Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Apuesta de la Novia · de

La Apuesta de la Novia — capítulo 9

Gracias por sus comentarios

joshua17

Capítulo 9

UNOS golpes en la puerta despertaron a Peeta. Le costó un momento orientarse. La luz del sol entraba débilmente por la estaba en sus brazos, con la cara apoyada en su hombro.

Lo último que ella recordaba era que se había que dado dormida con los ojos húmedos y la piel caliente. Él la había acunado y había velado su sueño durante horas, temeroso de que las lágrimas volvieran a la carga-

— ¡Hey! ¡Peeta! —una voz profunda resonó por toda la casa.

— ¡Oh, Dios mío! —Katniss se sentó de un salto, aferrándose a las sábanas — . ¡Dios mío! ¡Es Gale!

Peeta alargó la mano hacia ella para apartar un mechón de cabello de su mejilla.

—No te preocupes, la puerta está cerrada. Los golpes pararon y Katniss lo empujó. —Tienes que salir

— ¡No! —Katniss y él tenían que hablar de lo que había pasado la noche anterior. Quería saber exactamente por qué había llorado y qué iban a hacer después.

Los golpes empezaron de nuevo.

— ¡Peeta! —dijo Katniss con los ojos muy abiertos.

—Vale, vale, me libraré de él.

Saltó de la cama, se puso los calzoncillos y tropezó con los zapatos de Katniss mientras se dirigía a la puerta.

Inclinándose hacia la puerta cerrada le gritó a su amigo:

— ¡Gale! ¿Qué quieres?

Se impuso el silencio, y después Gale habló con voz extrañada.

—¿No vas a dejarme entrar?

— Dame un instante. Me acabo de despertar. Es más, me acabas de despertar.

Otro silencio.

—Vale. Me da igual. ¿Te vienes a por un desayuno de muerte al restaurante de Judy?

Peeta abrió la boca para negarse.

Tenía que llevar a Katniss a desayunar. En una mesita en un lugar tranquilo podrían hablar de lo que había pasado.

Por el rabillo del ojo vio que algo se movía. Katniss entró en el salón vestida sólo con sus braguitas y el sujetador. De puntillas, avanzó hasta el vestido y lo recogió del suelo.

—¿Peeta? ¿A que es una idea de muerte?

De muerte estaba Katniss en ropa interior.

-N...

— Di que sí —susurró Katniss—, si dices que no, sospechará algo.

Peeta continuó mirándola sin que pudiera asimilar sus palabras.

Tenía el pelo revuelto, los labios enrojecidos por sus besos y aún podía verle marcas rosadas en el cuello, donde la había arañado con la barba.

— ¡Dile que sí! —susurró ella.

—¿Peeta? —dijo Gale de nuevo. Él se giró hacia la puerta.

— ¡Dame un segundo! Después se giró hacia Katniss: —Tenemos que hablar —murmuró él a su vez.

Katniss sacudió la cabeza.

—No, en absoluto. Te dije que una noche. Fin de la historia.

— ¿Fin de la historia?

— ¿Qué? — gritó Gale al otro lado de la puerta—. ¿Estás hablando conmigo?

Katniss se mordió un labio.

—Te dije que no era para siempre.

Se metió en el vestido y empezó a forcejear con la cremallera.

Peeta se dirigió hacia ella, pero lo detuvo con la mano.

—Gracias, por cierto —dijo ella.

— ¿Qué es eso de «Gracias por cierto»? ¡Tenemos que hablar!

— Habla con Gale —dijo, poniéndose las sandalias—.

Prométeme que lo mantendrás ocupado mientras yo salgo por la puerta de atrás y entro en mi casa.

Peeta recordó que el apartamento de Gale estaba entre el suyo y el de Katniss. Menos mal que no lo había pensado hasta ese momento, y menos mal que su habitación estaba en el otro lado del apartamento y no compartía pared con el de Gale.

— Peeta, ¿estás bien?

Los ojos de Katniss se abrieron como platos.

— ¡Dile que sí!

Pero ¿cómo iba a hacerlo si no estaba seguro de que fuera verdad? Necesitaba hablar con Katniss, pensarlo todo bien.

Volver a probar el sabor de sus labios antes de que se marchara.

—De verdad, Ka...

