"Los mellizos Potter" — capítulo 38
Capítulo 15:
"Inocentes, hasta que se demuestre lo contrario."
Luego de que Filch, observase el estado de su gata, trato de estrangular a Harry con sus propias manos, lo hubiese hecho si Dumbledore, no hubiera aparecido en ese momento.
-¡Argus!- dijo Albus Dumbledore que había llegado al lugar acompañado de los profesores del colegio pero se detuvo en seco al ver la escena.
- ¡Vaya todos inmediatamente a sus dormitorios!- se sentía como los prefecto de las casas, ordenaban a los alumnos que los siguieran. Los mellizos, Ron y Hermione, dieron media vuelta para irse con Percy, pero…
-Todos excepto ustedes- dijo señalándolos con el dedo. Tabatha, trago en seco y se comenzó a impacientar.
-Asesinaron a mi gata quiero que el responsable pague por ello.-protesto, Filch, señalando al animal.
El director, se acercó al porta antorcha, y con su varita, dio leves golpecitos con su varita. Luego de revisarla bien, se dio vuelta para mirar al resto.
-No está muerta Argus, solo la han petrificado, pero como lo han hecho, no lo sé- dijo con calma.
-Ya lo decía yo.-comentó Lockhart, haciéndose el entendido.
-¡Ellos lo hicieron, fueron ellos quienes lo hicieron!- dijo Filch con rabia, señalando a los mellizos.
-¡Nosotros, no hicimos nada!-protesto la pelirroja.
-No creo, es magia oscura muy avanzada para estudiante de segundo año.-volvió a decir el director, calmando la tensión.
-Si me permite opinar, señor director- Severus, dio un paso quedando al lado de Dumbledore.- Creo que los cuatro estaban el lugar equivocado, en el momento menos oportuno. Sin embargo no recuerdo haberlos visto en el gran comedor durante el banquete.-Tabatha, volvió a tragar en seco, mientras miraba fijamente al profesor de Pociones.
-Teníamos un motivo para no estar presentes en el comedor.-comenzó a decir la pelirroja.-Desde que tengo memoria, el día de Halloween, no es mi festividad favorita, por ciertos motivos que ustedes deben entender. Es por eso que al llegar al comedor, no me sentía bien y les pedí a Ron y Hermione, que me acompañasen a buscar a Harry.-miro a sus amigos, para que le siguieran la corriente.
-Y cuando lo encontramos, nos dirigíamos a…- estaba diciendo Hermione, devolviendo la mirada a la pelirroja, no sabía si era correcto decirle lo de la voz o no.
-Si señorita Granger- pregunto fríamente Snape
-Nos dirigíamos a la sala común- termino Harry, terminando con la mentira.
-¿Sin cenar?- volvió a cuestionar, Snape, mirando desconfiadamente a los cuatro.
-No teníamos hambre- respondió rápidamente Ron- Así que subimos y vimos a la gata ahí colgada.-los otros tres, asentían rogando que les creyeran.
Snape, buscaba la mirada de Dumbledore.
-Inocente hasta probar lo contrario- dijo el Director calmadamente
-¿Qué pasara con la Sra. Norris?- pregunto de repente Filch con la voz casi quebrada.
-Podremos curarla, tengo entendido que Madame Sprout tiene algunas mandrágoras y en cuanto estén maduras podremos preparar una poción para despetrificar a la Sra. Norris - la profesora de Herbologia, hizo una pequeña reverencia mientras asentía.
-Les recomiendo extrema precaución a todos- dijo de súbito Dumbledore- ahora vayan todos a la cama.- los cuatro, sin dudarlo, comenzaron a correr hacía la torre de Gryffindor.
Se encontraban muy callados, mientras subían las escaleras.
-¿Creen que debí decirle a Dumbledore lo de las voces? - pregunto Harry, preocupando a sus amigos.
-No- dijo Tabatha rápidamente.
-Harry escuchar voces que solo tu escuchas no es buna señal, ni siquiera en nuestro mundo - sentencio Hermione.
-Ella tiene razón.-comentó un cuadro, al lado de los mellizos.
