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Historia 136910 — capítulo 3
Abraham se para y baja un pie del pedal para apoyarlo en el suelo. Observa la playa, no hay nadie, parece ser que la gente no suele madrugar un sábado por la mañana, así que… está de suerte, apoya la bici en la pequeña pared que rodea la playa separándola de la cera y se adentra en la arena.
Camina un poco mas hasta llegar a la arena húmeda producida por el contacto de la espuma del agua. Inspira e hincha sus pulmones de la brisa tan limpia que viene.
-¡Ahí está, es él!.-
-¿Seguro? ¡Es muy pronto para que este fuera de casa!.-
-¡Que os digo yo que si!.-
-Bueno, ¿Entonces qué hacemos?.-
-¿Le decimos que nos firme un autógrafo?.-
-Ai no sé… es que me da cosa….-
-¡Mira que eres boba! ¡Vamos!.-
Abraham escucha a sus espaldas ciertas voces que parecen muy emocionadas y empieza extrañado a mirar hacia su alrededor.
-¡Oh dios!, ¡Creo que nos ha visto!.-
En efecto, Abraham se da la vuelta y dirige su mirada a dos chicas que parecen mas pequeñas que él, aproximadamente 3 años o así, les sonríe y les señala con la mano para que se acerquen. Emocionadas, las 2 niñas se acercan:
-¡Hola! ¿Queréis algo?.-Les dice sonriendo.
Las niñas empiezan a titubear nerviosas y le enseñan a Abraham unos posters y un bolígrafo, en efecto, está claro que quieren un autógrafo:
-Aquí tenéis, iros a casa anda, que es muy pronto para andar levantadas, ¿Saben vuestros padres que estáis aquí?.-Les pregunta Abraham tras acabar de firmar. Ellas niegan con la cabeza y después de despedirse y darle las gracias se van muy alegres.
-¿Lo habéis conseguido?.-
-¡Sí! ¡Es súper majo! ¡Ha merecido la pena levantarse temprano! Bueno, nos vamos, chaooo.-Dicen las niñas mientras se alejan de la playa dando botes de alegría.
Abraham las mira y sonríe, que niñas más graciosas, pero… pronto se le borra la sonrisa cuando escucha unos sollozos tras la farola, en la acera. Despacio, Abraham camina hacia la farola hasta encontrarse con una niña que parece aun más pequeña y no para de llorar.
-Holaaaa.-Dice Abraham sonriendo.-¿Por qué te tapas la cara, eh? Qué sino no puedo verte….-Dice Abraham con cara apenada para atraer la atención de la pequeña.
La pequeña se quita las manos de la cara y observa a Abraham quien no para de sonreír.
-¿Cómo te llamas?.- La niña parece muy vergonzosa y no dice ni palabra pero pronto se relaja cuando Abraham se agacha a levantarla del suelo.
Abraham la coge por la cintura y la mantiene cogida fuertemente sin parar de sonreír para no asustar a la pequeña. Pero pronto descubre una pulsera de abalorios rosas en la que pone su nombre, María.
Abraham le enseña la playa y le da un beso en la mejilla. Después, la baja y la acompaña hasta la acera:
-Ve con cuidado, ¿Vale? Yo me llamo Abraham.-Le dice mientras la niña se aleja roja como un tomate y le despide con la mano.
-¡Abraham!.-
Abraham se da la vuelta otra vez y vuelve a sonreír a la pequeña:
-¡Gracias!.-Grita la niña mientras se va corriendo.