— ¡Shhh! Estás invitado a la fiesta de Johanna y Marvel esta noche, ¿verdad? Hablaremos entonces.

—Peeta, amigo. Mis antenas de detective me dicen algo—la voz bromista de Gale llegó desde el otro lado de la puerta —. ¿Tienes a alguien ahí?

Katniss miró a Peeta asustada y después se echó a correr descalza hacia la puerta de atrás.

— Déjale entrar y mantenle ocupado unos minutos — susurró por última vez.

En unos segundos, se había ido y Peeta abrió la puerta, pasándose la mano por el pelo y consciente de que no necesitaba actuar para tener la apariencia estúpida y confusa de un tío que acaba de ser despertado en medio de un sueño especialmente lujurioso.

— ¿Qué pasa? —dijo Gale, a modo de saludo mientras entraba.

Peeta desearía saberlo.

Katniss fue la primera en llegar a la barbacoa que los padres de Johanna habían organizado para la pareja antes de su boda. Cuando Johanna se quedó sin la boda íntima que quería, sus padres le prometieron una celebración previa más informal.

Con un precioso vestidito, Johanna miró de arriba abajo a Katniss, que llevaba unos pamtalones, una blusa blanca atada en el ombligo y una gorra de béisbol, después la llevó a un lado para interrogarla.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó —

Aparte de un desastre...

Katniss se hundió más la gorra y metió las ma nos en los bolsillos.

—Cometí un error.

Johanna entrecerró los ojos.

—Voy a matarlo. Mejor aún, se lo diré a tus hermanos y ellos se encargarán de todo.

—No lo hagas. Fue culpa mía.

—Estás destrozada, ¿no?

—Pues sí. Pero ya lo superaré.

Volveré a ser la antigua Katniss.

Tiraré esos estúpidos vestidos y volveré a mis viejos vaqueros.

—Eso no va hacer cicatrizar las heridas de tu corazón.

—Pero estaré mucho más cómoda —Katniss intentó esbozar una sonrisa—. Vamos, tu madre sabrá mantenerme ocupada.

Katniss se propuso voluntaria para pasar comida entre los invitados en una bandeja. Eso le daba la oportunidad para hablar con todo el mundo en la fiesta pero sin entretenerse demasiado con nadie. Además podía elegir a quién se acercaba y a quién no.

Cuando llegó Peeta, ella se metió en la cocina y pasó allí varios minutos rellenando la bandeja más grande. Después de tomar aliento, salió al patio y empezó a circular con la bandeja otra vez.

Daba igual si el grupo de hombres con el que estaba Peeta no tenían oportunidad de comer nada, tampoco tenían cara de tener hambre.

Bueno, Peeta un poco sí. Se las arregló para pillarla mientras lo miraba desde lejos, y la expresión de sus ojos hizo que a Katniss se le pusieran los pelos de punta. Ella echó a andar en dirección contraria para volver a rellenar innecesariamente la bandeja.

Cuando salió de la cocina, allí estaba él. Cuando la agarró de un brazo, ella le preguntó:

—¿Quieres un canapé?

Él no bajó la mirada hacia la bandeja que ella le ofrecía.

— Quiero hablar. Ella levantó las cejas.

— Me han encargado que me ocupe de esto. No puedo desertar hasta, hum, hasta después del postre.

Él ignoró su excusa.

—¿Cuándo vamos a hablar? —el tacto de sus dedos sobre su brazo le provocaba escalofríos que hacían que sus pezones se endurecieran y se le hiciera un nudo en el estómago.

La sacudió un poco del brazo.

— ¿Cuándo, Katniss?

Dentro de unos meses, o tal vez años. Para cuando hubiera olvidado el tacto de la piel de su pecho, de sus labios sobre sus pezones, su penetración, para cuando él no la hiciera perder la respiración.

— Yo... —intentó ella, humedeciéndose los la bios—. Oye, ¿no podríamos dejarlo?

Toda expresión desapareció de la cara de Peeta.

— Quieres decir que te deje en paz.

Ella no creía tener que estar de acuerdo con eso.

— ¿Tenemos que volver a analizarlo todo, Peeta? Estoy bien y parece que tú también.

¿Qué más hay que hablar?

Él se encogió de hombros.

