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Besos Robados (Jacob y Renesmee) — capítulo 12

POV AUTORA

Hecha un ovillo en su cama estaba Renesmee arropada con sus sabanas color lavanda, sus ojos estaban rojos e hinchados, su cara surcada por lágrimas secas y su cabello rojizo enmarañado. Definitivamente su vida era un asco. No pensaba que le fuera a afectar tanto el haber visto la cara de ese adorable bebé. Pero sí. Ver la cara del hijo de Edward, o el pelirrojo, como ella lo llama la afectó como el infierno. No estaba haciendo las cosas bien, por supuesto que no. Había tenido otra recaída, otra vez había estado comiendo para sentirse mejor y de nuevo se había provocado el vómito. Y así pasó el resto de la semana.

La chica que se levantaba por las mañanas era una sombra de la que de verdad era. Una sombra. Sin vida.

Sus amigos estaban preocupados. Bella seguía en su mundo de fantasía. No había hablado casi con Reneé.

Y ahora era viernes por la noche, se suponía que ya que había entrado el fin de semana saldría de fiesta, a divertirse y más que Bella no estaba en casa, tenía que ir a Nueva York por unos días a algo, que le había hablado entusiasmada en la mañana del jueves antes de que Nessie tuviera que irse al instituto.

Jane le había dejado mensajes. Helen también le había dejado mensajes. Y Rose.

Jane estaba preocupada por Nessie, que en poco tiempo se había convertido en su mejor amiga. Helen echaba de menos a su "zorra" como ella la llama, y Rose, tan intuitiva siempre, sabía que algo raro se estaba cociendo.

Con el cuerpo entumecido Nessie se sentó en la cama, suspiró pasándose una mano por su cabello, que más parecía un nido de pájaros, echó a un lado la sábana y se puso en pie rápidamente. La habitación comenzó a darle vueltas y tuvo que apoyarse en la pared para no caerse. Estaba débil.

Aún con la luz apagada cogió un pantalón de mezclilla, una camiseta cualquiera y unas converses, se recogió el cabello en un moño desordenado y bajó al salón. No sabía lo que estaba haciendo y tampoco le importaba. Cogió una botella de licor que Bella siempre guardaba para momentos especiales, al lado de la televisión estaban las llaves de la camioneta de Bella, que había dejado en la casa.

Con una profunda exhalación se dirigió a la entrada, cruzó la puerta principal y la cerró de una patada. La fría brisa la envolvió y se estremeció ligeramente.

¡Mierda! Debería de haberse puesto una sudadera o algo más de abrigo.

Subió a la destartalada camioneta, puso las llaves en el contacto y rugió a la vida.

Condujo sin rumbo fijo, hasta que treinta minutos después llegó a la playa. La imagen de esta la impresionó y mucho. Ya era pasada la media noche, el agua reflejada la luz de la luna llena y de las muchas estrellas.

-Algún día me encantaría pintar esto.- pensó Nessie mientras se bajaba con la botella en la mano derecha.

¿Qué estaba haciendo? Ni ella misma lo sabía, sólo quería gritar, llorar y emborracharse.

Eso, emborracharse. Mucho. Y la playa a estas horas parecía ser un buen lugar para hacer eso. Había salido de la abrumadora sensación de su casa, casa que la asfixiaba, casa en la que habían estado juntos él y su hermana.

A tropezones llegó a la orilla, sintiendo como el agua que llegaba hasta sus tobillos calara sus zapatillas y le mojara los pies.

Bebió otro trago, el alcohol hizo su recorrido dejando la sensación de fuego en su garganta y sacudió su cabeza por el amargo sabor.

Su rostro bañado en lágrimas, mientras hipaba, y gritaba. Estaba muy alejada, y completamente segura de que nadie la oiría.

Se sentía como si estuviera en un agujero negro, que se la iba tragando poco a poco, dejándola vacía, entumecida y adolorida.

— ¿Por qué?— decía a la nada, mientras volvía a beber. — ¿Por qué?

Desde siempre su vida había estado llena de complejos, inseguridades, decepciones, pero esto… esto superaba todo. Porque aquí era la que se interponía, era la idiota que contemplaba como el amor de su vida… no la quería. Su corazón  se estrujaba cada vez que pensaba en eso.

— ¿Por qué no me quieres a mí?

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Sentado en su cama, con la cabeza entre sus manos, estaba Jacob pensando en su alumna, Renesmee, todo… lo que sea que el sintiera por ella se le estaba yendo de las manos. Cada vez que la veía, todo se revolucionara como si fuera un estúpido adolescente lleno de testosterona. ¡Y mierda si no le empezaba a latir el corazón con fiereza cada vez que veía! Su rizado cabello cobrizo, su piel que estaba seguro que era tan cremosa, y sus ojos… ojos color chocolate... como los de Bella.

