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Historia 134470 — capítulo 1

Ahí estaba ella, esperándole sentada en el capó del auto gris, con unos vaqueros viejos y una camisa negra sencilla, Draco volteo para mirarla, y ella le devolvió la mirada, un asentimiento, y eso fue todo lo que necesitó, entró a la mansión que se imponía fuerte ante ellos, y Hermione suspiró asustada, se acostó sobre el auto, a esperar.

-Draco… viniste.- Saludó su madre al verlo entrar al salón de té.

-Sí, madre… vine a hablar con mi padre.- Murmuró él.

-Vaya… ¿Sobre qué será? ¿Te han hecho algo en la universidad?- Preguntó ella sorbiendo su té.

-No, madre, no me han hecho nada…- Respondió él.

-Draco…- Saludó su padre con elegancia, no parecía que no viera a su hijo desde hacía ocho meses.

Después de la guerra Draco Malfoy se fue a la universidad mágica de leyes, vivía en el campus a petición propia y casi nunca iba a casa, pero para Lucius era mejor así, su madre, en cambio, lo extrañaba.

-Hola, padre.- Nunca le llamó papá, no, él era su padre, así de imponente, así de seco como se oía.

-¿Qué haces aquí, Draco?- Y él nunca le llamó hijo, siempre Draco, para eso le había dado un nombre ¿no?

-Vengo a…- Suspiró. -Me casaré.- Terminó.

-Pequeño…- Musitó su madre, y se levantó con lágrimas en los ojos, para acunarlo entre sus brazos.

-¿Con quién?- Preguntó su padre secamente, claro que Draco se lo esperaba, él esperaba que le importara más quién era esa persona, que todo lo demás.

-Hermione Granger.- Dijo firme y claro.

Narcissa se tensó, a ella no le importaba que su hijo se fuese a casar con una impura, esa impura los salvó de la cárcel, esa impura lo hacía feliz, y ella lo sabía, porque a pesar de que Lucius decía que no debía escribirle a Draco todas las semanas, ella le escribía, y él le contaba cuanto amaba a Hermione en cada carta, y Cissy le preguntaba por ella… en cada carta. Pero con Lucius, las cosas eran muy diferentes, él nunca la había llamado, querida, ni amor, ni cielo, él siempre le había dicho Narcissa, Cissa, cuando estaba feliz.

-¿Perdón?- Lo escuchó decir, Narcissa se paró junto a su hijo y le tomó la mano.

-Eso es maravilloso querido ¿Cuándo es la boda?- Narcissa no quería que Lucius destrozara la felicidad de su hijo.

-¿¡Cómo que cuando es la boda!? ¡NUNCA! ¡No me interesa que tan heroína sea esa sangresucia! ¿Estás loco, Draco?- Estalló su padre.

-Enamorado…- Corrigió él.

-Babosadas.- Masculló su padre. -Draco Lucius Malfoy, si te casas con ella… te desheredo.- Terminó, apoyándose en su bastón.

-Entonces desherédame…- Susurró Draco. -Adiós madre, te amo, espero verte de nuevo.- Le dijo a su madre, y la besó en la mejilla.

-No, Draco, no te vayas… Lucius, dile…- Susurró Narcissa llorosa, mirando a su marido.

-Si se quiere ir con esa sangresucia y dejarme a mí, que le he dado todo, entonces que lo haga Narcissa.-

-No me has dado todo, padre, no me has dado amor.- Y cabizbajo, salió de la casa que le había pertenecido por veinte años, y que volvería a pisar en el funeral de su madre, aunque él no lo sabía.

-¿Cómo te fue?- Preguntó Hermione afuera, cuando ya estaban en el auto.

-Espero que no estés conmigo por mi dinero… porque no tengo un knut.- Dijo con simpleza.

Hermione lo miró triste, sabiendo a lo que se refería y lo abrazó con fuerza.

-Sé que no es suficiente, pero me tienes a mí, juntos contra el mundo, Draco.- Le susurró su prometida al oído.

-Eres todo lo que necesito.- Le dijo él.

Y así fue, el día de su boda, Draco miró a todas partes, esperando encontrarse dos cabezas platinadas entre la gente, luego miró los ojos de su padrino de bodas, Theodore Nott, quién negó con pesadumbre, sabiendo lo que Draco sentía en ese momento, luego, como acto reflejo, miró a los ojos a Luna, una de las mejores amigas de su novia, que aún no llegaba, y ella le devolvió una mirada llena de esperanza, una de esas miradas que la gente envía cuando saben algo que otro no, luego la música comenzó a sonar, y no pudo pensar más en su madre, o en Lucius, porque su hermosa prometida entraba a paso lento, tomada de la mano del niño-que-vivió, y comenzó la ceremonia que haría ese día, el más feliz de su vida.

