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Una vida como prostituta — capítulo 5
Capitulo 5
-Señorita, señorita - sentí como alguien me balanceaba del brazo- Fff… -oí como suspiraba la persona mientras se marchaba. Se lo que estaréis pensando, si estas despierta ¿Por qué no abres los ojos? Pues muy fácil. Me da mucha pereza- SEÑORITA QUE SE DESPIERTE- dijo nuevamente esa voz seguida de un gran balde de agua.
-¡PERO QUE…! -Grité- ¿Me ha mojado? - levante la vista y me encontré con la misma chica de recepción que estaba en el hospital, un momento, el hospital… Me levanté del sofá rápidamente de la silla en la que está. Algo me extraño mucho. Yo me había quedado dormida en un sofá, no en una silla. Me restregué los ojos y pude ver el problema. No estaba en la habitación de la abuela, estaba en una sala y si no me equivoco parecía la de espera. Gire mi cabeza hacia la izquierda y sí. Había un gran cartel que ponía <<SALA DE ESPERA>>. Me di la vuelta esperando encontrarme a la chica que me había despertado, pero no fue así.
-Bianca, vamos a preguntar qué ha pasado -estire mi brazo hacia el suelo para que la niña lo pudiera coger, pero de la misma manera en la que aquella chica había desaparecido, Bianca también lo había hecho.
Asustada me giré para todos lados esperando encontrármela en alguna parte, pero solo estaba ocupado por personas totalmente desconocidas para mí. Corrí por todo el hospital, tenía que encontrarla. Pasé por los baños, por las habitaciones, el parking, la entrada, recepción, incluso en el cuarto de limpieza, pero no estaba por ninguna parte. Después de una hora ya me había recorrido cada rincón de este edificio de 7 grandes plantas. Parecía que se la había tragado la tierra.
-Mami, ¿podemos ir a la cafetería? -dijo una niña de no más de 5 cinco cogida de la mano de su madre.
-Claro cariño, vamos a ver a papá y te llevo a comer un helado, ¿vale? -respondió mientras se alejaban de mi con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Siempre me he preguntado que sabor tendrá la comida de los hospitales. La gente dice que es asquerosa, pero yo pienso lo contrario. En las películas tienen muy buena pinta. Ha Bianca también le gustaría probarla… Bianca… Comida… CAFETERIA! Pues claro.
Corrí como si solo viviera de eso. Empujaba a todo el mundo, soltando unos cuantos <> por el aire. Llegue a la cafetería con poco aire en los pulmones. Miré por todas partes esperando encontrarme con Bianca, pero no hubo suerte. Ella no estaba ahí.
Me di la vuelta para alejarme de ese sitio, pero algo me detuvo.
-Izzy, mira a quien me he encontrado -me gire sobre mis talones y mire al suelo, ella estaba ahí. ¡BIANCA ESTABA AHÍ! Sin hablarlo, ni pensarlo me tire en sus pequeños y finos brazos y la abrace como nunca pensé que lo habría hecho.
Bianca estaba ahí, mi niña estaba a mi lado. Instantáneamente me eche allorar. Lo había pasado muy mal sin ella conmigo. Me había dado un gran susto el pensar que ella también se hubiera ido de mi lado. Abrí los ojos y me di cuenta que detrás de Bianca habían unas piernas. Fui levantando la vista poco a poco hasta llegar a la cara de esa persona. Mientras más levantaba la cabeza me iba poniendo de pie. Así hasta que llegue a la cara. No me podía creer a quien estaba viendo, no me podía creer que estuviera delante de mis ojos en ese mismo instante.
Durante unos cuantos segundos estuvimos en nuestro mismo sitio mirándonos a los ojos, sin movernos, sin hablar, si no fuera porque necesitamos oxígeno para respirar pareceríamos estatuas.
¿Qué hago? Estaba delante de mí mirándome fijamente con esos grandes ojos negros, esos que muchas veces me había asustado y que me daban tanto miedo, pero que aun así me parecían increíblemente hermosos. No sabía si moverme, si abrazarle, si coger a Bianca y seguir mi camino. Pero de repente todas mis dudas desaparecieron cuando me sonrió de esa manera que había hecho tan pocas veces, una sonrisa verdadera.
Suspire y le respondí el gesto. Nos acercamos y en abrir y cerrar de ojos nos estábamos abrazando. Yo no paraba de llorar al igual que la persona en la que estaba apoyada. Durante un largo tiempo estuvimos llorando en el brazo del otro.