¡Sí, Bella! Su novia y la mujer a la que se supone que debería amar… pero no.

— ¿Qué coño estás pensando Jacob?— murmuró. — Bella es la mujer a la que tú has amado toda tu vida…

¿Qué estaba pasando con él? Ni el mismo tenía la respuesta a eso, pero lo que sí sabía era que sentía… algo muy fuerte por la joven. Algoa lo que se negaba a llamarlo amor… Porque no podía ser amor, ¿o sí?

Comenzó a caminar de un lado a otro de su habitación, pasándose las manos por su negro cabello. Escuchó como tocaban a la puerta.

—Pasa. — concedió el pelinegro.

La puerta se abrió completamente y entró Billy lanzándole una mirada inquisitiva.

— ¿Qué sucede papá?— preguntó Jacob.

— Desde hace unos días te encuentro… extraño. — Le dijo el hombre. — Estás absorto en tus pensamientos, no hablas casi, y tus ojos tienen ese extraño brillo, puedo decir sin temor a equivocarme que es mal de amores. — Medio adivinó. — ¿Es por Bella?

— Es complicado. — respondió Jacob cerrándose herméticamente.

— Está bien hijo, sólo te quiero contar una historia. —dijo Billy. — Mi historia y la de Sarah, puede que te haga ver las cosas más claras. Sean cuales sean tus problemas en este ámbito.

Jacob nunca supo de la historia de sus padres. Desde que su madre murió en casa casi no se hablaban del asunto. Después el se marchó y no hubo oportunidad.

El silencio por parte de Jacob le dio carta blanca a su padre para comenzar la historia. — Antes de conocer a tu madre, yo tuve otra novia, ella se llamaba Kelly, una mujer hermosa, de cabellos dorados que parecían que estaban bañados por el sol, ojos azules como el cielo, y piel tan blanca como la nieve. La quería mucho, siempre intentaba pasar tiempo con ella. —Sonrió al recordar. — Pero entonces conocí a Sarah, que era lo opuesto a ella, en cuánto a belleza se refiere, ella con su cabello negro como la noche, sus ojos oscuros, exóticas facciones y piel dorada. En cuánto la vi supe que era para mí… pero también era la mejor amiga de Kelly, mi novia por aquellos tiempos.

Jacob contuvo la respiración, su padre vivió algo parecido a lo que él, y eso lo reconfortaba de un modo u otro.

— Te imaginarás la situación, yo saliendo con su mejor amiga. Me sentía como un bastardo cada vez que la miraba o pensaba en ella, pero peor me sentía cuando me evadía y veía en su mirada que me quería.

— ¿Entonces qué hiciste?— preguntó el moreno.

— Supe que esa situación no podía seguir así, me armé de valor y le confesé a Kelly mis sentimientos. No podía seguirla engañando, ni a ella, ni a mí. Esa relación nos destruía a los dos, porque yo no podía estar con ella cuando mi corazón estaba con Sarah. Hubo un tiempo en que lo pasamos realmente mal a todos, pero al final Kelly lo comprendió y yo pude abrir mis sentimientos a Sarah, y el resto de la historia ya lo sabes.

Jacob estaba en shock, su boca se abría y se cerraba. La comprensión cruzando su rostro. Su padre había tenido el coraje de luchar por la mujer que amaba. Y él era un maldito bastardo cobarde por no darse cuenta de sus verdaderos sentimientos.

Billy dejó a Jacob a solas para reflexionar sobre la historia que le había contado, estaba seguro que su historia ayudaría a su hijo a ver las cosas más claras.

Jacob decidió salir a caminar un rato por la playa, eso le haría bien. Poner sus pensamientos en orden. Se veía como una genial idea después de todo.

La noche era estrellada y era luna llena. Simplemente hermosa, por su mente cruzó el rostro de Renesmee, en esta semana había estado apagada, como si las ganas de vivir se hubieran drenado fuera de ella.

Y como el infierno si eso no tenía a Jacob preocupado, le dolía hasta el alma cuando la veía así.

Todo dentro de él gritaba porque fuera a buscarla, pero su cabeza le recordaba una y mil veces quién era a quien tenía que amar. Joder, esta situación lo estaba matando.

Porque cada vez que la veía en clase quería abrazarla, levantarla, tumbarla en su escritorio y hacerle el amor de todas las formas posibles.

