intenso, ahora lo único que parecían producir era un poderoso frío que era capaz de congelar todo a su paso ¿esa era Ginny¿Esa era su Ginny?
-
Parece que no te importara esta situación.- dijo Harry incrédulo. - Ya no te importa nada.
-
Qué es lo que quieres que te diga Harry? Que te mienta? Que te diga que no pertenezco a esa sociedad cuando es mentira?- dijo ella casi susurrando y con palabras secas. - La realidad es la que has descubierto; no tengo nada más qué decir al respecto.
Los ojos verdes de Harry se humedecieron, y solo entonces Ginny pudo sentir el profundo dolor que el moreno se encargaba de ocultar siempre. El Gryffindoriano golpeó la pared con su puño al lado de la pelirroja, y con rabia bajó la mirada, tratando de entender por qué todas las personas a quienes él amaba lo herían tanto.
- Quién eres? Ya ni siquiera puedo verte y sentir que eres tú...- dijo exaltado. - tu voz...ya ni siquiera tu mirada es igual.
Los ojos de Ginny se humedecieron.
- Ya no soy la misma Harry.- dijo fríamente, como quien ya había aceptado su triste realidad. - Logré lo que quería; lastimarme, para así herirte. Creo que no calculé lo mucho que podía dañarme...ahora...no sé cómo reparar lo que he destruido en mí...
Las manos del moreno se posaron en el rostro de la chica, acariciando sus mejillas y obligándola a mirarlo a los ojos.
-
Sé que todavía estás ahí…sé que puedes hacer que este infierno pare. Hazlo, por favor hazlo.- le suplicó
-
No.- dijo ella mientras retiraba las manos del chico de su rostro. - No puedo hacerlo…ya no tengo el control de nada. Quisiera volver el tiempo...Quisiera cambiarlo todo. Pero ya es muy tarde, y sabes? Ya no te culpo de nada de esto. Lo que nos pasó, fue por culpa de ambos.
Harry sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, y sí, sintió miedo; un terrible pánico producto de lo que ella le decía. Hablaba…hablaba como si se estuviera despidiendo.
Ginny se soltó de él y recogió sus zapatos. Sus ojos miel se fijaron en los de Harry por unos breves instantes en los cuales ninguno de los dos sintió nada más que dolor,...dolor porque fueron demasiado cobardes como para defender lo que sentían.
Ella humedeció sus labios.
- Nos vamos?
Hermione cayó de pie milagrosamente, y lo primero que vio fue el cadáver de Zulema, intacto e irradiando más belleza que nunca en uno de los sofás de la sala Pirandello. Isabella se encontraba sentada en una de las escaleras, y sus ojos marrones permanecían fijos en la fallecida, temerosos e impactados. Xavier, por el contrario, se encontraba sentado en el sillón de enfrente, con la corbata floja y la camisa blanca por fuera, observando frívolamente la situación y tratando de entender lo que sucedía. Su cabello rubio platinado, húmedo aún por la lluvia, caía por su frente cual cascada. Hermione se preocupó por Isabella, quien se conservaba empapada y había comenzado a temblar del frío.Xavier se levantó súbitamente.
-
Hay que llevarlo al sótano.- dijo con seguridad. - Llamaré a los guardias.
-
Qué! Estás loco? Xavier ella está muerta! Cómo vamos a llevarla al sótano!- dijo Isabella levantándose también.
-
Es un vampiro! En realidad, nunca tuvo vida real!- exclamó él. - Además, no sabemos por qué nos han puesto un cadáver en la casa, lo que debemos hacer es conservarlo hasta que sepamos las intenciones de esto.
-
No voy a vivir con un cadáver en la misma casa!
-
Creí que te irías esta misma noche!- argumentó él furioso.
Un silencio se prolongó en la sala.
- Tienes razón.- dijo ella dando media vuelta y subiendo los escalones.
Hermione la siguió y Draco hizo exactamente lo mismo.
