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La hija del viento y el hijo del mar — capítulo 1

La habitación estaba en penumbra, un leve olor a rosas embriagaba el ambiente.

Caminó con suavidad hasta la ventana. Al mover las pesadas cortinas de terciopelo, la luz del atardecer se abrió paso tiñendo la habitación con tonalidades ocre.

Antes de salir dio un último vistazo a su dormitorio. La habitación rectangular, de blancas paredes y piso de madera, parecía suspirar con nostalgia ante la partida de la joven que por dieciocho años había vivido allí. Ciane paseó la mirada por cada centímetro de esta: frente a ella, en la pared opuesta a la ventana, el enorme ropero de pino, que había heredado de unos amigos de su abuela, ocupaba todo el alto del muros y casi todo el ancho; la cama de roble antigua, tan vieja y desgastada que uno no podía entender cómo seguía tan firme, contenía su peso en un último abrazo de despedida; el pequeño escritorio de pino, en el que jamás había estudiado, la miraba desde la esquina más lejana de la habitación. Ya nada quedaba allí para ella.

Una fresca brisa de otoño se deslizó por la ventana logrando que perdiera el hilo de sus pensamientos. Le sucedía a menudo, le costaba concentrarse y cualquier sonido o movimiento la distraía su mente volaba con soltura, libre, mientras su cuerpo sentía el choque de las olas contra los acantilados, el viento rosando la copa de los árboles, oía los pájaros cantar, las abejas zumbar, el tronar de la hierba al ser pisada por un animal, olía la lluvia, el perfume de las flores, el aroma de los caballos... Luego su mente descendía, agotada de tanta libertad sus sentidos se iban apagando y al abrir los ojos todo volvía a la normalidad. Pero Ciane no era una chica normal, nunca lo había sido.

Antes de morir, Ermin, su abuela, le confesó cómo ella la había encontrado, cuando era solo una niña, vagando sola por el temible bosque de Zoilo.

"Te pregunté si estabas perdida, si sabías donde estaban tus padres. Tú me miraste... en ese momento sentí como penetrabas mi alma con aquella mirada, luego miraste al cielo y me dijiste: mi padre es el viento, siempre está a mi alrededor, mi madre la tierra, protegiendo cada paso que doy, yo nací en la copa de un árbol... Pero si, estoy perdida, puesto que no recuerdo de que árbol se trataba.

Yo estaba maravillada, el echo verte allí parada, cubierta tan solo por una fina ceda... era como un sueño... La niña más hermosa que jamás hubiera visto.

Entonces te pregunté si tenías nombre, y tú dijiste: Cuando me llama, el viento siempre susurra: Ciane... no se que signifique, pero supongo que es mi nombre.

Ciane... que nombre más peculiar. Nunca supe que significaba, para mi siempre fue"Esperanza nueva"

De pronto te me acercaste y tomando mi mano me preguntaste: ¿Vamos?...(risa)*.*Te fiabas fácilmente de la gente en aquella época..."

"Era una niña"

"Aún lo eres para mi...

Yo te pregunté a dónde se suponía que iríamos.Sonreíste y comentaste como si fuera lo mas obvio del mundo: Me vas a llevar contigo verdad?(risas)Recuerdo que me sorprendí mucho con tal afirmación, pero luego pensé: no tengo nada que perder. Entonces te pregunté si tú querías venir con migo.

Luego... el sombrío bosque al que había entrado se iluminó, la luz del sol hizo brillar tus risos pardos y tu piel... parecía echa de infinitas pepitas de oro.

Entonces apretaste mi mano y tiraste de mi.

'''Si, quiero'''

Allí te saqué del bosque y te llevé a mi casa..."

Finalmente cerró los ojos, como sumiéndose en un largo sueño del que nunca más despertaría.

Ciane sabía como seguía esa historia. Todos los años, en esa fecha, ella volvía al bosque, buscando aquel árbol que había perdido. Pero más tiempo pasaba y menos recuerdos conservaba. Hasta que un día notó que no sabía porqué estaba allí ni qué estaba buscando, pero al décimo octavo sol del segundo mes de lluvia, volvía al bosque... cada vez con más ansia de quedarse. En ese momento podía hacerlo, no había nada que la atara al pueblo. Volvería a sus raíces necesitaba saber quien era, de dónde provenía y hacia dónde iba... necesitaba conocerse a si misma.