— Estás desquiciado. —Murmuró a la nada mientras seguía caminando.

A lo lejos, contempló una sombra que caminaba en dirección opuesta, que a mitad de camino se detuvo y se sentó sobre la arena.

La curiosidad ganó y se acercó para ver quién era lentamente, mientras se fue aproximando, cabello rojizos captaron su atención. Tenía las rodillas abrazadas contra su pecho y su cara estaba oculta entre todo su pelo que caía en mechones rizados por todos lados.

-¿Renesmee?- pensó mientras más se acercaba.

— ¿Por qué no me quieres a mí?— hipó la muchacha.

Definitivamente era ella, su voz era inconfundible, aunque estaba con un ligero toque, estaba ebria.

El hecho de que estaba borracha, cabreó a Jacob, ¿Por qué diablos tenía que exponerse así? ¿Emborracharse en mitad de la nada?

Pero por otro lado el hecho de verla tan vulnerable por lo que sabía que era su culpa, le hacía sentir como un maldito hijo de puta. Quería golpearse hasta la muerte por ser tan cobarde.

— Te equivocas. — dijo las palabras antes de que pudieran salir de su boca. Y eso que se suponía que la que estaba ebria era ella.

Al escuchar eso Renesmee se levantó con tal rapidez que en su estado embriaguez resultó fatal, puesto que todo comenzó a dar vueltas y se tambaleó, gracias a los reflejos de Jacob evitó estamparse contra el suelo.

Renesmee miró a los ojos negros del moreno perpleja y muy confundida. Puede que todo eso fuera producto de su desquiciada cabeza, pero se sentía tan malditamente real, que no quería que se acabara. El estar entre sus brazos.

— ¿En qué me equivoco?— preguntó con voz entrecortada y ojos llorosos.

— Seguro que te equivocas, porque si no esa persona tiene que ser un jodido bastardo idiota para no quererte. — Habló en un susurro mirándola a los ojos. — Definitivamente tiene que ser un jodido idiota.

Renesmee lo abrazó como si fuera lo único que la pudiera mantener con vida.

— ¿Entonces por qué no me quieres?— murmuró contra su pecho.

Jacob sintió como todo en él se contraía ante la pregunta de la joven, y otra vez sin pensarlo habló de nuevo: — Te equivocas otra vez Renesmee.

Ella se apartó bruscamente de él cuando dijo eso, en sus ojos vio un matiz diferente, un matiz de necesidad, de deseo reprimido.

— Jacob, yo…— entonces volvió a tropezar con la realidad, su hermana, lo que representaba él en su vida… todo. — Yo… lo siento tanto.

Y echó a correr lo más rápido que le daban sus piernas, sus pulmones ardían y el alcohol estaba haciendo estragos en su sistema, pero aún así corrió para alejarse de él.

Jacob vio como Renesmee se alejaba de él, y a cada paso que ella daba era como una cuchilla que se hundía dentro de él, y jodidamente equivocada estaba si pensaba que la iba a dejar ir así.

Cuando sintió que sus piernas no podían moverse un milímetro más se dejó caer en la arena, sabía que la estaba siguiendo. Comenzó a llorar más fuerte todavía. Él se dejó caer a su lado. Y la abrazó con fuerza.

Ella se intentaba zafar de su abrazo pero él era más fuerte, y Renesmee comenzó a dar suaves puñetazos al pecho de él para apartarlo, pero solo consiguió que él se pegara más a ella.

— ¡Suéltame Jacob!— gritó la muchacha. — ¿No ves que me quema? ¿Qué cada vez que me tocas me quemas?

— Renesmee…

— Cada vez que me miras me siento morir un poco más, que cada vez que me hablas es como si me rajaras el corazón, cada vez que me tocas es como si me echaras gasolina y me prendieras fuego. Y cuándo no lo haces lo único que pido es que lo hagas, y me siento por eso como una maldita bastarda.

— ¿Y tú no ves que me mata el verte así y saber que es mi culpa? ¿Qué me siento como un maldito cobarde por no confesar lo que siento? ¿Y qué me mata tocar a tu hermana y acostarme con ella cuando pienso en ti?

La confesión de Jacob la dejó helada, él sentía algo por ella, sin decir las palabras lo había confesado pero ella no se iba a dar por vencida, quería que salieran de su boca.

— ¿Y qué sientes exactamente por mí, Jacob?