—No me gusta esa actitud tan indiferente.

—Hombres —dejó escapar Katniss en un susurro casi inaudible — .

Vale. ¿Cuándo nos casamos?

Él abrió los ojos como platos por la sorpresa y se quedó boquiabierto.

La bandeja empezaba a resultar pesada.

— Toma —dijo ella, ofreciéndole comida de nuevo—. Métete algo de esto en esa boquita que tienes.

— Katniss...

—Por favor, Peeta. Hazme caso. Estaba de broma. Ya sé como son los hombres. He vivido rodeada de ellos toda la vida, ¿no?

Él se cruzó de brazos.

— ¿Y qué te ha enseñado la experiencia, dime, oh Pequeña-Pero-Sabia-Mujer?

— Que los hombres dan mucha importancia a los montones de ropa sucia y a la comida de microondas y a la libertad para dejar lo que sea por salir con los amigos a tomar cervezas y jugar al billar. Es necesaria una bomba atómica para sacaros de la soltería.

Él la miró, incómodo.

— ¿Bomba atómica?

—Claro —se encogió de hombros y señaló con la cabeza a Johanna y a su novio—. Marvel es el ejemplo claro. Él está completamente entregado y se quieren de un modo explosivo.

Peeta miró a la pareja.

—Eso puede desaparecer cualquier día.

— Apuesto a que no.

La mirada de Peeta se endureció.

— Katniss, puedes creer que sabes algo...

— ¡Catnip! — la voz de uno de sus hermanos sonó desde la otra punta del patio—. ¡Por aquí hay hambre!

Katniss miró al grupo de sus hermanos que la llamaba.

—Lo sé, Peeta. Y tú eres un caso especial. Dos veces soltero —dijo ella causando el asombro de Peeta—. Un chico como tú comerá comida de microondas toda su vida.

O, pensó Katniss, encontrará un nuevo ejemplo de feminidad absoluta como lo era Delly.

Una mujer que sabía vestirse y hacer el amor, y no llorar como un bebé pensando en que nunca más la volvería a abrazar.

— ¡Catnip! —gritaron de nuevo.

Ella se giró, obediente, hacia los «hermanos hambrientos», dando gracias por tener una excusa para marcharse, justo antes de decir algo muy estúpido.

— Yo he acabado con el tema.

Tal vez los abogados tuvieran que decir siempre la última palabra o tal vez fueran los hombres en general, porque Peeta le gritó mientras ella se alejaba:

—Perfecto. Así me escucharás cuando llegué mi turno.

Saciado de chuletas, ensalada y maíz asado, Peeta se sentó en una de las sillas del patio mientras miraba a Katniss dirigirse a una pequeña pista de cemento con una canasta que había al lado del patio. Había encontra do un balón escondido bajo los arbustos y estaba lanzando a canasta sin mucho cuidado. Para ser bajita y una chica, era bastante buena lanzadora. También manejaba bien el balón.

Soltero. Soltero doble. Meneó la cabeza. Ella creía tenerlo todo muy claro. Si él hubiera sabido qué era lo mejor para él, hubiera dejado las cosas estar donde lo había dejado ella. Se sentiría aliviado de saber que ella no quería nada más allá de lo de la noche anterior y que no tenían que continuar nada.

Pero su instinto protector no se apagaba así como así, aunque había intentado hacerlo desaparecer toda la tarde.

Como un animal mítico, surgía cada vez que la veía hablar con otro hombre, cada vez que la oía reírse. A pe sar de que le hacía sentirse estúpido, mientras Katniss andaba entre la gente no podía quitarse de la cabeza la imagen de ella ofreciéndose a otro hombre. Sobre todo ahora, que había probado el primer trozo del pastel.

Pensaba en cómo había gritado ella la noche anterior, cuando la había penetrado, pero una vez que el dolor hubo desaparecido de su cara, algo lo había invadido, una especie de «fuerza» que no podía identificar.

Se frotó la cara con las manos mientras pensaba en que había una línea muy fina entre ser protector y ser posesivo y que él tenía que mantenerse en el lado correcto.

Ese propósito no le impidió mirar con los ojos entrecerrados al hombre que se acercaba a Katniss.

Peeta reconoció al hombre que la había llevado a casa hacía unos días.

