"Los mellizos Potter" — capítulo 90
Capítulo
"El traslador"
-¿Y de qué se trataba el sueño?-preguntó Tabatha, mientras se cepillaba los dientes junto a su hermano.
-Era…era sobre un cementerio.-respondió el mellizo.- No, más bien era sobre una gran mansión.-se auto corrigió, frunciendo el ceño.- Había un hombre mayor…se encontraba Colagusano, otro hombre y…una enorme serpiente y…estaba…-
-¿Voldemort?-susurró la pelirroja, escupiendo la espuma que tenía en la boca. Para su sorpresa, Harry asintió.
-No pude verlo bien, pero estoy más que seguro que era él.-ambos quedaron en silencio.- ¿Tú no lo soñaste?- Tabatha, negó.
-He estado teniendo sueños normales, nada del otro mundo.-murmuró ella.- ¿Has hablado con Sirius sobre esto?-
-Sí, se lo expliqué en la última carta que le envié.-respondió Harry.- No quise contártelo por el mismo medio, ya que no quería que nadie se más se enterase.-Tabatha asintió.
-Entiendo.-ambos quedaron en silencio y de vez en cuando compartían alguna que otra mirada. Una vez que ambos terminaron, se separaron: Harry iría a la habitación de Ron mientras que Tabatha, iría a la de Ginny.
Para cuando la pelirroja ingresó, sus dos amigas, aún se encontraban despiertas.
-Así que…-comenzó Hermione, terminándose de colocar el pijama.- ¿Encuentros con Cedric?-Tabatha miró de reojo a la menor de los Weasley y terminó asintiendo.- ¡¿No pensabas poner eso en las cartas?!-
-Solo fue una o dos veces.-se defendió la pelirroja.-No fueron tan importantes como para ponerlos en una carta.-
-Fueron algo que hizo poner celoso a George.-canturreó Ginny. Hermione las miró a ambas y no supo que decir.
-Buenas noches.-habló Tabatha metiéndose en la cama sin siquiera cambiarse la ropa por el pijama.
Hermione y Ginny tardaron un poco más en dormirse, pero para antes de las doce, lo hicieron. La pelirroja acomodó su almohada, dándole la espalda a la puerta y trató de volverse a concentrar en capturar el sueño.
Una gran mansión se elevaba en lo alto, un hombre mayor trataba de caminar por entre las irregulares enredaderas que le se prendían a los pantalones. Una brillante luz verde se encendía en lo alto de una de las ventanas y eso atrapó la atención del hombre.
La desvencijada puerta apenas chilló cuando la abrió. Él creía que era obra de los chiquillos que vivían en la zona y siempre jugaban en la mansión abandonada. Las escaleras crujieron ante el peso del hombre. La débil luz de una linterna iba marcando su camino hasta que llegó al piso superior. La curiosidad era grande y el hombre no daría marcha atrás, quería sorprender a esos niños y castigarlos por irrumpir en propiedad privada.
Las voces que provenían del último cuarto, no parecían ser la de inocentes chicos, más bien parecían las demandas de un adulto hacia otro.
El tema de conversación era un plan para asesinar a dos niños. El hombre se pegó a la pared y siguió escuchando. Uno de los dos adultos le gritaba al otro, dándole órdenes. El hombre se estremeció al ver algo viscoso pasando por entre sus pies. ¿De dónde había salido esa serpiente?
La serpiente ingresó a la habitación y repto por el respaldo del sillón, hasta situarse sobre uno de los hombres. El animal soltó una cadena de silbidos. En una fracción de segundo, la puerta se abrió de par en par y…
*-*Tabatha, cariño.-la pelirroja despertó de golpe, encontrándose con la señora Weasley que la zarandeaba del brazo.-Es la hora de irse, Harry, cielo.-le susurró, dejándola para ir a despertar a Ginny.
Tabatha se puso rápidamente de pie y se dirigió al baño. Apenas cerró la puerta detrás de ella, se miró al espejo. Aquel sueño la había puesto pálida y sudorosa. Estiró una mano e intentó abrir el grifo, pero el pulso parecía una gelatina.
-¿Tab?-llamó la voz de Hermione desde el otro lado.- ¿Estás bien?-
-Sí…sí.-respondió la pelirroja, luego de haberse lavado la cara.- Solo fue un sueño.-se dijo a sí misma, viéndose al espejo. Tenía los ojos llorosos, su marrón cálido se había transformado en un verde apagado.
..*
Para cuando la pelirroja bajó a la cocina se encontró con los gemelos, Ron y Harry en el camino. Para cuando ingresaron la señora Weasley removía el contenido de una olla puesta sobre el fuego, y el señor Weasley, sentado a la mesa, comprobaba un manojo de grandes entradas de pergamino. Levantó la vista cuando los chicos entraron y extendió los brazos para que pudieran verle mejor la ropa. Llevaba lo que parecía un jersey de golf y unos vaqueros muy viejos que le venían algo grandes y que sujetaba a la cintura con un grueso cinturón de cuero.