La castaña entró furiosa a la habitación que había compartido durante todo un mes con Xavier y, abriendo una maleta, comenzó a lanzar la ropa del closet hacia ésta. Demasiadas cosas cruzaban por su mente en aquel instante; Carmen, seguramente se debía haber ido con Magdalena, pero¿qué haría su madrastra al respecto? La reputación de su familia estaba por los suelos, eso ya lo tenía claro. Entonces ya de nada valía volver a aquella casa y fingir que era una honorable doncella. No, había llegado la hora de ser independiente, de volar tan lejos como sus alas se lo permitieran; quería alejarse de todo y de todos, olvidar que se enamoró de alguien equivocado y olvidar todo lo que vivió en aquellas tierras. Lágrimas corrieron por sus mejillas mas ella las retiró. Respiró profundamente y cayó sentada sobre la cama.
- Adiós Xavier…adiós para siempre.- susurró para sus adentros.
Fue entonces cuando la puerta se abrió.
Draco vio cómo Xavier entraba y cerraba la puerta tras de sí.
-
Ya están llevándola al sótano.- dijo con voz ahogada al ver el equipaje casi hecho.
-
Bien por ti.- dijo ella tratando de parecer firme en su decisión. - Ya casi estoy lista.
Xavier le dedicó una mirada fría y caminó hacia la ventana, como si en verdad no le importase el hecho de que estaba a punto de marcharse la única persona a quien realmente había llegado a querer más que a sus propios intereses. Por eso la dejaría ir, para que al menos ella fuera feliz.
Se sacó la camisa húmeda y sintió el frío recorrer su pecho. Isabella se sonrojó un poco, mas no dijo nada. Siguió guardando las cosas en las maletas, mientras contenía las ganas inmensas de llorar.
"Cuando las cosas se rompen, es difícil reconstruirlas…
Pero no imposible..."
Isabella pudo sentir cómo el control que había mantenido sobre ella misma desaparecía y las lágrimas comenzaban a brotar libremente. Cayó sentada sobre la cama y se cubrió el rostro con ambas manos, sintiéndose terriblemente débil, y avergonzada por ello.
Xavier, al notar la situación, caminó hacia ella sorprendido y se arrodillo frente a ella, tomando las manos de la castaña entre las suyas y retirándolas de su rostro. Sus ojos grises se fijaron en ella, en la belleza que recorría su puro rostro inocente, dolido y ahora bañado en lágrimas dulces que caían como pétalos sobre sus mejillas.
-
Perdóname.- dijo ella casi sin voz. Todo su cuerpo temblaba, él lo podía sentir con tan solo sostener sus manos. Trataba de contener las lágrimas inútilmente, él ya la había descubierto.
-
No tengo nada qué perdonarte.- dijo él inexpresivamente.
-
No quería que me vieras así...- dijo ella sollozando.
Un profundo dolor creció en el pecho del rubio. Era como si, el verla sufrir, fuese un tormento demasiado grande como para que él pudiera soportarlo.
- Por qué estás llorando?- preguntó él clavando su mirada en la de ella.
Isabella humedeció sus labios y contuvo la respiración. Su rostro seguía cubierto de lágrimas.
-
Aquí...junto a ti, era el único sitio en donde no me sentía sola.- dijo ella sin importarle ya lo vulnerable que estaba quedando frente a su siempre más grande agresor. - Tú al principio me odiaste, y sé muy bien que después representé un estorbo más que un objeto para tu venganza...todo eso lo sé, pero al menos no me sentía sola. Eres...eres el único que me ha visto...el único para quien nunca he sido invisible. Por eso yo...
-
Por eso tú qué...- dijo él acercándose y tomando la barbilla de la castaña entre sus manos. Quería que siguiera, deseaba que siguiera…Sus ojos grises ardían en llamas nunca antes vistas en él, y ahora la estaban quemando.
-
Por es yo….perdóname, no puedo seguir aquí por más tiempo.- dijo ella levantándose y rápidamente cerrando la maleta que se encontraba sobre el banco. - Debo irme ya...