Ella dejó de botar el balón y le sonrió.

El hombre le dijo algo, sonriendo también, mientras imitaba un tiro al aro.

Katniss le puso una cara rara y se llevó una mano a la cadera.

Ambos se rieron.

Peeta podía entender claramente su lenguaje gestual. Habían planteado un reto que había sido aceptado. Una partida uno contra uno.

Inocente y divertido. Pero Peeta se vio levantándo se de la silla cuando Katniss dejó caer el balón para empezar a desabotonarse la camisa, y no volvió a sentarse hasta ver que debajo llevaba una camiseta de tirantes. Después, ella se quitó la camisa del todo para dejar ver la dorada piel de los brazos que la noche anterior habían rodeado su cuello. La sangre de Peeta empezaba a circular con mayor rapidez por sus venas.

La camisa quedó abandonada sobre los arbustos y Katniss dejó que el otro tirara primero. Peeta se dio cuenta de que necesitaba la ventaja, pues era un pésimo tirador. O estaba fingiendo.

Porque dejaba a Katniss controlar la pelota casi todo el tiempo mientras defendía con dureza con el pecho. Intentaba intimidar la con su presencia física o sólo era una excusa para frotarse contra ella.

La partida acabó pronto. Su princesita ganó y su oponente la felicitó con una reverencia.

Peeta se dio cuenta de que estaba sonriendo.

Pero entonces plantearon un segundo reto y pudo comprobar como Katniss aceptó la subida de la apuesta. Así era como Gale la había convencido para entrar en aquella apuesta temeraria.

Con el pulso a mil por hora,Peeta se levantó de su asiento. Se dirigió a la pista con los músculos tensos. No podía ignorar aquella estúpida apuesta y le preocupaba que ahora que Katniss le había descartado, buscara otro modo de ganar a Gale.

A ella le gustaba ganar, pero a Peeta también.

La pelota aún estaba en el suelo de la pista. La tomó en sus manos mientras Katniss lo miraba abriendo y cerrando los ojos.

—Juego contra el ganador —dijo.

— Vamos a echar otra partida —dijo el hombre—. Jugarás después.

Peeta no estaba de humor para charlas.

— Me toca a mí —dijo a Katniss—. Ahora.

— ¡Oye! — protestó el perdedor—.

Ella acaba de aceptar un doble o nada.

Peeta notó como su cuerpo se ponía rígido. — ¿Qué habéis apostado? —le preguntó a Katniss.

Ella lo miró y se encogió de hombros.

— Me parece que no es...

—Te he preguntado qué habéis apostado.

— Por Dios, Peeta. Pizza. Nos hemos apostado una pizza.

Ya, podía imaginarse el plan. Una cena íntima en un restaurante italiano con luz tenue. Las mejillas de Katniss enrojecieron y sus labios rosados y aquel... aquel... cretino compartiendo una pizza con ella primero y la cama después.

—Eso no va a pasar —le dijo al hombre.

-¿Qué?

— Que eso no va a ocurrir nunca —dijo Peeta con cara implacable—.

Esta es mi partida.

El otro miró a Peeta, miró a Katniss, de nuevo a Peeta y después levantó las manos aceptando la derrota.

—Vale. Lo he entendido.

Con una sonrisa volvió con el resto de la gente.

Tío listo. A Peeta le caía mejor ahora.

Se giró hacia Katniss. Ella tenía de nuevo las manos sobre las caderas. La camiseta marcaba sus curvas y Peeta sintió una puñalada de deseo.

— ¿A qué ha venido esto? — Dijo ella echando llamaradas por los ojos—. Estás comportándote de un modo muy extraño.

El sacudió la cabeza. Lo extraño hubiera sido dejarla marchar así.

Sólo faltaban unos días para la boda y ella estaría buscando un modo de ganar la apuesta. El único que la iba a ayudar a ganarla sería él.

Botó el balón unas pocas veces.

— No me gusta apostar pizzas.

—Vale —se cruzó de brazos — .

Jugamos por orgullo entonces.

—No, por eso no —no quería pensar en orgullo en ese momento.

— ¿Entonces? ¿Qué ocurre, Peeta? —dijo ella, en cogiéndose de hombros.