-¿Qué les parece?-pregunto.- Se supone que vamos de incógnito... ¿Parezco un muggle, Harry? ¿Tabatha?-
-Sí.-respondieron los mellizos, sonriendo.- Está muy bien.
-¿Dónde están Bill y Charlie y Pe... Pe... Percy?-preguntó George, sin lograr reprimir un descomunal bostezo.
-Bueno, van a aparecerse, ¿no?-dijo la señora Weasley, cargando con la olla hasta la mesa y comenzando a servir las gachas de avena en los cuencos con un cazo.- Así que pueden dormir un poco más.-
-O sea, que siguen en la cama...-aclaró Fred de malhumor, acercándose su cuenco de gachas.- ¿Y por qué no podemos aparecernos nosotros también?
-Porque no tienen la edad y no han pasado el examen.-contestó bruscamente la señora Weasley.- ¿Y dónde se han metido esas chicas?-salió de la cocina y la oyeron subir la escalera.
-¿Hay que pasar un examen para poder aparecerse?-preguntó Harry.
-Desde luego.-respondió el señor Weasley, poniendo a buen recaudo las entradas en el bolsillo trasero del pantalón.- El Departamento de Transportes Mágicos tuvo que multar el otro día a un par de personas por aparecerse sin tener el carné. La aparición no es fácil, y cuando no se hace como se debe puede traer complicaciones muy desagradables. Esos dos que les digo se escindieron.-todos hicieron gestos de desagrado menos los mellizos.
-¿Se escindieron?-repitió la pelirroja, desorientada.
-La mitad del cuerpo quedó atrás.-explicó el señor Weasley, echándose con la cuchara un montón de melaza en su cuenco de gachas.- Y, por supuesto, estaban inmovilizados. No tenían ningún modo de moverse. Tuvieron que esperar a que llegara el Equipo de Reversión de Accidentes Mágicos y los recompusiera. Hubo que hacer un montón de papeleo, se los puedo asegurar, con tantos muggles que vieron los trozos que habían dejado atrás...-
-¿Quedaron bien?-preguntó Harry, asustado.
-Sí.-respondió el señor Weasley con tranquilidad.- Pero les cayó una buena multa, y me parece que no van a repetir la experiencia por mucha prisa que tengan. Con la aparición no se juega. Hay muchos magos adultos que no quieren utilizarla. Prefieren la escoba, es más lenta, pero más segura.-
-¿Pero Bill, Charlie y Percy sí que pueden?-inquirió Tabatha.
-Charlie tuvo que repetir el examen.-comentó Fred, con una sonrisita.- La primera vez porque apareció ocho kilómetros más al sur de donde se suponía que tenía que ir. Apareció justo encima de unos viejecitos que estaban haciendo la compra, ¿se acuerdan?
-Bueno, pero aprobó a la segunda.-dijo la señora Weasley, entre un estallido de carcajadas, cuando volvió a entrar en la cocina.
-Percy lo ha conseguido hace sólo dos semanas.-agregó George.- Desde entonces, se ha aparecido todas las mañanas en el piso de abajo para demostrar que es capaz de hacerlo.-se oyeron unos pasos y Hermione y Ginny entraron en la cocina, pálidas y somnolientas.
-¿Por qué nos hemos levantado tan temprano?-preguntó Ginny, frotándose los ojos y sentándose a la mesa.
-Tenemos por delante un pequeño paseo.-explicó el señor Weasley.
-¿Paseo?-se extrañó Harry.
-¿Vamos a ir caminando hasta la sede de los Mundiales?-siguió Tabatha.
-No, no, eso está muy lejos.-repuso el señor Weasley, sonriendo.- Sólo hay que caminar un poco. Lo que pasa es que resulta difícil que un gran número de magos se reúnan sin llamar la atención de los muggles. Siempre tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de viajar, y en una ocasión como la de los Mundiales de Quidditch...
-¡George!-exclamó bruscamente la señora Weasley, sobresaltando a todos.
-¿Qué?-preguntó, en un tono de inocencia que no engañó a nadie.
-¿Qué tienes en el bolsillo?-
-¡Nada!-
-¡No me mientas!-la señora Weasley apuntó con la varita al bolsillo de su hijo- ¡Accio!-varios objetos pequeños de colores brillantes salieron zumbando, el pelirrojo intentaba en vano agarrar algunos: se fueron todos volando hasta la mano extendida de su madre.- ¡Les dijimos que los destruyeran!-exclamó, furiosa, sosteniendo en la mano lo que, sin lugar a dudas, eran más caramelos longuilinguos.- ¡Les dijimos que se deshicieran de todos! ¡Vacíen los bolsillos, vamos, los dos!-
Fue una escena desagradable. Evidentemente, los gemelos habían tratado de sacar de la casa, ocultos, tantos caramelos como podían, y la señora Weasley tuvo que usar el encantamiento convocador para encontrarlos todos.
