Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← "Los mellizos Potter" · de

"Los mellizos Potter" — capítulo 3

Capítulo 3:

"Sueños de castillos, motos y túnicas"

Durante el camino de regreso a Privet Drive, ninguno de los que estaban en el auto dijo nada. Vernon miraba con odio a sus sobrinos por el espejo retrovisor.

El problema se agravio cuando llegaron a la casa, tanto Tabatha como Harry querían correr y esconderse en su alacena, pero la ancha mano de su tío lo impidió.

-Ustedes, ya bastantes problemas no han causado, una más y saben lo que les espera. Hoy se quedan sin cenar.- apretó algo fuerte los hombros de ambos y los dejo ir.

A la noche, los dos estaban encerrados mirando el techo desde sus catres, el olor a comida que venía desde la cocina, hacía que el estomago de ambos rugiera de hambre.

-No pueden hacharnos la culpa de todo lo que pasa con Dudley.- dijo Harry.

-Tienes razón, pero hay algo que no entiendo, ¿Cómo se rompió el vidrio sin quebrarse y sin que lo golpeen?- el azabache se encogió de hombros.

-Eso me pareció raro a mí también, fue como…-

-Mágico.- termino ella.

Las horas fueron pasando, y en la sala ya el ruido no se escuchaba.

-Se fueron a dormir.- murmuro Tabatha.

Esa noche se irían a acostar tarde, debido a que Dudley  luciría con su uniforme nuevo para la escuela secundaria.

 Aprovecharon que nadie los estaba mirando y salieron de su alacena. Al abrir la heladera, encontraron algo que quedo de la torta de cumpleaños de Dudley, también encontraron diferentes bocadillos salados.

Mientras Harry preparaba la mesa, Tabatha se encargaba de servir lo que encontraban. Una vez que estuvo listo, ambos se sentaron y comenzaron a cenar.

-La otra vez tuve un sueño bastante raro.- su hermana lo miro con una ceja levantada.

-¿Qué soñaste?- le dio  un sorbo al jugo que estaba en su vaso y volvió a mirar a su hermano.

-Soñé con una moto…-

-¿Qué tiene de raro?- pregunto tragando un pedazo de pizza.

-Déjame terminar de hablar y veras lo raro.- ella asintió y él volvió a hablar.

-Soñé que esta moto era… era mágica, que volaba y alcanzaba las nubes, mirabas para abajo y la calle se perdía, podías disfrutar del azul del cielo y la brisa que apenas te despeinaba, luego descendía y nos dejaba aquí.- ella miraba como describía aquel mágico sueño.

-Yo también he tenido sueños raros, siempre sueño que una voz me dice "Tranquila cariño, ahora estoy yo…"  y luego besa mi mejilla, sueño con un enorme castillo donde solo asisten magos, pero también estamos nosotros vestidos con elegantes túnicas negras y la insignias de la escuela y este es el más raro y el más triste, sueño que estamos en una humilde casa, en una sala iluminada por una enorme chimenea, junto a nosotros están ellos sonriéndonos y hablándonos.  No dudo y me abrazo  a mamá, ella me corresponde el abrazo, siento que estoy viviéndolo de verdad, pero siempre hay una luz verde y una risa malvada que hace que el sueño se acabe.- las lágrimas brotaron de los ojos color avellana, que con las lágrimas se tornaban a un verde agua.

-Sabemos que ellos siempre estarán con nosotros aunque no nos los veamos.- abrazo a su hermana mientras le acariciaba la espalda.

Detrás de la puerta de la cocina, Petunia  escondía  una gran tristeza al escuchar a su sobrina hablar de su hermana, se arrepintió de haber bajado y escuchado los sueños que a ella le parecían ridículos.

A la mañana siguiente, Tabatha desayunaba un gran tazón de cereales mientras su tía detrás preparaba el resto del desayuno, nadie se había levantado a excepción de ellas dos.

-¿Extrañas a tu madre?- pregunto Petunia, tomando por sorpresa a la niña.

-Si.- murmuro dejando la cuchara en el tazón.

-Debió haber sido duro, haber estado en ese accidente.- Tabatha tenía la mirada gacha.

-Se que debo ser fuerte por ellos y por Harry.- no pudieron seguir hablando debido a que el resto comenzó a despertarse.

-Buenos días caramelito.- dejo en la mesa un plato con tostadas y mermelada, mientras besaba la mejilla de su hijo.