Una gota de sudor comenzaba a correr por su sien y a Peeta le resultó muy tentadora. Dando un paso hacia ella, tomó la gota en su pulgar y lo chupó.

Dulce y salado a la vez. Como Katniss.

Las pupilas de Katniss se dilataron y tragó saliva-

— ¿Peeta?

—A once puntos — dijo él — . Si gano, volverás a mi cama esta noche.

No era una mala idea, pensó él.

La mantendría ocupada y él no se volvería loco.

Katniss podía haberse negado a jugar con esas condiciones, pero en su lugar, negoció una ventaja de seis puntos. No la habían educado para echarse atrás.

Hasta que no empezaron a jugar no se dio cuenta de que no estaba segura de si quería ganar o perder. Peeta quería estar con ella, se lo veía en la cara, lo notaba cada vez que sus cuerpos chocaban.

Ella tiró. Punto. Siete a cero para ella. Pero la ventaja no amilanó a Peeta, que hizo cuatro puntos seguidos en cuanto la pelota cayó en sus manos.

Katniss estaba atada por la confusión y el deseo. Él no jugaba de manera caballerosa.

Jugaba con una intensidad casi aterradora mientras ella fallaba tiros y él atrapaba los rebotes.

Ahora ella tenía la pelota. Peeta se había quitado la camisa y ella podía ver el sudor correr por su pecho, distrayéndola. Cerró los ojos y lanzó a ciegas.

Ocho a cinco.

La partida se puso seria. Peeta inició una excitante táctica de distracción.

—Vas a ser mía esta noche —dijo él.

Ella falló el tiro.

Peeta recogió el balón y lanzó.

La diferencia se acortaba. Diez a nueve para ella.

—No hay motivos para lamentarse —dijo él mientras sus ojos azules chispeaban.

A ella no le gustaba que la considerara tan fácil. Tendría que esforzarse al máximo. Por los dos.

Ella intentó recuperar la pelota por orgullo, pero él fue más rápido y marcó. Empate a diez.

Ella perdió su siguiente oportunidad, Peeta le quitó el balón y lanzó, pero ella consiguió detenerlo.

—Vas a invitarme a pizza.

—Voy a hacerte gritar.

Ella sabía que podía ganarle y lanzó, pero el tiró rebotó contra el aro. Peeta recogió el rebote y no falló.

Se secó el sudor de la frente con la mano y dijo mientras sus ojos brillaban.

—Eres mía, cariño.

Katniss pensó por un momento en negarse, pero no pudo.

Estaban sirviendo la tarta cuando ellos se deslizaron por una puerta lateral. Nadie pareció notar su marcha y Katniss, arrastrada de la muñeca por Peeta, no vio a ninguno de sus hermanos excepto a Gale, solo, en el jardín.

El coche de Peeta ardía aunque él había puesto el aire acondicionado a la máxima potencia. Katniss sabía que no era sólo el aire lo que estaba caliente. El deseo los invadía a los dos. Peeta le pasó una mano por el muslo posesivamente y un escalofrío recorrió su cuerpo.

— Peeta...

— Nada de charla. Enseguida llegamos.

Ella notaba el pulso golpeándole en las muñecas y también en un punto muy cercano al que Peeta acariciaba con la mano.

Se detuvo en el parking y él se vio tirando otra vez de ella mientras se dirigían a su apartamento.

Por un momento ella recordó la noche anterior, cuando él iba a darle una lección. Cuando llegaron a la puerta, Katniss sintió un nudo en la garganta y tosió.

Peeta se detuvo y la miró. Su mirada estaba llena de deseo.

— ¿Estás bien?

No estaba segura. ¿Era mala idea hacer el amor con él otra vez?

— Estoy pegajosa —dijo ella, intentando ganar tiempo.

El la miró y su mirada decía que no se iba a escapar con tanta facilidad.

—Tengo agua y jabón.

Katniss se echó hacia atrás, en dirección a su casa.

— Mi casa... tal vez más tarde.

— No, Katniss —dijo, sacudiendo la cabeza. Después, sin dejarla ir, abrió la puerta y la condujo directamente al baño.

En un segundo ajustó la ducha y la miró.

— Ya... —dijo ella, haciendo un gesto hacia la puerta— ya te avisaré cuando acabe.