-¡Hemos pasado seis meses desarrollándolos!-gritó Fred a su madre, cuando ella los tiró.
-¡Ah, una bonita manera de pasar seis meses!-exclamó la mujer.- ¡No me extraña que no tuvieran mejores notas!-el ambiente estaba tenso cuando se despidieron. La señora Weasley aún tenía el entrecejo fruncido cuando besó en la mejilla a su marido, aunque no tanto como los gemelos, que se pusieron las mochilas a la espalda y salieron sin dirigir ni una palabra a su madre. -Bueno, pásenlo bien.-les deseo.-Y pórtense como Dios manda.-añadió dirigiéndose a los gemelos, pero ellos no se volvieron ni respondieron.-Les enviaré a Bill, Charlie y Percy hacia mediodía.-añadió, mientras el señor Weasley, los mellizos, Ron, Hermione y Ginny se marchaban por el oscuro patio precedidos por Fred y George.
Hacía fresco y todavía brillaba la luna. Sólo un pálido resplandor en el horizonte, a su derecha, indicaba que el amanecer se hallaba próximo. Tabatha aún iba media dormida y cada dos por tres, tropezaba con algo.
-Detente.-ordenó George, pasándole su mochila a su gemelo.- Tab.-la tomo de la mano, haciendo que dejase de caminar.- Ven, sube.- tal como había hecho varias veces, la subió a su espalda.
-Entonces, ¿cómo vamos a llegar todos sin que lo noten los muggles?-preguntó la pelirroja, mientras se fregaba un ojo.
-Papá dice que ha sido un enorme problema de organización.-respondió el chico con un suspiro.- La cuestión es que unos cien mil magos están llegando para presenciar los Mundiales, y naturalmente hay un lugar mágico lo bastante grande para acomodarlos a todos. Así que tuvieron que encontrar un buen páramo desierto y poner tantas precauciones anti muggles como fuera posible. Todo el Ministerio ha estado trabajando en ello durante meses. La forma más fácil de llegar a ese lugar es usando la desaparición, pero ya te enteraste que no todos pueden usarla, así que nos quedan los trasladores.-
-¿Qué tipo de objetos son los trasladores?-quiso saber Tabatha.
-Bueno, pueden ser cualquier cosa.-dijo George, mientras la tomaba de las piernas y la acomodaba sobre su espalda.- La mayor parte del tiempo, son cosas que no llamen la atención, desde luego, para que los muggles no las tomen y jueguen con ellas...-
El grupo caminaba con dificultad por el oscuro, frío y húmedo sendero hacia el pueblo. Sólo sus pasos rompían el silencio; el cielo se iluminaba muy despacio, pasando del negro impenetrable al azul intenso, mientras se acercaban al pueblo. Harry tenía las manos y los pies helados. El señor Weasley miraba el reloj continuamente.
Cuando emprendieron la subida de la colina de Stoatshead no les quedaban fuerzas para hablar, y a menudo tropezaban en las escondidas madrigueras de conejos o resbalaban en las matas de hierba espesa y oscura. Para ese momento, la pelirroja estaba más despierta y caminaba por su cuenta, sin soltar el brazo de George.
-¡Uf!-jadeó el señor Weasley, quitándose las gafas y limpiándoselas en el jersey.- Bien, hemos llegado con tiempo. Tenemos diez minutos...-Hermione llegó en último lugar a la cresta de la colina, con la mano puesta en un costado para calmarse el dolor que le causaba el flato.-Ahora sólo falta el traslador.-dijo volviendo a ponerse las gafas y buscando a su alrededor.- No será grande... Vamos...-
Se desperdigaron para buscar. Sólo llevaban un par de minutos cuando un grito rasgó el aire.
-¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.-al otro lado de la cima de la colina, se recortaban contra el cielo estrellado dos siluetas altas.
-¡Amos!-exclamó sonriendo el señor Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia el hombre que había gritado. Los demás lo siguieron. El señor Weasley le dio la mano a un mago de rostro rubicundo y barba escasa de color castaño, que sostenía una bota vieja y enmohecida.-Chicos, este es Amos Diggory.-anunció.-Trabaja para el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocen a su hijo Cedric.-tanto Hermione como Ginny, comenzaron a darle codazos a Tabatha, sin importarles la falta de aire.