Xavier la tomó por el brazo y la obligó a volver a él. Sus ojos grises la penetraban con fuerza y ella solo pudo sentir cómo todas sus energías se desvanecían ante aquella mirada. Siempre había sido una mujer fuerte e inteligente, pero ahora sabía que aquella fortaleza en verdad nunca existió dentro de ella...tan solo era una barrera que había colocado para tapar el gran vacío que existía dentro de ella; para protegerse de el dolor. Y ahora, frente a él, se sentía desnuda, completamente indefensa.
-
Por qué te vas si dices que no quieres hacerlo!- le dijo él molesto. - Por qué siempre tienes que hacer todo lo contrario a lo que realmente quieres!
-
No quiero ser más una molestia para ti entiéndelo! La farsa terminó ya!
Xavier haló su brazo hacia él y la tomó por la cintura pegándola a su cuerpo. Isabella sintió que el corazón se le había subido a la garganta. Podía sentir el pecho desnudo del chico quemarla a través del vestido húmedo que la cubría. Quiso soltarse, pero había quedado incapaz de moverse entre sus brazos. El aliento del rubio se mezclaba con el de ella, y ahora parecía embriagarlos a ambos.
- Si quieres quedarte, hazlo. No me molestas.- dijo él bajando la mirada y fijándola en los labios que tenía tan cerca de los suyos. Podía sentir todo el cuerpo de la castaña temblar sobre el de él. Su aroma a naturaleza y virginidad logró encender todo dentro de sí ¿En qué había perdido el tiempo¿En Carmen? Todo ese tiempo perdido odiando en lugar de aprovechar lo que tenía en frente...y ahora, ahora ella se iba de su lado...
No podría soportarlo.
- Por favor suéltame...- dijo ella sintiendo cómo sus sentidos la traicionaban. La cercanía del rubio era demasiad peligrosa...era más de lo que podía tolerar.
Pero Xavier no la soltó ni por un instante, por el contrario, la pegó aún más a él y hundió su cabeza en el cuello de la castaña, rozando sus labios en la tersa piel que lo cubría. Aquello fue como un choque de electricidad en todo el cuerpo de Isabella. Sus piernas se relajaron demasiado y creyó caer al suelo, pero aquello no sucedió porque él la sostuvo con fuerza, decidido a impedir que se alejara de él.
- En verdad quieres que te suelte?- le susurró en el oído. - dime que quieres que te deje, y juro que lo haré.
Isabella quiso decirle que la dejara ir, pero las palabras no salieron de su boca. Era como si su cuerpo de negara a hacer lo que su cerebro le ordenaba. Xavier fijó sus ojos en los de ella y una media sonrisa se dibujó levemente en la comisura de sus labios.
-No te iba a soltar de cualquier forma...- dijo mientras su mano se posaba en la espalda descubierta de la castaña.
El contacto con su piel fue terrible. Isabella cerró los ojos sintiendo que iba a morir en ese mismo instante ¿por qué no podía huir¿Por qué si era eso lo que su mente le decía? Estaba siendo débil, y la debilidad siempre traía consigo consecuencias terribles.
Antes de que ella pudiera anticiparlo, sintió cómo su vestido se aflojaba, y fue entonces cuando supo que él lo había desabrochado por detrás. Sus mejillas se encendieron y trató de empujarlo lejos de ella, pero él la pegó más contra sí y mordió su cuello con deseo incontrolable.
-
por favor, no me alejes de ti...- le dijo él mientras bajaba mordiendo y besando su cuello hasta sus hombros…aquellos que siempre lo trastornaron.
-
No puedo...tengo que irme...- dijo ella casi sin voz y sin saber realmente lo que estaba diciendo.
Xavier dejó sus hombros para fijar sus ojos en los de ella.
-
Siempre estás lejos...Siempre tienes que irte..., no voy a soportar más tiempo sin tenerte.- dijo mientras su mano derecha se paseaba por la espalda de la chica, aflojando aún más el vestido que estaba a punto de caer.
-
Creí que no te importaba.- dijo ella casi en un susurro.
-
Qué equivocada estás...