-No te vuelvas a ir, no me vuelvas dejar sola por favor. Te necesito -hable entre lágrimas.
-No volveré a hacer, te lo prometo. Perdóname -dijo con poca voz.
-Te quiero, Alessandra.
-Disculpe -dije a la chica rubia de recepción. Le tenía que preguntar su nombre.
-Dígame.
-Me gustaría saber por qué nos han echado de la habitación de mi abuela.
-¿Antonietta Emiliana Lombardo Rossi? -volvió a preguntar.
-Sí, esa misma.
-Aquí pone que en mitad de la noche tuvo un pequeño problema con respecto al sistema respiratorio. Parece ser que uno de los tubos que habéis podido ver conectados a la nariz se desprendió de su lugar. Por lo tanto se estaba quedando sin oxígeno en el cerebro. Tuvieron suerte de que la pequeña apretara el botón de emergencia para avisar a los enfermeros. -dijo esto último mirando a Bianca. Después poso su mirada en la mía- Me imagino que estarías muy profunda como para ni darte cuenta de que te pasaron de habitación.
-¿Pero está bien? -pregunto Sandra refiriéndose a la abuela.
-Oh… si perfectamente. Fue algo sin mucha importancia por suerte se pudo arreglar con rapidez.
-¿Podemos pasar a verla? -pregunte esta vez yo.
-Esto…me temo que no -iba a abrir la boca para replicarle la razón, pero no me dio oportunidad- No se la razón, lo siento.
-Me da igual. Necesito una explicación, NECESITO VERLA -terminé gritando.
-Isa eh, Isabella tranquilízate. La abuela está bien, ¿de acuerdo? Ella misma lo ha dicho -dijo Sandra señalando a la chica rubia- No hace falta que te alteres.
Respire dos veces y cerré los ojos. Estaba muy cansada. Buscar a Bianca por todo el lugar fue muy pesado.
-Vale, estoy bien. Solo… quiero dormir, solo eso -me di la vuelta y me dirigí hacia la sala en la que me había despertado esta mañana.
Aun había personas, pocas pero había. A mi derecha tenia a una chica joven con unas grandes ojeras que rodeaban sus grandes ojos grises, el pelo lo tenía todo alborotado retenido por una coleta. Se podía ver que su pelo era rizado, pero estaba tan enredado que lo único que sepodía apreciar era una mala replica de un nido de pájaros.
Estaba mirando al frente. Se notaba que hacía tiempo que estaba aquí. La seguí observando durante unos minutos y cuando me estaba planteando la idea de ver si respiraba. Había estado mirando al mismo punto sin pestañear ni moverse desde que la vi, y me preocupe un poco. El caso es que sorprendentemente giro su cabeza dándome una mejor vista de sus hermosos ojos.
Me avergoncé un poco ante la idea de que la podía haber puesto nerviosa.
-¿Qué haces aquí? -le pregunte imitando su gesto de apoyar la cabeza en la pared que estaba a nuestras espaldas.
-No te conozco, ¿por qué debería responderte?
-Porque he notado que llevas mucho tiempo aquí, y he pensado que te vendría bien hablar con alguien. -respondí muy segura de mi misma. -¿O me equivoco?
-Pues sí, te equivocas. No necesito hablar con nadie. -me contesto con desgano y un poco de molestia en su voz.
-Lo siento. No era mi intención molestarte.
Como respuesta solo conseguí que cerrara los ojos y girara su cabeza de nuevo al mismo lugar.
Decidí seguir inspeccionando la habitación en la que me encontraba y a mi izquierda pude ver una pareja de ancianos dormidos. La mujer tenía la cabeza en el hombre de su marido, mientras la de este se posaba en la de su esposa. Gire mi cabeza un poco más para observar a un hombre con una notable barba de tres días. Tenía su cabeza apoyada en la pared al igual que yo. Como la chica de los ojos grises, giro su cabeza hacia mí enseñándome unos ojos marrones inyectados en sangre por falta de sueño.
A diferencia de la chica anterior en vez de hablar me quede en silencio. Segundos después volvió a su posición inicial.
Gire mi cabeza un poco más y encontré una imagen que era digna de una foto enmarcada. Bianca estaba dormida en las sillas con la cabeza apoyada en el muslo de Sandra, mientras esta le acariciaba la cabeza haciéndole pequeños círculos. Levanto la cabeza y me miró fijamente durante unos segundos. Instantáneamente las dos nos sonreímos. La había extrañado mucho. Cinco segundos después cerro los ojos y apoyo la cabeza al igual que el hombre de mi izquierda la chica del lado contrario.