Harry se sentó a lado de la silla de su hermana.

-Buen día, Tabit.- ambos se sonrieron y desayunaron.

El tacto de las cartas caer en el felpudo de la entrada alerto a todos.

-Dudley, ve por las cartas.- ordeno Vernon.

-Que vaya Harry.-

-Harry, ver por las cartas.- volvió a ordenar.

-Que vaya Dudley.-

-Dudley, golpéalo con tu bastón.-

-Mejor voy yo.- Tabatha se levanto y fue hasta la entrada donde había un pequeña montaña de cartas.

Reviso una por una, dos eran facturas, una era una postal de la tía Marge y dos llamaron su atención.

"Sr.  Harry James Potter.

Debajo de la**Alacena

Privet Drive, casa nº 4

Little Whinging

Surrey"

"Srita. Tabatha Lilian Potter.

Debajo de la**Alacena

Privet Drive, casa nº 4

Little Whinging

Surrey"**"

La niña guardo en su bolsillo ambas cartas y volvió a la cocina. Una vez terminado el desayuno, ambos Potter se fueron a su alacena como de costumbre.

-¿A que no sabes que encontré?- Harry no entendía.

-Trajeron dos cartas para nosotros.- saco de su bolsillos los sobre y le dio el que tenía el nombre de su hermano.

-¿Una carta? ¿Para nosotros?- el igual que su hermana no entendía quien podía haberles escrito una carta.

Cuando se dispusieron a abrirlas, la puerta de sus cuarto se abrió dejando ver la "figura" de su primo.

-¿Qué hacen?- se acerco a Harry  que estaba parado con el sobre en la mano.

-Nada que te importe, vete.-

-Es mi casa y hago lo que se me dé la gana.-sin pensarlo dos veces le arrebato la carta a Harry y corrió hasta la cocina donde estaban Vernon y Petunia.

-¡PAPÁ! ¡MAMÁ! Harry y Tabatha recibieron correo.- grito agitando el sobre.

-Devuélveme eso, Dudley.- Vernon le arrebato el sobre a su hijo y lo abrió.

Los ojos del hombre, parecían querer salir de su rostro, las palabras no le salían al ver la caligrafía y de donde provenía esa carta.

-Pe- Petunia.- logro articular luego de varios tartamudeos.

-Ha llegado.- su esposa dejo caer un plato y se acerco agitada al lado de su marido.

-¿Qué ha llegado?  ¡Déjenme ver!- ambos hacían caso omiso a los berrinches de su hijo.

-Salgan los tres.- dijo en un tono calmado.

-¡NO! Yo quiero ver quien les escribe a dos huérfanos.- golpeo la mano de su padre tratando de sacarle la carta, pero nada.

-¡FUERA! ¡AHORA!- grito el hombre poniéndose colorado de rabia.

Los tres niños salieron asustados de la cocina. Al cerrarse la puerta, los tres peleaban por el lugar para ver por la cerradura. Cuando Dudley y Harry empezaron a empujarse, Tabatha tomo el lugar y comenzó a espiar.

-Vernon, saben donde duerme, ¿Nos estarán espiando?- la mujer sin duda estaba asustada.

-Espiando, siguiendo. Están en todas partes.- Vernon comenzó a caminar por toda la cocina de los nervios.

-Mejor le contestemos, y les explicamos que queremos.- el hombre paró en seco y miro a su esposa.

-No vamos a contestarles, no haremos nada.- la niña jamás vio tan nerviosos a sus tíos.

Estuvieron un rato largo discutiendo. Mientras que detrás de la puerta, solo Harry y Dudley escuchaban, Tabatha por otro lado estaba sentada en uno de los sillones disfrutando de la compañía de uno de los libros que tenía Petunia en su estantería.

-Harry, por favor han estado casi dos horas escuchando.- al ver que su hermano no le hacía caso, dejo el libro donde estaba y salió a sentarse en la puerta de la casa.

¿Qué tendrán esas cartas que no quieren que no enteremos?

¿Por qué tanto problema con unas simples cartas?

¿Cómo es que saben acerca de nosotros?

Estas eran preguntas que se estuvo planteando mientras miraba la calle, sus ojos avellana se posaron en un gato que estaba parado en la pared que estaba cerca de ella. El animal parecía no moverse, iba a levantarse para ir a tocarlo pero…

-¡TABATHA!-