Y sin poder controlarse más la besó. Su lengua penetró su boca con fuerza y deseo incontenible. Isabella supo que ya no podía más, simplemente se había rendido. Sus manos se hundieron en el cabello desordenado del rubio mientras se olvidaba de absolutamente todo. Xavier soltó un gemido cuando el vestido de la castaña cayó hasta su cintura, permitiendo que sus senos se pegaran a su pecho desnudo.
Hermione se volteó sintiéndose en una situación sumamente incómoda. Draco la observó y notó cómo su rostro estaba sonrojado. Quiso decir algo, pero recordó la furia que lo embargaba así que tan solo se sentó en el sillón y siguió, fríamente, observando la escena que tan solo le recordaba todas las veces en las cuales había hecho a Hermione suya.
Hermione cayó en el suelo de la biblioteca. El frío de la sección prohibida caló en sus huesos como de costumbre, y supo que había sido regresada a su época actual. Levantó la cabeza y miró a William, quien los observaba arrimado a la pared.
-
Ya casi llegamos...ya casi es el asesinato te Xavier e Isabella.- dijo con voz apagada, como si aún le doliera tan solo recordarlo.
-
Cómo vamos a evitarlo? Parece imposible hacer algo en nuestro estado...- dijo Hermione mientras se levantaba del suelo. Draco permanecía en silencio, indiferente a toda realidad.
-
Los haré ver cómo mueren, y cuando lo vean, los retrocederé en el tiempo nuevamente.- dijo William. - Pero esta vez será diferente, cuando retroceda el tiempo antes del asesinato, ustedes estarán dentro de la historia...ya no serán simples observadores.
Los ojos marrones de Hermione se abrieron notablemente por el impacto de aquellas palabras.
-
Quieres decir que...Tanto Xavier como Isabella podrán vernos?- preguntó confundida.
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Exactamente, y no solo eso; sino que si se lastiman allá, o mueren, lo harán en verdad. Deben tener mucho cuidado...es imprescindible que sepan lo que van a hacer cuando los retroceda en el tiempo. Tendrán que formar un plan para cambiar lo sucedido...para cambiar el pasado.
Draco caminó fríamente hacia la puerta y salió sin decir nada, como si no le importara en lo más mínimo ninguna de las palabras pronunciadas. Hermione lo vio desvanecerse en el marco de la puerta y sus ojos se humedecieron mientras miraba al suelo. Ya casi todo llegaba a su fin...
Entonces¿por qué en lugar de sentirse aliviada, se sentía más sola que nunca?
William caminó hacia la ventana.
- No debes preocuparte, Hermione. Todo va a colocarse en su respectivo lugar muy pronto...y tú, llegará el momento en el cual ya no sufrirás más.
Hermione sintió aquellas palabras vacías golpearla y un amargo sabor infestó su boca ¿Por qué sentía que el final que vendría no sería agradable¿Por qué?
Luna entró al gran comedor y no tuvo tiempo de hacer absolutamente nada. Parvati la tomó de la mano y la llevó a la mesa Gryffindoriana, obligándola a sentarse junto a Lavander y Ginny, a quien por cierto también habían capturado.- Hoy es el baile así que como eres la única que no se podrá arreglar con nosotras te tengo un regalo.- dijo Parvati sacando de una gran funda una pequeña caja de gamuza negra.
Los ojos cielo de la rubia de abrieron sorprendidos mientras tomaba el presente.
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No tenías por qué hacerlo Parvati...- dijo agradecida y sus mejillas se sonrojaron. - Yo no te compré nada...
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Bah! Eso qué importa?- dijo Lavander. - Parv es millonaria no te acuerdas? Sus padres le regalan dinero como si fuera cualquier cosa así que acéptalo!
Luna sonrió tímidamente y abrió la caja. Una gargantilla de cristales y diamantes transparentes brilló ante sus ojos.
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No! Parvati...no puedo aceptar esto...debe costar una fortuna!- dijo la rubia dejándolo sobre la mesa mientras sus mejillas se encendían más que nunca.