— Nunca he sido bueno con las palabras Nessie. —Llevó las manos a su pecho, apuntando su corazón. — Pero cada vez que te veo mi mundo se pone del revés y esto, comienza a latir con tanta fuerza que tengo miedo que me haga una perforación en el tórax. Y aunque mi cabeza me grita que soy un jodido desquiciado, siento que me muero si no te miro, si no inhalo un poco de tu suave olor a fresas y estos días en los que te he visto apagada sentía que me moría.

Renesmee lo miró con los ojos brillando con lágrimas a punto de derramar.

— Te amo, Jacob. — comenzó a llorar. — Te amo desde el primer momento en que te vi.

Jacob no pudo aguantar más y atacó los labios de ella con los suyos. Sentía como el alma le regresaba al cuerpo. La amaba, siempre lo hizo pero estuvo lo suficiente ciego para no darse cuenta de ello. Y ahora que probaba como se volvían a sentir sus labios, no quería que eso acabara nunca. Renesmee se pegó más a él, sus labios casi moviéndose frenéticamente. Una lucha por el poder, ya habían dejado a un lado la dulzura y delicadeza y habían pasado a la pasión y a la necesidad.

Estaban los dos de rodillas besándose, solo con la arena, la playa, las estrellas y la luna de testigo de la confesión de su amor. Se habían abierto mutuamente, sus sentimientos y su corazón.

Se fueron levantando de la arena, Nessie estaba tiritando, la noche estaba empezando a tornarse aún más fría y cuando Jacob se dio cuenta la abrazó dándole calor y juntos se fueron a la camioneta de la chica.

Después de unos minutos, ninguno habló, el silencio reinaba, pero no era un silencio incómodo, era un silencio reconfortante, y sabían que por ahora lo único que necesitaba reinar entre ellos eran los sentimientos.

— Pásame las llaves, no puedo dejar que conduzcas después de haber bebido. — dijo Jacob con una sonrisa.

— Te aseguro que no estoy borracha. —sonrió Nessie. — Al menos ya no.

— De todas formas, me quedaría más tranquilo…

— Está bien. — dijo Renesmee cortándolo, no necesitaba convencerla. Ella quería tenerlo cerca.

Mientras conducía para la casa de ella Jacob agarró su mano, y mantuvieron sus dedos entrelazos. No sabía lo que le depararía el futuro, pero quería vivir su presente, y vivirlo junto a Ness.

Se detuvo en frente de la casa y apagó el motor, se bajó del vehículo y llego a grandes zancadas para abrirle la puerta a Renesmee. Cuando lo hizo ella le sonrió abiertamente.

— Bueno, yo creo que ya es hora…— murmuró nerviosamente mientras pasaba una mano por su cabello.

— No, Jacob, quédate. —Le pidió la cobriza con una tímida sonrisa. — Quédate conmigo.

Él no se pudo negar y con sus manos entrelazadas entraron a la casa, cuando cruzaron el umbral de la puerta comenzaron a besarse.

— Me podría volver un adicto a tus besos. — murmuró el moreno capturando con su boca el labio inferior de la chica causando que ella soltara un gemido.

Ella pasó sus manos alrededor de su cuello y enroscó sus piernas en las caderas de él, mientras él la guiaba en sus brazos a su habitación.

Cuando llegó la dejó suavemente en su cama y comenzó a besarla. Lentamente se fue quitando su camiseta, dejando expuesto su abdomen bien marcado, y Renesmee fue trazando con sus manos cada uno de los músculos de él, excitándolo aún más.

Ella sentía la dureza de la entrepierna de él bajo sus pantalones vaqueros presionando su centro, y Jacob subió la camiseta y la ayudó a quitársela dejando expuesto su vientre plano y sus pechos firmes aún cubiertos por el sujetador. Comenzó a besarla lentamente, desde su boca hasta su bajo vientre, deteniéndose en sus pantalones, mientras ella comenzaba a bajarle a él los suyos.

Pronto los dos estuvieron en ropa interior, y Renesmee estaba más convencida que nunca del paso que iba a dar, entre besos y suaves gemidos el sujetador de ella desapareció dejando libres sus cremosos pechos que él saboreó como si su vida dependiera de ello.

— ¿Estás segura de esto?

— Nunca he estado más segura de nada en mi vida.

Y con eso, se fundieron en uno solo, con suaves estocadas, jadeos y gemidos. Él pasado no importaba, el futuro tampoco, lo único verdaderamente importante era el presente.

Ya tendrían tiempo de enfrentarse al mundo, pero esa noche al menos se pertenecían.


Awww!!! Espero que les guste este capitulo tanto como yo amé escribirlo!!!! Y dejen sus comentarios!!!!

Nueva historia!!!!

Mi maravilloso desastre: 

Echad un vistazo no os arrepentireis!!!