El pueblo estaba desierto. Cada día, al bajar el sol, todos los habitantes de Groufell cerraban puertas y postigos, encerrándose, temiendo a las criaturas del bosque de Zoilo. El pueblo se encontraba en una amplia llanura bordeada por el monumental río Groufell, del cual había heredado el nombre. El río proveía al pueblo de peces y agua limpia, con la cual regaban los cultivos, daban de beber al ganado y a los habitantes.

Groufell era un basto pueblo perteneciente a la república de Barrados, un pequeño país que se extendía desde el mar del oeste hasta las misteriosas montañas del este. Groufell se encontraba a siete ciclos lunares de Cristal, la ciudad costera y capital de Barrados, y a veinte de la imponente cadena montañosa. Nadie sabía que había cruzando las montañas ya que ningún humano había llegado hasta allí.

Para poder llegar hasta aquellas montañas había que cruzar el bosque de Zoilo, un bosque lleno de extrañas criaturas y peligrosas bestias, que en ocasiones salían y causaban terror en Grudell. Muchas personas habían muerto asesinadas por aquellas bestias, entre ellas la familia de Ermin...

Ciane no conocía bien la historia, pero al parecer un enorme animal había aparecido por la noche y se había robado a la bebé de su hija Anaiis, su nombre era Sahúl. Fileas, el esposo de Anaiis, salió en búsqueda de la criatura, pidiendole a Anaiis que se quedara a esperarlo. Pero la insufrible desesperación de la espera pudo más que ella y salió a buscarlos. Ninguno volvió.

Ermin había perdido a su esposo hacía menos de un año y los acontecimientos la dejaron devastada. Desconsolada entró al busque, buscando que alguna criatura la encontrara y le quitara la vida. Pero en lugar de eso encontró a la pequeña Ciane y su vida tuvo un nuevo sentido.

El rocío mojaba sus pies descalzos, el frío viento otoñal volaba su cabello y erizaba su piel. Caminaba con sigilo, para que nadie oyera sus pasos. Una bata cubría su cuerpo y en las manos sostenía la seda con la que Ermin la había encontrado.

A medida que el imponente bosque aparecía ante su visión, el aroma a pino inundaba sus sentidos. Al llegar hasta la entrada del monstruoso bosque, Ciane dejó caer sus vestiduras y, decidida, entró haciendo crujir las hojas de pino bajo sus pies. Incomoda ante su desnudez intentó cubrirse con la seda, pero esta era demasiado pequeña, por lo que tapó sus genitales con ella, a modo de taparrabo. El frío erizó su piel pero no se detuvo.

Su espalda descubierta dejaba ver unas pequeñas alas verdes, semi-transparentes, que parecía hojas muy finitas y delicadas. Las estiró, sintiendo el viento pasar por ellas, luego las agitó intentando levantar vuelo en vano, sus alas eran demasiado pequeñas y débiles, solo produjeron un débil zumbido. Ciane se rindió y comenzó a adentrase más en el bosque.

La noche llegó rápidamente pero pesar de la obscuridad, Ciane, podía ver todo a su alrededor, aunque nada parecía fuera de lo normal. Altos pinos convivían sobre una tierra de baja vegetación no había animales a la vista y un silenció antinatural surcaba el ambiente.

De pronto un búho ululó en la copa de un árbol. Ciane dio un respigo, sobresaltada, y mirando hacia arriba buscó al animal entre las ramas de los pinos a su alrededor, mientras continuaba caminando hacia atrás, sin poder divisarlo.

Las hojas de pino dejaron de crujir bajo sus pies, dando lugar a la placentera sensación de la tierra. Ciane miró sus pies y enterró los dedos en el frío suelo. La agradable sensación la llenó y, sonriendo, cerró los ojos. El búho volvió a ulular. Ciane abrió los ojos y dio un paso hacía atrás, pero no había donde pisar, el suelo acababa allí. Perdiendo el equilibrio cayó al precipicio. Desesperada agitó las alas, intentando volar, pero de nuevo fue en vano. Estirando los brazos intentó sostenerse de algo, pero no había nada con lo que sostenerse. El viento de la caída libre azotaba su piel entumeciendola.

