"Los mellizos Potter" — capítulo 11
Capítulo 11:
"Estación King Cross y una carta"
Cada vez faltaba poco para que el 1 de Septiembre llegase. Los nervios de ambos Potter aumentaba con cada día que pasaba.
Tabatha, se encontraba en su habitación, había comenzado a preparar todo para el gran día.
-Creo que voy a extrañar un poco vivir aquí, los regaños de la tía Petunia, los berrinches de Dudley, y los enojos del tío Vernon.- su lechuza parda la observaba mientras ella le hablaba.
-Pero al fin y al cabo solo será un año que estaremos fuera, para las vacaciones volveremos y todo será como antes.- la lechuza bramaba suavemente.
-Phoebe, estos últimos días fueron grandiosos con tu compañía y la de Hegwin.- se acerco a la jaula de su mascota y le acaricio algunas plumas de la cabeza.
-No sé como haces para jugar con una cosa como esa.- dijo la detestable voz de su primo desde el marco de su puerta.
-¿No te enseñaron a tocar, Dudley?-
-¿Por qué debería hacerlo? Es mi casa después de todo, bicho.- ante lo último, Tabatha comenzó a enojarse.
-¿Sabes? No quiero tener que pelear contigo, ahora si me permites debo seguir guardando mis cosas.- sin esperar respuesta alguna, empujo a su primo y le cerró la puerta en la cara.
-Retiro lo dicho, no voy a extrañar nada de aquí.- su lechuza la miraba como si la entendiese.
-¿Tab? ¿Estás?- pregunto la voz de su hermano desde afuera.
Abrió lentamente la puerta y observo a su hermana con la mirada fija en un punto de la calle.
-¿Cómo crees que hubiese sido nuestras vidas con mamá y papá?- Harry soltó un suspiro y abrazo a su hermana por la espalda.
-Sin duda mejor que está.- Tabatha se dio vuelta para ver a la cara a Harry, acaricio su mejilla y contemplo esos hermosos ojos esmeraldas que reflejaban una tranquilidad que nadie podía llegar a entregarle.
-Me hubiese gustado poder haber vivido con ellos.- cerró los ojos y dejo que su imaginación viajase y tratase de volver a ver el rostro de su madre o de su padre.
-¡BAJEN A CENAR!- ordeno Petunia desde la sala.
-¿Vienes?- ella se vio obligada a abrir los ojos y deshacerse de sueño.
-No tengo hambre, ve tu.- Harry le sonrió y antes de salir abrazo a su hermana como si fuese su último abrazo que se darían en toda su vida.
-¿Sabes que te quiero, verdad?- ella sonrío y beso la mejilla del chico.
-¿Y no hace falta que yo diga lo mismo?- Harry se sonrojo y dejo a su hermana en su habitación.
El tiempo paso, y Tabatha miraba con mucho interés el techo de su habitación. Phoebe, dormitaba en su pequeña jaula, el reloj de pared era lo único que se escuchaba. Era la cuarta vez que Tabatha suspiraba.
-No puede ser tan difícil imaginar el rostro de una mujer igual a mí.- se repetía una y otra vez.
-Vamos, Tab concéntrate y lo conseguirás.- cerró los ojos y trato de imaginar a la mujer de la cual se sacrifico para salvarlos. Lo estaba consiguiendo, pero la puerta de su habitación se abrió, la luz del pasillo casi la deja ciega.
-¿Estás bien?- pregunto la seca voz de su tía.
-Si, gracias.- contesto de la misma forma.
-¿Sigues pensando en lo que te contaron acerca de tus padres?- a Tabatha le sorprendió que le hablase con tanto cariño.
-Es difícil, después de 10 años enterarte que tus padres son magos y que fueron asesinados.-
-Solo quiero que entiendas que lo hicimos por su bien.-sin decir más dejo la habitación.
Los días seguían pasando, y cada vez faltaba poco para poder ir a Hogwarts. Tanto Harry como ella, ya tenían todo listo para dentro de un par de horas poder ir a tomar el tren que los llevaría a su destino.
-¿Tío Vernon?- pregunto Harry algo nervioso.
-¿Sí?- contesto en un gruñido.
-¿Queríamos saber si podrías mañana llevarnos a la Estación King Cross?- pregunto Tabatha.