Seguí girando mi cabeza para encontrarme con la nada. Todo el mundo estaba con los ojos cerrados. Durmiendo, descansando la mente o simplemente evitándome.
No sabíaqué hacer. Quería dormir, pero este sitio no me transmitía calidez, ni la más mínima sensación de comodidad. Estuve observando la sala unos largos minutos más los cuales me ayudaron a observar más la habitación. Las paredes eran de color blanco grisáceo. Hacía que la habitación tuviera un aire más dramático y melancólico. El suelo estaba hecho por baldosas de color negro grisáceo. Parece que todo aquí estaba inspirado en el color gris. Se podría decir que no la habían diseñado para subir el ánimo.
Tras haberme aprendido el número de baldosas que constituían el suelo y la pared. Empecé a notar como mis parpados empezaban a pasarme y como todo se volvía borroso.
Pero antes de caer en un profundo y oscuro sueño, eche una vista a la habitación de la abuela.
-No te vallas, por favor -susurre muy bajito.
Cerré los ojos y fue entonces cuando me deje llevar por Morfeo.
-Siento decirle que su abuela ha muerto.
-¿Qué? No, esto no me puede estar pasando a mí. No puede ser. ¿Dónde está? Necesito verla. Por favor, déjeme verla. ¡ABUELA! No me dejes. ¡ABUELA!
¡ABUELA!
-ISABELLA TRANQUILIZATE- me grito Sandra.
-NO, NO ME VOY A TRANQUILIZAR. ¡NO QUIERO! -Grite con todas mis fuerzas- ¡ABUELA!
Necesitaba entrar, necesitaba verla.
Golpee la puerta con todas mis fuerzas para encontrarme con tres enfermeras alrededor de mi abuela, mientras otra apuntaba cosas es una tabla. Lo único que podía escuchar con claridad era el ensordecedor sonido del monitor cardiaco.
¡PI! Todo me daba vueltas. ¡PI! La mujer que me había criado estaba muerta delante de mis ojos, y yo no podía hacer nada para cambiar eso. Puede sentir como una lágrima corría por mi mejilla humedeciéndola. Así seguida de muchas más. ¡PI! No podía, ni quería parar. Estaba cansada de ser fuerte. ¡PI! De callarme siempre. Me daba igual, tenía a una de las personas más importantes de mi vida enfrente de mi muerta. ¡PI!
No fui capaz de moverme, tenía miedo, mucho miedo.
-Señorita, por favor. Abandone la habitación. -me gire sobre mis talones para saber de dónde había salido esa voz.
-Yo…No… -intente decir antes de ser vencida por las lágrimas -No puedo más.
Cerré los ojos para prepararme a lo que venía. Pasaron cinco segundos y los volví a abrir. Estaba en el suelo rodeada por enfermeros. Todos me decían cosas, cosas que se perdían por el camino y llegaban a mí en pequeños y cortos susurros. Gire mi cabeza y me encontré con Sandra intentando abrirse paso entre los guardias de seguridad que la retenían para que no entrara. Podía notar sus pequeñas y gruesas lágrimas recorrer sus mejillas. Pude ver su miedo a que me fuera yo también. Cerré los ojos para volverlos a abrir. Esta vez para encontrarme con Bianca llorando y gritando al igual que su hermana. Esta gritaba mi nombre con la voz cortada. Volví a girar mi cabeza hacia los enfermeros para encontrármelos de la misma manera que los encontré. Sintiendo una gran dolor en mi nuca, gire mi cabeza hacia la cama donde estaba la abuela. Una enfermera la estaba terminando de preparar para llevársela a algún lugar. Me fije en su cara, estaba pálida. No había rastro alguno de vida. Una lagrima callo de mis ojos al suelo.
Cansada puse mi cabeza recta. Estaba lista. Respire hondo mientras lagrimas corrían por mis mejillas. Todo estaba mucho más borroso que antes. Por impulso cerré los ojos para no volverlos a abrir. No podía vivir sin ella. LA NECESITABA.
¡PI! ¡PI! ¡PI! ¡PI! ¡PI! ¡PI! ¡PI!
-Isabella, Isabella te llaman.