Al llegar, los cuatro se despidieron y cada uno subió a su habitación. Las chicas estaban muy calladas, por lo que no tardaron mucho en dormirse.
La pelirroja, tardo bastante, ya que lo que había pasado hacía un rato, la preocupaba y no la dejaba dormir.
Sin que sus compañeras de cuarto se enteraran, bajo a la sala común. Era tarde, por lo que no había nadie, y sería perfecto para estar sola. Pero se sorprendió al ver que no lo estaba.
-¿Harry?-preguntó cuando llego al último escalón.
-Hola.-contesto sin mucho ánimo, el otro mellizo.
-Veo que tú tampoco puedes dormir.-la pelirroja, sonrió y se sentó junto a su hermano.
-No, necesitaba despejarme un poco y pensé en bajar.-los dos se quedaron en silencio mirando el fuego.
-Te llegaron dos cartas, una de un chico de Hufflepuff y otra no tiene nombre.- dijo repentinamente Harry, entregando dos sobres a su sonrojada hermana.
-Algún día tendremos una charla tú y yo, pero por ahora, me voy a dormir.-el azabache, beso la mejilla de la pelirroja, y subió a su cuarto. Tabatha, se aseguró de que no haya nadie, antes de empezar a leer.
Sonrió al ver la caligrafía de Cedric.
"Amor, me quede algo preocupado con lo que paso después de la cena, ¿estás bien? Espero que lo estés, nos vemos mañana en los recreos.
Te amo, Cedric Diggory."
Volvió a sonreír y se guardó en el bolsillo de su pijama, la carta. Cuando toco el turno de la otra, se sorprendió un poco, jamás había visto esa caligrafía en su vida. Le parecía rara y nueva. Sin pensarlo, rasgo el sello y se dispuso a leer.
"Para Tabatha Lilian Potter Evans:
Tal vez no sepas quien soy, ni de dónde te conozco, pero déjame decirte que te conozco desde que eras una pequeña bebe. Conocí a tus padres, ambles y honradas, personas, las mejores que pude haber conocido en mi vida. Pero ese no es el punto, a lo que me refiero es que hace unos meses fue tu cumpleaños y no he podido decírtelo. No todos los días se cumplen 12 años, y déjame decirte que estás creciendo muy rápido, me gustaría que podamos vernos y hablar en persona ,algún día nos conoceremos y me tomare el tiempo para explicarte toda la historia de tu origen y el de Harry. Espero que estés pasando un buen año en Hogwarts, me entere de que están en Gryffindor, la casa donde tus padres se conocieron.
Espero no haberte asustado al recibir esta carta, pero era necesario que lo haga.
Hasta pronto, Lunática."
Tabatha, re leía la carta una y otra vez, trataba de encontrar alguna pista de quien podría ser esa persona. Se preguntaba cómo es que la conocía tanto.
-¿Lunática? ¿Quién serás, misterioso señor?- se dio por vencida y guardo la carta. Miro por última vez la chimenea y subió a su habitación, ya tendría tiempo para averiguar quién se la envió.
Al llegar a su habitación, se aseguró de que sus compañeras durmieran y se metió en la cama. Se quedó un rato mirando por la ventana, viendo como el viento golpeaba el vidrió.
Pronto logro conciliar el sueño y olvidarse de la carta por un momento.
-Despierta, cariño.-decía una voz desde el costado de la cama de Tabatha.
-Estás grande, mi niña.-la dueña de aquella voz, le acarició la mejilla.
-¿Mamá?-la mujer sonreía y asentía.
-Así es, mi niña. Prometí jamás dejarlos y voy a cumplirlo, con tu padre estamos orgullosos de ustedes, son nuestro mayor logro.-decía Lily, sonriéndole a su hija.
-¿Los veré algún día?-la pelirroja, asintió con una sonrisa.
-¿Mamá?-preguntó Tabatha, despertando.
-¿Ocurre algo?-le dijo Lavander desde su cama.
-No, no, no ocurre nada.-la pelirroja, se volvió a acomodar para seguir durmiendo, pero lo que más deseaba era volver a soñar con ella.