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El primer cumpleaños de Remus Lupin. — capítulo 1

El primer cumpleaños de Remus.

-Oh pobre, pobre muchacho. Lo lamento Señora, no podemos hacer nada.

Ah pasado mucho tiempo. Y Remus a pesar de haber tenido cuatro años puede recordarlo todo tan claramente que hiela su sangre y petrifica su pequeño y débil corazón. Corazón que tres noches al mes aguarda, incrementa y estalla, y estalla igual que la luna llena. Lo único que lo diferencia es el dolor.

Remus cierra los ojos de nuevo y se lleva la mano al pecho y oprime, oprime fuerte la sensación de gritar. Un sobresalto.

No hay nadie.

Ronda cerca de las diez, es tarde en Hogwarts, al menos para un niño. Falta menos de una semana para su transformación, pero puede sentirlo cerca. Está conectado con la Luna. Abre los ojos, le da una vuelta a su bufanda grana y oro y continúa caminando.

El pequeño Remus, cursa su segundo año en Hogwarts, escuela de Magia y Hechicería, el jamás olvidaría su primera rana de chocolate en el vagón amueblado dentro de aquella locomotora escarlata, la primera vista que tuvo del castillo y juro y perjuro por todo lo existente "Que Hogwarts era lo más fantástico que podría ver en toda su vida.", o el primer momento en el que puso un pie sobre el pequeño bote para cruzar el lago hacia el castillo. O el instante en el que el sombrero prácticamente cayó sobre sus hombros gritando un fuerte"Gryffindor" y lo envió a la mesa donde conoció a dos de los niños más raros que jamás había visto y que no dudaron en ser amables con el porqué tal y como dijo Black a James justo antes de dormir. *"El tío ese, Remus…me cae bien James. Parece buena persona".*Y esa fue la primera sonrisa sincera de Remus, desde la litera de arriba por la aprobación, aprobación que por primera vez en su vida era concedida por una persona. Ah Remus Lupin siempre le ha costado adaptarse. Pero por alguna razón con ellos fue fácil.

"Lo único difícil es tener que mentirles a diario sobre quién soy." Suspira y por un momento en su vida desea más que nada retroceder el tiempo, que nada jamás haya pasado. Remus Lupin desea ser normal. Y por un momento, desearía no poder pensar en eso.

-¡Chocolate! ¡Oh vamos Sirius, date prisa! - Y Sirius corre intentando no tropezar con los duendes que hay en las cocinas. En cuanto ese tal Davis que va en cuarto curso le ha dicho al moreno como entrar, este no ha perdido tiempo.

  • Ya voy James ¡No puedo correr con tanto duende aquí!

Una elfina de nariz puntiaguda y enormes ojos castaños levanta el rostro y le mira frunciendo el ceño. Sirius murmura un ligero "Lo lamento Wendy." La elfina solo se digna a retirarse en un murmullo, barriendo el laberinto de azúcar que el más joven de todos los Black está dejando por toda, absolutamente toda la cocina.

-Tío, nunca he hecho un pastel en mi vida. ¿Seguro que vamos bien?- pregunta James. Sirius únicamente atina a encogerse de hombros y ponerle más chocolate rayado y azúcar blanca.

Si, un pastel. Eso se supone que hacen. Un pequeño e inofensivo pastel.

Porque en cuanto James descubrió que el diez de Marzo se celebraba el cumpleaños de uno de los primeros amigos que hizo en Hogwarts, "Y no solo eso…"- Aclaro Black.-"También nos deja copiar los deberes". Ambos no pudieron resistirse. Tenían que darle algo. Peter le compro un disco muggle, algo de jazz, seguro que le gustaría así que, qué mejor que un pastel. Un pequeño, pequeño pastel.

-Caray Sirius, aquí hay masa como para alimentar a todo Hogwarts por más de un año.