Pero su madre le había escrito una carta, donde le decía que deseaba con su vida que fuese muy feliz, que no se sintiera mal por su padre, que para él nunca sería fácil deshacerse de costumbres arraigadas, ni siquiera después de una guerra, le envió dinero, que Draco se negó a recibir, y le dijo que lo amaba, y que adoraba a Hermione por hacerlo feliz, lo que Narcissa no dijo en esa carta, era que estaba sumamente destrozada, que no comía, y que necesitaba a su hijo en casa, aunque este no pudiera entrar, y Lucius no la dejara salir, porque sabía que iría a verlo.

Seis meses después de la unión, Draco estaba en su trabajo como auror en el ministerio, cuando su mejor amigo entró a su oficina.

-Draco, necesito decirte algo…- Murmuró Theo.

-¿Sí?- Levantó la vista del expediente que estaba leyendo.

-Tu madre… amigo, tu madre ha muerto.- Terminó.

Draco no dijo nada, se levantó con su característica elegancia, y asintió, Theo, sin pedir permiso lo abrazó fuerte, y Draco le devolvió el abrazo, Theodore no podía escucharlo llorar, pero él sabía que Draco estaba llorando, Theo se sintió incluso más triste si se podía, pues esa mujer había representado también a la única figura materna de su infancia, aunque nunca le había dicho un te quiero, ni un "hijo", Narcissa para él era como su madre, cuando el señor Taylor Nott y el Señor Lucius Malfoy se reunían en casa del rubio, a Taylor no le quedaba más que llevar a su hijo, pues no tenía madre, y Theo se sentaba con Draco a jugar, bajo la mirada de Narcissa, la última vez que la vio, fue en su graduación de Hogwarts, tenía diecisiete años, y ella lo besó en la mejilla, y le susurró que estaba muy orgullosa de él, como lo estaba de Pansy, de Blaise, y de Draco, porque Narcissa, era la única de esas madres, que tenía un corazón debajo de su coraza de oro.

-¿Irás al funeral?- Preguntó Theo.

-No tengo permiso de entrar a Malfoy Manor.- Murmuró Draco.

-Tienes permiso de ver a tu madre, Draco.- Dijo su amigo firmemente.

-¿Tú irás?-

-Sí, así Lucius no lo quiera, se lo debo a tu madre.-

Draco asintió, se limpió la cara con una mano, y palmeo a Theo en la espalda, para dejarlo solo en su propio despacho.

Así que esa tarde, Draco entró una vez más por las puertas de Malfoy Manor, pero Hermione ya no lo esperaba afuera, sino que iba de su brazo, con un vestido negro sencillo, no vio a Lucius por ningún lado, pero caminó hasta el centro de la estancia, donde estaba su madre en un ataúd de cristal, tan hermosa como siempre…

En ese momento, sintió como Hermione se tensó a su lado, y salió de su trance, por lo que volteo, para encontrarse con unos ojos iguales a los suyos, pero con frialdad y rabia contenida.

-Permiso.- Murmuró Hermione, y se alejó dejando solos a los dos hombres, porque sabían que se debían unas palabras.

Se quedaron ahí, mirándose, analizando todo eso, y entonces… Draco habló.

-Papá…- Murmuró, y vio como los ojos de Lucius se derretían, se llenaban de lágrimas, vio a través de ellos como su corazón seco comenzaba a bombear, y se partía en mil pedazos por el emotivo momento.

-Hijo…- Fue lo único que la voz estrangulada de Lucius logró articular, y entonces, la pared de hielo que se había formado entre padre e hijo la primera vez que Lucius le hizo un crucio a Draco, se partió en mil pedazos, y ambos se abrazaron.

-Le extraño tanto, papá.- Lloró Draco en su hombro.

-Es todo mi culpa…- Murmuró su padre.

Y se miraron, y se dijeron todo lo que nunca se habían dicho, Draco le dijo que se odiaba por no ser el hijo que él esperaba, que lo perdonara por no ser como quería, pero que lo aceptara, porque no dejaría a su Hermione por nada, y Lucius le dijo que estaba orgulloso de él, de la manera en que salió a flote si uno de sus galeones, de que se casara con quien amaba, de que fuese la maravillosa persona que él no pudo ser.

Cuatro años después…

-Lo dejarás caer, papá.- Masculló Draco hastiado.

-No me fastidies, hijo, te cargué dos veces cuando eras un bebé. ¡Dos!- Le reprendió Lucius con molestia.

-Dejen de pelear, o lo van a despertar.- Murmuró Hermione.

-Sí, Draco, hazle caso a tu esposa, deja de pelear, vas a despertar a Scorpius.- Susurró Lucius.

Draco se alejó algo enojado y miró la escena desde lejos, Hermione estaba acostada en la camilla, y aunque acababa de dar a luz, a él le parecía que nunca había estado más hermosa, a su lado, su padre sostenía a su hijo, sonriendo, como nunca lo había visto sonreír, sinceramente, en ese momento, Draco le pidió disculpas a su madre, porque ella había tenido que morir para que todo aquello fuese posible.