*Que se detenga... que se detenga. ¡Que se detenga!**-*Deseó con desesperación mientras las lagrimas brotaban de sus ojos.- ¡ALTO!

El viento se detuvo, la atmósfera parecía sumida en un letargo. Ciane aún caía, pero lo hacía lentamente, como una pluma. El aire era espeso y parecía mecerla, haciéndola sentir liviana, como dentro del agua. Sus lagrimas fluían lentamente, formando gotas circulares que subían al cielo igual que burbujas. Se dio la vuelta, notando que tenía libre control de su cuerpo y comenzó a nadar/flotar hacía lo que parecía un lago, debajo de ella.

Se acercó lentamente hasta estar lo suficiente cerca como para ver que, debajo del agua, una bella mujer la observaba. La mujer nadaba hacia la superficie mirándola fijamente. Bajo unas largas pestañas sus ojos escarlata la estudiaban con curiosidad, su cabello castaño ondeaba detrás de ella y su piel dorada brillaba bajo la luz de la luna. Ciane estiró el brazo para tocarla y la mujer lo hizo igual. Cuando su dedo tocó la superficie del lago su reflejo tembló y la gravedad volvió a actuar, zambullendola en el agua helada.

Ciane salió del agua tomando una gran bocanada de aire, el lago parecía un gran espejo que reflejaba el cielo nocturno. El frió comenzó a entumecer sus músculos por lo que comenzó a nadar hacía una orilla.

El ejercicio la agotó drásticamente. Se arrastró sobre la arena hasta que su cuerpo estuvo completamente fuera del agua. Sus músculos temblaban, tanto por el frío como por el esfuerzo. No podía moverse, pero se obligó a hacerlo, de otro modo moriría de frío. Cerró los ojos y se levantó lentamente para no marearse. Cando estuvo de pie abrió los ojos y lo que vio la dejó sin aliento.

Un frondoso bosque de gran vegetación se extendía ante ella. Las luciérnagas parecían adornar los altos árboles, mientras polillas de colores brillaban al pasar por zonas iluminadas y se volvían negras al volar en la oscuridad. Todo parecía mágico en aquel lugar, los verdes eran más brillantes, los marrones más lustrosos, los grillos parecían componer música y el viento soplaba muy cálidamente.

Un camino se abría ante ella, parecía que los árboles se habían apartado para que ella pasara. El viento la envolvió y luego la empujó hacia adentro.

Caminó toda la noche, maravillada con todo lo que había a su alrededor; insectos, plantas y animales que nunca antes había visto. El suelo era suave y mullido, como una alfombra de césped y verdín.

Avanzó muchos kilómetros hasta que, cansada y hambrienta, se detuvo a descansar bajo un nogal, el sueño la arropó entre suaves caricias mientras el viento cantaba una canción de cuna.

El amanecer la encontró acurrucada entre hojas de colores, pero el insistente canto de las aves, anunciando el nuevo día, la obligó a despertar.

Podía oírlo... un río corría a solo unos kilómetros. Si seguía la subida del ría nunca pasaría sed, ni hambre probablemente. Se levantó emocionada y comenzó a correr esquivando troncos caídos y arbustos espinosos, hasta que por fin lo divisó. Era un pequeño río de baja corriente y gran profundidad, donde abundaban los peces y el agua era cristalina. La orilla era de barro mesclado con poqueñas rocas y el musgo crecía por doquier. Una formación rocosa se entendía a la derecha y un gran tronco caido cruzada el río a su izquierda.

Ciane moría de hambre y sed, por lo que no se detuvo a pensar que en un río como aquél no solo abundarían los peces... Antes de llegar a la orilla un estridente rugido le heló la sangre.

Se dio la vuelta lentamente, sintiendo como todos sus músculos se tensaban ante el inminente peligro. Una enorme bestia se acercaba a ella desde la espesura de los árboles. Su aspecto era cómo el de una pantera, un enorme felino de pelaje negro y ojos amarillentos, pero sus colmillos eran desmedidos y le sobresalían de las fauces, y su cuerpo reclamaba la altura de un caballo y el ancho de un rinoceronte. Sus amarillos ojos felinos la miraban con sed de sangre. Ciane jamás había visto una criatura tan desmesuradamente aterradora.