Abrí los ojos con una gran pereza.Me estire desde la silla para encontrarme con todo el mundo dormido menos Sandra que me miraba con cara dormida. Su mirada paso de mis ojos a mis pantalones. Seguí el recorrido que hacían sus pupilas y me encontré con que mi móvil estaba vibrando desde el bolsillo delantero de mi vaquero negro. La volví a mirar en modo de disculpa por haberla despertado. Ella solo volvió a cerrar aquellos ojos negros. Me levante y descolgué el teléfono antes de que despertara a alguien más o algún médico o enfermeros me regañara por hacer ruido y me quitaran el móvil.
-¿Hola? -pregunte.
-Ni hola, ni leches, ¿se puede saber dónde te has metido? -me grito Marco desde la otra línea.
-¿Pero de que me estas habl… mierda -recordé. Hoy era la inauguración del nuevo bar y claramente yo tenía que ir a hacer mi numerito.
-Estoy esperando una disculpa -canturreo mi jefe.
-Marco… -dije de forma melosa- Lo siento mucho, de verdad. Se me ha pasado por completo.
-¿Dónde estás Isabella? -me pregunto.
-Pues… estoy en… -intente decir, pero no me salían las palabras.
-Isabella, contesta. ¿Dónde estás? -volvió a preguntar.
-En el hospital -respondí rápida, pero claramente.
-¿Estás bien? -pregunto preocupado.
-Sí, yo sí, pero mi abuela no. Ella no está bien Marco. -dije al borde del llanto.
-Hey, Isabella no te preocupes. Se pondrá bien, ya lo veras. Seguro que es algo sin importancia. Isabella no llores. -intento tranquilizarme. Respire hondo y quite la lágrima que se estaba asomando por mi mejilla.
-Está bien. Estoy bien. Marco, lo siento pero no voy a poder ir. Me da igual si me amenazas con echarme, pero no me puedo ir ahora. Estoy muy preocupada como para preocuparme por…
-Isabella, para Isabella. ¿Cómo te voy a obligar a venir en estas circunstancias? -me corto- Es más, ni siquiera te dejaría venir. Tu familia te necesita y tienes que estar hay para ellos. Ya me ocupare yo de tu turno.
-¿Estás seguro?
-Claro que sí. Por favor Isabella, parece que no me conocieras. Tu solo preocúpate de descansar y en mantener la calma.
-Gracias Marco. Nunca te podre agradecer lo que estás haciendo por mí -dije a punto de llorar. Últimamente estaba muy sensible.
-No es nada. Ahora me tengo que ir que empieza la fiesta. Un beso y tranquilízate. Todo saldrá bien. -se despidió.
-De acuerdo. Adiós y gracias otra vez. -Me despedí para colgar.
Volví a la sala de espera donde estaban todos dormidos apoyados en cualquier sitio que les transmitiera comodidad. Me senté en el mismo sitio de antes y en la misma posición pensé en el sueño que había tenido anteriormente. Normalmente no solía soñar o por lo menos recordarlos. ¿Y si pasaba? ¿Y si la abuela moría? ¿Qué hacía? Ella era con la que todas las noches me podía quitar la pesadez y el cansancio del día. Ella era la mujer que sustituía a mi madre. Una mujer a la que no me gusta recordar. Ella me sacaba esa sonrisa que según ella era tan bonita. Ella era mi ángel.
Y si llegaba a caer el caso de que se muriera, no me iría con ella. Me quedare aquí con Sandra y Bianca y las protegeré con mi vida. Nunca dejare que las hagan daño. Ellas eran lo poco que tenía. No las iba a dejar solas. No voy a dejar que pasen por mismismas desgracias. Ellas van a ser chicas grandes. Ellas van a triunfar. Van a hacer lo que yo nunca pude llegar a hacer. Van a disfrutar de la vida. Lo único que hacía falta era que la abuela no se muriera.
-Tiene la rabia.
-¿Qué? -pregunte girándome a hacia la chica que tenía a mi derecha.
-He dicho que tiene la rabia.
-¿Quién tiene la rabia?
-Mi hermano -respondió cerrando los ojos
¿Pero eso no les pasaba solo a los perros? -pregunte inocentemente. Ella soltó una pequeña risa antes de girarme y abrir sus ojos. A la luz de la luna y con la poca luz del pasillo sus ojos brillaban más que cualquier cosa. Eran hermosos.
-No, no les da solo a los perros. Es más común en ellos, pero los humanos también la podemos adherir.
-¿Y en qué consiste? -volví a preguntar interesada, pero me arrepentí al ver su cara. Su rostro había perdido el poco color que le había transmitido mi pregunta anterior, para convertirse en el color pálido.
