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Historia 134463 — capítulo 1
— ¡Estamos aquí! ¡Estamos aquí! —Gritaba ansioso David Terfield a su padre esa mañana—. No puedo creerlo.
Charlie sonrió mientras David bajaba la ventanilla del auto y veía impresionado la casa cuadrada que tenía delante de sí. El auto se detuvo y Charlie y David salieron de él. El niño de siete años corrió hasta la puerta y, más encantado aún, se quedó viendo el cartel. Privet Drive, número 4.
—Aquí vivió Harry Potter —Le dijo David a su padre—. El que me cuentas las historias por las noches. Aquí es.
—Sí, David. Pero apresúrate a echar un vistazo que no debemos llegar tarde a casa. Recuerda que tu madre dijo…
— ¿No vive nadie aquí?
—No, hijo. Han preservado la casa como un recuerdo.
— ¿Hay cosas de Harry Potter adentro, papá?
— ¿Tú crees que Harry Potter dejó todo lo que tenía en una casa abandonada? Claro que no, David. Se debió llevar todo cuando se mudó. No debe de haber nada adentro.
— ¿Podemos entrar? Quiero ver dónde él dormía.
—No, David. Se nos hace tarde. En las vacaciones volveremos. Además, hay que pagar para entrar y yo no tengo ni una moneda —Dijo Charlie señalando el postal que en vez de colocar cartas había que poner dinero para que la puerta del número 4 pudiera abrirse.
El niño no dejó que aquello lo desanimara y mientras su padre lo arrastraba al auto de la mano, David continuaba viendo con una sonrisa la antigua casa de su héroe.
Eso sucedía en Londres y era algo muy normal. David no había sido el único niño en querer visitar la casa del granHarry Potter, hubieron muchos más antes que él y por seguro muchos más habrían luego.
Sólo el nombre de Harry Potter hacía sonreír a los magos y a las brujas, y ¿cómo no? Si había sido el único capaz de vencer al Terror mismo años atrás. Vivía él plegado de personas que lo halagaban diariamente, de gente de la alta sociedad que se humillaba con tal de enaltecer su nombre, de magos que le abrían la puerta, que le tendían su abrigo al frío y que eran capaces de reprimir su envidia con tal de verlo contento. Y eso no era algo que lo enorgullecía, ya que Harry Potter sólo quería ser Harry, como cuando Rubeus Hagrid había ingresado por la puerta para su cumpleaños anunciándole su fama y talento.
Harry se había casado con Ginny y ejercía como Auror en el Ministerio de la Magia. Vida sencilla pero satisfactoria. Hermione y Ron, en cambio, no tuvieron un final muy feliz, se separaron días después de la boda porque no funcionaba lo suyo. Ron había preferido irse de gira con un equipo de Quidditch, que Hermione no recordaba ni el nombre, y todo se había terminado allí, cuando un día el pelirrojo le había tendido en una mano un contrato deportivo y en la otra mano la papelería del divorcio. Pero Hermione prefería no hablar de ello, y Harry y Ginny, sobre todo Ginny, la entendían.
Hermione se ejerció como escritora para El Profeta. Mientras más reportes y escrituras hacía, más se olvidaba de lo ocurrido con Ronald, y eso la había terminado por aliviar luego de dos años.
En ese tiempo, le había confesado a Ginny que volver a casa era lo más doloroso de todo el día. Eso y el despertar completamente sola. Pero se había acostumbrado a su soledad y, después de esos dos años, era lo que más disfrutaba al llegar del trabajo.
Cuando Ron se fue de gira, Hermione se tentó de dejar el mundo mágico y vivir como muggle por si allí tenía más suerte con su vida; sin embargo había sido Harry quien, tomando las riendas de la situación, insultó lo que más pudo a Ron para hacerla sentir mejor. Y raramente funcionó, ya que la castaña deshizo inmediatamente las maletas que había hecho y se quedó en el mundo mágico.
Cada domingo visitaba la casa de los Potter. Vio crecer a James y luego a Albus. Visitarlos y ser recibida como tía y amiga era la única cosa que le llenaba el alma. No había nada más para Hermione de todo lo que hacía y tenía que amara más. A veces hasta sentía ser de la familia verdaderamente.
La castaña, que quizás por los años o el descuido se había vuelto casi morocha, había trabajado todo aquél sábado de junio, decidida que al amanecer iría a los Potter. Una sonrisa se le dibujó ante este pensamiento y cuando el despertador muggle soltó su alarma a las siete de la mañana volvió a sonreír.
Compró unos bocadillos para los niños y se dirigió a los Potter con gran entusiasmo. Era tal vez el único día de la semana en la que se sentía viva.
— ¡Hermione! —La saludó Ginny, algo nerviosa, a la vez que abría la puerta y su amiga ingresaba por ella.
Hermione estaba tan contenta que pasó inconscientemente su nerviosismo por alto.
—Ginny, ¿estás sola?
—No, Harry está… con una visita. Emm… ¿Quieres desayunar? Le estaba preparando el desayuno a James y la mamadera a Albus.
—No, pero gracias, Ginny. Desayuné en casa.
Al ingresar a la sala, se le aventó James a los brazos.
—Hola, pequeñín.
James le sonrió y la abrazó.
—Con que extrañaste a la tía Hermione, ¿verdad? —Ginny se dirigió a su amiga, tomando al niño—. Debo darle de comer, ya vuelvo, ¿sabes? Siéntate en donde quieras, no voy a tardarme.
Hermione asintió, sonriente, mientras veía como Ginny desaparecía por la puerta de la cocina. Aún estaba allí sentada cuando Harry vino a la sala acompañado de alguien que, sorpresivamente, conocía.
—Hermione —Dijo Harry, sorprendido de su presencia—. No te esperaba tan temprano. Si lo hubiera sabido, hubiera venido a saludarte.
—Está bien, Harry —Murmuró ella, erguiéndose de su asiento.
—Bueno, no creo tener que presentarlos —Farfulló Harry viendo a Hermione y a su otro visitante.
—No por mi parte —Dijo éste, mirando a Hermione—. Un placer verte de nuevo, Granger.
—Me gustaría decir lo mismo, Malfoy.
¡Hola! Soy kar_malfoy23 y este es mi primer fanfiction. Será un completo dramione! Espero que les guste!