Presa del pánico buscó algo con qué defenderse, en el suelo encontró una gruesa rama con la que podría golpearlo si la atacara. Sin apartar los ojos de la bestia ni por un segundo, se agachó lentamente y estirando el brazo, intentó tomar la rama, pero se encontraba muy lejos. La criatura seguía cada uno de sus movimientos con la mirada.

Ciane intentó dar un paso en cuclillas para alcanzar el vástago, pero tropezó y calló sobre la húmeda tierra, la bestia gruñó mostrando sus afilados dientes amarillentos. Desesperada, estiró lo más que pudo su brazo, sin levantarse, hasta que sus dedos tocaron el tronco del tallo. Pero era demasiado tarde, la bestia se preparaba para atacar.

Ciane movió los dedos, en un esforzó de acercar más el palo hacia ella para poder tomarlo. Este rodó y lo envolvió con su mano, al voltear la cabeza pudo ver como la bestia comenzaba a correr hacia ella.

¿Qué estaba pensando? Una rama no la protegería de aquel animal monstruoso. Ciane cerró los ojos aferrándose a aquella herramienta inútil, esperando el fin.

Oyó un estruendoso grito de dolor... pero no provenía de su garganta. No sintió que un dolor punzante la atravesaba, ni que su cálida sangre caía a borbotones. Confundida, abrió los ojos y miró a su alrededor. La criatura había desaparecido, y un rastro de sangre marcaba su retirada. ¿Qué había sucedido?

-¡¿Acaso eres idiota?!- La voz de un joven interrumpió sus cavilaciones.

Ciane miró a su alrededor pero no vio nada.

-¡Aquí arriba!- Volvió a sonar la voz del joven con impaciencia.

La chica se levantó con torpeza aún tensionada por lo que acababa de suceder, y buscó la fuente de aquella voz. Por fin lo encontró; un hermoso joven de piel dorada y cabello lacio, de un intenso color negro, sobrevolaba el río. Llevaba un carcaj colgado al hombro y sostenía un bello arco, muy trabajado. Sus alas eran azules, con bordes negros, idénticas a las de las mariposas azules, y su tamaño superaba los tres cuartos del cuerpo del joven.

-¡¿Qué Wofftrest hacías corriendo por el bosque cómo un faro que atrae insectos?!-

El joven bajó del cielo furioso y caminó a grandes zancadas hacia Ciane apuntándola con el dedo.

¿Acaso eres estúpida? ¡Da gracias a que estaba por aquí para salvaste!

Ciane estaba completamente anonadada, jamás había visto a otra criatura igual a ella... bueno, igual no era, ya que sus alas eran mucho más grandes y fuertes, tampoco tenía ojos verdes como ella, sino de un azul brillante y sus orejas eran en punta.

-Gracias.

  • Atinó a decir.

El joven frunció el ceño y la estudió con la mirada.

-Veo que aún eres una larva...

-¿Disculpa?- Le espetó ofendida, cruzado los brazos.

-Que aún sigues en etapa de larva, ni siquiera se te han crecido las orejas todavía y tus alas no son aptas ni para zumbar...- Comentó pensativo mientras giraba a su alrededor para observarla mejor.

-¡Mis alas si pueden zumbar!- Gritó furiosa, pero al instante se arrepintió y se sonrojó avergonzada.

El joven comenzó a reír entre dientes.

-Seguro que pueden...- Comentó con sarcasmo.- ¿Qué edad tienes?

-Dieciocho...- Contestó orgullosa.

-Si, eres una larva- Aseguró simplemente, dándose media vuelta y sentándose en una roca.

-¿Qué edad tienes tú?- Le preguntó ella desafiante.

-Ciento cuarenta y siente. Pero a penas estoy en la etapa de pupa. La etapa adulta comienza a los quinientos años, los sabios tienes más de mil y los más viejos llegan a tener dos mil años.