-Claro.- respondió tranquilo hundiendo su rostro en su diario.
-Debemos estar antes de las 11:00 en el andén 9 3/4.- comento Harry con una sonrisa.
-¿El andén 9 3/4? Por favor ese andén no existe.- rió Vernon
Ambos niños tuvieron que volver a sus habitaciones, sería imposible discutirle sin que terminen peleando.
Tabatha, después de revisar que Harry se haya dormido, camino lentamente por el pasillo mientras aquella voz con la que soñaba.
"Tranquila cariño, ahora estoy yo", esa frase se repetía una y otra vez en su mente.
-¿Quién está ahora conmigo?-pregunto al aire.
-Tal vez sea la voz de mi papá, pero es imposible eso me lo dijeron después de…- no quiso seguir hablando de eso y se metió en su habitación.
-¿Quién será, Phoebe?- su lechuza al no entender solo le acaricio la mejilla con su pico.
-Sera mejor que descanse, mañana es el gran día.- tapo la jaula y se cambio para poder ir a dormir.
-Buenas noches, mamá y papá, los amo.-
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A la mañana siguiente, los finos rayos de sol hacían que los ojos de la pequeña le piquen por lo que tanto haciendo levantase. Estaba nerviosa, faltaban nada más y nada más que tres horas para poder dejar la casa de sus tíos y poder vivir junto Harry, el mundo exterior.
-Al fin llego el momento, Phoebe.- dejo caer la manta que tapaba a la lechuza y le dio de comer.
-Aún parece que fuera ayer, cuando Hagrid nos dijo que éramos magos.- tomo algo de ropa del armario y entro a bañarse.
Noto que la puerta se abrió, se apuro a terminar y ver quien había entrado.
-¿Tab?- era Harry.
-¿Falta mucho?- pregunto apenas asomándose por la puerta.
-Ya salgo.- se envolvió en unas toallas y dejo que su hermano pasase a la ducha. Tomo la ropa que estaba sobre la cama y comenzó a cambiarse (), tomo un peine y comenzó a desenredarse su rojizo cabello. Noto que unos pequeños rizos se le formaban.
Al bajar a la cocina, vio como Dudley la miraba de una forma un tanto rara, acostumbrada no le dio mucha importancia y siguió caminando.
-Buenos días.- saludo a sus tíos y comenzó a preparar el desayuno. Ninguno le contesto, solo se limitaron a verla y a seguir con lo que hacían. A los pocos minutos, Harry se sentó al lado de su hermana y le sonrío.
-¿Tienen todo listo?- pregunto amargamente Vernon.
-Si.- contestaron ambos mellizos.
Después de volver a revisar que nada le faltase, Tabatha soltó un suspiro y se apoyo en el armario de su habitación. Cerró los ojos una vez más tratando de imaginarse a su madre, pero otra vez fue interrumpida "Acaso nadie quiere que vea a mi mamá" se decía a si misma mientras abría la puerta.
-Solo venía a ver sin necesitabas algo.- su tía miro de reojo las pertenencias de la niña y comenzó a mover las manos como si tuviera que decir algo.
-Antes de que te vayas, quería darte algo.- del bolsillo de su blusa saco un sobre algo amarillento, con un sello rojo y con una L en el.
-¿Qué es esto?- tomo el sobre con las manos temblorosas y no se amino a abrirlo.
-Tú madre me lo dio antes de que nacieran, te sugiero que lo abras cuando estés sola.- sin decir nada más se fue.
Se acercaba la hora y los nervios de ambos mellizos, aumentaba con cada minuto que pasaba.
-¿Tienen todo listo?- pregunto nuevamente Vernon, los niños solo asintieron y se sentaron en los asientos traseros.
Ninguno hablaba, solo se limitaban a hacer pequeños ruidos, toser un poco, aclararse la garganta, algún que otro estornudo y demás.
A los pocos minutos de viaje, un gran edificio se impuso ante ellos, gente que entraba y salían hacia que el lugar sea muy transitado. Vernon los ayudo a bajar sus cosas.
-Ahora busquen su andén.- dijo antes de irse con una sonora carcajada.
Los dos se miraron y se adentraron a la estación.
-Increíble.- dijeron los a la vez.
-¿Lista?- pregunto el azabache tomando la mano de su hermana.
-Eso ni se pregunta.-