-Veras hay 4 fases: la primera consiste en la parte de incubación, que tarda de 60 días a un año, y es asintomática, es decir, no tiene síntomas; la segunda, es la fase prodrómica. Dura entre 2 y 10 días. Tiene síntomas inespecíficos; la tercera. Fase neurológica. Dura entre 2 y 7 días. Suele transmitir hiperactividad, depresión, ansiedad, delirio, sentimientos violentos, ganas de atacar, etcétera; y por último la cuarta fase. La fase del coma, que dura entre 1 y 10 días. Se entra en coma y finalmente se muere por paro cardíaco, o por infecciones secundarias. -Termino con voz seria, pero después cambio su expresión por unas tranquilizadora- Parece que te he dado una clase sobre medicina, pero se necesita estar bien informado, ¿no crees?
-Sí, claro. Nunca se sabe. -le respondí con una sonrisa.- ¿Y en qué fase está tu hermano?
Suspiro. Bajo la mirada para unos segundos después levantarla de nuevo con los ojos rojos para contestar a mí pregunta- En la tercera. -Soltó una notable risa irónica- Dentro de unos días entrara en coma y… morirá.
-Yo… lo siento. No debí haber preguntado. -me disculpe por mi osadía.
-No, no te preocupes. Como dijiste, sienta bien hablar de esto con alguien. -me sonrió.
-Izzy, ¿puedo dormir contigo? Sandra se mueve mucho -pregunto Bianca apareciendo en nuestra conversación.
-Claro, ven. -la monte en mis piernas y la apoye en mi pecho. Era algo que siempre había hecho mi abuela cuando era pequeña y estaba triste. Posaba mi cabeza en su pecho para que me pudiera dormir con los laxantes latidos de su corazón. Era muy relajante.
-Es muy bonita -dijo la chica de ojos grises refiriéndose a Bianca. Tenía que preguntarle su nombre al igual que a la chica de la recepción.
-Ya, lo sé. La quiero con toda mi vida. -conteste con una gran sonrisa mirando como la niña de pelo largo, negro y rizado se dormía.
-¿Es tu hija?
-No -conteste con una pequeña risa- Es mi hermana. Igual que aquella de allí. -señale a Sandra que estaba dormida apoyada en la silla de al lado, usando su chaqueta como almohada.
-Se parecen a ti. -dijo con una sonrisa.
-Supongo, no lo sé.
Estuvimos callados durante unos segundos mirando a la nada. Pensábamos en cosas variables. Las dos sabíamos que la otra aún estaba despierta.
-Saldrás adelante -se volteo hacia mi escuchando lo que le decía- Puede que no puedas hacer nada por tu hermano, pero seguro que no le gustaría que te deprimieras por él. Querría que siguieras adelante.
-Lo sé, y eso es lo que pienso hacer. Pero no puedo hacerlo sola.
-Puede que no nos conozcamos, pero me gustaría que supieras que puedes contar conmigo.
-Me llamo Danielle Smith Salver, pero puedes llamarme Dani. Un placer -se presentó extendiéndome la mano. Sabía lo que quería hacer, quería empezar una amistad.
-Isabella Eleonora Di Salvo Rossi, pero puedes llamarme Isa o Bella el placer es mío -le sonreí seguida de un estrechamiento de manos.
-Me ha encantado conocerte Bella, pero no he descansado bien. Buenas noches.
-Buenas noches, Dani. -me despedí.
Vire mi cabeza hacia delante. Todo el mundo estaba dormido. Envié mi mirada hacia el reloj de la pared. Eran las cuatro y cuarenta y seis de la mañana. Todo estaba en silencio solo había unos pocos enfermeros haciendo guardia por si alguna urgencia.
-Duérmete -manifestó una voz. Tornee mi cabeza hacia el procedimiento de la voz para encontrarme con una Sandra algo dormida.
-No puedo. -le conteste, y era verdad. No podía.
-Cierra los ojos, y piensa en cosas bonitas -dijo mientras cerraba los ojos. Sonreí. Eso era lo que nos decía la abuela cuando teníamos una pesadilla.
Con la sonrisa aun en la cara, cerré los ojos y le hice caso a mi hermana. Segunda noche en el hospital.
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PUES NADA. YA SE QUE HE TARDADO, PERO ESPERO COMPESAROSLO CON ESTO.
UN SALUDO Y MUCHAS GRACIAS POR LAS QUE COMENTARON Y PUSIERON ESTA HISTORIA EN FAVORITOS.
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