Ciane lo observó boquiabierta. ¿Dos mil años?¿Cómo era posible?

El muchacho se recostó sobre la roca con desapego.

Y dime... ¿Cual es tú nombre?- Le preguntó haciendo que perdiera el hilo de sus pensamientos-¿O prefieres que te llame "Larva"?- Rió con malicia el muchacho.

Ciane lo miró con odio, pero finalmente dijo:

-Ciane... mi nombre es Ciane. ¿El tuyo?

-Cosme.- Se presentó sin siquiera mirarla.

-Un placer...- Respondió por cortesía, pero no sabía si en realidad era un placer conocerlo.

-Ciane...- Susurró él pensativo, luego se levantó un poco y la miró- Es muy bonito. ¿Sabes qué significa?

-No...- Respondió algo avergonzada por su ignorancia.

-Me lo suponía.- Rodó los ojos.

-¿Qué quieres decir con eso?- Lo cuestionó ofendida, de nuevo, por su actitud displicente.

-No eres una Silwer´s normal.- Dijo sentándose sobre la roca para verla de frente.

-¿Y cómo es una Silwer´s normal?- Ciane no tenía ni idea de que era una Silwer´s pero no quería preguntar por no parecer estúpida.

-Primero, no corren semi-desnudas por el bosque para que cualquier depredador las mate.- La miró de arriba a bajo.

Ciane había olvidado que estaba semi-desnuda. Avergonzada tapó sus pechos con las manos.

Observó que Cosme llevaba el torso desnudo y unos pantalones del mismo color de sus alas, echos de un material que ella desconocía.

-Tú también estas semi-desnudo.- Lo acusó.

-Si... pero yo no tengo pechos niña.- Dijo apuntándolos.- Les pediré a las larvas que te tejan un vestido con su seda.

-Que sea como esta.- Pidió, mostrando su seda.

Cosme la tocó y negó con la cabeza.

-No es posible, ya que esto es tu cascaron.

-¿Mi cascaron?- Se extraño la joven.

-¿Quien eres?¿Cómo es posible que no sepas esto?- La cuestionó levantándose de la roca y acercándose con mirada acusadora.

El viento sopló con fuerza. Su corazón latía violentamente, sentía como la sangre pasaba por cada vena de su cuerpo, y como sus cienes palpitaban.

-Yo... fui criada por humanos desde muy pequeña...- Ciane desvió la mirada ante los escrupulosos ojos azules de Cosme.- Ermi, mi abuela, me encontró con esto puesto...

-Porque aún eras un huevo.- Afirmó el joven pero, al ver la expresión confusa de Ciane, explicó.- La fecundación de una Silwer´s ocurre en el periodo de doce ciclos lunares. Cuando nace comienza una etapa llamada "Jiya" o huevo, donde la Silwer´s crece hasta que esta seda se rompe, ese acontecimiento da paso a la etapa larvaria o "Kix", en la que estas ahora. Cuando las alas son capaces de levantar vuelo, se pasa a una etapa llamada "Group" o pupa, donde las Silwer´s logran liberar todo su poder, sin destruirse a si mismas. Fianalmente se pasa a la etapa adulta o "Butter´s" cuando las alas están completamente desarrolladas y la Siler´s es capas de dominar sus habilidades. En esta etapa se desarrolla el control de la naturaleza y las fuerzas del universo. Al pasar los mil años las alas se caen y el cuerpo queda en reposo, mientras la mente mantiene el balance entre lo visible y lo invisible...- Se mantuvo en silencio, meditando, un momento.

-Entiendo.- Afirmó Ciane bajando la cabeza.

-¿Por qué volviste?- Le preguntó él mirándola con desprecio.- No perteneces a este mundo... ya no.

El corazón de la joven comenzó a latir vertiginosamente y su cabeza comenzó a dar vueltas. Sentía como si la hubieran golpeado con un mazo en el pecho. Un sudor frío comenzó a cubrirla y las lagrimas volvieron a brotar de sus ojos.

-Entonces no pertenezco a nada...- Susurró y se dejó caer de rodillas, derrotada, sollozando.

El cielo comenzó a encapotarse, el viento rujía, y una tibia lluvia comenzó a caer, cubriéndola como una manta.