El sonrió mientras sus manos tiraban de la camise ta hacia arriba.

—Estoy seguro de ello.

La camiseta cayó al suelo y entonces se dirigió al botón de sus pantalones.

Mientras le quitaba la ropa le quitó también el deseo de resistirse. Ya sin ropa, le acarició todo el cuerpo y, después de haberse desnudado él, entró en la ducha con ella y la enjabonó entera.

Después le lavó el pelo dándole un masaje hasta que ella gimió de placer. Cuando el agua empezaba a enfriarse, la empujó contra los azulejos y persiguió con sus manos los dos torrentes que se precipitaban al vacío desde sus pezones y navegó por el río que se formaba en su ombligo en dirección a su entrepierna hasta que, como le había prometido, Katniss gritó.

Ella volvió a gritar de placer de nuevo sobre la cama, con Peeta dentro de ella y con todos los miedos y dudas ahogados por aquella riada de sensaciones carnales y emocionales.

Chicas queria avisarles que no voy a poder actualizar en estas dos semanas por que me voy a ir de vacaciones y queria decirles que cual de 

Estas historias  que le pertenecen a hale cullen anna quien me dio permiso para adaptarla a Harry Potter y ahora me dio permido para adaptarla a los juegos de hambre cual les gustaria que adaptara  la publicaria nadamas al terminar (Todo lo que deseo) y (Una verdadera cenicienta) que nadamas le queda un capitulo y a (La apuesta de la novia) y (Dos pequenos milagros) le quedan dos capitulos 

Cual les gustaria que adaptara seria un Katniss/Peeta

Vacaciones con la mafia

Prologo

Él es miembro de una de las familias más poderosas de la mafia, casinos, drogas y varios negocios mas son los que manejan, ella es hija de la mujer que los puede hundir.

La familia Potter era temida en varios ámbitos, James Potter era el jefe de esa familia y maneja uno de los grupos mas poderosos, su esposa Lily era una mujer que pocos conocían ya que James jamás dejaba que la vieran, y por lo regular cada mes estaba en alguna parte del mundo diferente, Harry es su hijo, él se estaba empezado a encargar de todo ya que su padre quería descansar un poco mas, el tenia una hermana pequeña llamada Pansy que vivía en Paris y estudiaba diseño de modas, por obvias razones ella estaba extremadamente protegida, al grado que en la escuela había personas que se encargaban de cuidarla que se hacían pasar por sus compañeros de clases.

Todo estaba de maravilla hasta que la muerte de Ethan Krum puso en riesgo a su familia y a la organización.

Pasion

Pansy

Hola mi nombre es Pansy Parkinson ustedes se preguntaran y esta quien es?, pues tal vez para muchos no soy nadie en especial , pero aun así les contare sobre mi.

Tengo 26 años, trabajo en una agencia de publicidad y soy directora del área de relaciones públicas y valla que eso es lo mío.

Soy soltera, tengo un excelente trabajo , muy buen sueldo , mi departamento propio y mi hermoso bebe un auto un mini cooper descapotable negro.

Tenia pocas amigas , por que la mayoría de las chicas con las que empezaba una amistad yo terminaba cagandola como?

Fácil me acostaba con sus novios o sus maridos.

Si lo se soy un poco zorra tal vez, pero de verdad que intento no serlo , pero si tientan mi auto control que puedo hacer yo mas que dejarme llevar no?, aparte la mayoría de las mujeres que he conocido tienen la culpa, para que tiene novios o maridos guapos no?

Pero a pesar de tener la vida perfecta según yo y claro que también tengo hombres babeando por mí, pero a pesar de eso estoy completa y jodidamente sola.

Y las únicas dos personas del sexo femenino que se han acercado últimamente a mi y que son buenas y me aceptarían tal y como soy, estoy a punto de perderlas, por que si tienen unos novios que son unos bombones y mas, pero cada vez que coqueteo con ellos inconscientemente me acuerdo de esas dos mujeres que son lo mas cercano que tengo a unas amigas y me doy cuenta que a ellas no les puedo hacer esto, no a ellas.

Tengo el presentimiento que alguna de estas dos chicas tienen el presentimiento que me he insinuado a sus novios ya que casi ya no me hablan y sus novios huyen de mi y los entiendo si yo pudiera también huiría de mi misma.