-Hola.-saludó Cedric, mirándolos a todos, pero deteniéndose especialmente en su pequeña pelirroja. Todos le devolvieron el saludo, salvo Fred y George, que se limitaron a hacer un gesto de cabeza. Aún no habían perdonado a Cedric que venciera al equipo de Gryffindor en el partido de Quidditch del año anterior.
-¿Ha sido muy larga la caminata, Arthur?-preguntó Amos.
-No demasiado.-respondió el señor Weasley.- Vivimos justo al otro lado de ese pueblo. ¿Y ustedes?-
-Hemos tenido que levantarnos a las dos, ¿verdad, Ced?-el chico asintió no muy seguro, sin poder sacarle los ojos de encima a su novia, quién aún estaba agarrada del brazo de George.- ¡Qué felicidad cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemos quejar. No nos perderíamos los Mundiales de Quidditch ni por un saco de galeones... que es lo que nos han costado las entradas, más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros...-Amos echó una mirada bonachona a los hijos del señor Weasley, a los mellizos y a Hermione.- ¿Son todos tuyos, Arthur?-
-No, sólo los pelirrojos. Excepto una de los pelirrojos.-aclaró el señor Weasley, señalando a sus hijos.- Ésta es Hermione, amiga de Ron... y ellos Harry y Tabatha, otros amigos...
-¡Por las barbas de Merlín!-exclamó Amos abriendo los ojos.- A la pequeña Potter ya la conocía.-se acercó al señor Weasley.- Es la novia de mi hijo.-soltó una carcajada y la señaló con el pulgar por encima de su hombro.- Pero, ¿Harry? ¿Harry Potter?
-Eh... sí.-contestó el azabache.
Ellos ya estaban acostumbrados a la curiosidad de la gente y a la manera en que los ojos de todo el mundo se iban inmediatamente hacia la cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente, pero seguía sintiéndose incómodo.
-Ced me ha hablado de ti, por supuesto, eres su…cuñado, por así decirlo.-dijo Amos Diggory. Tabatha tenía suerte de que aún el cielo estuviese negro, así nadie notaría su sonrojo.- Nos ha contado lo del partido contra tu equipo, el año pasado... Se lo dije, le dije: esto se lo contarás a tus nietos... Les contarás... ¡que venciste a Harry Potter! - al azabache no se le ocurrió qué contestar, de forma que se calló. Fred y George volvieron a fruncir el entrecejo. Cedric parecía incómodo.
-Harry se cayó de la escoba, papá.-masculló.- Ya te dije que fue un accidente...
-Sí, pero tú no te caíste, ¿a qué no?-dijo Amos de manera cordial, dando a su hijo una palmada en la espalda.- Siempre modesto, mi Ced, tan caballero como de costumbre...ahora entiendo cómo es que atrapó a esta dulce niña. Pero ganó el mejor, y estoy seguro de que Harry diría lo mismo, ¿a que sí? Uno se cae de la escoba, el otro aguanta en ella... ¡No hay que ser un genio para saber quién es el mejor!
-Ya debe de ser casi la hora.-se apresuró a decir el señor Weasley, volviendo a sacar el reloj.- ¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?
-No. Los Lovegood ya llevan allí una semana, y los Fawcett no consiguieron entradas.-repuso el señor Diggory.- No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?
-No que yo sepa.-dijo el señor Weasley.- Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos.-miró a los mellizos y a Hermione.-No tienen más que tocar el traslador. Nada más: con poner un dedo será suficiente.
Con cierta dificultad, debido a las voluminosas mochilas que llevaban, los diez se reunieron en torno a la bota vieja que agarraba Amos Diggory.
Todos permanecieron en pie, en un apretado círculo, mientras una brisa fría barría la cima de la colina. Nadie habló. Harry pensó de repente lo rara que le parecería aquella imagen a cualquier muggle que se presentara en aquel momento por allí: diez personas, entre las cuales había dos hombres adultos, sujetando en la oscuridad aquella bota sucia, vieja y asquerosa, esperando...
-Tres...-masculló el señor Weasley, mirando al reloj.-…dos... uno...
Ocurrió inmediatamente: sintieron como si un gancho, justo debajo del ombligo, tirara de ellos hacia delante con una fuerza irresistible. Sus pies se habían despegado de la tierra; pudo notar a Tabatha, a Ron y a Hermione, cada uno a un lado, porque sus hombros golpeaban contra los suyos. Iban todos a enorme velocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento que aullaba en sus oídos. Tenía el índice pegado a la bota, como por atracción magnética. Y entonces...
Tocó tierra con los pies. Ron se tambaleó contra él y lo hizo caer. El traslador golpeó con un ruido sordo en el suelo, cerca de su cabeza. Harry levantó la vista. Cedric y los señores Weasley y Diggory permanecían de pie aunque el viento los zarandeaba. Todos los demás se habían caído al suelo.
-Desde la colina de Stoatshead a las cinco y siete.-anunció una voz.