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De hecho, sí cuesta una fortuna.- dijo Parvati mientras lo sacaba de la caja. - Es divino, lo vi en un catálogo y supe que en nadie quedaría mejor que en ti. Tienes alguna remota idea de lo bello que lucirá en tu cuello durante el baile de hoy? Es nuestra graduación Luna! Acéptalo como un presente que te da una amiga que te quiere mucho.- dijo Parvati sonriente.
Ginny permanecía confundida, sin entender por qué estaba sentada con ellas cuando ya toda relación se había cortado. Lavander evitaba su mirada, mas las pocas veces que chocaban ya no despedía rabia contra ella, era mas bien tristeza y algo de arrepentimiento.
Hermione entró al gran comedor. Parvati corrió hacia ella y la arrastró también a su lugar en la mesa.
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Ahora sí! Ginny y Hermione! Las espero en la sala común a las cinco de la tarde porque debemos arreglarnos. Les compré unos regalos también.
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Por qué haces algo así Parvati! No debes molestarte en esto!- dijo Hermione mientras tomaba una manzana.
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No es una molestia…ya nos graduamos y tengo que decirles algo muy importante.- dijo la rubia borrando la sonrisa de su rostro. - Ustedes han sido las mejores amigas que he tenido, hemos compartido muchas cosas y no saben cuánto las aprecio. Sé bien, que este año nos hemos distanciado por muchas razones, algunas tal vez no las pueda comprender, pero eso ya no importa¿saben por qué? Porque yo las sigo queriendo igual que antes, para mí siguen siendo como mis hermanas.
Todas permanecían en silencio. Hermione sintió sus ojos humedecerse ante aquellas palabras, sintiendo nostalgia por su adolescencia casi acabada; lo que ahora venía sería el mundo real...fuera de aquellas paredes de Hogwarts.
- También sé, que probablemente al salir del colegio ya no nos veamos más.- prosiguió Parvati. - Me duele, pero me llena de satisfacción el tener los bellos recuerdos con todas ustedes aquí, en Hogwarts. Durante estos años, he pasado los mejores momentos de mi vida. Sé que no encontraré mejores amigas que ustedes, y por eso las recordaré siempre. Me gustaría que, aunque ahora parecemos unas extrañas unas con las otras, aquí sentadas, sin saber absolutamente nada de la vida de cada una; aunque sea este día, olvidemos todo lo que nos ha separado, y seamos como antes. Al menos hoy, quiero fingir que todo es como antes...solo por hoy.
Lavander dejó caer algunas lágrimas y Luna sonrió con pureza.
Y ese sería uno de los momentos más preciados que las cinco amigas recordarían años después, cuando ya ninguna supiera nada de las demás, cuando sintieran que la soledad se había convertido en parte de ellas;
Entonces lo recordarían, y ya no se sentirían tan mal.
Draco guiaba a las veelas mostrándoles los lugares más reconocidos de Hogwarts. Sara caminaba al frente de sus compañeras como toda líder; altiva y egocéntrica, ni siquiera sospechaba de lo que estaba a punto de ser parte.Llagaron a la gran torre. Todas las veelas se emocionaron y comenzaron a esparcirse por el lugar. Sara se asomó por una de las grandes ventanas y sintió la fresca brisa correr por su perfecto rostro. Casi ni sintió la presencia de Draco al lado de ella.
Sus ojos verdes se fijaron peligrosos en los grises de él, una sonrisa seductora se dibujó en sus labios carnosos.
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Así que estás comprometido con una tal Parkinson...
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Cómo sabes?
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Lo averigüé- dijo ella sin vergüenza alguna. - Cuando algo me interesa, no descanso hasta saber todo de ello.
Draco mantuvo su mirada inexpresiva en un punto indefinido. Sara soltó una risita.
- Sabes? Para mí un compromiso no es impedimento.
A la mente del Slytherin volvieron imágenes de la Gryffindoriana. Todas ellas lo lastimaron profundamente.
- Para mí tampoco.- dijo secamente.
Sara sonrió y pasó su dedo índice por la camisa del rubio.
- Entonces hoy, en el baile, espera mi señal.
Con esto la pelirroja caminó hacia sus compañeras.