Harry

Que puedo decir de mi, mi nombre es Harry Potter, tengo 28 años, soy dueño de corporación PCuna de las empresa financieras mas grandes de londres, creo que eso resume varias cosas no?

Gracias a todos los cielos soy soltero , aunque mis padres me presionan para casarme, pero tendría que estar loco para hacerlo y creo que ni asi lo haría ja.

Tengo un hermano mayor y una hermana menor , Theo que tiene 30 y Hermione que tiene 26, la verdad es que hay veces en los que los envidio, ambos tienen una pareja que los ama y los adora con toda el alma, pero yo no puedo estar asi con alguien, la carne es débil y la mía es mas, me gusta que cada noche una figura femenina adorne mi lecho aunque al día siguiente no sepa ni su nombre, eso es lo de menos.

Solo que hay algo que me preocupa últimamente , he visto a mi hermana Hermione deprimida y eso me angustia ya que mi madre y Hermione son las únicas mujeres importantes en mi vida.

Por lo que logre investigar , todo se debe a otra mujer que busca a Draco y mi hermana tiene miedo de perderlo, y me molesta que se metan con mi hermana.

Esa mujer no sabe con quien se ha metido.

AMANTES

Hermione

Soy un mounstro?

Esta es la pregunta que me hago todos los días y sobretodo después de estar con el.

Por que pienso eso?

Bueno pues la respuesta es fácil, el arriesga su familia, su carrera, su futuro todo por mi.

Quien soy?

Eso a veces ni yo misma lo se, pero para la mayoría de la gente , soy Hermione Granger, estudiante de derecho , tengo 23 años, mis padres me creen la hija modelo, y estoy enamorada de un profesor, aunque mucha gente dirá , ese no es problema muchas nos enamoramos de nuestros maestros no? pero el problema no es ese en realidad, el verdadero problema es que el me ama, pero es casado y tiene una hermosa familia, talvez solo talvez si su esposa fuera una mujer , grosera, pedante, que no lo atiende o que por lo menos no lo quisiera no me afectaría tanto , pero ella es todo lo contrario es la esposa perfecta y eso hace que me sienta peor al ser la amante de el.

Quien es el?

Bueno pues el es uno de mis profesores, Harry Potter, un abogado, reconocido que la verdad ni yo misma entiendo como se da tiempo de darnos clases, el tiene 28 años, casado y con dos hermosos hijos, ahora si creen que soy un mounstro no?

Nos conocimos por que el es mi profesor como ya lo había dicho, al principio solo era mera atracción y me sentía como una loca, por el hecho de que el me gustara, pero cuando nos acercamos mas, me di cuenta de que yo no le era tan indiferente y eso me lleno el corazón de alegría, pero de la misma forma se rompió en mil pedazos cuando confirme que era casado, nunca me había atrevido a preguntárselo directamente.

Una ocasión me quede hasta muy tarde en la biblioteca y oh sorpresa el se encontraba ahí, nos sumergimos en una platica, que no nos dimos cuenta que la biblioteca estaba por cerrar eso indicaba que eran las 12pm, salimos de la biblioteca y caía una tormenta como pocas y yo no llevaba auto, ya que mi departamento quedaba cerca de la universidad, pero el se ofreció a llevarme.

Fue difícil llegar a mi departamento ya que la tormenta no dejaba ver bien el camino, así que sin mala intención lo invite a pasar, para que esperara en lo que la tormenta pasaba.

En el camino del auto a la entrada del edificio, los dos nos empapamos por completo y eso que a lo mucho eran 10 pasos, una vez que estuvimos en mi casa, le ofrecí unas toallas y prepare un poco de chocolate caliente.

Las tormentas nunca me han dado miedo, pero no puedo decir lo mismo de la oscuridad ese es otro tema, le tengo pánico.

Y esa noche mi peor miedo tenía que aparecer, estábamos sentados en la sala, platicando de cosas triviales cuando la luz se fue, yo solo grite. El de inmediato me abrazo para tratar de calmarme, y se que lo hizo sin otra intención.

Lo que ninguno de los dos sabíamos lo que ese abrazo provocaría.

Saben que provoco?

Que desde esa noche soy su AMANTE y de esa noche han pasado 6 meses ya.