Cosme observó como el agua la abrigaba, consolando y acompañando su llanto.

-Ven con migo.- Susurró tendiendole la mano.

Ciane levantó la cabeza y lo observó con aquellos ojos esmeralda.

-¿Ne me oíste? ¡ Levántate! Te llevaré hasta *Callendus.-*Murmuró el joven a regañadientes.

-¿Callendú?- Susurró ella. La lluvia cesó y el sol iluminó su rostro haciéndolo brillar como el arco-iris después de la tempestad.

-¡Callendus!- Rodó los ojos- Es la gran ciudad de Silwer´s, toda la orden vive allí. Si queres pertenecer a alguna parte... encontrarás algo que hacer allá.- Volvió a mirarla- ¿Qué esperas?

Ciane se levantó sin salir de su asombro.

-¿Por qué me ayudas?- Susurró en un hilo de voz casi inaudible.

Cosme la miró y sonrió de lado.

-Supongo que si te salvé la vida no quiero que la pierdas haciendo otra estupidez.- Afirmó y se colgó el arco al hombro.

Ciane sintió como una ola de calidez la inundaba su pecho, subía por su garganta y comenzaba a hacerle cosquillas en la lengua. Cerró los ojos al sentir como la risa se escapaba por su boca y hacía contraer su estomago a sacudidas.

-¿De qué demonios te estas riendo?- Gritó Cosme y un rubor anaranjado llegó a sus mejillas.

El sol brilló con fuerza, el viento movió la copa de los árboles provocando que sus ojas danzaran al ritmo de un soneto infinito.

-¿Puedes parar? ¡Cada vez que tienes una emoción fuerte el tiempo cambia!- Cosme la levantó con brusquedad y se la colocó al hombro. El viento dejó de soplar y el sol perdió su fulgor.

-¡Claro que lo hace! Siempre fue así- Aseguró pataleando.- ¡Ya bájame!

-¡Pues no debería!- La arrojó al suelo con muy poca delicadeza.- No lo hagas.

-¿Por qué no?- Lo cuestionó haciendo puchero.

-Porque no y punto.

Cosme se dio media vuelta y comenzó a caminar a zancadas río arriba, Ciane se levantó y lo siguió con paso ligero.

-¿Y si no puedo evitarlo?- Le gritó ya que no podía alcanzarlo.

Cosme se detuvo en seco y Ciane disminuyó la velocidad hasta detenerse detrás de él.

-Inténtalo.- Murmuró sin mirarla.

-Yo...- Pero no pudo decir más porque Cosme había desaparecido.

-¡Te conseguiré ropas nuevas!¡ Espérame aquí!...¡No te muevas!- Se encontraba a unos metros sobre ella. Dicho esto voló en dirección al bosque.

-¿A donde supones que iría?- Bufó la chica y se sentó sobre un tronco seco.- ¿Evitarlo?¿Cómo se supone que haga eso? No es algo que yo pueda controlar...¿o si?

Tocó la superficie del tronco distraída, su sumió en un mundo de cortezas ásperas y frías, otoños lejanos, vidas borradas. Vio ante sus ojos cómo durante siglos, ese árbol, había albergado miles de criaturas, había resistido miles de tormentas, hasta que su tronco se ahuecó, sus hojas se secaron, sus raíces se debilitaron y, en un último cantar del viento, había soltado las lianas de la vida y caído sobre la madre que todo lo había creado.

-Aquí tienes- La voz de Cosme la sacó de su ensoñación. Traía un vestido de seda y hojas secas.- Pruébatelo, adiviné el talle.- Se lo tendió con descuido y se alejó sin decir más.

-¿Adonde vas?- Preguntó ella. Por alguna razón sentía que su corazón se estrujaba al verlo alejarse.

-Dejaré que te cambies, no me necesitas aquí mirando.- Dijo sonriendo con superioridad.

Ciane sintió como una llamas envolvían sus mejillas y hacían arder sus ojos.

-Si, claro... te avisaré cuando esté lista.

Cosme rió entre dientes y se adentró en el bosque. El corazón de Ciane latía desenfrenado, su bello estaba erizado y su estomago dolía. ¿Qué me sucede?