-Demonios. ¡Oye Maggie!- Una elfina de cabello pelirrojo cuidadosamente peinado en un moño, nariz redonda y ojos ligeramente achinados pronuncia un cantarín "Ya voy señor." Sirius hace una mueca. Nunca le gusto que le llamen así. Nunca. Ni en Hogwarts, ni en "casa". La elfina se sitúa al lado del joven Potter, quien está cubierto de pies a cabeza con harina, tiene huevo y margarina embarrados en la túnica y bate lo más rápido posible.

-Creo que ya está listo para hornear, señor. ¿Me permite?- Dice dirigiéndose a James. Quien sonríe dejando el molde en manos de la elfina. Maggie desaparece un momento llevándose consigo la masa. Sirius, quien está cubierto de pies a cabeza de polvo de cacao no deja de quejarse.

-Caray James, creo que hay suficiente azúcar en mi cabeza como para abastecer Londres y parte de Gales.

Y las carcajadas del muchacho resuenan fuerte en la cocina. Esperan sentados, con los pies juntos. Tiene que ser algo especial,se dicen. Algo muggle.

Porque Remus es así, Remus es muggle.

No porque no sea mágico. Remus es ese niño que siempre lava sus dientes con pasta dental pudiendo usar magia. Remus es ese niño que dobla su ropa con las manos, no con la varita, que tiene un despertador muggle y un gramófono muggle que su abuela le ha regalado. Si, para que pueda escuchar música muggle. Remus es el que lee libros muggle, conoce de cosas muggle. Si no estuviera en Hogwarts y no fuera tan brillante, de seguro seria un muggle. Pero no de esos muggles cualquiera. "No, no. Remus es un muggle especial."

Y después de una hora de esperar, aparece Maggie. James le da un codazo a Sirius para que despierte y termine el trabajo. El acuerdo era, James el pastel y Sirius la decoración. Así que Black pone manos a la obra.

Después de media hora de pelear con la manga de cobertura y con los confites de colores, James le da el visto bueno.

-¡Pero qué carajos es eso!

-¿No te gusta Jamie?- Pregunta Sirius botando la manga por los aires. El enorme pastel ha sido cubierto por una crema turquesa. Pero no un turquesa normal, no.

-Si las luces de toda Escocia se apagaran, esa cosa podría darnos iluminación, Sirius.

Y no solo es un turquesa muy fuerte. Sirius ha puesto todo su empeño en escribir con la manga y como no lo ha logrado, ha intentado escribir con confites: "Feliz cumpleaños Remus. Te queremos." Pero el espacio le ha quedado pequeño y está realmente inclinado.

-El día en el que me case con Lily, definitivamente no te pediré que prepares el pastel de bodas.- Sirius abre la boca fingiendo ofenderse.

-Ofendes mi obra de arte Jimmy. Ahora cállate y hay que llevarlo a la torre.

Y como debe ser muggle, ambos tardan otra hora en subir sin que nadie note su presencia.

Cuando creen que han muerto, y Sirius dice que "Los muggles verdaderamente la tienen dura." Es cuando llegan a la torre. La Señora Gorda no puede evitar dar un gritito de emoción y reírse de ambos niños, que parecen salidos de una guerra de harina y cacao.

Pero la cara de Remus en cuanto los ve, no tiene precio. Claro, cuando deja de reírse. Pero aun así, sonríe enormemente, ¡Incluso sopla las velas! Y le cantan algo así como una canción de Feliz cumpleaños, que en opinión de Sirius. "Realmente fue muggle." Y ambos cuentan como fue la hazaña de preparar un pastel y de porque Sirius tiene crema turquesa pegada en la cara y James harina en las orejas.

Y los cuatro merodeadores, escuchan jazz, mientras comen torta de chocolate con crema, la cual no esta tan mal, inclusive le gusta a Remus, quien nunca antes recuerda haber recibido un pastel de cumpleaños. Ni haber sentido tanta felicidad. Tanta que incluso no desea nada.

Así es, nada. Solo quedarse ahí, en Hogwarts. Junto con sus amigos comiendo pastel.